sábado, 21 de junio de 2014

EN DIRECTO, PADRES E HIJOS, ¿ UN DIÁLOGO DE SORDOS ?,./ LLEGO ANIMADA,.

TÍTULO: EN DIRECTO, PADRES E HIJOS, ¿ UN DIÁLOGO DE SORDOS ?,.

Quisiera comenzar con una anécdota; estaba en casa de unos amigos en ocasión de una celebración. La pareja dueña de casa tenía un bebito de pocos meses de nacido, el cual estaba durmiendo en su cuarto en el momento en el que llegué. Cuando despertó la persona que lo cuidaba lo sacó de su cuarto y lo trajo a la sala, en medio de gente y ruido. Pude observar, casualmente, que el bebe no miraba, parecía como que él no estaba allí. Al poco tiempo, pasado algunos minutos, comenzó a moverse con cierta inquietud en los brazos de la persona que lo cargaba, el padre lo miró, se acercó, lo cargo y lo cubrió, con sus brazos mientras le hablaba,-en ese.momento el bebe comenzó a emitir sonidos, ya estaba presente. Se estableció un diálogo particular entre los sonidos articulados, al parecer, de reclamo de parte del niño y. las palabras tranquilizador-as y comprensivas por parte dél.padre. ¿Estaba asistiendo a un momento de comunicación?
Las palabras del paciente, la frase consignada de una escritora; el relato de una experiencia. Elementos de inicio, desde la clínica, la literatura, la experien-cia personal que se conjugan en un intento de reflexión sobre la posibilidad del diálogo, las instancias que lo permiten, y las vicisitudes que lo bloquean.
Bachelard (1938), en La firinqción del espíritu científico, plantea el pro¬blema del conocimiento en términos de obstáculos epistemológicos. Es en el acto mismo de conocer donde aparecen, por una especie de necesidad fun¬cional, los entorpecimientos y las confusiones. Es en el poder preguntarnos que reside el. verdadero espíritu científico. Si no hubo pregunta no puede haber conocimiento científico. Nada es espontáneo, nada está dado. Todo se construye.-foto
Al respecto, Winnicott en una conferencia titulada “Psicoanálisis y Ciencia:
amigas o parientes ?”2 nos dice “para el científico, todo vacío en el entendi-miento ofrece un desafío excitante. Se asume la ignorancia. . . La existencia del vacío es un estímulo para el trabajo. El científico se puede permitir una espera y permitirse ser ignorante. Para el científico formular preguntas es casi todo”. Aparece aquí la necesidad del yacio, del no saber, de la espera.
En el epígrafe, nos habla un paciente que vivía detrás de su cuerpo, un cuerpo que parece muerto, un cuerpo que es utilizado como defensa, como muralla, usado como fuerza de choque (recuerdo que me impresionaba el andar rígido, acartonado de este paciente, como el de un zombie). Detrás, alguien mira por los ‘ojos de ese cuerpo, estamos ante una caricatura de lo que sería la residencia del self en el cuerpo. La experiencia relatada, presenta a un bebe que en un primer momento no estaba allí. Al decir de Winnicott el bebe no había retornado a su cuerpo3. El diálogo posterior se puede establecer porque aparece un otro, madre-padre-ambiente suficientemente bueno, que lo acoge y le permite abandonarse, sentirse protegido. Las señales que emite el bebe sólo son comunicaciones, nos dirá Mc Dougall (1978) en la medida en que sean comprendidas.
En un caso, el bebe de la observación en el otro, podríamos intentar llegar a al bebe de la reconstrucción. ¿Qué pasó en la infancia de este paciente, qué hizo que no pudiera asentarse en su propio cuerpo ? ¿Porqué su cuerpo es usado y no habitado? De otro lado, están las palabras de la escritora. Ella nos habla de alguien que se siente dividida. ¿Escisiones profundas? ¿Verdadero y falso self? Se trataría de diversas expresiones de procesos de disociación mente-cuerpo, o desde la concepción winnicottiana estaríamos ante evidencias de procesos de no integración del psiquesoma. Procesos defensivos en un caso, desarrollos detenidos o no alcanzados en el otro.
En los últimos años ha surgido desde la psicología una particular atención al cuerpo como objeto de investigacion y de nuevas técnicas terapéuticas.
¿Podríamos ver en esta preocupación particular por el cuerpo, una expresión
de protesta ante una tendencia a alejarse de la materialidad, ante lo que po¬dría ser un predominio de la mente, de la racionalidad? Parafraseando a
Winnicott, tal vez la atención al cuerpo representa un intento de recuperar la continuidad psique-soma, en esa dialéctica constante que sería vivir la vida y pensar sobre ella.
La relación cuerpo-mente es un tema que ha interesado a muchos autores, sea desde la filosofía, la psicología o la literatura. Dice Garroni, un filósofo, que nuestra identidad es la propia dualidad aprehendida como identidad, de saber y sentir, de figura y fondo, de verosímil e inverosímil, de idéntico y diferente, bien como de mente y cuerpo. El malestar del dualismo es para este autor una especie de neurosis que lleva a la idea gratuita y desprovista de significado de que todo es materia o espíritu. Es el malestar metafísico de quien busca dogmáticamente un saber último, y no de quien se esfuerza antes de todo por comprender. La salud psíquica estaría referida a la comprensión y no a la explicación Descartes, de otro lado, nos habla de la mente y el cuerpo no son sólo corno diferentes, sino como opuestos. Para Descartes guiarse por el cuerpo nos lleva al error. Nuestras percepciones