viernes, 28 de agosto de 2026

El paisano - Viernes - 28 - Agosto - Rota ,. / HOSPITAL - Salud - Cuidar a los trabajadores sanitarios ,. / VACACIONES - EUROPA DE PELICULA - Mi paraíso en La Rochelle, bella y rebelde ,. / VUELTA AL COLE - Cerrar la brecha educativa ,. / EN PRIMER PLANO - A FONDO - REVISTA XL SEMANAL PORTADA ENTREVISTA - En la tuya o en la mía - Miercoles - 26 - Agosto - Alex Karp, el señor de la guerra de Silicon Valley: la clave de las operaciones militares desde Ucrania a Irán ,. / EL BLOC DEL CARTERO - LA CARTA DE LA SEMANA - MI CASA ES LA TUYA - viernes - 28 - Agosto - Isabel Coixet - Nostalgia de cuando el futuro era un robot con cofia ,.

 

TITULO: El paisano - Viernes -  28 - Agosto -  Rota ,.

Viernes -  28 - Agosto a las 22:10 horas en La 1 , foto,.

  Rota,.

 Los Repobladores: Crea obras de cerámica e imparte clases de artesanía en Rota

 La vida de Sagrario (54 años), madrileña de nacimiento, dio un giro cuando, tras años trabajando en multinacionales del sector retail, se trasladó a La Coruña por motivos profesionales. Aquella experiencia, en una ciudad más pequeña, transformó su forma de entender la vida y la alejó definitivamente de Madrid. Junto a su pareja, Jesús, a quien conoció años atrás en los carnavales de Cádiz, inició un camino hacia el sur que culminó en Rota, donde llevan casi una década. Allí, tras la ruptura con su vida corporativa y al frente de grandes equipos de trabajo, Sagrario y su chico apostaron por un modelo más sencillo y creativo, instalándose en el campo. Sagrario se formó en cerámica artística y hoy desarrolla su propio proyecto: crea obras, imparte clases y explora nuevas formas de artesanía. Comparte espacio con el taller de madera de Jesús, en un entorno donde también cultivan su huerto y cuidan de sus gallinas. Su historia refleja una tendencia creciente: la búsqueda de una vida más conectada, sostenible y con sentido, lejos del ritmo de las grandes ciudades. Un ejemplo inspirador de reinvención personal en el corazón rural andaluz. 

TITULO: HOSPITAL - Salud - Cuidar a los trabajadores sanitarios,.

Cuidar a los trabajadores sanitarios,.

Las lectoras y los lectores escriben sobre los profesionales de la salud, la atención en el Consulado de Nueva York, los problemas del tren en Galicia y los ataques al feminismo,.

 
foto - Dos trabajadores sanitarios llevan una camilla cerca de la entrada general del Hospital La Paz, en Madrid.

Cuando hablamos de humanización del sistema sanitario, solemos pensar de forma inmediata en los pacientes. Sin embargo, esa mirada resulta incompleta si no incluye también a los profesionales que lo hacemos posible. Quienes trabajamos en sanidad, afrontamos a diario una enorme carga asistencial, emocional y de responsabilidad, que con frecuencia pasa desapercibida. Una organización comprometida con la humanización debe cuidar también,.

TITULO: VACACIONES - EUROPA DE PELICULA - Mi paraíso en La Rochelle, bella y rebelde ,.

 

Mi paraíso en La Rochelle, bella y rebelde,.

Con sus playas de arena y sus elegantes fortificaciones, esta ciudad del Atlántico francés destaca por su combinación de historia, descanso al lado del mar y una potente oferta cultural,.

