TITULO: EN PRIMER PLANO - A FONDO - ¡Buenos días, Javi y Mar! - EL FLIRTEO DE COCO CHANEL CON HOLLYWOOD,.
¡Buenos días, Javi y Mar!,.
Lo mejor del programa ¡Buenos días, Javi y Mar! que se emite cada mañana en CADENA 100 de 06:00 a 11:00 y que presentan Javi Nieves y Mar Amate.
EN PRIMER PLANO - A FONDO - EL FLIRTEO DE COCO CHANEL CON HOLLYWOOD,.
El flirteo de Coco Chanel con Hollywood, fotos.
La oferta era irrechazable: un millón de dólares por vestir a las
estrellas. Sin embargo, tras una breve visita a Hollywood, la genial
parisina obsequió al ‘star system’ con el mejor de sus cortes: el de
mangas. ¿Qué pasó?,.
Después del ‘crack’ del 29, la Gran Depresión estaba vaciando los
cines en Estados Unidos. El productor Samuel Goldwyn, gerifalte de
United Artist, buscaba nuevas formas de llevar al público a las salas.
Sabía cómo sentar a los hombres en la butaca y pensaba que las mujeres
iban al cine «para ver cómo vestían las estrellas».
Goldwyn no entendía nada de moda, pero sabía perfectamente quién era
Coco Chanel. Chanel tenía 47 años y ya era un icono. La niña que creció
en un orfanato después de que su madre falleciera y que trabajó como
dependienta y cantante de cabaré antes de empezar a diseñar sombreros
había redefinido la alta costura en Europa y se había convertido en
sinónimo de elegancia en todo el mundo. Y Goldwyn, que como ella se
había forjado su propio camino después de nacer en Polonia, sacar
adelante a su madre y a sus cinco hermanos y emigrar a América para
convertirse en uno de los productores más poderosos de Hollywood, pensó
que ella era la respuesta a sus plegarias.
El productor que la contrató: igual
que Coco, Samuel Goldwyn se había hecho a sí mismo. La recibió en la
escalerilla del tren que había fletado para ella (The Samuel Goldwyn JR,
Family Trust)
En 1931, el vestuario cinematográfico seguía siendo poco refinado y
excesivamente teatral y Goldwyn quería que Chanel impregnara sus
películas de la clase que la había hecho famosa.
“Las americanas podrán ver en nuestras películas las últimas tendencias, antes que en París”, anunció eufórico Samuel Goldwyn
Su oferta era difícil de rechazar: un millón de dólares por visitar
Hollywood dos veces al año y vestir a las estrellas del estudio, tanto
dentro como fuera de la pantalla. Pero a la diseñadora el cine no le
interesaba. Le horrorizaba la idea de convertirse en la empleada de un
gran estudio. Pero después de rechazar las proposiciones del productor
durante más un año, Chanel por fin claudicó. «Las mujeres americanas
podrán ver en nuestras películas cuáles son las últimas tendencias de
París, incluso antes de que se vean en París», anunció eufórico Goldwyn a
la prensa. Pero cuando Chanel llegó a Nueva York en marzo de 1931, se
mostró mucho más cauta que él. Escéptica incluso. «No voy a hacer ni un
solo vestido. De hecho, no he traído mis tijeras. Más tarde, cuando
vuelva a París, crearé vestidos con seis meses de antelación para las
películas del señor Goldwyn», dijo sin entusiasmo. La habían recibido
con flores y una gran rueda de prensa en la que un periodista le
preguntó qué esperaba de la experiencia americana. Ella contestó
asépticamente: «Nada y todo. Ya veremos. Me gusta más trabajar que
hablar».
Greta Garbo la recibió con dos besos
Acompañada por la pianista Misia Sert, mecenas y musa de artistas
como Toulouse-Lautrec o Renoir y escritores como Marcel Proust, y por
Maurice Sachs, entonces un joven aspirante a escritor que trabajaba como
secretario personal del artista Jean Cocteau, Chanel viajó a Los
Ángeles en un tren de lujo fletado especialmente para ellos. El interior
era de un blanco inmaculado y había suficientes botellas de champán
para surtir a un ejército.
