domingo, 22 de junio de 2014

EL BLOC DEL CARTERO, MIS MUNDIALES, (II) / LA CARTA DE LA SEMANA, Fondos de inversión, el producto de ahorro estrella de 2014,

TÍTULO: EL BLOC DEL CARTERO, MIS MUNDIALES, (II),.

  1. Después del fiasco del Mundial de Argentina, la esperanza estaba puesta en el que España organizaba en casa y que suponía el estreno en ...-foto.
     
    Después del fiasco del Mundial de Argentina, la esperanza estaba puesta en el que España organizaba en casa y que suponía el estreno en la organización de grandes eventos deportivos. España concurría con una selección triste, sosa, aburrida, con buenas individualidades pero con un conjunto regular y, como no se clasificó debidamente en la primera fase, fue a dar a un grupo con Alemania e Inglaterra (y no en Sevilla, que era lo previsto), en el que fuimos pasados por la piedra y sin pena ni gloria nos despedimos entre la frustración general. Aquel Mundial fue bueno, pero pecó de una organización turística penosa: Italia ganó y Francia empezó a despertar. Hubo quienes creían que el Mundial iba a ser un maná: restaurantes que pidieron créditos para ampliar instalaciones creyendo que iban a ser abarrotados se dieron de bruces con la realidad, que fue nada de nada. Hubo mucha ruina.
    Cuando volvió México a organizar un campeonato, España ya fue otra cosa: no olvidaremos en muchos años la tarde de Querétaro y los cuatro goles de Butragueño a la pobre Dinamarca ni el penalti fallado por Eloy ante Bélgica, que nos dejó a las puertas de las semifinales del 86. Miguel Muñoz creó un embrión de equipo infinitamente más resuelto que el del 82 y, posiblemente, mejor que el de Luis Suárez en el 90. En aquella edición nos quitó de la circulación la siempre poderosa Yugoslavia, a punto de perecer como país, después de haber quedado campeones de grupo. Se repitió final y en esta ocasión Alemania le dobló la mano a la Argentina que cuatro años antes había triunfado de la 'mano' de un Maradona en la cumbre. Diego Armando comenzaba una decadencia que se evidenció en la cita de Estados Unidos 94 y que dejó en la retina de los espectadores los desequilibrios de un jugador que había sido bueno, muy bueno, pero que daba paso a un exjugador desdibujado y lamentable. Fue el Mundial del codazo de Tassotti a Luis Enrique y de la injusticia de no pasar de cuartos de final tras el choque contra Italia.
    A España la comandaba un magnífico Caminero y la entrenaba un desigual Javier Clemente, que, no obstante el churro del siguiente campeonato, obtuvo un buen nivel en Estados Unidos. La España de Clemente mereció llegar a la cúspide, pero Baggio y un fallo de un buen Salinas nos lo impidieron. Ya Francia empezaba a maravillar. De hecho, España perdió la inviolabilidad en su sede de Sevilla dos años antes ante la Francia de Papin y un joven Zidane que se aprestaba a tomar el cetro de jugador con más clase de estos últimos años. La clase no supone ser un crac (Zidane lo ha sido), supone ser elegante: el rumano Hagi lo era; el español Francisco, aún más. La impagable Francia de Zinedine y diez fenómenos más nos embriagó en el Mundial que organizaron los franceses en el 98. Y que ganaron, claro. Nosotros dimos una penosa imagen ante Nigeria y no pudimos ante el Paraguay de ese gigante llamado Chilabert, que lo paró todo. Y nos fuimos sin llegar a nada. Qué chasco.
    Pero la cosa podía mejorar y de eso se encargó Camacho en el año 2002, hasta que un golfo llamado Al-Ghandour, árbitro egipcio al que las empresas automovilísticas coreanas le debieron de regalar un par de coches, hizo lo imposible por que siguiera la anfitriona en el campeonato. Valiente trincón y sinvergüenza. España hubiera llegado a la final, sin duda, pero se quedó, de nuevo, en cuartos. Una vez ahí, en la final, no sabemos qué hubiera pasado. Ganó Brasil, con Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho, que pasó por encima de la Alemania de Khan, una vez más en una final.En 2006, Aragonés apuntó lo que al cabo de un par de años sería la selección de nuestros sueños. La que urdió ese buen tipo que se llama Vicente del Bosque. Desde el 66, nunca nadie nos dio tanto. Eurocopas y Mundial, uno detrás de otro. Aún me relamo. 

    TÍTULO: LA CARTA DE LA SEMANA, Fondos de inversión, el producto de ahorro estrella de 2014,