Puerto de La Rochelle

Había un ambiente más plácido y menos selecto que en el Festival de Cannes. Cuando se terminó la mítica comedia 'El guateque' de Blake Edwards, el público lanzó globos en la gran sala del teatro Coursive de la Rochelle, en el oeste de Francia. La productora y guionista Sylvie Pialat, exesposa del mítico director Maurice Pialat (fallecido en 2003), encabezaba en el escenario la comitiva de los responsables y decenas de voluntarios. Todos ellos habían hecho posible un certamen cinematográfico poco conocido a nivel internacional, pero más que disfrutón para cualquier cinéfilo.

Faltaba poco para la medianoche del 4 al 5 de julio —la víspera se había vivido en esa misma sala uno de los momentos destacados con la proyección de 'Los lunes al sol'— y acababa de terminarse la 54ª edición del Festival Internacional de Cine de la Rochelle (FEMA, por sus siglas en francés). Este certamen no es uno más de los numerosos festivales culturales que se celebran cada verano en Francia, sino una cita subrayada en rojo en el calendario por muchos amantes del séptimo arte. Con menos glamur, pero también más accesible y menos estresante que Cannes, el FEMA permite ver preestrenos, los filmes más destacados que se han proyectado en mayo en el festival más prestigioso del mundo, así como numerosos clásicos.

Menos de una semana después de ese certamen, otro evento cultural empieza cada verano en la Rochelle: el Francofollies. Creado en 1985 por el periodista radiofónico Jean-Louis Foulquier, este festival acoge cada año a varios de los músicos franceses más conocidos. Aya Nakamura, los raperos Gims y Orelsan y el cantante de pop Mika fueron las estrellas de la última edición, que reunió a más de 100.000 festivaleros en la monumental zona portuaria. Con el FEMA y el Francofollies, la Rochelle ofrece una potente oferta cultural durante la primera quincena de julio. Y esta se ve acompañada a lo largo del año por otros acontecimientos parecidos, como el Festival Internacional del Cine de Aventuras o con el de la ficción televisiva.

No obstante, el atractivo de esta ciudad portuaria, con unos 80.000 habitantes, no recae solo en su oferta cultural. Situada a unos 500 kilómetros al suroeste de París, la Rochelle es un destino sugerente por la tríada cultura-historia-playa. Después de las tres horas en tren que la separan de la capital, la carta de bienvenida para los visitantes es su monumental estación ferroviaria. A poco más de cinco minutos andando, se encuentra el puerto. Gracias a sus torres y fortificaciones, es uno de esos lugares que permiten fácilmente viajar hacia el pasado.

Marcada por un brutal cerco en el siglo XVII

Durante el final de la Edad Media y principios de la Moderna, la Rochelle sobresalía en Francia por su condición de principal puerto del Atlántico. El comercio con los puertos ingleses y hanseáticos enriquecieron a sus élites locales. Esa intensa actividad económica moldeó la identidad del principal feudo del protestantismo galo a principios del siglo XVII. 

 

Imagen principal - Foto en la entrada de las torres del puerto fortificado de la Rochelle. Fortificaciones de la Rochelle 

Sus monumentos, como la elegante torre de la Linterna o en el patio del Ayuntamiento donde permanece una gran cruz de los hugonotes, rememoran ese pasado, en que fue entre 1621 y 1628 una república independiente que pretendía imitar a las Provincias Unidas (Países Bajos). Sus habitantes evocan ese periodo para presumir de su actual reputación de ser una ciudad «bella y rebelde».

Imagen secundaria 1 - Foto en la entrada de las torres del puerto fortificado de la Rochelle. Fortificaciones de la Rochelle
 
Foto en la entrada de las torres del puerto fortificado de la Rochelle. 
 
Imagen secundaria 2 - Foto en la entrada de las torres del puerto fortificado de la Rochelle. Fortificaciones de la Rochelle

Ese pasado tuvo, sin embargo, su parte trágica con el feroz sitio de la Rochelle durante 14 meses entre 1627 y 1628. Después de renegar de la política conciliadora de su padre Enrique IV —autor del edicto de Nantes y precursor de la libertad de conciencia—, el rey francés Luis XIII apostó por erradicar el foco de rebelión rochelés matando de hambre a sus habitantes. Sometió a la ciudad a un asedio, solo roto de manera puntual por las tropas inglesas, del que solo sobrevivieron 5.000 de los 27.000 habitantes. La hambruna hizo estragos y hubo numerosos casos de canibalismo.

