Ambel Posada, Israel Lancho y Julio Parejo regresan a la plaza que les vio nacer como toreros,.
Tres trayectorias diferentes, tres formas de sentir y enfocar la vida
y un anhelo común, volver a torear en su plaza y su afición, después de
muchos años sin hacerlo. Esta tarde tendrán la oportunidad de
enfrentarse a seis toros de la ganadería de Martín Lorca con la
esperanza de que su esfuerzo y entrega les valga para hacer lo que más
les gusta en la vida, torear.
¿Qué puede esperar de ustedes el aficionado que acuda esta tarde a la plaza?
Israel Lancho: Es muy difícil, en una tarde no sabes lo que va a
pasar. Somos tres matadores de todos que en cualquier momento te pueden
sorprender. Hay que aprovechar que hay gente que está cansada de ver
sólo a las figuras del toreo y prefieren ver a tres toreros en nuestra
situación.
Julio Parejo: El mejor reclamo para el público esta tarde es la
novedad. Todas las ferias que se dan, en muchos kilómetros a la
redonda, ofrecen carteles casi idénticos en los que sólo se intercambian
piezas Somos toreros que estamos intentando abrirnos camino y
necesitamos de esta oportunidad, por lo que tienen asegurado que vamos a
dar todo lo que tenemos dentro para que salgan satisfechos de la plaza.
Ambel Posada: Yo, como aficionado que soy, estoy harto de
encontrarme con carteles que, a fuerza de repetirse, han perdido muchos
de sus alicientes. Se trata de toreros impresionantes, pero siempre es
lo mismo. En esta corrida, para bien o para mal, el público va a poder
ver cosas distintas, toreros con una ilusión por las nubes y queriendo
hacer las cosas por derecho.
¿Les molesta que alguien denomine el festejo de esta tarde como 'la corrida de la oportunidad'?
I.L.: A mí no me molesta que se le llame así. Cada corrida es una
oportunidad, tanto para mí como para El Juli o para Perera. Cada vez que
sales a una plaza tienes la oportunidad de triunfar o fracasar pero,
sobre todo, tienes la oportunidad de expresarte, aunque cada uno lo
interprete a la postre como le parezca. Lo único que no es una
oportunidad es quedarse en casa. Yo soy torero y creo que tengo que
estar, siempre que considere que se me respeta. A mí me han preguntado
si me ha molestado lo que ha dicho Javier Solís, yo lo he hablado con él
y se lo he dicho claro, es perfectamente comprensible que él quiera
estar en otro tipo de cartel. Cualquiera de los que estamos aquí
hubiéramos preferido acartelarnos con dos figuras del toreo, pero no se
dan las condiciones. Yo nunca he tomado la posición de Solís como un
desprecio hacia nosotros.
J.P.: Yo sí estoy un poco cansado de que a este festejo se le llame
'la corrida de la oportunidad'. La oportunidad ya la tuvimos en su día.
Yo creo que es una corrida especial. Sacar adelante cualquier festejo,
en la situación de crisis que vivimos, es muy complicado y hacerlo en
una plaza tan grande como la de Badajoz, aún más.
A.P.: Yo lo de 'la corrida de la oportunidad' es la primera vez que
lo escucho. pero si quieren llamarla así que lo hagan. Es la oportunidad
de expresarte, de evidenciar todo lo que llevamos preparándonos para
demostrar que estamos aquí. La denominación de este festejo debería ser
'corrida de la oportunidad para demostrar que hay muchos toreros' y no
solo 'corrida de la oportunidad'.
¿Son conscientes de que en la situación en la que están ustedes pueden verse en un par de años muchos toreros más?
I.L.: Soy perfectamente consciente. Yo siempre digo lo mismo, cuantos
más haya, mejor. Eso será señal de que crece la afición y el interés
por la fiesta en nuestra tierra. El problema está en saber si ese
aluvión de matadores de toros que se avecina lo va a hacer por derecho,
respetando los mínimos sin ejercer competencia desleal. A mí, me consta
que hace unos días me han sacado de un cartel porque un compañero ha
decidido torear por debajo de los mínimos.
J.P.: No hace falta irse a dentro de dos años. En esta feria, de
trece toreros, diez son extremeños. Si quisiéramos, podríamos hacer una
feria de nivel sólo con toreros de la tierra.
A.P.: Yo veo fenomenal que se vaya renovando el abanico de toreros
extremeños. Eso sí, siempre que vengan por el camino de la honestidad.