En la estación de Los Ángeles, Greta Garbo la recibió con dos besos y
esa misma noche Goldwyn organizó una fiesta en su honor a la que
acudieron Marlene Dietrich, Claudette Colbert, la propia Garbo y el
director de cine George Cukor. Pero, pese a la cálida bienvenida, la
prensa local no disimuló sus recelos: para
Los Angeles Times
era Hollywood, y no París, el epicentro de las tendencias y Chanel no
había llegado para impartir lecciones, sino atraída por el
glamour de Hollywood.
Y Coco viajó a Nueva York
Goldwyn preparó un gran taller para ella con una máquina de coser y
varios maniquís, pero Chanel se negó a usarla. La prensa local la tachó
de esnob. Su primer encargo: diseñar el vestuario de la actriz Charlotte
Greenwood en la comedia musical
Un loco de verano. Adrian Adolph Greenberg, que había creado el vestuario de Greta Garbo en
Mata Hari,
se convirtió en su ayudante. Ella respetaba su talento con la aguja y
él se encargó de explicarle que el vestuario de una película debía ser
fotogénico: las sutilezas no funcionan.
Chanel creó los vestidos que lució
Gloria Swanson en la película ‘Esta noche o nunca’. Tuvo que retocarlos,
porque la actriz se quedó embarazada de su amante. Todo un escándalo en
esa época
Su siguiente trabajo sería vestir a Gloria Swanson en
Esta noche o nunca.
Swanson era una de las actrices más elegantes del mundo, pero era fiel a
su diseñador de cabecera: René Hubert. Después de discutir con Goldwyn y
de entender que no tenía derecho a veto, la estrella aceptó que Chanel
se encargara de confeccionar sus vestidos, pero para entonces la
diseñadora ya había decidido volver a París. Antes hizo una breve pero
reveladora escala en Nueva York.
En 1969, Broadway dedicó a la
modista francesa un musical, ‘Coco’, protagonizado por Katharine
Hepburn. A Coco Chanel no le gustó, dijo que la protagonista ideal
habría sido Audrey Hepburn porque se parecía más a ella
Visitó los grandes almacenes de la ciudad, pero también las tiendas
de saldos de Union Square, donde las copias baratas de sus propios
diseños se vendían a decenas por unos pocos dólares y las clientas se
probaban la ropa sin ayuda de dependientas y en grandes vestuarios
comunitarios.
La prensa contra Chanel
Ya en París, la diseñadora cambió unilateralmente los términos de su
acuerdo con Goldwyn: trabajaría en su atelier parisino y las estrellas
viajarían hasta allí a tomarse medidas y probarse los vestidos. Así es
como creó el vestido de espejos que Swanson lució en aquella película,
aunque tuvo que retocarlo cuando la actriz ganó un par de kilos al
quedarse embarazada de su amante secreto, Michael Farmer. La película no
fue el éxito que el estudio esperaba (en gran medida por el
affaire de la estrella y el consiguiente divorcio que provocó), pero la prensa elogió el trabajo de Chanel y en su siguiente película,
Tres rubias, Goldwyn decidió centrar la promoción en el trabajo de la diseñadora.
Más tarde, Coco se cobraría su venganza: “Hollywood es la capital mundial del mal gusto”, sentenció

La estrategia fue un fracaso y la prensa norteamericana, que estaba
deseando atacar a Chanel, acusó a la creadora de ser demasiado sutil y
de no entender que eran las plumas, la seda y las lentejuelas las que
llenaban la pantalla. Chanel ya lo había advertido nada más llegar:
«Aborrezco la excentricidad». Obviamente no estaba en el lugar adecuado.
Hollywood tampoco estaba preparado para ella y Goldwyn no trató de
disuadirla cuando, después de tres películas, Chanel decidió romper su
contrato. Más tarde, la diseñadora se cobraría su venganza con una de
sus más memorables sentencias: «Hollywood es la capital mundial del mal
gusto».
Greta Garbo, Marlene Dietrich, Claudette Colbert y George Cukor,
entre otros, acudieron a la fiesta que le dedicó Samuel Goldwyn.


Pero a Coco Chanel quien le interesó de verdad fue una joven promesa
de belleza angulosa y melena cobriza, Katharine Hepburn, una percha
perfecta para sus pantalones de corte masculino.