    mueva su dinero

    Fondos de inversión, el producto de ahorro estrella de 2014

    Fondos de inversión, el producto de ahorro estrella de 2014El dinero sigue entrando en estos productos y la bolsa sigue siendo la mejor fuente de rentabilidad para los inversores. Los asesores financieros nos indican los mejores de cara al segundo semestre.-foto billetas de 50 €
    Acabamos de terminar la primera mitad del año y la verdad es que, salvo algunas sorpresas, las previsiones de las gestoras y asesores financieros se han cumplido. Descontando algún sobresalto, pero nada en comparación con lo vivido en los últimos años, la Bolsa está siendo la principal fuente de rentabilidad para los inversores. Este buen tono del mercado y el nuevo golpe que las medidas de Mario Draghi han supuesto para la rentabilidad de los depósitos y la renta fija han acelerado la entrada de dinero en lo que ya se puede calificar de producto estrella de 2014: los fondos de inversión.
    Además, en los últimos meses se aprecian más flujos de entrada a los fondos mixtos, con una cierta exposición a bolsa, donde el sentimiento inversor sigue siendo positivo, pero más selectivo. El Ibex registra un ascenso de doble dígito en lo que llevamos de 2014, y varios gestores de Bolsa española están logrando con su selección superar al índice español. Y es precisamente esto lo que hay que exigir a un fondo. ç
    Varias empresas de asesoramiento financiero nos han trasladado sus apuestas de cara al segundo semestre del año. Su visión varía de unos a otros, pero, por lo general, existe un consenso: la Bolsa seguirá siendo el principal generador de rentabilidad de los inversores durante lo que nos queda de 2014. Ahora bien, «a diferencia de 2013, donde prácticamente todos los activos subieron, este año la estrategia y la selección de fondos será clave», advierte Carlos Farrás, de DPM Finanzas.
    Cuidado en renta fija
    Carles Planas de Farnés, de gInvest EAFI, lo tiene muy claro: «Seguramente la mayor dificultad para el semestre que empieza será la selección de la renta fija, ya que desde nuestro punto de vista creemos que se pueden producir importantes correcciones». Por ello, este experto prefiere hablar de productos de retorno absoluto (cuyo objetivo es ganar en cualquier escenario de mercado) y de deuda global. ¿Algún nombre concreto? El Templeton Global Bond Fund. Se caracteriza por su elevada diversificación a nivel global. Eso sí, con cierto riesgo, ya que cuenta con una buena exposición a emisiones de países emergentes.
    Otros productos que gustan son los de bonos convertibles (emisiones de deuda, que se transforman en acciones en un momento dado). Juan Manuel Vicente Casadevall, de Kessler & Casadevall EAFI, propone el Salar Convertible Absolute Return B: «La ventaja que tienen estos productos es que son activos de renta fija con una cierta sensibilidad a la renta variable», afirma. Como renta fija más conservadora, Farrás opta por un clásico para el segundo semestre: el Carmignac Securité.
    Pero ante el escenario que se avecina para la renta fija, José María Luna, de Profim EAFI, aconseja prudencia: «Tras varios años de evolución muy positiva de la deuda europea y norteamericana (pública y privada), nuestra sugerencia de cara al nuevo semestre es ser prudentes y tener cuidado con las duraciones muy elevadas. Son las que sufrirían, si hubiera subidas de tipos».
    Por tanto, se impone una visión prudente en el mercado de deuda. Jim Leaviss, de M&G, considera que «es difícil ver valor en la renta fija pública estadounidense, pero sigo pensando que hay potencial en la deuda periférica e, incluso, alemana».
    Más selectivos en Bolsa
    La renta variable sigue siendo la niña bonita de muchos asesores, pero después de las subidas registradas últimamente, el consejo es ser más selectivo. Incluso, hay lecturas que animan a una actitud aún más prudente, como la de Juan Manuel Vicente Casadevall. «Creemos que los activos de riesgo, como la Bolsa, no van a ser tan alcistas como hasta ahora». Desde su punto de vista, la exposición a Bolsa para un inversor conservador debería ser nula. Y_aconseja un fondo de retorno absoluto, como el Old Mutual Global Equity Absolute Return. Su ventaja radica en que jugando con posiciones largas y cortas, es capaz de neutralizar su exposición a bolsa y reducir la volatilidad.
    La selección de Kessler & Casadevall es significativa porque es la única que incluye un fondo de Bolsa española para perfiles dispuestos a asumir algo más de riesgo: el Mirabaud Equities Spain. Y es que, desde su punto de vista, si las alzas continúan en Bolsa conviene estar en mercados como España y, ampliando horizontes, Europa. Una idea con la que también coinciden el resto de asesores.
    Por otra parte, muchos gestores siguen pensando que el valor se mantiene en las bolsas del Viejo Continente, donde la recuperación puede seguir dando juego, aunque sea débil. «A nuestro parecer, los analistas aún no ha tenido en cuenta la mejora de las condiciones económicas en Europa. Cuando esto ocurra habrá revisiones al alza de los beneficios de 2015. Debemos esperar a que esto se concrete. Las revisiones podrían llegar pronto», explica Régis Bégué, gestor del fondo Objectif Recovery Eurozone, de Lazard Frères Gestion.
    Fondos mixtos
    Es una de las dos categorías de productos que más suscripciones netas está registrando en lo que llevamos de año. Por ello, tiene sentido que dentro de la selección elaborada por los asesores financieros, los productos de mayor tamaño sean de esta categoría. En esta área, Carlos Farrás apuesta por un gran clásico: el M&G Optimal Income, uno de los productos favoritos de los inversores españoles. Otro de los productos recomendados por los asesores es el First Eagle Amundi International Fund. Se trata de un fondo mixto agresivo con un historial de casi 20 años, que ha sabido lidiar con las incertidumbres del mercado. En este momento, Jan Vormoor, especialista de inversiones del fondo, es defensor de esa actitud selectiva en Bolsa: «En el actual entorno de precios inflados, encontrar compañías buenas y baratas es una tarea muy complicada. Por ello, hemos incrementado nuestra posición de liquidez», explica.

REVISTA XL SEMANAL,. EN PORTADA, Un dictador en casa,./ SILENCIO POR FAVOR, Bodegas Emilio Moro: La esencia del "terroir"

  1. Los especialistas avisan sobre las consecuencias futuras de una educación sin límites ni frustaciones.

    La armonía termina cuando la madre llega a casa y descubre que su criatura ha destrozado un garaje de juguete que ella estuvo montando ...-foto,.
     