Todos los toreros empujamos de un modo u otro a que haya más diversidad
en los carteles, a que no haya siempre lo mismo. Cuando Julio y yo
fuimos a hablar con el concejal de Festejos, no pedíamos expresamente
torear nosotros, pedíamos que hubiera una corrida de los extremeños. Si
al año que viene tienen que entrar otros, bienvenidos sean.
Centrándonos en la corrida de esta tarde y teniendo
en cuenta que los tres han tentado en la ganadería de Martín Lorca, ¿qué
tipo de toro va a ver salir el aficionado por la puerta de toriles?
I.L.: Es una ganadería que está en un buen momento y que está sacando
a toreros necesitados para adelante. Ahora mismo está para apuntarse
con ella en cualquier sitio. Para mí es un dulce, teniendo en cuenta lo
que yo he toreado y que hace más de dos años que no toreo en España.
J.P.: Tan importante es no encasillar la fiesta en toreros como en
toros. Siempre es positivo ver una ganadería distinta en una plaza como
la de Badajoz. Esta es una oportunidad también para el ganadero. Puede
triunfar y el año que viene podría volver otra vez. Hay que tener en
cuenta que es encaste Domecq y que todo pertenece al mismo árbol, pero
hemos visto la corrida y está muy bien presentada.
¿En el sorteo va a haber 'bofetadas' a la hora de elegir o es pareja?
-A.P.: Yo he visto la corrida en el el campo y ahí
es difícil hacerte a la idea, pero puedo decirte que hay tres toros
fuertes y otros tres más fuertes aun. La corrida es buena, seguro que
será la madre de todas las corridas, pero tiene hechuras de embestir.
Hablamos mucho de toreros, pero hay muchos buenos ganaderos en Badajoz y
provincia, que tienen las fincas llenas de corridas en sus fincas sin
poder lidiarlas. Hace poco matamos Julio y yo una corrida de José Luis
Iniesta en Valencia de Alcántara que salió extraordinaria. Tuvo sus
dificultades, quería coger por abajo, quería hacer las cosas en
'bravito', pero esas corridas habría que verlas más en Extremadura. En
la plaza de Badajoz, en los últimos años, han salido grandes corridas de
Albarrán o de los Píriz, que no hemos vuelto a ver. Hay ganaderías en
Extremadura de las que deberíamos presumir.
Cada vez que se habla de la 'corrida de los
extremeños' sale a colación el apoyo público a estos festejos. ¿Creen
que las administraciones deben apoyar directamente estos festejos?
I.L.: Yo creo que eso es meterse un poco en
política, pero está claro que toda actividad cultural necesita el apoyo
público. La fiesta necesita una inyección económica en este sentido,
pero igual que lo necesita el cine o el teatro.
J.P.: A nivel empresarial, yo creo que el
Ayuntamiento presta bastante apoyo a la empresa, por lo que creo que
está en condiciones de exigir que los toreros de su tierra toreen. Sobre
todo, porque los paisanos lo piden. En este caso hay que agradecer el
apoyo de le empresa y de las instituciones.
A.P.: Las instituciones deben exigir que con su
apoyo se contraten a toros y toreros extremeños. Nosotros paseamos los
nombres de Badajoz y Extremadura por todo el mundo. Esta corrida se
tiene que seguir haciendo, no para la que la toreemos nosotros, sino
para que la toreen los toreros de Badajoz que vayan saliendo cada año y
así puedan responder a las expectativas que levanten. Todos los que han
llegado a figura lo han hecho pasando por la escuela, toreando
novilladas sin picadores en portátiles, toreando novilladas en pueblos
y, un día, entraron en las ferias en corridas como esta. Todo el dinero
que se ha invertido en formar toreros se perdería si no se da
continuidad a ese apoyo.
¿Qué les parece que las grandes figuras tengan cerradas en febrero las temporadas enteras?
I.L.: En el planteamiento de las temporadas de las
figuras tiene sus pros y sus contras para nosotros. Es cierto que, hagas
lo que hagas, hay puestos a los que nunca vas a tener acceso nunca,
pero también es cierto que ahora hacen temporadas mucho más cortas que
antes. Sólo hay que recordar aquellas temporadas de 150 corridas de
Jesulín, con tres festejos en un día. De todas formas los carteles sólo
se abre de una forma. Se pega un buen zambombazo en Madrid y, al día
siguiente, todo el mundo quiere torear contigo. Lo que te pone arriba es
el público. Todo en el mundo del toro es criticable, incluso la figura
de José Tomás, que parece que está por encima del bien y del mal, recibe
críticas por su forma de proceder en la fiesta.