Y 22 años después llegó Givenchy a Hollywood
Cuando Coco Chanel llegó a Hollywood, en 1931, el público -inmerso en
las penurias de la Gran Depresión- quería ver en las pantallas brillos y
sedas. No hubo entendimiento con la elegante sobriedad de Coco.
Pero cuando en el año 1954 Hubert de Givenchy diseñó el vestuario de
Audrey Hepburn para Sabrina, el flechazo fue inmediato. Givenchy vistió a Audrey en ocho películas. Fue un tándem perfecto.
TITULO: REVISTA XL SEMANAL PORTADA ENTREVISTA - CUANDO EL GLUTEN ATACA AL CEREBRO,.
CUANDO EL GLUTEN ATACA AL CEREBRO,.
fotos.
Este conjunto de proteínas, omnipresente en nuestra dieta, podría
estar detrás de muchos trastornos neurológicos: desde las migrañas al autismo, el párkinson o la depresión. Esta polémica teoría divide al mundo científico.
“¿Y, por qué nunca me lo dijo?”
María P., sevillana afectada por un agresivo trastorno
obsesivo-compulsivo (TOC), salió intrigada del neurólogo hace unos
meses. Llevaba 15 años visitando especialistas, psiquiatras y
psicólogos, y a ninguno se le había ocurrido comprobar si era celiaca.
Ninguno pensó que algo aparentemente tan simple como eliminar el gluten
de la alimentación pudiera cambiarle la vida.
Aquel día le contó a su neurólogo que, por recomendación de una amiga
con un problema similar, había visitado a un gastroenterólogo. Tras
hacerle las pruebas, le dijo que era celiaca y que esto podría tener
relación con su trastorno. Así que, de la noche a la mañana, erradicó de
su dieta todos los alimentos con gluten -el 80 por ciento de los
procesados en la Unión Europea-, y el TOC se le suavizó de forma
considerable. «Nunca me había sentido tan bien», concluyó María. «El
neurólogo no le dio mucha importancia, pero me dijo que la dieta podría
ayudarme -recuerda-. Es decir, él sabía que el gluten podría influir en
mi enfermedad, pero nunca me lo hubiera planteado».
Luis Rodrigo Sáez, experto español
en celiaquía, recomienda retirar el gluten ante cualquier trastorno
neurológico. «Es un tratamiento inocuo que puede mejorar la evolución de
muchas de esas patologías» (Foto: Javier Quintana)
Lo cierto es que pocos neurólogos en España le habrían hablado a
María sobre la neurotoxicidad del gluten en personas celiacas o
sensibles al gluten, una variante menor de la enfermedad celiaca. Más
que nada por la casuística; muy reducida. Es decir, desde 1966, cuando
se describió por primera vez un conjunto de enfermedades neurológicas
relacionadas con la intolerancia permanente al gluten -reunidas bajo el
nombre de ‘neurogluten’-, muchas de esas dolencias solo han sido
fundamentadas en casos aislados o en pequeñas series de pacientes, razón
por la cual muchos especialistas no la suelen tomar en consideración.
«Hay patologías neurológicas en las que el gluten desempeña un papel.
Eso es indudable -dice Jesús Porta-Etessam, jefe de neurología del
Hospital Clínico San Carlos de Madrid-. Pero es importante delimitar
entre lo que está directamente vinculado con el neurogluten y lo que es
una relación casual».
Tratamiento precoz
En todo caso hay dos trastornos neurológicos relacionados con el
gluten que nadie discute. La ataxia por gluten, en la que se ve afectado
el cerebelo, provocando alteraciones del movimiento en dedos, manos,
brazos, piernas, labios, lengua e incluso ojos. Y la neuropatía
periférica, que afecta a los nervios, o prolongaciones de las neuronas,
de la médula espinal, causando problemas musculares y sensoriales.
«Estas dos enfermedades mejoran con dieta sin gluten, si es estricta y
continuada, en la mayoría de los casos -dice el neurólogo Carlos
Hernández Lahoz, estudioso del neurogluten desde hace casi dos décadas-.
Ahora bien, es importante aplicar el tratamiento de manera precoz,
antes de que se produzca la muerte neuronal».