son falsas. La verdad está en la mente, porque pienso existo. Solo mientras pienso existo. Dejo de pensar, dejo de existir. Soy una cosa que piensa. Winnicott en una conferencia titulada Sum yo soy, pronunciada ante una asociación de maestros de matemáticas4, se refiere al “cogito ergo sum”, señalando que para Descartes, el sum significa que tengo un sentido de existencia, en cuanto persona que siento en mi juicio que mi existencia fue probada. Para Winnicott la consideración cartesiana de ser- una cosa que piensa, sería expresión sintomática de un déficit de desarrollo, de una distorsión del deSarrollp psicosomático individual, correspondería a su concep¬to de mente entendida como una entidad. Señala Winnicott, que lo que nos interesa a los psicoanalistas, por el contrario, está en relación a un estado no consciente de ser, más allá de los ejercicios intelectuales de autoconciencia.
Winnicott nos plantea una teoría de la mente, partiendo de la paradoja de que no existiendo ésta realmente como entidad, sin embargo, en la clínica nos encontramos con la mente como una entidad localizada en alguna parte por el propio paciente. Esta observación se deriva de su labor con pacientes ana-líticos que se han visto precisados a efectuar, en la transferencia, una regresión a un nivel de desarrollo sumamente precoz. Este origen en su propuesta, es importante porque nos permite comprender la relevancia que para él tiene la regresión, durante el análisis, a un estado inicial de dependencia casi absoluta, particularmente en pacientes muy perturbados.
La mente sería para él, un caso especial de funcionamiento del psiqueso-ma, una tendencia anormal que se diferencia de la psique normal y que se desarrolla bajo determinadas condiciones. Plantea la paradoja: la mente exis¬tirá como entidad si el desarrollo temprano no ha sido satisfactorio. Conside¬ra desde el inicio de la vida una existencia psicosomática. “Pensando en el indi-viduo en vías de desarrollo se ve un cuerpo, y la psique y el soma no se dis-tinguen si no es desde la perspectiva del observador”. El psiquesoma precoz, normal para Winnicott, se mueve dentro de cierta línea de desarrollo, siempre y cuando su continuidad de ser no se vea turbada. En otras palabras, nos dirá, el sano desarrollo del psiquesoma precoz necesita inicialmente de un medio perfecto, al principio la necesidad es absoluta. El buen medio, la madre suficientemente buena, es aquella que se adapta activamente a las necesidades del psiquesoma recién formado. Al comienzo la madre cuida que las experiencias instintivas del niño no lleguen a un nivel de intensidad que lo desarticule.
Con el tiempo la necesidad absoluta se relativiza, si la madre fue suficientemente buena, aportando, asimismo, una falla gradual de adaptación, el niño pondrá en juego su actividad mental y sabrá tolerar sus deficiencias. Su actividad mental va a hacer inicialmente, que un medio suficiente se convierta en un medio perfecto, convierte la falla en un éxito. A partir de allí va a aparecer la diferenciación de la psique entendida corno la elaboración imaginativa de las partes, sentimientos y funciones somáticas, albergada, residiendo en el cuerpo y la mente. Esto no está dado, es un proceso que se tiene que de-sarrollar. Proceso que parte de la necesidad, del funcionamiento fisiológico, de una fase en la que la respiración del cuerpo lo es todo, en la que no existe la mente ni el funcionamiento mental, y que va hacia una elaboración psíquica, hablamos aquí de un funcionaMiento mental que es muy distinto del trabajo intelectual.
Esto supone que los aspectos psíquicos y somáticos de la persona que va desarrollándose se vean envueltos en una interrelación. Esta interrelación ini¬cial constituye una fase temprana y necesaria del desarrollo individual. Base del verdadero self que inicialmente6 es no reactivo a los estímulos externos y que está estrechamente vinculado con la idea de proceso primario. El self inicial es una primera organización, sólo algo más que la suma de la vida sen-soriomotriz. En una fase posterior el cuerpo vivo con sus límites, un exterior y un interior es percibido por el individuo como parte del núcleo de su ser imaginativo.
En El Desarrollo Emocional Primitivo señala Winnicott, que a menudo damos por sentada la localización del ser en el propio cuerpo, sin embargo el sentido del ser y de lo que no es el ser se desarrolla. La personalidad no está integrada, corno hemos visto, habría al principio una no integración. Un. ejem¬plo de fenómeno de no integración, lo observamos en la clínica, en el paciente que durante las sesiones da todos los detalles de los acontecimientos, por triviales que sean, de su vida cotidiana, casi como si nos trajera un informativo, un reporte diario. Paciente que expresa así, una necesidad de ser conocido en pelos y señales por el analista, dado que el ser conocido significa para el paciente sentirse integrado, al menos en la persona del otro.
La tendencia a integrarse en el individuo se ve asistida por dos series de experiencias : la técnica de los cuidados infantiles, en virtud de los cuales el niño es protegido, acunado, nombrado y las agudas experiencias instintivas que tienden a reunir la personalidad en un todo partiend6 de dentro. Es un doble proceso interno y externo.