    En portada

    Un dictador en casa

    Que los hijos sean plenamente felices. Ese es el objetivo máximo para los padres. Y parece loable y hasta lógico. ¿De verdad? Los especialistas empiezan a dudarlo y avisan de sus peligrosas consecuencias. La polémica está servida.
    Todo empieza con un berrinche. La mujer recoge a su hijo de tres años de manos de la canguro, que lo ha llevado al parque. El pequeño, que la ve y que corre a abrazarla. La mamá, que lo levanta y lo cubre de besos. La armonía termina cuando la madre llega a casa y descubre que su criatura ha destrozado un garaje de juguete que ella estuvo montando durante una hora para que él jugase con sus cochecitos. No pasa nada. Pero mientras ella lo repara, el niño lanza trozos del garaje contra las paredes. La madre le recuerda las normas: «No se lanzan cosas». Entonces, él coge una plancha de madera y se la tira a la cabeza. Ella la esquiva. El crío agarra un destornillador. La pataleta termina con el agresor en la cuna antes de tiempo.
    La madre es Jennifer Senior, antropóloga estadounidense. Y aquella experiencia la empujó a indagar sobre las miserias de la paternidad. ¿Por qué nos genera tanta angustia? ¿Por qué, de repente, tenemos tantas dudas a la hora de hacer algo que habíamos hecho con éxito durante milenios? ¿Y por qué tantos niños son ahora unos tiranos desde bien pequeñitos? Senior publicó en enero Todo alegría y nada de diversión. La paradoja de la paternidad moderna. Su tesis, popularizada en una charla de TED, es la siguiente: hemos convertido la crianza de nuestros hijos en un auténtico tostón. Para ellos y para nosotros. Sí, hay buenos momentos. Pero son la excepción. Y no es culpa de los críos. No son malcriados por iniciativa propia. Los hemos vuelto así por nuestro propio desconcierto. La raíz del problema: pretender que nuestros hijos sean felices a toda costa es un objetivo loable, pero equivocado.
    Esta antropóloga argumenta que el concepto actual de 'paternidad' es tan nuevo que está por definir. «Empezó en los años setenta. Nuestros papeles como padres han cambiado. Y también el de los hijos. Estamos improvisando en una situación que no tiene guion». ¿Pero qué ha cambiado? «El cambio histórico más importante es que los niños trabajaban. Dejaron de hacerlo hace solo unas décadas en el Primer Mundo. Trabajaban en las granjas, en las tiendas familiares, en las fábricas... A los hijos se los consideraba bienes económicos. Gracias a Dios se prohibió el trabajo infantil. El viejo acuerdo no era ético, pero era recíproco. Los padres proporcionaban comida, ropa, alojamiento e instrucción moral a los niños, que en contrapartida aportaban unos ingresos a la economía familiar», explica nuestra antropóloga.
    Una vez que los niños dejaron de trabajar se convirtieron en «sujetos sin valor económico, pero con un valor emocional incalculable». De hecho, conviene matizar que no solo dejaron de aportar al presupuesto familiar, sino que son una carga onerosa: en España, según una organización de consumidores, criar a cada hijo cuesta unos 150.000 euros desde los cero a los 18 años. Y ya no se van de casa a los 18 o vuelven a los 36. e hecho, ya no es que los hijos no trabajen para los padres; es que los padres se han convertido en sus sirvientes, chóferes, monitores, dietistas... «Consideramos que ir a la escuela ya no es suficiente para triunfar. Y los apuntamos a inglés, a ballet, a violín, a natación...
    Las actividades extraescolares ocupan el tiempo de los niños, pero también el nuestro, que tenemos que llevarlos al entrenamiento o supervisar lo que han hecho», comenta Senior. Además, está la crisis. estamos criando a las primeras generaciones que vivirán peor que sus padres desde la Segunda Guerra Mundial. «Los padres no tenemos ni idea de qué conocimientos van a ser útiles para nuestros hijos, así que los preparamos para todo. Pero el mundo cambia a toda velocidad. Cuando yo iba al instituto recuerda Senior, nos decían que había que aprender japonés. Ahora hay una obsesión por el mandarín. Quizá les pueda servir, no lo sé. Lo que sí deberíamos saber es que no podemos anticipar el futuro. Pero como buenos papás, intentamos preparar a los hijos para todo. Que aprendan ajedrez para desarrollar sus dotes analíticas. Que practiquen algún deporte de equipo para que sepan colaborar. Que sean ahorradores, que sean ecologistas, que no coman gluten. Yo comí toneladas de espaguetis de niña y no me ha ido mal en la vida. Pero asumimos que lo que era bueno para nosotros, ya no es tan bueno ahora. Así que nos angustiamos».
    Esa angustia puede estar justificada. Al fin y al cabo, cada hijo supone una inversión de tiempo, esfuerzo, dinero y amor. «Hemos encumbrado a los niños a lo más alto de la jerarquía familiar. Es algo extraño y sin precedentes. Por si fuera poco, crecen en un ambiente en el que no tienen ninguna responsabilidad. Todo lo que queremos para nuestros hijos es que sean felices. Es el objetivo supremo. La felicidad puede ser subproducto de otras cosas, pero no puede ser un objetivo por sí misma. No es como enseñar a arar un campo o a montar en bicicleta. Nuestro intento desesperado por criar niños felices tiene consecuencias», advierte. Las consecuencias se las encuentra cada día en su consulta la psicopedagoga Ana Sánchez Cantera, del Gabinete Sinapsis.
    Una de las más frecuentes es la poca tolerancia a la frustración de muchos niños. «Las familias desconocen cómo gestionar las rabietas o comportamientos desafiantes de los hijos. Una pequeña dosis de frustración es necesaria e inevitable a lo largo de la vida, ya que nuestros deseos no son satisfechos de forma inmediata y debemos desarrollar las habilidades y capacidades necesarias para hacer frente a este hecho y que no nos desestabilice», explica. Del mismo modo que estamos criando niños alérgicos por falta de entrenamiento de su sistema inmune, por exceso de limpieza y asepsia, la sobreprotección genera niños intolerantes. «Son muy exigentes, impulsivos e impacientes. No soportan la espera. Creen que lo merecen todo porque todo se les ha dado desde pequeños. Como es normal, los padres satisfacen las demandas vitales de forma inmediata. Pero los hijos van creciendo y sus deseos se van postergando. Entonces se rebelan contra los límites, ya que no entienden por qué no se les da todo lo que quieren».
    Sánchez Cantera organiza talleres de tolerancia a la frustración y autocontrol para niños de seis a diez años en colaboración con la Asociación TDAH Palencia. Algunos ejercicios son juegos de rol donde los niños se ven obligados a ponerse en la piel de sus papás. Esto despierta su empatía. Al fin y al cabo, padres e hijos van en el mismo barco. Falta que remen en la misma dirección.Que los reyes de la casa tiendan al despotismo es hasta cierto punto lógico, pero no inevitable. El biólogo John Medina, del Centro de Investigaciones Aplicadas al Cerebro de la Universidad de Seattle, explica que la mente infantil no es capaz de aprender a identificar sentimientos como la tristeza, la preocupación o el miedo sin la ayuda de los padres.
    «Una madre que le pregunta a su hijo por qué llora y sea capaz de verbalizar y etiquetar el sentimiento de su pequeño conseguirá que empiece a calmarse. La verbalización tiene un efecto sedante en el sistema nervioso de los niños. Es algo que está medido en laboratorio». Según Medina, «el mejor indicio de que un niño será feliz es que tenga muchos amigos. Para hacer amigos, hay que ser bueno a la hora de descifrar los signos de la comunicación no verbal. Algo que se aprende interactuando físicamente con otros seres humanos. Los mensajes de texto pueden destruir esa capacidad. Los humanos hemos sobrevivido porque formamos grupos sociales cooperativos. Esto nos obliga a emplear mucho tiempo relacionándonos, interpretando las motivaciones de los otros, sus impulsos, sus sistemas de premio y de castigo». Es fundamental una interacción entre padres e hijos, pero no debe ser la única.
    «La diferencia de medidas entre el canal del parto y el cráneo del bebé provoca que las mujeres necesiten mucho tiempo para recuperarse. Y que haga falta la ayuda de otros miembros de la tribu para que la cría no muera. Es una impronta que nos viene desde el Pleistoceno. Un bebé está programado para conectar con su madre, pero también con el entorno. Cuando los padres se sienten impotentes, deben entender que la paternidad no es una tarea diseñada para hacerla en solitario».Varios estudios coinciden en que los padres en las sociedades ricas están cada vez más abrumados. Y tan frustrados como sus retoños. Ya lo advirtió Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía, que preguntó a 900 mujeres de Texas cuál era la actividad diaria que más satisfacción les proporcionaba.
    Cuidar de los niños ocupaba el puesto 16 de un total de 19, por detrás de preparar la comida, ver la tele, hablar por teléfono o incluso limpiar la casa. ¿Cómo es posible? ¿Carecen de instinto maternal? Nada de eso. Sencillamente, están saturadas.En los sesenta, los padres norteamericanos pasaban menos tiempo con sus hijos que hoy. Y eso que la mujer no había irrumpido en el mercado laboral y que ahora las que trabajan tienen menos tiempo de ocio que en 1975, apenas seis horas a la semana. Aun así, el 85 por ciento de los progenitores, según otro informe, piensan que no están lo suficiente con sus hijos, y muchos se sienten culpables por ello. En España, los que fueron hijos del baby boom recuerdan haberse criado en la calle, donde jugaban hasta que se ponía el Sol, cuando sus madres los llamaban a gritos desde los balcones para la cena. A los padres solo se les veía el bigote cuando estaba puesta la mesa. Nadie los ayudó a hacer los deberes. Pero ojito si traían malas notas.
    La socióloga Annete Laureau señala que en muchos hogares del primer mundo con un nivel de estudios y de ingresos medio-alto, «los padres practican un estilo de educación agresivo, con muchas actividades fuera de la escuela y frecuentes conversaciones paternofiliales donde todo se debate; y eso es un trabajo muy cansado. Pero se les quedaría mala conciencia si no lo hicieran, como si pusieran en riesgo el futuro de sus hijos al no proporcionarles todas las ventajas competitivas a su alcance». La intención es buena, viene a decir Laureau, pero nos pasamos de la raya. Y de ahí que esté sucediendo lo que señala Matt Killingsworth, psicólogo de la Universidad de Harvard: que pasar ese tiempo que tanto anhelamos con los hijos es lo que, a la postre, menos felices nos hace. Nos da más vidilla, por este orden, pasar un rato con los amigos, con el cónyuge, con parientes...
    Estar una hora con los niños se ha convertido en algo tan poco estimulante como estar con un completo desconocido. Pero esa hora en mutua compañía es decisiva para los niños. Y por eso debería ser un tiempo de calidad para ambas partes. Jennifer Senior lo resume así: «Es natural querer que nuestros hijos sean felices, pero deberíamos marcarnos metas más realistas. Por ejemplo, los viejos principios: decencia, ética del trabajo, amor. Y dejar que la felicidad y la autoestima lleguen como consecuencia del bien que hagan, de los logros que consigan y del amor que reciban».