Luis Rodrigo Sáez no es neurólogo, pero, al igual que Lahoz, lleva
casi 20 años buceando en el neurogluten y defiende el beneficio de la
dieta en algunas dolencias más. Sáez es gastroenterólogo y en su
consulta ha observado mejoras en diferentes complicaciones neurológicas
con solo retirar el gluten al paciente. «Hablo de unos 300 casos,
algunos seguidos durante años -afirma este antiguo jefe de Servicio de
Digestivo del Hospital Universitario Central de Asturias, que no duda en
aconsejar-: ante cualquier trastorno neurológico, salvo casos muy
avanzados, quizá, se debería recomendar la instauración y seguimiento de
una dieta sin gluten, ya que se trata de un tratamiento inocuo que
puede mejorar el curso clínico y la evolución de muchas de esas
patologías».
“Entre un 10 y un 20 por ciento de los pacientes con problemas
neurológicos podría beneficiarse de la dieta sin gluten”, afirma el
digestólogo Luis Rodrigo Sáez
La mayoría de los neurólogos, por su parte, no lo recomienda sin una
asociación directa y científicamente probada entre el gluten y el
problema en cuestión. «No hay que generar expectativas inadecuadas en
los pacientes», opina Pablo Irimia, vocal de la Sociedad Española de
Neurología. «Yo también he visto casos de cura de cáncer de manera
espontánea. Los hay -añade Antonio Yusta, jefe de Neurología del
Hospital Universitario de Guadalajara-. Pero en medicina no discutimos
casos aislados, actuamos por demostraciones científicas».
Retroceder sin parar
A María P., sin embargo, le hubiera gustado conocer desde hace años
esta conexión entre el gluten y algunos trastornos neurológicos, aunque
no estuviera contrastada científicamente. «Cuántos disgustos me podría
haber ahorrado -comenta esta monitora de comedor, de 34 años, que
recuerda los tiempos en que su vida era un continuo retroceder-. Yo
caminaba por la calle y al ver una raya o lo que fuera tenía que volver
atrás. Y si no hallaba otro camino, me quedaba andando en círculos. Me
costaba mucho pasar de una habitación a otra. Para todo necesitaba
rituales. ¡Un horror!». Ahora bien, desde junio pasado, libre su dieta
de gluten, María dejó de retroceder. «¡Ahora avanzo! Me han dado más
responsabilidades en el trabajo y me he apuntado a varios cursos; tengo
ganas de aprender. Sé que puedo hacerlo. ¡Incluso me he ido de viaje!»,
cuenta animada.
La transformación en la vida del psicólogo Javier Alonso Cimadevilla,
de 57 años, también fue impresionante. Tenía narcolepsia en fase grave.
«Podía pasar meses con ataques casi a diario -revela-. Me desmayaba,
tenía convulsiones. Era angustiante. Las crisis eran agudas y llegué a
pensar en jubilarme». Hasta que su neurólogo dejó caer la posibilidad de
seguir una dieta. «Me sugirió hacer las analíticas de celiaquía, aunque
no hubiera pruebas contundentes y él no acabara de creer en la relación
entre el gluten y los trastornos neurológicos -rememora-. En la clínica
diaria, sin embargo, me dijo, ya había visto pacientes de epilepsia y
de esclerosis múltiple que habían mejorado con la dieta». Y así le
sucedió a Alonso desde que, en 2004, desterró el gluten de su vida.
«Nunca más tuve convulsiones ni cataplejía».
Mejoría frecuente
El neurólogo Porta-Etessam, del Clínico San Carlos de Madrid,
considera que la relación que el gluten puede tener con la epilepsia o
con otras manifestaciones neurológicas. «Suele ser frecuente, con la
dieta, la mejoría en casos de mialgias y fatiga, y también se ha
descrito en ansiedad y depresión», admite.
En los casos de migrañosos, Yusta Izquierdo conviene en que sin
gluten puede mejorar la frecuencia e intensidad de las jaquecas. «Con la
dieta, los fármacos para la migraña se hacen más efectivos», afirma el
jefe de Neurología del Hospital Universitario de Guadalajara, que
también concede beneficios para las encefalopatías.