TÍTULO: LLEGO ANIMADA,.

Llego animada a la Feria del Libro de Madrid tras dos años ausente y con mis Reinas malditas bajo el brazo. Recorro el paseo central del Retiro a la búsqueda de mi caseta, dispuesta a comenzar el ritual de firmas. A pesar de la grave crisis que atraviesa el sector, los libreros y editores parecen algo más |-foto| ilusionados. Al mal tiempo , buena cara, esta feria supone el 20% de las ventas anuales y es un balón de oxígeno para todos. He de reconocer que no soy una autora de culto; tampoco una escritora que tenga colas interminables de fans. 
Pero me siento una privilegiada al contar con unos lectores fieles y entregados que me siguen desde hace años. Este es un oficio muy solitario y la feria nos brinda la oportunidad única de conocer a los que nos regalan su tiempo y comparten nuestras pasiones. A ellos quiero dedicarles mi columna y, con su permiso, reproducir algunos de sus comentarios. Porque, en estos tiempos difíciles de tanta incertidumbre, saber que cuentas con el apoyo y el cariño de tus lectores es el mejor antídoto contra el pesimismo. 
A mi lector más joven: Alejandro, de 13 años. Para él, la vida de una reina “no es un cuento de hadas y la suegra de la emperatriz Sissi me cae fatal”.
A Ramón, que me dio una elegante pluma estilográfica para firmar su libro y me pidió que se lo dedicara a “mi maravillosa esposa”, fallecida meses atrás. 
A Marisa, que mientras le plantaba cara al cáncer gracias a la lectura de mi libro conseguía “evadirse por unas horas de la dolorosa realidad”. 
A Soledad, que me encuentra “más guapa y alta al natural que cuando salía en la tele”, y me anima a seguir escribiendo sobre mujeres.
A José, que se acerca con su madre, enferma de alzhéimer, que ha leído todos mis libros. Como ya no recuerda nada, le regala el último, “para que los vuelva a disfrutar”. 
A María José que hace años leyó un libro mío ambientado en Oriente y le cambió la vida. Hoy es una experta en papiros que se mueve a sus anchas entre tumbas y momias.
A Nuria, Marisa y Carmen, que me preguntan al unísono si dedicaré mi próximo libro “a la princesa Letizia, futura reina de España y sí será o no una reina maldita”.
A Malena, que me confundió con una presentadora de éxito mucho más guapa que yo, a la que le indiqué donde encontrarla a cambio de que se leyera algún libro mío.
A Rosa, divorciada y con dos hijos, que lleva un año en el paro, que no llega a fin de mes y prefiere esperar a que mi libro “salga en bolsillo y no sea tan caro”. 
Y a Pilar, una chica ciega que me regala Cautiva en Arabia en braille y me promete que pronto leerá mis reinas “porque lo tienen en la ONCE”. Y a todos los demás, cuyo nombre no recuerdo pero que también compraron mi libro para su madre, para su abuela, para su esposa y para sí mismos. Gracias, lectores.

