En la primera etapa de montaña, deja atrás a todos sus rivales, incluido Nibali, al que asesta un golpe moral,.
Chas! ¡Chas! Contador ha salido a arreglar su jardín, su carrera, el
Tour. Aún lejos de los Alpes y los Pirineos, empieza a cortar los
arbustos en los dos kilómetros crueles de La Mauselaine, encima del lago
cargado de lluvia de Gerardmer, en los oscuros Vosgos. ¡Chas! ¡Chas!
Comienzan a caer ramas, la fruta madura. Baja la niebla sobre el Tour y
nada se ve mejor que el maillot fosforito de Contador. Ya se va
aclarando la carrera. Así sonó la podadora de Contador.

¡Chas! y adiós a un brote verde, el polaco Kwiatkowski, y a un viejo
arbusto, Horner, ganador de la Vuelta con 42 años y de repente jubilado
en este Tour. ¡Chas! y al cubo Fuglsang y el resto de los gregarios del
líder, de Nibali, que se quedó solo en la primera cuesta de este Tour.
¡Chas! Y van desprendiéndose Nieve, Rui Costa, Bardet, Van Garderen...
Sigue lloviendo. Horrible tiempo. Horrible verano francés. Hay que
cortar más y cuanto antes, se dice Contador. «Quería eliminar gente que
en las etapas siguientes se puede meter en fugas y ser peligrosa»,
contó. Segó la maleza. Y, ya puestos y podadora en mano, quiso hacer
algo de leña. Se puso de pie. Sacó una ráfaga de esas pedaladas que
arrancan desde la chepa y, ¡chas!, sentó a Valverde, Peraud, Pinot y
también a Porte, el penúltimo en caer. La última rama costó más.
Amarilla, dura, de madera siciliana. Nibali. Contador se arqueó un poco
más, afiló los dientes y al fin sonó el ¡chas! que le separó del líder
ya con la meta a la vista. Nibali, cabeza gacha, suspiró al entrar. Tres
segundos resoplando. El tiempo que le recortó Contador. Poco. Pero
ahora ya todos saben que ha empezado la siega de Contador. ¡Mejor
imposible!, resumió. Le gusta cómo va quedando su jardín.
Por un momento, incluso, Contador pensó en cortar el ramo de flores
que le dan al vencedor de etapa. Pero no llegó a tiempo. El francés Blel
Kadri, de Burdeos y licenciado en Comercio, se le había adelantado en
una fuga. Sólo Kadri, primer galo que vence en este Tour submarino,
sobrevivió a las tijeras de Contador y a la sierra de su equipo, el
Tinkoff, pletórico ayer. «Me sentía bien y creía que podía ganar la
etapa, pero luego he visto en un marcador que Kadri llevaba dos
minutos», declaró Contador, que ayer les recortó tiempo al resto en un
duro puerto de tercera: Nibali (a tres segundos), Porte (7), Pinot y
Peraud (11), Valverde (19), Van Garderen (23), Bardet (31) y el
desgraciado Talansky (2.20), que volvió a caerse.
En la general, Contador ya es sexto. Le quedan cinco rivales por
podar: Nibali, Fuglsang, Porte, Kwiatkowski y Valverde. En realidad,
sólo dos: Nibali, Porte y Valverde. Con Contador así de determinado a
recuperar el tercer Tour que le quitó la sanción por dopaje, la carrera
se frota las manos. Será una edicón espectacular bajo un tiempo de
perros.
El día empezó con un ladrido. El enorme perro japonés de Oleg Tinkov,
patrón del equipo de Contador, atrajo las miradas en la salida de
Tomblaine. Qué bicho. Al otro lado de la correa, la esposa de Tinkov
observaba curiosa a los ciclistas. Los dos hijos brujuleaban entre los
corredores. Tinkov, exultante, acariciaba, abrazaba a cada gregario.
Majka, atrevido, le arrascó el cogote al perro. Ni se movió la bestia.
Jesús Hernández, gregario caído y retirado, se despedía de todos.
Doblado por los golpes del Tour. Le han tenido que dar pastillas para
dormir de tanto dolor. Tinkov le animó. Al ver a Contador, el ruso le
apretó contra el pecho. El madrileño posó con la esposa del magnate
siberiano para el álbum familiar. A Contador le gusta ponerle a sus
perros nombres de puerto de montaña donde ha ganado: Etna, Gorla... El
can de Tinkov bien podría haberse bautizado ayer como 'Vosgos', el
macizo donde el Tinkoff despellejó al Astana, el hasta ayer intratable
equipo de Nibali. El último abrazo de Tinkov a Contador fue como el del
padre que manda al hijo a la guerra. Eso sí, bien armado. Rodeado de
perros peligrosos. El Tinkoff asustó ayer. Qué bichos.
De caza
Salieron de caza en cuanto la carretera se llenó de pliegues. Los
Vosgos. Dos puertos de segunda y uno de tercera. No parecía para tanto.
Pero el Tour pesa: la carga de una semana de nervios, velocidad y golpes
apareció de repente. A los fugados del día (Kadri, Chavanel, Terpstra,
Petit y Yates) se les diluyeron como azúcar en lluvia los once minutos
que tenían. Ladraba por detrás la jauría de Tinkov. Tossatto, Paulinho y
Majka le sacaron humo al grupo en el puerto de La Croix. La cruz. El
frío en verano. El aire de los Vosgos es de mentol, pero casi nadie
respiraba. Kwiatkowski necesitó enseguida respiración asistida. Uno
menos. En la cima, mientras Kadri se alejaba de Chavanel, el Tinkoff
resumía el Tour en una veintena de dorsales. Enorme escabechina en tan
poca cuesta. Va a ser un Tour enorme, tremendo ,valiente, emocionante y
cruel. Así lo ordena Contador.
Rogers y Roche le lanzaron ya en el muro final, La Mauselaine.
Maillots fosforito bajo la telaraña de nubes. Enseguida, cuando Valverde
tuvo que sentarse y desistir, se quedaron los dos que más lucen: el
verde chillón de Contador y, a su rueda, el amarillo de Nibali. Duelo.
Contador, más que atacar, apretó. Otra vuelta de tuerca. No destrozó a
Nibali, pero sí le desmontó. Le quitó esa pieza donde guardaba la
confianza. «Era una llegada muy explosiva para mí y, además, no he
acertado con el cambio», alegó el siciliano, líder sólido aún y dueño
temporal del jardín donde ayer Contador encendió el cortacésped. Va a
quedar precioso, como el Tour.