Rodrigo Sáez, por su parte, añade patologías como neuritis ópticas,
algunas formas de esquizofrenia, ciertos trastornos del espectro
autista, TOC, síndrome de Tourette, algunas formas de párkinson o
narcolepsia. «Hay entre un 10 y un 20 por ciento de pacientes que se
podría beneficiar de la dieta sin gluten», afirma el digestólogo.
A la espera de pruebas científicas irrefutables, lo cierto es que el
número de complicaciones neurológicas que responden positivamente a la
dieta sin gluten ha ido creciendo con el paso del tiempo. Sin embargo,
en este medio siglo de estudios sobre el neurogluten, aún no se conoce a
ciencia cierta cómo llegan al cerebro y afectan el sistema nervioso
central y periférico los péptidos de gliadina (la parte dañina del
gluten para los celiacos). Se sabe que penetran en el organismo por un
aumento en la permeabilidad de la barrera intestinal, pero ¿cómo pasan
de la corriente sanguínea al cerebro?
«El cerebro está protegido frente a elementos que circulan por la
sangre por la barrera hematoencefálica -explica Hernández Lahoz-. Pero
en el caso de personas sensibles al gluten, por mecanismos no bien
conocidos, dicha barrera no desempeña de manera eficaz su papel». Es
decir, los anticuerpos generados se cuelan en el cerebro «favoreciendo
la aparición de diversas enfermedades neurológicas», explica Rodrigo
Sáez. El digestólogo, por cierto, enfatiza la inocuidad de la dieta sin
gluten, un conjunto de proteínas de escaso valor energético. «No se le
conoce ningún valor positivo -subraya-, salvo que ayuda a fabricar pan
más esponjoso e hinchado».
ANDREA FERNÁNDEZ, 15 AÑOS
Diagnóstico: migrañas
“¡Desde noviembre no pruebo el gluten y ya no tengo jaquecas!”

«El recuerdo que tengo de mí misma es el de una niña que lloraba todo
el rato. Me presionaba la cabeza con las manos porque sentía como si me
fuera a explotar. Y lloraba, lloraba, lloraba… Otro recuerdo: de estar
siempre en el médico. Todas las semanas. Desde los seis años tenía
jaquecas muy fuertes. ¡Cuántas veces llamaron a mi madre para que me
recogiera en el colegio porque el ruido del comedor me desencadenaba
accesos de migraña! Y lo mismo en los cumpleaños. Los chillidos de
tantos niños juntos me resultaban dañinos. Así que, para mí, la fiesta
duraba poco. Acababa en la cama… y en la oscuridad porque la luz tampoco
me ayudaba cuando me atacaban esos dolores de cabeza. El barullo, en
todo caso, no era el único detonante. También el estrés. Cuando se
acercaban los exámenes, aparecían las jaquecas. Bueno, la verdad es que
tampoco hacía falta una razón para desatar las migrañas. Bastaba con
ponerme a leer, que es algo que me encanta. Ahora da gusto contar todo
esto en pasado. Fueron ocho años de sufrimiento. Desde noviembre no
pruebo nada con gluten y ya no tengo jaquecas. ¡Me siento feliz! Tuve
que hacer dos veces la biopsia duodenal. La primera dio baja sospecha de
celiaquía, pero el resultado de la segunda salió positivo. Creo que,
por fin, he solucionado mi problema».
AZUCENA ÁLVAREZ ÁLVAREZ, 62 AÑOS
Diagnóstico: ataxia cerebelosa
“Antes no podía caminar. ¡Quién me iba a decir que la harina me hacía tanto daño!”

«Tengo un restaurante y siempre he sido muy activa, pero con 55 años
mi vida cambió. Pasé a caminar mal, yendo hacia los lados, y cayéndome.
Perdí la fuerza en las manos y me costaba mucho sujetar las cosas. El
bolígrafo no me obedecía: no conseguía escribir. Cuando lo lograba,
apenas tenía control sobre mi letra. Hablar también era muy difícil.
Nadie me entendía. Un año más tarde estuve ingresada durante cuatro
días, descubrieron la celiaquía y me diagnosticaron ataxia cerebelosa.