    Entrevista:
    Fernando Alberca: "La infancia es la etapa menos propicia para ser feliz; la felicidad requiere madurez"
    Este cordobés es, ante todo, profesor. De niños, adolescentes y también de profesores. Lo ha sido en Andalucía, Extremadura, Asturias y Aragón. Y lo es de la Escuela de Magisterio Sagrado Corazón de la Universidad de Córdoba. Asesor pedagógico en centros del Reino Unido y Suecia, acaba de publicar '99 trucos para ser más feliz' (Almuzara). Está casado y es padre de ocho hijos.
    XLSemanal. Los padres queremos que los hijos sean felices. ¿Podemos enseñarles a serlo?Fernando Alberca. Se puede, pero la infancia es la etapa menos propicia para ser feliz.
    XL. Vaya, la primera en la frente. ¿Por qué?
    F.A. Porque la felicidad está relacionada con la madurez, la inteligencia y la seguridad. Y la infancia es la etapa en la que el ser humano es más inmaduro, menos inteligente y más inseguro.
    XL. Pero muchos la recuerdan como su etapa más feliz...
    F.A. No eran tan felices. Se nos olvida lo malo: los miedos, las dificultades en el colegio, el temor a quedarse solo...
    XL. ¿Entonces?
    F.A. Lo que pasa es que de adultos echamos de menos que nos quieran con independencia de nuestro comportamiento, no tener responsabilidades y actuar sin medir mucho las consecuencias.
    XL. Algo podremos hacer con los hijos.
    F.A. Sí. La infancia es el momento perfecto para aprender pautas para ser feliz. Los 12 primeros años son vitales. Luego podemos vivir de las rentas.
    XL. ¿Y por dónde empezamos?
    F.A. Por la fiesta de cumpleaños. Lo que más llena ese día es la implicación personal de la gente a la que el niño quiere. ¡Nos equivocamos cuando invitamos a toda la clase! Luego le recriminaremos de adolescente que no elija bien a sus amigos. Los padres se equivocan también si adelantan los regalos. Es importante aprender que las cosas llegan cuando llegan, a tolerar el tiempo.
    XL. ¿Qué es lo peor que hacen hoy los padres?
    F.A. No enseñarles a los hijos a salvar obstáculos; la sobreprotección. La autoestima sube al superar dificultades. Pero les abrochamos los cordones, les ahorramos disgustos... Un niño al que le resolvemos todos los problemas será un adolescente infeliz. Y lo pagará con sus padres, sobre todo con su madre.
    XL. ¿Solo con su madre?
    F.A. Sobre todo con ella, pero con su padre también. Y con el mundo en general. Lo encontrará hostil. Le enfadará que sus deseos no se cumplan. Culpará a los padres, a la formación recibida. Será un tirano. Porque ha aprendido a utilizar a las personas, especialmente a sus padres. Si de repente el mundo le da la espalda, se frustra y tiende a la soledad.
    XL. Hombre, eso es un poco extremo...
    F.A. No. Así son muchos niños. No saben digerir tanta protección y se han hecho incapaces de resolver problemas. Por el contrario, todos los niños exigidos saben que han sido valorados, aunque se rebelen contra la exigencia por la tendencia humana a evitar el esfuerzo. Aunque protesten, a los chavales hay que exigirles. Todos los niños desean ser muy queridos, muy exigidos, y nunca enjuiciados o criticados.
    XL. ¡Pero si hacen algo mal habrá que decirlo!
    F.A. Por supuesto, pero sin enjuiciarlos. Antes de corregir a su hijo aplique la regla del 5 a 1: alábelo por cinco cosas bien hechas. A muchos padres les cuesta encontrar cinco cosas buenas. A la tercera ya la contaminan con algo malo: «El niño se porta bien, pero cuando le da la gana». A los hijos hay que quererlos como son ahora, no como pueden llegar a ser.
    XL. Insisto. Si el niño hace una gorda...
    F.A. Los hijos deben saber que tenemos un buen concepto de él, pero que todo tiene consecuencias. Esperan un premio mejor no material si actúan bien y les parece bien que los reprendan si actuaron mal. Lo que les duele es que no les digas nada. Muchos adolescentes que no tienen hora para regresar a casa me cuentan que en el fondo les duele que a sus padres les dé igual.
    XL. El niño dice que su profe le ha suspendido porque le tiene manía, ¿qué hacemos?
    F.A. Quizá sea verdad. Pero es un error ir al colegio para solucionarlo. El niño tiene que aprender a reaccionar por sí mismo. El mundo está lleno de injusticias que tendrá que superar.
    XL. ¿La felicidad tiene truco?
    F.A. Es la mezcla de dos sensaciones. Por una parte, sentirse más querido de lo que uno cree que merece; maravillarse de que alguien te quiera, a pesar de tus defectos. Por eso es mala la sobreprotección: crees que lo mereces todo y no aprecias que alguien te quiera. Y, por otra, querer más de lo que uno creía que era capaz. Cuando se dan las dos cosas no solo somos felices, contagiamos la felicidad.

    TÍTULO: SILENCIO POR FAVOR, Bodegas Emilio Moro: La esencia del "terroir"

    Vinos
    La bodega se ha situado en el firmamento español gracias a su lucha por mantener las características propias del terruño. Lo confirma la prestigiosa revista "Wine Spectator", que en su número de junio llega a decir que "ha nacido una estrella"
    José Moro, presidente de las bodegas Emilio Moro.La tercera generación de los Moro ha logrado convertir la bodega familiar en uno de los puntales más sólidos de la Ribera del Duero, gracias a su continuo esfuerzo por mantener las características propias del terruño, evitando la tentación de homogeneizar los sabores de los vinos para satisfacer los gustos internacionales. Pero esta impresión no sólo la tenemos nosotros. El editor de la prestigiosa revista estadounidense «Wine Spectator» se expresaba así de contundente en un extenso artículo que ha dedicado a la bodega en el número de junio de la publicación: «Hay una nueva estrella brillando en el firmamento español. Malleolus de Sanchomartin, de las bodegas Emilio Moro, se ha consolidado como uno de los vinos tintos más importantes de España. El constante nivel de calidad que presenta cada una de las añadas es una prueba evidente, no solo de la nobleza del viñedo, sino de las habilidades del bodeguero». Un piropo inmenso, viniendo de una publicación tan exigente como la americana.
    El propio José Moro, presidente de las bodegas (y nieto del fundador), nos contó recientemente durante una comida cómo ha logrado alcanzar ese nivel de excelencia desde los vinos a granel que fabricaban su padre y su abuelo.
    Una de las claves ha sido la identificación del clon más puro de la uva tempranillo entre los viñedos más viejos de la bodega, una variedad autóctona que han llamado «tinto fino» y que tiene menor producción pero que está mejor adaptada a las características climatológicas y del terreno, además de potenciar la estructura de los vinos. Tras identificar esta uva tan especial, fueron injertando las nuevas parcelas con las púas de estos clones, para impulsar "la personalidad y autenticidad" de todos los caldos de la marca.
    Y es que, según explica Moro, su objetivo siempre ha sido «buscar la singularidad» mediante el impulso de las características propias del «terroir», al contrario de otras marcas que, a su juicio, han evolucionado tanto por encontrar un sitio en el mercado, «que han acabado por perder su esencia».
    «En España ha habido una prostitución total. Hemos perdido la identidad de los vinos por vender más. Pruebas vinos hechos en Jumilla o en La Mancha y son enológicamente iguales», critica Moro.
    Precisamente, en esa búsqueda por favorecer la personalidad propia, la bodega ha impulsado un proyecto con la Universidad Complutense de Madrid para identificar levaduras autóctonas que eviten esa homogeneización de los sabores que se produce al utilizar levaduras comerciales. Las levaduras son esos hongos microscópicos esenciales en la elaboración del vino al convertir los azúcares de la fruta en alcohol. Su trabajo es importantísimo, dado que, además de protagonizar la fermentación alcohólica del vino, determinan sus características organolépticas. «La levadura marca. Tú puedes tener el mejor tempranillo, pero si le pones una levadura comercial con sabor a plátano, sabe a plátano», explica José Moro. El problema es que las levaduras autóctonas son menos seguras. Por eso, han recurrido a la Universidad Complutense para que les ayude en esta selección, que ya han probado con éxito a pequeña escala y que ahora toca ir implantando poco a poco.
    Y es que los cambios hay que introducirlos con mucho cuidado, según Moro, sobre todo cuando lo que ya hay sobre la mesa funciona, como es el caso de los vinos de la gama Malleolus, los más selectos de la bodega vallisoletana. Fabricados con la uva obtenida de los viñedos más viejos de la casa -de entre 25 y 75 años -, José Moro no los ha querido encorsetar dentro de la terminología clásica de «joven, crianza y reserva».
    Durante la comida que compartimos con el bodeguero, tuvimos la suerte de probar los tres: Malleolus (nombre que viene de la palabra latina para «majuelo»), Malleolus de Valderramiro y Malleolus Sanchomartín. Entre ellos destacan especialmente los dos segundos.
    En concreto, Malleolus de Valderramiro tiene una producción limitada de 7.000 botellas al año y está elaborado con las uvas procedentes del Pago de Valderramiro, plantado en 1924. José Moro nos explica que, «al estar plantado en suelo arcilloso, destaca por su potencia y cuerpo». Las notas a chocolate y cuero se aprecian en su sabor.
    Malleolus Sanchomartín es aún más exclusivo, pues de esta referencia sólo se fabrican 3.000 botellas al año (las temporadas en que la cosecha es idónea pues en 2012, por ejemplo, no llegó a elaborarse al no poder garantizar la máxima calidad). En este caso, las uvas provienen del Pago de Sanchomartín, en el margen derecho del Duero, donde hay un suelo calizo que aporta «la finura y elegancia» que posee este vino, donde pueden apreciarse toques especiados, balsámicos y a compota de fruta.