Fue un episodio icónico de las guerras de religión en Francia, al que Alejandro Dumas dedicó numerosas páginas en su saga literaria de Los Tres Mosqueteros. Un momento histórico que todavía recuerda la ciudad en el presente, aunque en la actualidad no queda ningún atisbo de independentismo. En la plaza enfrente del Ayuntamiento —un renovado edificio del siglo XIII—, se homenajea al alcalde de ese periodo mitificado, al rebelde Jean Guiton (1585-1654), que se fue al exilio tras la victoria de Luis XIII en 1628, pero al que repatriarían pocos años después gracias a su reputación de excelente ingeniero naval.

Cerca de esa céntrica plaza, se encuentra el interesante museo sobre el Nuevo Mundo, situado en un elegante palacete del siglo XVIII. Explica al detalle cómo la Rochelle, tras el feroz cerco, continuó siendo un puerto dinámico que se enriqueció gracias a la brutal trata de esclavos a lo largo del siglo XVIII y durante la primera mitad del XIX. Fue el segundo puerto esclavista de Francia, solo por detrás del de Nantes.

Las calles con arcos, las callejuelas con adoquines al lado del puerto, un palacio de Justicia considerado un monumento nacional… Es larga la lista de los lugares cargados de historia. Fácilmente, uno puede pasar de la parte antigua que empieza en la torre del Reloj a darse un paseo por el puerto fortificado avanzando por la calle de las Damas, cuyo nombre evoca a las mujeres que se despedían de los marines en los muelles. Y siguiendo por esa zona peatonal se llega a la playa.

Archipiélago de islas paradisíacas

Imagen principal - Panorámica de la Rochelle. Izquierda, puerto de la ciudad. Derecha, foto del patio del Museo del Nuevo Mundo de la Rochelle
 

Para los que quieran disfrutar del sol y les seduzca el agua (a veces un poco fría) del Atlántico, lo más recomendable es ir a otro de los atractivos de esta ciudad, muy turística: las islas de Ré y Oléron. Ambas están conectadas con puentes con la zona metropolitana rochelesa o con viajes directos en barco.

Imagen secundaria 1 - Panorámica de la Rochelle. Izquierda, puerto de la ciudad. Derecha, foto del patio del Museo del Nuevo Mundo de la Rochelle
 
Panorámica de la Rochelle. Izquierda, puerto de la ciudad. Derecha, foto del patio del Museo del Nuevo Mundo de la Rochelle. 
 
Imagen secundaria 2 - Panorámica de la Rochelle. Izquierda, puerto de la ciudad. Derecha, foto del patio del Museo del Nuevo Mundo de la Rochelle

Gracias a sus playas de arena, sus paisajes bien conservados con sus emblemáticas marismas saladas o la presencia de numerosos criaderos de ostras, la isla de Ré es uno de los lugares predilectos de veraneo para la burguesía parisina. Cuando uno se pasea con los ojos bien abiertos por sus pueblos con casas blancas, no resulta sorprendente que se cruce con algún actor o político conocido. De hecho, allí vive actualmente Gisèle Pelicot, icono mundial de la lucha contra la violencia machista, tras haber sufrido durante casi una década decenas de violaciones por parte de su entonces marido (Dominique) y decenas de desconocidos que reclutó a través de una página de libertinaje, y que se aprovecharon de que ella estaba drogada y adormecida.