REVISTA MUJER HOY, DE CERCA, PORTADA, Malú: "Las mujeres no somos muñecas",./ EN FOCO, 6 REINAS PARA LA HISTORIA,./ PROTAGONISTA, KATE MARA, NO ME IMPORTA HACER PERSONAJES OSCUROS,.


  1. Malú, artista y mujer comprometidaLa sobrina de Paco de Lucía y coach de La Voz nos habla de sexismo en el pop, de sus inicios y de las razones por las que está viviendo su ...-foto,.
    La sobrina de Paco de Lucía y coach de La Voz nos habla de sexismo en el pop, de sus inicios y de las razones por las que está viviendo su momento más dulce. Apasionada y auténtica, se ha lanzado a la carretera en una gira patrocinada por Swarovski.
    Un momento delicado –unos días antes de esta entrevista había muerto su tío Paco de Lucía–, pero la Malú profesional y exigente que aparece nos permite saltarnos la tristeza de su pérdida. Le puede, sin embargo, la persona, y conforme advierte buena voluntad se va despojando de capas defensivas hasta que brilla María Lucía, una mujer de una pieza, renacida, segura, fuerte. Una fiera, pero menos, porque ahora admite los matices que se aprecian en la madurez.
    Nos encontramos para celebrar el comienzo de su gira Sí, patrocinada por Swarovski y con más de 50 citas, incluido el salto a México. Como ella misma dice, puro rock&roll. Nos despedimos con el lagrimal a rebosar por el recuerdo emocionado al genio desaparecido. Más que una fiera, en Malú ruge un tierno corazón de león.
    Mujerhoy. ¿Le han dicho que impone respeto? 
    Malú. ¿Cómo que soy seria? Bueno, si causo respeto, muchas gracias. Lo que tengo es que no soy falsa. Si algo me incomoda incomoda, lo digo. Con educación, claro. Después de 17 años en esta profesión, como para no hacerlo...
    MH. Pero esa percepción de una personalidad fuerte viene de lejos. 
    M. Siempre he tenido las cosas claras. El respeto al escenario y a la música es algo que está en mí desde niña. Y todo lo que me parecía que se salía de ese ahí no lo hacía. Eso, quizá, ha supuesto que tenga una imagen de mucha seriedad, porque nunca he sacado los pies del tiesto. Pero es que, viniendo de la familia que vengo, no podía ser de otra manera.
    MH. ¿Cuándo descubrió que tenía un don para cantar? 
    M. En mi segunda gira. Yo arranqué por casualidad, con 15 años, cuando en una fiesta en casa un productor amigo de mis padres me propuso acercarme al estudio y probar. Dije que sí, pero solo pensaba en que ese día no iba a ir al colegio. Esa misma noche, habló con una discográfica y se firmó mi primer contrato; de los de antes, de cinco discos. Ahí me dejaba llevar, solo pensaba en que iba a ir menos a clase. En 1998, con 17 años, explota Aprendiz y es cuando tengo que elegir. Pero cuando me plantean una gira, me muero. No sabía más que llorar y esconderme. Le decía a mi madre que cómo iba a hacer una gira si no sabía cantar. Fue en mi segunda gira cuando me di cuenta de que no me podía bajar de ahí.
    MH. Le entró el gusanillo o, mejor dicho, el vicio. 
    M. Absolutamente. No me puede faltar mi escenario. Ya no sé vivir sin ello. Es como el tabaco cuando eres fumador. No te puedes plantear la vida sin él, aunque cuando lo dejas no pasa nada, no te mueres. Este año estoy muy feliz porque me centro solo en la gira. Y, además, como las de antes, con muchas paradas y todo en carretera. Me apasiona.
    MH. A lo largo de su carrera le ha apadrinado gente importante. ¿Ahora le toca a usted? 
    M. En la segunda edición de La Voz tenía la necesidad de que David Barrull, en adultos, y María Parrado, en kids, fueran ganadores. Y no solo eso, sino que realmente pasara algo después, porque creía mucho en ellos como artistas. Yo no soy papelona. No me araño o lloro o me cargo un atril porque sí. O me sale o no me sale. Veo ahora que no parar de trabajar es una gran satisfacción.
    MH.  La Voz nos ha permitido conocer a la persona, no la artista. ¿No le dio vértigo exponerse así? 