ENTREVISTA, James Fallon: "¡El mal está dentro de mí!"/ A FONDO, LOS GUARDAESPALDAS, CUENTAN LOS SECRETOS DEL JEFE,.

  1. Según Fallon, Clinton era un psicópata 'light'.

    James Fallon era uno de los neurólogos más prestigiosos del mundo. Su especialidad: el comportamiento psicópata. Profesor de neurociencia ...-fotos
     
    Entrevista

    James Fallon: "¡El mal está dentro de mí!"

    James Fallon era uno de los neurólogos más prestigiosos del mundo. Su especialidad: el comportamiento psicópata. Profesor de neurociencia, llevaba veinte años analizando cómo funciona el cerebro de los asesinos, hasta que un día... hizo un descubrimiento escalofriante. Esta es su historia.
    Tengo el cerebro de un psicópata. Y los genes de un psicópata. Y una historia familiar llena de psicópatas. Pero, a pesar de todo, soy inofensivo», asegura James Fallon, neurocientífico de la Universidad de California en Irvine (Estados Unidos). La vida de este científico, asesor del Pentágono y auténtica referencia en el estudio de la mente criminal, cambió hace nueve años, cuando un colega le pidió que examinara los escáneres cerebrales de varios asesinos en serie condenados. Para ello le enviaron una montaña de escáneres de criminales, que iban mezclados con otros de gente sin historial delictivo. Lo que tenía que hacer era diferenciar las personas normales de los asesinos solo a partir de esas imágenes. Uno de los escáneres presentaba con claridad todos los rasgos de un asesino psicópata. «Como se imaginarán, ese escáner era el mío».
    XLSemanal. ¿Le impactó su descubrimiento?
    James Fallon. Al principio, me pareció divertido y me reí mucho con el técnico del laboratorio, que me conocía desde hacía años. Yo era un científico inofensivo y nunca había cometido un asesinato. Así que me dije: «No, no puede ser; mi teoría es absurda o mis colegas me han colado un escáner falso para gastarme una broma». Y seguí con el trabajo como si nada. En aquella época tenía otra prioridad: me dedicaba a investigar el alzhéimer.
    XL. ¿Cuándo volvió a acordarse del tema?
    J.F. Meses después, durante una barbacoa aquí en el jardín de casa, le hablé del asunto a mi madre. Se rio y me dijo que en la familia de mi padre había habido siete asesinos. Una de ellas fue Lizzie Borden, que mató a su padre y a su madrastra con un hacha y luego los descuartizó en 40 trozos. Aquello me dio que pensar.
    XL. ¿Por qué se rio su madre?
    J.F. Porque era algo que podía achacarle a la familia de mi padre... y porque me conoce y sabe que soy buena persona.
    XL. ¿Qué es un psicópata para la ciencia?
    J.F. La psicopatía es un trastorno de la personalidad. A grandes rasgos, podríamos decir que los psicópatas son personas incapaces de amar. Muy manipuladores y unos mentirosos geniales. Pueden ser increíblemente encantadores y se mantienen extremadamente fríos en situaciones de estrés. Son impulsivos, no conocen la culpa y no se arrepienten de sus actos. Hay un cuestionario, la llamada 'lista de verificación de Hare', que valora estos aspectos dentro del contexto biográfico del paciente. La puntuación máxima es 40. Con 40 se es un psicópata de manual. Además, también se distingue entre psicópatas primarios y secundarios.
    XL. ¿Qué es un psicópata primario?
    J.F. El que nace así. Es un arma cargada que puede dispararse en cualquier momento. No necesita influencias externas negativas. Una persona así no siente ninguna empatía por los demás. De niños ya suelen presentar unos patrones de conducta distintivos.
    XL. Son bombas de relojería activadas...
    J.F. Sí, pero no siempre acaban siendo asesinos. Si no sufren malos tratos durante la infancia, existe una pequeña posibilidad de que crezcan y evolucionen de forma normal.
    XL. ¿Y usted?
    J.F. Estoy en torno a 20 puntos. Estoy en el límite, soy un psicópata secundario. Los secundarios llevamos los genes que nos hacen psicópatas, pero, a diferencia de los primarios, necesitamos obligatoriamente un factor desencadenante para convertirnos en asesinos. Haber recibido palizas de niño es uno de ellos, pero también, por ejemplo, sufrir acoso en el colegio.
    XL. ¿La psicopatía es una cuestión genética?
    J.F. Hay genes que llevan asociada una tendencia a la agresividad, a la violencia y a tener una baja capacidad de empatía emocional. Es más habitual que estén presentes en los hombres, ya que, por lo general, van vinculados al cromosoma Y. Estos genes cargan el arma, pero el gatillo es el entorno, y lo es desde la misma infancia. Hay indicios muy claros que apuntan a que los malos tratos en los primeros años de vida son determinantes. Nunca ha llegado a mis manos el caso de un psicópata secundario en el que no haya sido así.
    XL. Entonces, ¿usted no se ha convertido en un asesino porque sus padres jamás le pegaron?
    J.F. Estoy convencido. Si en mi infancia no hubiese recibido un trato tan bueno por parte de mis padres y de mi entorno, difícilmente habría llegado a la adolescencia. Me habría suicidado o habría acabado matando a alguien.
    XL. ¿Su esposa nunca ha tenido miedo de usted?
    J.F. No. Pero mi hijo dice que a veces no sabía cómo iba a reaccionar con él. Puedo enfadarme terriblemente y, si lo hago, llego a dar miedo de verdad. Soy un hombre corpulento, fuerte. Diane también dice que conoce el lado oscuro de mi carácter.
    XL. ¿Cómo es ese lado oscuro? Parece usted un hombre muy amigable...
    J.F. No se dejen engañar. Algunas cosas me las llevaré a la tumba... Soy encantador y sé cómo ganarme a la gente. Los demás se sienten vinculados a mí, pero a mí ellos me dan igual. Cuando terminemos esta conversación, me olvidaré de ustedes. De quien no me olvido nunca es de la gente que me lleva la contraria.
    XL. ¿Qué quiere decir con eso?
    J.F. Me gusta vengarme. Eso es algo totalmente psicopático. Puedo esperar durante años. Si alguien me pone furioso, no reacciono en ese mismo instante, pero me la guardo y, llegado el momento, respondo con una eficacia quirúrgica. Algunas personas han perdido su trabajo por mi culpa.
    XL. Ahora sí que me parece usted una persona fría y peligrosa. ¿Qué otros rasgos malvados tiene?