J.P.: Y creo que cada uno explota su fuerza como
puede. Las figuras se han ganado el derecho a elegir a base de sangre
sudor y lágrimas. Aunque tengan cerradas las temporadas, si afrontan los
compromisos importantes en las plazas de primera y no triunfan, el
resto de la temporada se les hace muy cuesta arriba.
A.P.: Esto ha llegado a un punto en el que todo es
mentira. El único momento de verdad es en el que sale el toro. Cuando
una figura puede cerrar su temporada de Valencia a Zaragoza, está
demostrando cómo está todo esto montad. Se puede decir aquello de que
«revientas Madrid y estás lanzado», pero qué posibilidades tienes de
reventar Madrid. Al final te ves luchando contra una pared imposible de
superar. Es muy difícil. hace quince años tú cortabas una oreja en
Sevilla y tenías firmadas veinte tardes, ahora cortas una oreja en
Sevilla y te quedas tan parado como si no la hubieras cortado. Esto te
obliga a tomarte esto, como lo hacemos, con mucha preparación y, sobre
todo, con mucha ilusión.
TÍTULO : TRAZOS,. UNAS LAGRIMAS INSTRANSFERIBLES,.
Entonces Esteban me
dijo que necesitaba prestada mi alma un momento. Me explicó, muy someramente,
que debía realizar unas diligencias, unos asunticos rápidamente. El problema
era que la naturaleza de aquellas vueltas que tenía que hacer no era compatible
con su alma, así que necesitaba la de alguien más. Como yo siempre he sido su
buen amigo, decidió pedirme prestada la mía. Con esa misma cara de extrañeza
que tú debes tener ahorita, buen lector, me quedé yo viendo a Esteban
Valdivieso un rato.
Nada de lo que me había
dicho tenía sentido. Pero él siempre había sido así, excéntrico, loco,
estrafalario y extravagante. Era un tipo que andaba por ahí en shores
anaranjados y camisa morada manga larga de satén, con un ocasional turbante
turquesa y unos lentes oscuros que reflejaban en verde. Todo esto cerrado por
unas desgastadas alpargatas que habían visto toda la historia de Venezuela y
sus alrededores.
Esteban Valdivieso se
la pasaba hablando de las energías, de las fuerzas, de las buenas y malas
vibras. Hablaba del espacio, de si estábamos o no estábamos solos en el
universo y qué influencia tenían sobre nosotros esos posibles vecinos
intergalácticos. Se la pasaba comprando velas de color púrpura, inciensos de
aromas extraños como “aguacate”, “kiwi” o algunos con nombres más abstractos
como “felicidad”, “buena fe” o “patria”.
En la casa de Esteban
Valdivieso no había muebles, sino cojines y almohadones forrados con telas
curiosas esparcidos estratégicamente por el suelo, según los veinticuatro
libros de Feng Shui que tenía. Tampoco había puertas, pues por designios de
alguno de los diversos cultos que practicaba, las puertas estaban prohibidas
por ser obstaculizadoras del libre paso de las energías cálidas. Así que, entre
habitación y habitación- que me imagino que no es necesario decir que no eran muy
diferentes una de otra-, lo único que había eran cortinas de una tela
transparente y muy suave.
Es así como, después
del shock inicial por la petición de Esteban, logré darme cuenta que era algo
que no desencajaba con aquel personaje. Me lo imaginé fácilmente despertando en
la mañana y pidiéndole prestada el alma a su mamá para ir a sacar el rif o el
pasaporte nuevo. Algo normal para él. Muy extraño para el resto de los
mortales, como yo.
Pero a fin de cuentas,
Esteban era panita. Era un loco, pero bien agradable. Siempre regalaba comida y
bebida cuando uno iba a pasar un rato en su casa. Siempre hablaba de sus
particularidades, pero nunca obligaba a nadie a creer o practicar lo mismo que
él, cuestión que se le agradecía enormemente, porque no hay nada más fastidioso
que un fanático obligando a alguien a pensar igual que él. Así que decidí
seguirle la corriente esta vez a la excentricidad de Estaban Valdivieso; decidí
prestarle mi alma.
Me citó a las nueve y
media de la noche en su apartamento y si bien yo estaba ahí en la puerta desde
las nueve y cuarto, no fue sino hasta que el reloj marcó exactamente la hora
indicada cuando Esteban abrió la puerta. Tenía una actitud seria y ceremonial
que jamás le había visto. Me invitó a pasar y me sentó en uno de los
almohadones que había en el piso. Me invitó un famoso té chino o japonés que
sabía únicamente a agua de arroz y me hizo esperar un rato mientras buscaba
unas cosas en otro de los cuartos.