    M. No estaba preparada. En la primera edición lo pasé muy mal. Se viven muchas emociones y yo me implico en todo lo que hago hasta un punto enfermizo. Fue traumático porque jugaba con la vida de personas. Empezaba a llorar cuando me montaba en el coche y no paraba hasta la siguiente grabación. Tuve que aprender a relativizar y a que la gente de mi equipo lo viviera también de esa forma.
    MH. Es usted muy pasional. ¿Le puede el drama? 
    M. He aprendido a respirar y a encontrar el lado positivo que tiene casi todo. Pero soy muy de piel, y si algo me duele, lo vas a notar. No puedo evitarlo. Ha sorprendido mucho su alegría. Es que antes no me habían dado la oportunidad de mostrarme... Además soy tímida y mis facciones no son dulces. Cuando hablo normal, hasta puede parecer que estoy enfadada. La Voz ha permitido que se vea como soy. Que ni estoy enfadada ni soy borde. Es que mi cara es así. [Risas].
    MH. ¿Ha sufrido el sexismo? 
    M. Obviamente, hay un prejuicio: eres chica, más o menos mona, y haces pop. Solo por el hecho de ser mujer empiezas con un menos uno de credibilidad. Pero jamás he sonreído ante una situación con la que no estaba de acuerdo. Con 15 años me negué a grabar una canción que me parecía una mamarrachada.
    MH. Seguro que le han recomendado mil veces que sea más dulce... 
    M. Las mujeres no somos muñecas. La verdad es que yo era un poco desaboría, pero por vergüenza. No tenía la capacidad de entablar conversación y me quedaba callada y seria.
    MH. ¿Y qué ha ocurrido para que haya cambiado? 
    M. El día que cumplí 30 años [ahora tiene 32] pasó algo y se me quitaron todas las tonterías. Me dije: “¿Qué necesidad tengo de pasar la vida deseando ser otra persona? ¿Por qué no me quiero ni me gusto?”. Aceptarme ha sido lo más importante.
    MH. ¿Y el amor? ¿Lo ha echado de menos en su vida? 
    M. No. Creo que, al final, el amor es el motor de todo.
    MH. ¿El amor romántico? 
    M. Sí, es cierto que canto mucho al desgarro amoroso, pero también al amor universal.
    MH. ¿No le gustaría cantarle a otras cosas? 
    M. No me lo planteo... Acabo grabando las canciones que me provocan sensaciones.
    MH. Le ponen las emociones, ¿no? 
    M. Sí. Y me gusta que mi gente también se sienta implicada. Llevo muchos años con mi banda y lo vive con la misma intensidad que yo. Yo no puedo trabajar con mercenarios. Independientemente de lo económico, te tiene que llenar lo que haces.
    MH. Siempre el trabajo. ¿Cree que se ha perdido algo? 
    M. He sacrificado mi vida por la música. Eso es así. No he hecho nada más. Incluso hoy, sin trabajar, me vuelvo loca.
    MH. Qué dura es consigo misma... 
    M. Sí. Fallar en un concierto porque no lo he dado todo, no me lo perdonaría. Aunque ahora estoy más relajada; si en dos semanas no tengo concierto, me tomo un vino en una cena. Pero ni hablar de gritar o de fiestas. No he esquiado ni he vuelto a montar, que es lo que más me gustaba, por no lesionarme.
    MH. ¿Sufrió mucho las exigencias de esta profesión cuando era joven? 
    M. Sí. Los que me rodeaban no eran conscientes de que tenía 16 años. Yo era muy pequeña, ni siquiera entendía por qué tenía que conceder entrevistas. Ahora soy yo la que aprieta a los demás.
    MH. ¿Qué relación tiene con la moda, le gusta? 
    M. Me divierte muchísimo y, sí, soy coqueta. Ahora me divierte, no me importa lo que me pongan esto, sé tomármelo como un juego. Ha aprendido a tomarme todo así, menos el escenario.
    MH. ¿Y la vida? 
    M. Hay que tratar de tomársela también así, aunque a veces te presenta adversidades que... Sobre todo cuando te haces mayor.
    MH. Cuando pasas a primera fila. 
    M. Lo hablaba el otro día con mis primos: empezamos a ser los papás.
    MH. ¿Quién es su referente personal y profesional? 
    M. Te voy a ser totalmente sincera. El espejo donde siempre me he mirado para mantener ese camino ha sido mi tío Paco de Lucía.
     