La isla de Ré es un lugar caro, pero con una belleza evidente y sin la ostentación ni el lujo desbordante de Cannes, Saint-Tropez y otras localidades de la Costa Azul. En cambio, la de Oléron —el segundo territorio insular más grande de la Francia metropolitana después de Córcega— tiene la mala (o buena) reputación de ser un lugar más popular y frecuentado, donde se construyó en el pasado de manera más descontrolada.

Eso no impide que desde sus playas pueda disfrutarse de las vistas magníficas del fuerte Boyard, una fortificación en alta mar construida durante la primera mitad del siglo XIX para proteger la Rochelle y, sobre todo, el arsenal militar de Rochefort, segunda ciudad más poblada del departamento rochelés. Esa fortificación es conocida por muchos franceses por un programa de televisión homónimo. Bastante menos conocida, pero no por ello insignificante, resulta la isla de Aix. Con apenas 186 habitantes, un litoral virgen y hermoso y solo accesible en barco, es un lugar idóneo para relajarse y sentirse como si uno estuviera en medio de una isla desierta.

El archipiélago rochelés ofrece ambientes para todos los gustos. Los pijos parisinos prefieren Ré, Oléron es más popular y Aix se trata, sin duda, de un rincón idóneo para los hippies. Además de numerosos turistas, también atraen a algunos arqueólogos. Tras años escrutando ese territorio insular, la asociación local Ré Patrimoine descubrió recientemente la zona exacta donde se produjo la batalla del puente Feneau en 1627, en que las tropas francesas masacraron a unos 3.500 soldados ingleses, irlandeses y hugonotes galos, comandados por el duque de Buckingham. La historia, la cultura y la playa siempre van de la mano en la Rochelle.

TITULO:  VUELTA AL COLE - Cerrar la brecha educativa ,.

Cerrar la brecha educativa,.

Hay que poner los medios para que el éxito de España en la caída del abandono escolar alcance a los alumnos extranjeros ,.

 
foto - Un alumno se asoma a un aula de una escuela madrileña.

Cada vez menos jóvenes españoles abandonan sus estudios sin concluirlos, el principal indicador del fracaso escolar. Los datos de Educación muestran que en 2025 solo un 12,8% de los jóvenes de 18 a 24 años habían completado su trayectoria educativa sin un título de Bachillerato o de FP, lo que supone,.

TITULO: EN PRIMER PLANO - A FONDO - REVISTA XL SEMANAL PORTADA ENTREVISTA - En la tuya o en la mía - Miercoles -   26 - Agosto - Alex Karp, el señor de la guerra de Silicon Valley: la clave de las operaciones militares desde Ucrania a Irán ,.

En la tuya o en la mía  - Miercoles    - 26 - Agosto  ,.

 En la tuya o en la mía', presentado por Bertín Osborne, acerca a los espectadores el lado más desconocido de personajes relevantes de diversos ámbitos. Durante aproximadamente una hora, los telespectadores tienen la oportunidad de conocer mejor al invitado y también al propio Bertín Osborne, en La 1 a las 22:30, el miercoles - 26 - Agosto  , etc.

 EN PRIMER PLANO - A FONDO - REVISTA XL SEMANAL PORTADA ENTREVISTA - En la tuya o en la mía - Miercoles  - 26 - Agosto - Alex Karp, el señor de la guerra de Silicon Valley: la clave de las operaciones militares desde Ucrania a Irán,.

Alex Karp, el señor de la guerra de Silicon Valley: la clave de las operaciones militares desde Ucrania a Irán,.

fotos - Alex Karp, .

La CIA, el Mossad, el Pentágono, el ejército ucraniano y el ICE que ejecuta las deportaciones de Trump dependen de él. Todos usan el 'software' de vigilancia y logística militar de Palantir, la empresa que Karp dirige y sin la cual la guerra moderna es imposible.

¿Cómo un doctor en filosofía ajeno por completo a los negocios y a la informática se ha convertido en el líder de la mayor empresa tecnológica de defensa y vigilancia del mundo?