Volvió con unos envases
de vidrio, de formas que yo había visto nada más en películas. Uno muy grande,
parecido a un narguile y otros dos más pequeños, que parecían propios del
arsenal de cualquier bruja de Hollywood. Los dispuso estratégicamente en una
mesa baja que había frente a mí y se sentó en un almohadón del otro lado de la
mesa. Se quedó en silencio por unos minutos.
Me explicó una vez más
el propósito de aquella reunión, qué era lo que pretendía hacer. Aunque no me
explicó exactamente por qué, se limitó a mantener su historio de “unas
diligencias” que tenía que hacer y que esas diligencias no eran compatibles con
su alma. Quise preguntarle qué le hacía pensar que la mía sí sería compatible,
pero me quedé callado en el mismo instante en que entendí que hacer esa
pregunta significaba suponer que lo que Esteban estaba haciendo tenía sentido;
hacer esa pregunta suponía tomar como cierto toda aquella locura del traspaso
de almas.
Esteban prendió par de
velas moradas que ya estaban en la mesa, cerró los ojos y en un rictus propio
de un rito de alta seriedad e importancia, comenzó a susurrar unas palabras que
nunca entendí. Habló y habló por unos minutos, al mismo tiempo que batía los
brazos hacia el techo y hacia los lados y contorsionaba las manos como si fuera
una bailarina de danza árabe o de flamenco.
Ya cuando estaba a
punto de reírme y decirle a Esteban que dejara la estupidez, abrió los ojos y
se quedó mirándome fijamente. Una mirada vacía, horrible, perturbadora. Estuvo mirándome
con fijeza durante unos cuantos minutos más. Luego, comenzó a soplar hacia el
envase grande de vidrio que estaba en el centro de la mesa.
Soplaba suavemente,
como si estuviera intentando encender una parrilla. Me quedé un rato mirándolo,
dándome cuenta de que para él nada de lo que estaba sucediendo ahí era un
juego. Cuando desvié la mirada hacia el envase nuevamente, casi me da un
infarto del susto. El envase grande de vidrio estaba lleno hasta la mitad por
una especie de humo morado. Era una sustancia muy parecida al humo del
cigarrillo, con la diferencia del color. Además, el contenido del envase de
vidrio parecía brillar suavemente.
Cuando Esteban terminó
de soplar, me hizo un gesto con la mano, indicándome que debía hacer lo mismo. En
ese punto, podrás entender estimado lector, que ya no entendía qué estaba
pasando, ni estaba tan convencido de que todo fuera una loquetera de Esteban. Así
que, impulsado por sabe Dios qué fuerza universal, empecé a soplar en dirección
al envase de vidrio.
Fue una sensación
extrañísima. Mientras soplaba, sentía como si me desprendieran algo. Como si me
quitaran una costra, pero una costra que estaba en algún lugar muy profundo
dentro de mi cuerpo. Con cada soplo se desprendía más y más… y dolía. Ya cuando
el envase estaba casi lleno, incluso se me escaparon unas lágrimas, pues el
dolor en el pecho se había hecho casi insoportable ya. Al final, cuando el
jarrón de vidrio estuvo lleno, Esteban me hizo una seña para que dejase de
soplar.
Él tomó el envase
grande, lo batió un poco y procedió a llenar los frascos más pequeños que
estaban en la mesa, uno frente a cada uno de nosotros. Tomó el de él y aspiró
el humo morado como si fuera una pipa. Entendí que debía hacer lo mismo.
Si la experiencia de
haber “expulsado mi alma” fue extraña, la de “aspirar el alma de otro” fue
muchísimo más rara. Solo lo puedo describir como ponerse los interiores de otra
persona, como usar los retenedores de alguien más o pero aún… como escribir en
el teclado de la computadora de otra persona. Qué sensación tan incómoda.
Me sentía mareado,
desubicado y la vista se me nubló bastante a causa de aquel humo morado. Llegué
a la conclusión de que Esteban era raro y me había drogado para violarme. Así
que decidí que me tenía que ir inmediatamente de ahí. Esteban no se negó, pero
me dio unas indicaciones, supongo que para saber qué hacer y qué no mientras
tenía su alma. Pero yo no le presté atención, quería irme inmediatamente de ahí
antes de perder la virginidad que me interesaba mantener.