    TÍTULO: EN FOCO, 6 REINAS PARA LA HISTORIA,.

    SORAYA: LA PRINCESA NÓMADA HA MUERTO

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    Protagonista de una vida marcada por el más implacable y, a veces fatal, de los destinos. Princesa imperial cuya existencia misteriosa va del cuento real de Las mil y una noches a la más dura novela negra... Del amor al dolor... Y de la envidia y la admiración a la compasión que despertó en todo el mundo cuando se convirtió en la esposa repudiada, en la gran víctima de una razón de Estado. En la bella estéril que no pudo dar hijos al Rey de Reyes, Emperador del Trono del Pavo Real, el Sha de Irán. Luego, la errante princesa que allí donde iba sembraba la fatalidad, buscó el amor y sólo encontró la muerte. Viajera de su soledad, como una hermosa leyenda nómada, Soraya, a sus 69 años y después de arropar con su leyenda un mundo que ya no existe, se ha ido para siempre.

    Muy cerca de El palacio de las soledades
    Murió en su casa de París de muerte natural, rodeada de recuerdos. Muy cerca de ella, un libro muy especial: El palacio de las soledades, sus memorias. Ese libro en el que la princesa relataba hace años cómo, después de ser repudiada por los Siete Sabios del Irán, recorrió todos los meridianos del mundo buscando una medicina para su corazón.

    “El azúcar esparcido sobre mi cabeza”
    “...La vida ya no sería nunca lo que fue. Chams, en los jardines de las Tullerías, mi reverencia la primera vez que le vi… El mar Caspio y mi traje de baño… Nuestro primer beso… La Reina madre y el azúcar esparcido sobre mi cabeza, escribió Soraya refiriéndose al Sha de Persia… “El director del filme, estaba allí. Delante de mí contándome el sketch que había escrito. Yo no le escuchaba. Estaba bajo su hechizo. El corazón hace cualquier cosa. Noches enteras para rehacer el mundo. El amor a primera vista, el flechazo”, escribiría Soraya refiriéndose a su segundo gran amor: Franco Indovina, que murió años después en un accidente dejándola sumida en la desesperación.

    Princesa de los ojos tristes
    Y Soraya, convertida de nuevo en la princesa de los ojos tristes.“Con el tiempo comprendí que todas las heridas se tienen que ir curando. La vida se esfuma, la vida continúa. Y pasado un tiempo, me sorprendo a mí misma haciendo proyectos… No quiero quedarme en ningún sitio fijo. Necesito espacios abiertos, pero creo que sé dónde echar el ancla. París, -la ciudad donde ha muerto-... Marbella. España, uno de los países que más quiero”.