Desde luego, requiere un talento intelectual que Alex Karp –el CEO de Palantir, un coloso valorado en 400 mil millones de dólares– ya demostró en la universidad, pero también unas circunstancias que solo este singular principio de siglo gestado en Silicon Valley podían abonar.

Palantir, empresa que Karp dirige desde hace 22 años, le vende a la CIA, al Pentágono y al servicio de inmigración estadounidense el programa con el que deciden a quién vigilar, a quién atacar, a quién detener... y a quién matar.

En una entrevista durante un evento de The New York Times, en diciembre, Karp, de 59 años, no consiguió quedarse quieto en el asiento en veinte minutos. Las redes lo convirtieron en meme, vinculado al consumo de drogas como la ketamina. Él niega cualquier consumo de estupefacientes.
 
En una entrevista durante un evento de The New York Times, en diciembre, Karp, de 59 años, no consiguió quedarse quieto en el asiento en veinte minutos. Las redes lo convirtieron en meme, vinculado al consumo de drogas como la ketamina. Él niega cualquier consumo de estupefacientes.

El producto estrella de Palantir –surgida en Palo Alto, California, y ahora con sede en Miami– es una plataforma que cruza bases de datos. Ahí pueden acabar movimientos bancarios, antecedentes penales, historiales médicos, comunicaciones interceptadas... Hay muchos que la consideran la empresa más peligrosa del mundo. «Nuestro producto se usa, en ocasiones, para matar enemigos», reconoce Karp. Y desde la vuelta al poder de Donald Trump, el negocio de Palantir se ha multiplicado: 1.935 millones de dólares de ingresos en el último trimestre, un 93 por ciento más que hace un año.

Curiosamente, Karl le dijo a su biógrafo –Michael Steinberger, autor de El filósofo de Silicon Valley (ed. Shackleton)– que su mayor miedo es el fascismo y reclama el agradecimiento de Europa por haber frenado la invasión rusa de Ucrania. «La única razón por la que nadie desfila a paso de oca en Europa es mi producto. ¡Dad las gracias!», soltó Karp en 2024. Lo que él vende, alardea, es un dique contra los totalitarismos. Sus detractores ven justo lo contrario: una herramienta totalitaria que no debería tener cabida en Estados democráticos.

Palantir cruza bases de datos: movimientos bancarios, historiales médicos, comunicaciones interceptadas... muchos la consideran la empresa más peligrosa del mundo. «Nuestro producto se usa, en ocasiones, para matar», reconoce Karp

Pero Karp no le tiene miedo a las polémicas. De hecho, le encanta provocar. En 2023, en una visita al Senado, lo sentaron al lado de Elon Musk. Karp le preguntó si sabía por qué los habían puesto juntos. Musk dijo que ni idea. «Porque si alguien entra con un arma, mata dos pájaros de un tiro».

Su biógrafo aclara que no es del todo una broma, que Karp se siente en constante peligro. «Lo que hay que entender acerca de él es la sensación de vulnerabilidad que le persigue –dice–. Se podría decir que Palantir existe para hacer del mundo un sitio más seguro, entiéndase que más seguro para el propio Alex Karp».

Karp practica taichí (aquí en un vídeo con sus empleados). Palantir respondió a las parodias que había recibido por su hiperlocuacidad televisiva anunciando empleos para neurodivergentes, con sueldos de hasta 200.000 dólares al año. «Si te reconoces en él [en Karp], incapaz de estarte quieto o pensando más rápido de lo que hablas, te animamos a solicitar el puesto».
 
Karp practica taichí (aquí en un vídeo con sus empleados). Palantir respondió a las parodias que había recibido por su hiperlocuacidad televisiva anunciando empleos para neurodivergentes, con sueldos de hasta 200.000 dólares al año. «Si te reconoces en él [en Karp], incapaz de estarte quieto o pensando más rápido de lo que hablas, te animamos a solicitar el puesto». .