    J.F. Mi incapacidad para sentirme emocionalmente vinculado a otras personas. Mi mundo, en lo que a los sentimientos se refiere, está congelado.
    XL. ¿Es capaz de amar?
    J.F. Creo, sé, que amo a Diane. Pero nunca he estado vinculado emocionalmente a ella de verdad, igual que me ocurre con todos los demás. Ella me fascina, tenemos objetivos y valores comunes, pero nunca la he entendido. Creo que no la amo de la misma manera en que ella me ama.
    XL. ¿Qué siente por su hijo y sus dos hijas?
    J.F. Al principio eran como juguetes. Más tarde, cuando se hicieron mayores, se convirtieron en mis amigos. Pero nunca he tenido hacia ellos los sentimientos que tienen los padres normales hacia sus hijos. Siempre he estado dispuesto a pasar una noche de fiesta con ellos en un bar. Y lo que más les frustraba es que en el bar podía tener una conversación igual de cálida con cualquier desconocido que con ellos. No los trato mal, pero tampoco trato nunca a nadie especialmente bien.
    XL. Sin embargo, tiene usted muchos amigos. ¿Qué es lo que le gusta a la gente de usted?
    J.F. Que siempre pasa algo cuando están conmigo. Se lo pasan bien. No me comporto como se espera que lo haga un profesor de universidad. Se supone que a mi edad ya no bailas subido a una mesa, en el sentido literal, y yo sí lo hago. Pero esto también tiene un lado peligroso. Seamos sinceros: la gente quiere que los demás se porten mal y que hagan lo que ellos no se atreven a hacer. Lo que yo hago es crear un entorno en el que se sientan bien y en el que puedan sentirse totalmente desinhibidos.
    XL. ¿Cómo es cuando se sienta a solas en el sofá por la noche?
    J.F. Vuelvo a mi mundo ultracongelado, incluso dejo de comer y de beber. El alcohol me ayuda a sentir más cerca a la gente, pero en el fondo me dan igual. Nunca quedaría a solas con una persona, eso no me motiva. Necesito más público, subirme al centro del escenario.
    XL. ¿Echa de menos sentir empatía?
    J.F. Es difícil decirlo. Sí que me gustaría compartir sentimientos con otras personas, pero quizá durante un día. Las emociones solo te hacen débil.
    XL. ¿Ha llorado alguna vez?
    J.F. No muy a menudo. Pero hay una cosa curiosa: cuando veo a un niño con discapacidad intelectual, me pongo a llorar. No lo puedo controlar. Es la emoción más intensa que experimento.
    XL. ¿De dónde le viene esa sensibilidad?
    J.F. Lo he hablado con un psicólogo. Él cree que se trata de una respuesta condicionada. Cuando era joven, trabajaba repartiendo medicinas en la farmacia de mi padre y conocí a muchos niños con discapacidad intelectual. Es probable que en aquella época todavía tuviera algo más de capacidad emocional que ahora.
    XL. ¿Ha cambiado su forma de actuar desde que es consciente de la particularidad de su cerebro?
    J.F. Lo estoy intentando. Ahora, me comporto como mi entorno esperaría que lo hiciera una persona normal.
    XL. ¿Qué significa eso exactamente?
    J.F. Hago como si me interesara por los demás y me preocupara, pero no es más que una actuación.
    XL. ¿Y su familia se conforma?
    J.F. Sí, me ha sorprendido mucho, pero sí. Parecen aceptar que, al menos, haga el esfuerzo. Sigo siendo bueno entreteniendo a los demás, pero antes no habría tenido el menor problema en dejar a alguien colgado y ya no lo hago. Y todo el mundo parece estar tan contento.
    XL. Partiendo de su experiencia, ¿diría que los psicópatas pueden cambiar? ¿Pueden aprender a tener sentimientos?
    J.F. No se nos puede curar, eso es seguro. Que un tipo malo pueda cambiar solamente se lo creen las jovencitas inocentes, las que quieren casarse con un delincuente y convertirlo en una buena persona. ¡Venga ya! Es una chorrada.
    XL. Así que no cree que, por ejemplo, se pueda curar a un agresor sexual.
    J.F. Puedes cortarle los huevos y neutralizar parte de su cerebro. Desde mi punto de vista, es lo único que serviría de algo frente a un depredador sexual.
    XL. Es una medida brutal e inaplicable. ¿Por qué no cree que la psicoterapia pueda funcionar?
    J.F. No creo que se puedan cambiar sentimientos básicos de ninguna persona. Evidentemente, la pena de muerte tampoco es la solución. Pero estoy en contra de que estos tipos salgan en libertad al terminar sus condenas. Habría que mandarlos a algún sitio donde necesitaran utilizar todas sus energías para sobrevivir. Los tipos realmente peligrosos son irrecuperables.
    XL. ¿Un psicópata violento tiene libre albedrío?
    J.F. Yo diría que no, porque no es capaz de contenerse. El mal aflora de forma inevitable.
    XL. Así que solo nos queda la prevención: diagnosticar a los psicópatas lo antes posible.
    J.F. Cierto. Pero desgraciadamente no ocurre así. Habría que hacer un gran esfuerzo, pero esos tipos causan tanto daño que sería rentable.
    XL. ¿Habría que hacerles un escáner a todos los niños como medida preventiva?
    J.F. No, no me gusta la idea. Imagínese las consecuencias que tendría identificar a un niño como psicópata. Todo el mundo lo odiaría y le tendría miedo.
    XL. ¿Cuáles serían las medidas adecuadas?
    J.F. Bastaría con tener enfermeras y médicos formados en este campo, que fuesen capaces de reconocer las señales; por ejemplo, si un niño te mira con total frialdad, como si no estuvieras ahí. Si confirmáramos la existencia de esa predisposición, tendríamos que encargarnos de que los niños no sufriesen malos tratos en casa ni que fuesen objeto de acoso. De esa forma impediríamos que llegaran a convertirse en psicópatas de verdad.
    XL. ¿Por qué reconoció abiertamente que es un psicópata?
    J.F. Fue un descuido. Un colega me preguntó si me apetecía dar una de las charlas TED Talks que organiza, que es como grabar una clase en vídeo. La propuesta le encantó a mi cerebro psicópata, porque resultaba muy halagadora. En realidad se suponía que tenía que hablar de las células madre, pero me pareció un tema aburrido y hablé de mis escáneres cerebrales. Más tarde me llamó un colega y me dijo: «Oye, tu vídeo está en YouTube, y ya va por más de 30.000 visitas». No hay que extrañarse; el vídeo se titulaba Investigando la mente de un asesino.