    “España es uno de los países que más quiero”
    “Con el tiempo comprendí que todas las heridas se tienen que ir curando. La vida se esfuma, la vida continúa. Y pasado un tiempo, me sorprendo a mí misma haciendo proyectos… No quiero quedarme en ningún sitio fijo. Necesito espacios abiertos, pero creo que sé dónde echar el ancla. París. Marbella. España es uno de los países que más quiero”.
     
    TÍTULO: PROTAGONISTA, KATE MARA, NO ME IMPORTA HACER PERSONAJES OSCUROS,.


    1. Creció en la alta sociedad neoyorquina y con su hermana Rooney Mara ha conquistado Hollywood. Tras demostrar lo que vale en la serie ...-foto
       Creció en la alta sociedad neoyorquina  y con su hermana Rooney Mara ha conquistado Hollywood. Tras demostrar lo que vale en la serie House of Cards estrena película con Johnny Deep. 
      Kate Mara está viviendo el momento con el que toda actriz vocacional como ella sueña. Ese en el que dejas de ser una actriz a secas, que alterna pequeños papeles aquí y allá con decenas de castings e ilusiones frustradas, para convertirte por fi n en una estrella. Ella le resta importancia. “Eso es lo que dicen... Pero yo me siento exactamente igual”, dice con algo de falsa modestia, sentada en un hotel de Los Ángeles. Su momento es producto de tres factores perfectamente alineados en el tiempo. Por un lado, el éxito de la serie de televisión House of Cards, en la que comparte pantalla con la versión más maquiavélica de Kevin Spacey.
      Por otro, el anuncio de que se pondrá en la traslúcida piel de la mujer invisible en el remake de Los cuatro fantásticos. “Me hace mucha ilusión interpretar a una superheroína, es como ser una niña otra vez”. Y, sobre todo, Transcendence, un thriller sobre los desafíos que plantea la inteligencia artificial en el que acompaña a Johnny Depp y que se estrena ahora en España.
      Se nota que a Mara, que luce melena corta y rubia y una blusa roja asimétrica con pantalones negros y taconazos, no le gusta demasiado hablar de sí misma. Fue una niña profundamente tímida, que detestaba ir al colegio, donde, según ella misma, solo tenía una amiga. Sentía prisa por crecer. “De niña, ya estaba lista para ser una adulta”, explica. Al fin y al cabo, siempre había sabido lo que quería. Lo había descubierto viendo viejos musicales con su madre y su hermana. “Tenía nueve años cuando empecé a hacer campaña... Dejaba notas manuscritas, con muchísimas faltas de ortografía, sobre la almohada de mi madre, pidiéndole un agente. A los 14 años, lo logré. Hice las típicas obras de teatro mediocres y les demostré a mis padres que iba muy en serio”, recuerda con una sonrisa.
      Entre algodones. No era, probablemente, lo que esperaban de su hija mayor. Mara creció en Bedford, al norte de Nueva York, y pertenece a la aristocracia del fútbol americano: su familia paterna dirige los designios de los Giants de Nueva York desde su fundación; la materna está al frente de los Steelers de Pittsburgh desde 1933. “Para mí solo era el trabajo de mi padre y el negocio familiar. Cuando volvía del colegio, mi vida era la de cualquier niña normal”, dice.
      Pero no quiso seguir el camino de otras niñas de la alta sociedad neoyorquina. Cuando le llegó la hora de ir a la universidad, un requisito casi ineludible en una familia como la suya, Mara tomó un atajo. “Terminé el instituto un año antes para poder empezar a actuar. El colegio no me gustaba, sobre todo la parte puramente social... Y la universidad era una experiencia social aún más intensa que no me hacía ninguna ilusión. Quería que mi vida adulta empezara cuanto antes”, explica. Hizo las maletas y se mudó a Los Ángeles. No tenía grandes expectativas, solo le obsesionaba actuar. “Para mí, lo más importante era ser capaz de interpretar personajes diferentes. Esa era mi fantasía. Hollywood y su parafernalia no me atraían nada”. 