Él y Musk tienen, en realidad, mucho en común. Ambos son exitosos hombres de negocios, dicen lo primero que se les ocurre y cuentan con una base de fans muy entusiasta, mayormente masculina y partidaria de Trump. Y los dos admiten tener una personalidad singular. Karp afirmaba hace poco sobre el futuro de la humanidad frente a la inteligencia artificial: «Básicamente, hay dos formas de saber si tienes futuro. Una, si tienes algún oficio o formación manual. Dos, si eres neurodivergente».

Karp nació en Nueva York en 1967, hijo de un pediatra judío y de una artista afroamericana que lo llevaban de niño a las marchas por los derechos civiles. Estudió Filosofía en Haverford y Derecho en Stanford. Nunca ha aprendido a conducir: «Era demasiado pobre –explica– y luego fui demasiado rico».

Palantir ha jugado un papel clave en la guerra de Ucrania. Al principio de la invasión rusa, el software de Palantir le indicaba al ejército ucraniano dónde se concentraban las tropas enemigas.Karp se ha reunido en varias ocasiones con Zelenski y reclama una parte del mérito del ejército ucraniano..
 
Palantir ha jugado un papel clave en la guerra de Ucrania. Al principio de la invasión rusa, el software de Palantir le indicaba al ejército ucraniano dónde se concentraban las tropas enemigas.Karp se ha reunido en varias ocasiones con Zelenski y reclama una parte del mérito del ejército ucraniano..

En realidad, no era tan pobre, pero asegura que hubo momentos difíciles en los que no tenían dinero para comprar un coche. Karp atribuye su precariedad económica más a la ideología de sus padres que a su desempeño profesional: para ellos, activistas de izquierda, dice, el dinero no era una prioridad. Karp, que padecía una fuerte dislexia, alega que creció sintiéndose vulnerable al ser un niño «racialmente ambiguo» al que sus padres no protegían frente al mundo exterior.

En 1992, con el título de abogado recién obtenido, Karp se fue a Alemania. Llegó a Fráncfort sin hablar el idioma, aprendió lo justo para entrar en la universidad y se empeñó en escribir la tesis en filosofía en alemán. Quiso que se la dirigiera Jürgen Habermas, uno de los grandes de la filosofía occidental, y durante años se presentó como discípulo suyo. No lo fue. En 2000, Habermas se lo quitó de en medio con tres folios demoledores donde le decía que no estaba a la altura.

Karp vive aterrado, dice su biógrafo. Tiene una veintena de casas y en ninguna duerme más de dos noches seguidas. Lleva, además, su móvil en una caja metálica aislante porque cree que los chinos lo espían

Pero para entonces Karp ya había dejado su impronta en otro personaje determinante en Silicon Valley: Peter Thiel, el gran inversor de empresas tecnológicas desde los tiempos de Pay Pal y gran promotor de Trump.

Thiel y Karp se conocieron en la universidad de Stanford, donde discutían «como animales salvajes»: Thiel, libertario confeso, que aspira a minimizar el Estado, y Karp, que se definía entonces como 'neosocialista'. Cuando Thiel fundó Palantir y tuvo que buscar consejero delegado, llamó a su viejo adversario.

La empresa la concibió Thiel a partir del sistema que PayPal había desarrollado para contener los fraudes mediante un sistema de alertas. Y le puso el nombre por las 'palantiri' de Tolkien, las piedras que permitían ver lo que ocurría lejos; también las que Sauron usaba para vigilar y manipular a quienes miraban por ellas.

Karp con su valedor y amigo, Peter Thiel, principal accionista y cofundador de Palantir.
 
Karp con su valedor y amigo, Peter Thiel, principal accionista y cofundador de Palantir.

Karp convirtió aquella idea de Thiel en un imperio tecnológico. Lo que no ha logrado es superar sus miedos infantiles. Steinberger asegura que no hay un solo aspecto de su vida que no esté motivado por el terror.