Desde entonces, aparte de no consumir gluten, ni siquiera puedo entrar a
la cocina de mi restaurante. Con inhalar el polvillo de los rebozados
ya me pongo mala. Dejar de trabajar ha sido muy duro, pero he mejorado.
Hablo mejor, camino mejor y sin ayuda, aunque todavía haga eses; ya no
arrastro los pies, los levanto. No tengo mareos ni vómitos y he dejado
de toser. En fin, quién lo iba a decir, que a mí la harina me hiciera
tanto daño».
MIGUEL MÁS CASTALÁ, 69 AÑOS
Diagnóstico: síncopes de origen no cardiaco
“Llevo seis años sin gluten. Seis años sin desmayos ni dolor en el pecho”

«Imagínate la situación: de los 40 hasta los 62 años desmayándome a
menudo. Empezaba con un ardor en el estómago, me ponía a sudar y me
faltaba el aire. Enseguida venía un fuerte dolor en el pecho izquierdo y
me caía al suelo. Así varias veces al mes, durante 22 años. ¿Te lo
imaginas? Todos los que trabajaban en la ambulancia me conocían, y
también en el hospital. Ningún especialista supo decirme qué me
provocaba los síncopes. Los cardiólogos descartaron un problema de
corazón. Los neurólogos me hicieron escáneres, tomografías, de todo, y
nada. Fui a gastroenterólogos: me revisaron y no llegaron a ninguna
conclusión. Con 63 años, le dije al cardiólogo que ya no podía seguir
viviendo así. Me derivó al doctor Luis Rodrigo Sáez, que me hizo una
biopsia duodenal y, finalmente, me dio un diagnóstico: intolerante al
gluten. Hace seis años que hago dieta sin gluten: son seis años sin
ardores, sin dolores de pecho y, por supuesto, sin desmayos».
ALONSO CHIMENO CIENFUEGOS, 4 AÑOS
Diagnóstico: encefalopatía epiléptica con retraso psicomotor grave
“No necesito un papel que me diga que el gluten le sienta mal. Yo lo veo”
«Mi hijo era como un muñequito de trapo. No sonreía, no reaccionaba,
no fijaba la mirada, no prestaba atención, no tenía ningún movimiento
voluntario; lloraba mucho. Con un año, nos dimos cuenta de que cada vez
que tomaba la papilla de cereales sufría convulsiones muy fuertes.
Aunque las pruebas de celiaquía daban negativo y los médicos nos decían
que tenía que comer cereales, le retiramos el gluten y paró de llorar y
de sentir dolores, empezando a fijar un poco su atención, a mover las
piernas y a escucharnos. Veíamos los avances, pero como no queríamos que
tuviera carencias nutricionales volvimos, por recomendación médica, a
la dieta normal. Y así estuvimos, yendo y viniendo con la dieta sin
gluten hasta que la adoptamos de forma permanente. En los últimos seis
meses está más curioso, más atento, más alegre. ¡Suelta carcajadas!
Empezó a repetir sonidos, a interactuar; y a hacerlo incluso con
picardía. La evolución es tremenda. No necesito un papel que me diga que
el gluten le sienta mal. Yo lo veo».
Vivir sin gluten
Vivir sin gluten significa excluir de la dieta el trigo, el centeno,
la cebada y, muchas veces, la avena. De entrada se trata de renunciar a
cuatro apetitosas ‘P’: pastas, panes, pasteles y pizzas. Los chocolates
tampoco están permitidos, a no ser que el fabricante muestre con
claridad que no contiene gluten. Para los celiacos y personas sensibles
al gluten, la lista de prohibiciones es larga, porque cuando un alimento
no contiene este conjunto de proteínas entre sus ingredientes, puede
haber sido añadido como aditivo o se ha colado en el proceso de
fabricación. Es decir, hay que estar atentos a todo, incluidos las
bebidas -café, té, infusiones, cerveza, licores de frutas…-, embutidos,
quesos, conservas, patés y dulces en general.
TITULO: EL BLOC DEL CARTERO - LA CARTA DE LA SEMANA - PIEDAD Y TERROR EN PICASSO,.
PIEDAD Y TERROR EN PICASSO,.

foto.