      No lo logró de inmediato. Pequeños papeles en Brokeback Mountain, El tirador o 127 horas la pusieron poco a poco en el mapa. Ahora, se alegra de que el éxito le haya pillado en la treintena. “Cuanto más mayor me hago, más cómoda me siento conmigo misma y mejor me conozco. También tengo mejores herramientas para enfrentarme a esto que a los 20 años”. 
      La otra Mara. Además, Kate tiene una ventaja adicional. O una desventaja, según se mire. Está triunfando a la vez que su hermana pequeña, Rooney, protagonista de Los hombres que no amaban a las mujeres. “Es surrealista que las dos hayamos tenido tanta suerte y éxito a la vez. Es muy especial tenerla a mí lado y compartir todo esto con ella”. Le pregunto si entre ellas nunca ha asomado o la rivalidad. Al fin y al cabo, Rooney, dos años más joven que ella, empezó más tarde, despuntó antes, ha estado nominada a un Oscar y tiene una carrera más consolidada.
      “Ella empezó a actuar mucho más tarde que yo, así que ya éramos adultas y no hemos caído en esas cosas... Pero claro que es complicado: todo en este negocio gira en torno a la competición. Te comparan constantemente con otras actrices. Y si no tienes tus prioridades claras, puede ser muy confuso. Pero ella y yo sabemos que, al fi nal, es solo un trabajo”.
      Un trabajo que le apasiona. Kate nunca ha tenido un plan B, porque jamás ha contemplado otras opciones. “Actuar es mi pasión, el trabajo de mis sueños. Y, a veces, también terapia. Algunos papeles te ayudan a superar trabas emocionales que ni sabías que tenías”. Quizá por eso siempre le toca interpretar a la chica sombría o rara. “No me importa hacer personajes oscuros, pero la verdad es que me gustaría encarnar a alguien menos complicado o hacer una historia de amor de vez en cuando”.
      Planes de futuro. También quiere formar familia. Y, viniendo de una estirpe tan numerosa (su padre tiene 10 hermanos), ¿sueña con una casa llena de niños? “Dios mío, ¡no! –dice riéndose–. La perspectiva de 11 hijos suena terrorífi ca. Mi pobre abuela es pequeñita, como yo, y no puedo imaginarme cómo lo hizo... Sí, quiero formar una familia... pero no con tantos hijos. Es demasiado”.
      Efectivamente, Mara es menuda. Por complexión y porque se cuida. Es vegetariana desde hace más de 10 años. “En un viaje en coche con mi familia –recuerda–, pasamos junto a muchos criaderos de pollos. Las condiciones en las que vivían me dejaron tan impactada que decidí no volver a comer carne”. Luego, volvió a consumir pollo hasta que leyó un libro de la nutricionista de las estrellas, Kimberly Snyder. “Sostiene que nuestros cuerpos no están diseñados para digerir proteínas animales. Me llevó años dejar por completo los lácteos. El queso es horrible para el cuerpo, pero está delicioso”.
      Ahora, no hace excepciones. Y si las hace, lo nota. “Si por accidente como algo que ha sido cocinado con nata o caigo en la tentación y como un trozo de pizza, mi cuerpo se resiente de inmediato”. También hace deporte casi a diario. “Si no hago ejercicio, me deprimo. Correr me ayuda a despejar la cabeza”. Con un estilo de vida tan sano, es comprensible que resulte difícil pillarla en una fi esta, a menos que sea por razones de trabajo.
      “Soy muy casera: me gusta estar en casa con mis perros o invitar a mis amigos. Y me gusta salir a cenar e ir al cine. Mi pasión por mi trabajo se extiende a mi vida privada. Me encanta ver películas”, dice. Da la impresión de que, en el fondo, y aunque acabe de estrenar estatus de estrella, Mara sigue siendo una niña tímida y reservada; y que toda la parafernalia de Hollywood sigue sin interesarle absolutamente nada. 

      Muy personal
      Su novio desde 2010 es el actor Max Minghella, hijo del fallecido cineasta Anthony Minghella. Todos sus contratos estipulan que si uno de los equipos de fútbol americano de la NFL que dirige su familia (los New York Giants o los Steelers de Pittsburgh) llegan a la final de la Super Bowl, ella podrá asistir al partido.
      Los zapatos son su debilidad. Especialmente, los Louboutin. Los comparte con su hermana, Rooney. Tiene dos perros: Bruno y Lucius. Es una buena bailarina de jazz, claqué y ballet.