El terror tiene su logística. Una veintena de casas, muchas junto a pistas de esquí de fondo, su deporte preferido. En ninguna duerme más de dos noches seguidas. En diciembre pagó 120 millones por un monasterio trapense en Colorado. El móvil lo lleva en una jaula de Faraday, una caja metálica que lo aísla: «Los chinos estarían locos si no intentaran escuchar mis llamadas». Nunca se ha casado y no tiene hijos, idea que, dice, le produce urticaria. Mantiene desde hace años dos relaciones (heterosexuales) simultáneas y a distancia. Un colega lo definió como «monógamo por zonas geográficas». Y solo deja de pensar en Palantir, dice, cuando hace taichí y durante la actividad sexual.

Karp, como casi todos los tecnócratas que hoy respaldan a Trump, apoyaron durante años al Partido Demócrata. El cambio, explica su biógrafo, es puro pragmatismo. «Dirige una empresa que hace una enorme cantidad de negocios con el gobierno. Y, cuando Trump vuelve a ser presidente, la primera regla para hacer negocios es no cabrear a Trump». Luego, reviste su decisión de argumentos ideológicos. La mejor excusa para Karp fue el ataque de Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023, que percibió como un estallido de antisemitismo en Europa y Estados Unidos. «Decidió que la política exterior y la inmigración eran las razones que le permitían subirse al carro de Trump». En cuanto lo hizo, llegaron los contratos del gobierno con Palantir: entre ellos, un acuerdo marco con el Ejército de 10.000 millones de dólares durante diez años.

Y llegó la guerra con Irán. En el centro de la ofensiva de Estados Unidos contra el país islámico estaba Maven Smart System, la plataforma de Palantir que cruza datos de satélites, drones y radares y permite identificar blancos. En marzo el Ejército estadounidense incorporó Maven –que ya se había usado en Venezuela en la operación contra Maduro– de manera permanente.

A la vez, las reticencias en Europa hacia Palantir se han disparado. Hoy usan sus plataformas la inteligencia francesa, la sanidad británica, la OTAN… pero están intentando alejarse, porque Washington ha dejado ser fiable, aunque no es fácil prescindir de los servicios de Palantir.

Llamativamente, y quizá como reflejo de su pasado progresista o consecuencia de su terror a ser agredido, a Karp le preocupa mucho la desigualdad económica disparada por la IA. En julio afirmó que estamos ante una ruptura total entre la acumulación de «una riqueza inimaginable» en la cima y la precariedad del resto, «el problema más grave» del sistema actual. Karp admite que él no tiene una solución. Como el resto de tecnócratas, responsabiliza a los gobiernos, que deben tomar medidas fiscales para equilibrar el sistema. Karp no apela a principios éticos, sino de supervivencia: teme que la gente acabe rebelándose. «Te están diciendo que tu vida va a ser una miseria y, a la vez, ellos (los creadores de la IA) se están volviendo extremadamente ricos. Ya vivimos en una sociedad dividida y desigual y lo que hacen es potenciar eso al máximo». Karp cree que, para evitar el colapso del sistema, ni siquiera el gobierno de Trump puede seguir negando lo evidente y diciendo a la gente «no creas lo que ven tus ojos». Toda una declaración, viniendo del hombre que lo ve todo. 

 

 

TITULO : EL BLOC DEL CARTERO - LA CARTA DE LA SEMANA - MI CASA ES LA TUYA - viernes  - 28 - Agosto -  Isabel Coixet - Nostalgia de cuando el futuro era un robot con cofia,.   

MI CASA ES LA TUYA - VIERNES -   28 - Agosto  ,.

MI CASA ES LA TUYA -', presentado por Bertín Osborne,.

acerca a los espectadores el lado más desconocido de personajes relevantes de diversos ámbitos. Durante aproximadamente una hora, los telespectadores tienen la oportunidad de conocer mejor al invitado y también al propio Bertín Osborne, en Telecinco  a las 22:00, el viernes  -  28 - Agosto ,etc.