Creo recordar como si fuera ahora el día en el que llegó el
Guernica
a España. Venía precedido de cierta trifulca. La discusión consistía en
si debía estar en Málaga, Barcelona o Madrid. Málaga por ser su cuna;
Barcelona por ser la ciudad en la que despegó y en la que se cultivó;
Madrid por ser la capital del Estado que le encargó la obra.
Ciertamente, Picasso siempre fue malagueño, pero también es cierto que
cuando la
Enciclopedia británica escribió aquello tan célebre de «Pintor catalán nacido en Málaga», Picasso, al ser preguntado, aclaró: «
La Enciclopedia británica nunca miente».
El joven Pablo, siempre feliz por ser natural de Málaga -cosa que
comprendo y que yo compartiría de ser hijo de tan hermoso lugar, como
era mi padre-, despertó a nuevas fronteras del arte en la Cataluña de la
época, lo cual, para desgracia de ciertos manipuladores de las patrias,
no le supuso dejar de ser español intenso y crítico, hondo y
contradictorio. En París, forzado por la histeria de los tiempos,
Picasso reventó, encontró su hueco y creó su espacio. Allí fue donde se
adelantó a su época e hizo posible la creación de una forma de arte que
hasta la época no había sido vista. Fue entonces cuando el Gobierno de
la Segunda República le encargó una obra para el pabellón español en la
Exposición de París, todo ello en el contexto de la Guerra Civil y los
inicios de la Guerra Europea. Picasso andaba entonces en crisis creativa
-y puede que también personal- y necesitó la iluminación de una
manifestación parisina en contra de los bombardeos de la Legión Cóndor
sobre Guernica.
Fue entonces cuando decidió esbozar bocetos sobre aquel dramático
pasaje. Empezó a trabajar en un alegato contra la guerra, contra el
terror de los conflictos modernos: preparó un mural de tres metros de
ancho por ocho de largo en el que reflejar de la peor-mejor manera
posible la monstruosidad, la deformidad, el sufrimiento, los gritos y
desgarros de los conflictos armados. Ese terror, a decir de los
expertos, se apoderó de la obra de Picasso. Por lo que fuera, el pintor
creó un grito atronador que consiguió convertirse en la fotografía de un
tiempo, virtud a la que solo acceden pocos, muy pocos artistas. El
Guernica
estaba destinado a ser visto en España, pero nunca jamás mientras fuera
un régimen sin democracia homologable o sin libertades públicas
evidentes. Así lo dejó dicho el pintor, que insistió en que el cuadro
era propiedad del Estado español. En vida de Franco se trató de importar
el cuadro, pero Picasso se negó, a pesar de que los contactos fueron
muy próximos y el Régimen estaba dispuesto a reconocer lo necesario para
hacer del malagueño un icono de una cierta reconciliación. Incluso se
dio la consigna de que si Picasso se dispusiera a cruzar la frontera se
le acompañara en palmitas a donde quisiera. Estuvo a punto de hacerlo
para ver torear a Dominguín, pero una cogida de este lo impidió, y
finalmente le aconsejaron no hacerlo.
Las muertes de Franco y Picasso, como es sabido, fueron prácticamente
sucesivas. Los norteamericanos del Museo de Arte Moderno de Nueva York
sabían que su depósito era temporal y que, antes o después, el
Guernica habría de marchar a España.
Así fue. Cuando llegó, aquellos que teníamos noticia solo fotográfica
del cuadro nos atropellamos a verlo en el Casón del Buen Retiro.
Algunos decían con desdén que era un póster político muy bien vendido.
Pero cualquier observador medianamente avisado sabía que estaba ante una
gran obra de arte, testimonio de la historia del país en el que por fin
se encontraba. Después del
Guernica nada podía ser igual, en pocas palabras.
Hoy andamos en el debate acerca de la conveniencia de restaurar
algunas de las fisuras que presenta el cuadro o no. Parece que predomina
la opinión técnica de que no es necesario. El cuadro ha sido trasladado
cincuenta veces, nada menos. Por fin, ochenta años después de ser
pintado, el Museo Reina Sofía ha inaugurado hace unos días -y hasta
septiembre- una ambiciosa exposición titulada
Piedad y terror en Picasso, que nadie en su sano juicio debería perderse. Es, sencillamente, conmovedora.