    Psicópatas de manual, según Fallon
    -De película: «Cuando se menciona la palabra 'psicópata', muchos piensan en Anibal Lecter, el brutal asesino de El silencio de los corderos. Pero en realidad solo unos pocos son así. Para alcanzar ese nivel de psicopatía, hay que tener 40 puntos de 40 en la escala Hare, que es la que mide el trastorno. Estas personas nacen así. Son un arma cargada que puede dispararse en cualquier momento sin necesidad de influencias externas negativas. No sienten empatía por los demás».
    -De la Casa Blanca: «En EE.UU. hemos tenido presidentes maravillosos que eran psicópatas. Bill Clinton es algo así como el santo patrón de los psicópatas light. Dios lo bendiga. Todos los presidentes menos Obama se han sometido a la lista Hare, que mide el índice de psicopatía. Los psicópatas son unos líderes estupendos: no sienten miedo y toman decisiones sin ninguna emoción. El presidente con los rasgos más marcados fue Theodore Roosevelt. El número dos, JFK; el número tres, Franklin D. Roosevelt; y el cuarto, Clinton».

    -De Wall Street: «Los psicópatas también tienen un lado positivo. Según un estudio, son muy buenos tomando decisiones económicas. ¿A qué se debe eso? A que no sienten la interferencia de las emociones. Les da igual lo que les diga el corazón, solo ven los datos. Así que Wall Street es un buen sitio para los psicópatas».
    Qué aspecto tiene el cerebro de un psicópata
    -El cerebro de una persona con rasgos psicopáticos carece de actividad en la zona de los lóbulos frontal y temporal, que son las regiones responsables de la empatía y el autocontrol. Eso implica que estas personas no son capaces de razonar moralmente ni de controlar sus impulsos. Las regiones encargadas del estrés y de la emoción aparecen igualmente inactivas. Eso conduce a un comportamiento insensible.

    Bill Whitfield y Javon Beard, los guardaespaldas de Michael Jackson hasta 2009. TÍTULO:  A FONDO, LOS GUARDAESPALDAS, CUENTAN LOS SECRETOS DEL JEFE,.


    1. Los tres últimos años de su vida, Michael Jackson era un recluso. el cantante vivía solo en las vegas, con sus tres hijos, la cuidadora de los ...-foto,.
       
      A fondo

      Los guardaespaldas cuentan los secretos del jefe, foto,.