  EL BLOC DEL CARTERO - LA CARTA DE LA SEMANA - MI CASA ES LA TUYA - viernes -  28 - Agosto - Isabel Coixet - Nostalgia de cuando el futuro era un robot con cofia ,.

  Isabel Coixet - Nostalgia de cuando el futuro era un robot con cofia ,.

 Isabel Coixet: Todo el mundo es un museo - XLSemanal - El Correo

  Isabel Coixet - foto ,.

 El astrofísico Hubert Reeves (1932-2023) decía que nuestra imaginación se detiene cuando vemos algo que ya conocemos: no hay nada que se parezca más a los años 60 que la ciencia ficción de los años 60, con sus naves domésticas en colores pastel 

y los trajes ajustados de licra beige con capas y capuchas pegadas a la cabeza. Cuando veía de pequeña The jetsons o Perdidos en el espacio (durante años mi serie favorita), yo creía que el futuro sería así, que volaríamos con dispositivos personales, que podríamos disolvernos en partículas para rehacernos a miles de kilómetros como si nada y que no habría que cocinar ni planchar ni limpiar porque habría un simpático robot de lata con cofia que lo haría todo sin una queja y luego se desconectaría él mismo hasta que lo reclamáramos para asarnos un pollo en medio nanosegundo.

Yo creía que volaríamos con dispositivos personales, nos disolveríamos en partículas para rehacernos a miles de kilómetros y que no habría que cocinar, planchar ni limpiar porque ya lo haría un simpático robot de lata con cofia

Me pasé mi adolescencia leyendo a Ray Bradbury, a Isaac Asimov, a Arthur C. Clarke, a Ursula K. Le Guin, a Aldous Huxley, a Orwell e intentando emularlos a mi vez, escribiendo cuentos de una ciencia ficción dudosa y derivativa, muy pegada a una idea inocente y esperanzadora del futuro, aunque ninguno de esos autores pintara un futuro color de rosa. Yo seguía aferrándome a mi fantasía de naves espaciales como las que todavía se pueden ver en los tiovivos de algunas ferias y a extraterrestres de aspecto raro, pero con buenas intenciones. Y entonces llegó a mis manos un cuento en inglés, que tuve que traducir diccionario en mano, que me impresionó y me sigue impresionando 50 años después de su publicación: The ones who got away from Omelas ('Los que se alejan de Omelas'). El cuento transcurre en una ciudad del futuro durante un festival de verano de música y danza, hay un ambiente alegre y tumultuoso, la gente parece realmente feliz, todo es paz y armonía, no hay crímenes ni disturbios, pero… En un momento del cuento, nos enteramos de que el mecanismo que hace que todo funcione a las mil maravillas es que en un cuarto subterráneo, en una especie de mazmorra, hay un niño que llora porque sufre y quiere salir de allí: la supervivencia de esa utópica ciudad llena de música y contento depende únicamente del aislamiento y el dolor de ese niño. Y hay personas, que aun amando una vida sin preocupaciones, no pueden soportar la idea de que alguien sufre para que ellos se lo pasen bien y se alejan de Omelas.

Desde su publicación, el cuento ha sido interpretado de mil maneras distintas, como una crítica al colonialismo, a la indiferencia, a la amoralidad, al egoísmo…

Yo sólo sé que ese cuento, más que Un mundo feliz o Fahrenheit 451 o 1984, pulverizó mi idea de una sociedad utópica sin conflictos, sin pobreza, sin tristeza.

Y desde que lo leí, me he preguntado mil veces si me quedaría en Omelas, tapándome los oídos a los ecos de los gemidos del niño que ocasionalmente se mezclarían con la orquesta interpretando a Mozart, o sí cogería mi petate y me alejaría de allí para no volver nunca.