      Javon Beard - XL Semanal
      Encerrado con sus hijos y el personal de servicio en su mansión de Las Vegas, los únicos hombres en quienes Michael Jackson confiaba antes de morir, en 2009, eran sus dos guardaespaldas. En esta entrevista revelan cómo era la vida de la estrella. Desde sus amantes, hasta la relación con su familia. ü
      Los tres últimos años de su vida, Michael Jackson era un recluso. el cantante vivía solo en las vegas, con sus tres hijos, la cuidadora de los niños y los agentes de seguridad Bill Whitfield y Javon Beard.
      El padre de Jackson: un matón
      Bill. Lo que volvía paranoico al señor Jackson era el sentirse desprotegido ante su propio círculo. Nos quería a su lado para esconder sus movimientos a sus abogados y representantes. Éramos el dique de contención entre él y su familia. Ningún familiar estaba autorizado a cruzar la entrada principal sin previo aviso, a excepción de la señora Jackson, su madre. Todos los demás tenían que concertar una cita. La situación era muy delicada.
      Constantemente se acercaban admiradores a echar un ojo a la mansión. Cierto día vimos que un PT Cruiser pasaba frente a la casa varias veces. Nos chocó. Al día siguiente, el mismo PT Cruiser se detuvo en la entrada. Fui a ver quién era. Era el padre del señor Jackson: Joe Jackson. Un tipo de aspecto peligroso. Yo no hacía más que decirme: «Maldita sea, este es el fulano que zurraba a los cinco chavales de los Jackson Five».
      Le pregunté:
      -«¿Cómo está usted, señor?».
      El hombre me miró tras la verja con esos ojos desagradables suyos y dijo:
      -«Tiene usted la pinta de ser uno de esos que ayuda a mi hijo a chutarse drogas por la vena».
      No respondí. «Vengo a ver a Michael», dijo.
      Entré en la casa para avisar al señor Jackson. Oía música a todo volumen.
      -«Señor, su padre está fuera», dije.
      -«¿Tiene cita? ¿Está en la agenda del día?».
      -«Me temo que no, señor».
      -«Pues no hay visita que valga. Estoy trabajando, que concierte una cita», afirmó concluyente.
      Me puso en un brete. Fui andando hasta la verja. «Maldita sea, pensaba, ¿y ahora cómo le digo a este hombre que necesita cita para hablar con su hijo...?».
      Le dije que el señor Jackson estaba ocupado, que si no le importaba volver al día siguiente. Le tendí la tarjeta con mi número. Se negó a cogerla. «¡No necesito su maldito teléfono! ¡De no haber sido por mí, ningún cabrón como usted tendría trabajo! ¡Yo puse en marcha toda esta mierda!».
      La fiesta de Elizabeth Taylor
      Bill: El señor Jackson y Elizabeth Taylor eran amigos. Ella iba a celebrar su 75 cumpleaños por todo lo alto. El señor Jackson iba a acudir a la fiesta.
      Javon: Lo primero que hizo fue llamar a Roberto Cavalli, el diseñador, para que le hiciera un traje. Cavalli se embarcó en el primer vuelo hasta aquí. También hizo venir a su peluquero y a su maquilladora. Estaba tomándose el asunto muy en serio.
      Bill: Llegó el día de la fiesta, y durante toda la jornada estuvo de muy buen humor. De un buen humor contagioso. Nos disponíamos a salir, pero el señor Jackson estaba tardando una eternidad en arreglarse. Seguíamos a la espera, cuando de repente, ¡BUM!, un ruido de mil demonios. Me giré y vi que un Mercedes se había lanzado a toda velocidad contra el portón y había entrado en el recinto. Eché mano a la pistola y corrí hacia el vehículo.
      Javon: Nuestro jefe estaba saliendo por la puerta del garaje en ese momento. «¡Señor Jackson! ¡No!», grité. Lo metí en la casa a empujones. Estaba alterado y no hacía más que preguntar: «¿Qué es lo que pasa? ¿Cuál es el problema?».
      Bill: Saqué la pistola y encañoné al conductor. Me quedé helado. «Joder me dije. Es su hermano. Randy Jackson». Randy entreabrió la ventanilla y gritó: «¡Deje de apuntarme o llamo a la prensa!».
      ¿La prensa? Eso era lo último que quería el jefe. Me acerqué y dije: «Señor Jackson, no puede hacer esto».«Vengo a ver a mi hermano», respondió.
      Javon: Se puso a chillar como un descosido, repitiendo que le debían dinero y que no iba a marcharse sin el dinero. «¡Michael me debe una pasta! ¡Quiero el puto dinero!».
      Bill: Le pedí que habláramos de forma civilizada. Se negó. La situación era complicada. Dejé a Javon vigilando a Randy y entré en la casa para hablar con el señor Jackson. «Su hermano Randy ha entrado en el recinto por las bravas. Dice que no se marchará sin haber hablado con usted».El señor Jackson torció el gesto. «Se las arreglará para seguirnos hasta la fiesta de Liz y montará un escándalo de los gordos; Liz no se merece una cosa así».
      El señor Jackson siguió sentado en silencio, suspiró y dijo: «Bueno. Yo me voy a la cama». Subió al piso de arriba, cerró la puerta y no volvió a salir.
      Javon: Después de este episodio, el señor Jackson no salió de la casa durante tres días seguidos. No le oímos decir una sola palabra. No oímos que llamara a nadie... Nada. Sencillamente se aisló.
      Las extrañas enfermedades
      Bill: Una semana después, su familia se reunió al completo a la una de noche. Estaban todos, a excepción de Randy y de Marlon. Tuve la impresión de estar contemplando una especie de reunión de los Jackson Five. Fui a la entrada y les pregunté a qué venían a esa hora de la noche. «Hemos oído que nuestro hermano está enfermo».
      Les dije que el señor Jackson no estaba mal de salud. Me respondieron que querían verlo y que no iban a marcharse. Estaba en un aprieto. El señor Jackson nos había dado órdenes de no molestarlo. Volví a la casa, llamé al timbre y esperé a que el señor Jackson bajara. Le dije: «Señor, su familia se ha presentado. Insisten en verlo». Se llevó un disgusto. «Dígales que estoy perfectamente». «Señor, no van a marcharse hasta verlo a usted», le respondí.
      Guardó silencio y dijo: «De acuerdo, hablaré con ellos. Pero no quiero que entren en casa». «Puedo hacer que vayan al camión del equipo de seguridad dije. Allí podrá hablar con ellos». «Muy bien. Pero solo voy a hablar con mis hermanos». Fui a la puerta y anuncié: «El señor Jackson solo quiere ver a sus hermanos». «¿Y yo qué?», dijo alguien situado al final del grupo. Al principio no vi de quién se trataba. Hasta que me di cuenta de que era Janet.
      Me entraron ganas de gritar: «¡Vaya! ¡Janet Jackson!». Pero me contuve y dije: «Lo siento, señora. Usted, no». Los hermanos dieron un paso al frente. Los acompañé hasta el interior del camión. El señor Jackson y ellos estuvieron dentro 20 minutos. No tengo ni idea de qué hablaron.
      Javon: Más tarde nos enteramos de que habían venido porque les había llegado el rumor de que su hermano estaba enfermo, pero quienes estaban malos eran sus hijos. Habían pillado un resfriado. El señor Jackson los acompañó a la consulta del médico a última hora de la tarde, cuando se suponía que estaba cerrada. La recepcionista de la consulta filtró la noticia de que Michael Jackson había ido a ver al médico, y la familia se enteró y se sintió escamada. Bill: Ese era el problema de ser Michael Jackson. El simple hecho de llevar a los hijos al médico requería planificación. Bastaba con una filtración y el bulo empezaba a correr.
      Las fiestas para sus hijos
      Bill: Cuando celebraba una fiesta de cumpleaños de los niños, el señor Jackson nos entregaba un listado con todo lo que quería. «A ver. Quiero un payaso. Un mago. Una máquina de palomitas. Otra de hilar azúcar. Un castillo hinchable». Sus instrucciones eran muy específicas. «Quiero que el payaso sepa hacer globos con formas de animalitos».
      Javon: Siempre hacíamos lo mismo. Cerrábamos una juguetería para que los niños pudieran hacer sus compras sin ser molestados. Cuando los niños volvían, se llevaban la gran sorpresa: les habíamos conseguido el mago, el payaso, la máquina de azúcar hilado...
      Bill: A esas fiestas no venían invitados; no había otros niños. Solo los payasos, el señor Jackson... Los niños no tenían amiguitos. Recuerdo que un día pasamos en coche frente a una escuela. Era la hora del patio. Paris y los dos niños tenían los rostros pegados a las ventanillas. Miraba a los otros chavales con fascinación.
      Javon: A veces sentías lástima al ver lo aislados que estaban, pero eran felices. Cuando el señor Jackson tenía que salir y dejar a los niños en casa, cada uno de ellos se despedía diciéndole: «Te quiero, papá». Y él respondía: «Y yo te quiero más todavía». Era un pequeño ritual que compartían. Y cuando él volvía a casa, los tres salían a recibirlo gritando: «¡Papá! ¡Papá...!».
      Bill: Los cuatro formaban una especie de pequeña unidad. No tenían a otras personas en el mundo.
      Su 'amiga' desconocida
      Bill: Una vez, el señor Jackson me dijo que una amiga iba a visitarlo. El se refería a ella como la 'amiga'. Le pregunté: «¿Tengo que comprobar su historial por seguridad?».«No, no, con ella no hay problema», respondió. Fuimos a recogerla al aeropuerto. Tenía acento de Europa del Este.
      Javon: Era hermosísima. Mientras volvíamos del aeropuerto, echó mano al móvil, llamó al señor Jackson y dijo: «Ya estoy aquí. Tus hombres me están llevando al hotel». Estaba claro que se trataba de alguien importante. Nadie más tenía el número del señor Jackson. Hicimos que se registrara en el hotel.
      Bill: La 'amiga' llevaría unos dos días en la ciudad cuando el señor Jackson fue a verla bien entrada la noche. Entrábamos de tapadillo por la salida de emergencia y lo acompañaba hasta la habitación donde estaba alojada esta mujer. La primera vez que lo acompañé, estuvo con ella unas cuatro horas. Siempre se las arreglaba para estar de vuelta en casa a la hora del desayuno de los niños. La 'amiga' estuvo en la ciudad una semana.
      Javon: Fue la primera en visitarlo. La segunda fue una mujer a la que él denominaba 'flor'. Todos los desplazamientos los hacíamos en secreto.
      Bill: Me quedé con la impresión de que 'flor' no le atraía tanto como la 'amiga'. Cuando ella venía, el señor Jackson nos hacía comprarle regalos de los buenos; un día me ordenó ir a Tiffanys para que grabaran su nombre en una pieza. Se cogían de la mano, y en el coche se abrazaban, se besaban...
      El funeral, como en hollywood
      Bill: Tras su fallecimiento recibí una llamada. Una mujer lloraba al otro extremo «Bill, soy Joanna», dijo. ¿Joanna? Yo no conocía a ninguna Joanna.
      -«Bill, soy yo me dijo. Soy la 'amiga'».
      -«Ah. La 'amiga'. Hola, ¿cómo se encuentra?», pregunté.
      La mujer seguía llorando. «Bill, tengo que ver a Michael. Tengo que decirle adiós. Ayúdeme, Bill...».
      La mujer no sabía cómo decir 'servicio fúnebre'. Todo el rato usaba la palabra 'show'. «Bill, tengo que ir al show», decía. Pero no había forma de colarla. El señor Jackson la había mantenido en secreto. No sabía qué hacer. Le dije que ya la llamaría más tarde.
      Javon: Yo no quería ir al sepelio. No soportaba ver a todos aquellos famosos fingiendo ser sus mejores amigos. Pura comedia. Entonces, Bill me llamó y me contó lo de la 'amiga'. Le dije: «Bill, ve tú y dale mi pase a la chica. Se lo merece».
      Bill: Llamé a la 'amiga'. No estaba en los Estados Unidos cuando hablamos, pero vino de Europa en menos de 24 horas.
      La mañana del servicio fúnebre, oí que su voz me llamaba por detrás.
      «¡Bill!». Seguía llorando. Daba la impresión de no haber parado de llorar durante los últimos diez días. Una vez dentro, vi que aquello era uno de los típicos numeritos de Hollywood. Famosos por todas partes. Gente charlando, riendo, 'famoseando'. Penoso. La 'amiga' tenía razón. No era un servicio fúnebre. Era un show.