La primera minifalda de la televisión apareció en el
Un, dos, tres..
También fue el primer programa conducido por una mujer y el primero en
convertir a sus mascotas, La Ruperta, El Chollo o La Botilde, en
llaveros, puzles o camisetas.
Un, dos, tres… también fue el primer
killer format
español, una franquicia exportable a otros países y el primero
realizado íntegramente por una productora aunque lo pagaba el ente que
lo emitía: Televisión Española.
“Es un programa espectacular e
híbrido: por las dimensiones, el presupuesto y por ser un contenedor en
el que había música, baile, y un concurso con premios importantes”,
explica
Julio Moreno, autor de
una tesis doctoral
sobre el espacio. El lunes se cumplen 45 años que se emitió por primera
vez. Nació en 1972, siendo Adolfo Suárez Director General de
Radiodifusión y Televisión, y cuando el ente público ya recibía críticas
por la escasez de contenidos culturales. “Por eso se lo encargaron a
Narciso Ibáñez Serrador, que tenía una buena reputación”.

El aludido dice a EL ESPAÑOL que siempre, y en la medida de las
posibilidades, ha intentado aportar algo para que el espectador aprenda:
“Lo hice en
Un, dos, tres… y también con los niños y la ecología en
Waku-Waku o con los adultos en
Hablemos de sexo”.
Un programa con firma
Un dos, tres…
era un espacio de autor. El sello de Ibáñez Serrador, que venía de
triunfar con la ficción televisiva y el teatro, se aprecia en los
guiones, en la selección del personal y en detalles como que cada
programa fuera temático. Todo tenía su firma, también el humor, que al
inicio adaptó a las normas de la dictadura:
chistes blancos y algunos negros, pues a Ibáñez le gusta lo macabro y le había dado mucho éxito en sus
Historias para no dormir, con las que muchos españoles conocieron los nombres de
Edgar Allan Poe o Guy de Maupassant.
Los escotes molestaban mucho al régimen a pesar de que la afrenta más evidente era Don Cicuta
El
elenco de cómicos aumentó hasta cubrir todos los gustos: Arévalo, la
cándida y exuberante Fedra Lorente (en el papel de La Bombi), Martes y
Trece (cuando aún eran tres), los números de Pajares y Esteso o los gags
de Académica Palanca. Era una cantera de referentes de la
interpretación: Silvia Abascal entró en el programa con 14 años. “Hice
el casting con Chicho, uno de los más largos y completos que me han
hecho”, recuerda la actriz, que tuvo contrato para la temporada y
destaca como una cualidad del jefe que abriera puertas a artistas
noveles.
Don Cicuta, la censura
Nadie se resistía a participar en un escaparate que proporcionaba éxito inmediato. Prueba de ello es el caso de
Tricicle, que llevaban un año como profesionales, actuando sobre todo en Cataluña, cuando llegaron al
Un, dos tres… Con su versión mímica de
Soy un truhán, soy un señor de
Julio Iglesias
les bastó un programa, para convertirse en una sensación a escala
nacional y de una forma parecida a lo que hoy sería un “viral” en las
redes.
Moreno, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, explica
que lo que sí había era cierta crítica social: “Se bromeaba con el IVA y
con
Alfonso Guerra se metieron en varias ocasiones,
pero en un tono alegre”. Eso ya ocurría con Franco muerto, pues en los
inicios, los toques de atención eran frecuentes y solían recibirlos por
cuestiones como la ropa de las azafatas. “
Los escotes molestaban mucho al régimen a pesar de que la afrenta más evidente era
Don Cicuta, un personaje vestido de negro, amargado, regañón que representaba la censura”.
Más teles que renta per cápita
Un, dos, tres…
no pretendía cambiar nada, tampoco seguir consignas. “Lo que queríamos
era juntar a las familias delante el televisor y sobre todo, ofrecer
algo nunca visto en la España de 1972”, asegura el creador. Pero el
programa nace en los últimos años del franquismo, cuando la dictadura ya
conoce el poder propagandístico de unir televisión y publicidad y hay
hasta 12 agencias extranjeras que idean anuncios en un país que tuvo
antes un Estatuto de la Publicidad que una Ley de Prensa.
“La
publicidad fue vista con benevolencia por una sociedad que
probablemente confundió el consumismo con la libertad. O quizá se
consolaba con el consumo, porque no podía aspirar a más”.
Mercedes Moreno, profesora de Comunicación en la Universidad de Navarra, asegura en un trabajo sobre el tema que ese consumo fue
“casi voraz y sobre todo, acrítico”.
Un
ejemplo de esa avidez se ve en la evolución de la venta de televisores:
si en 1956 había en España unos 3.000, en 1968 la cifra es de casi
cuatro millones, lo que supone 132 por cada mil habitantes. La cifra nos
aproximaba a un país como Francia (185) con la diferencia de que la
renta per cápita de nuestros vecinos era de 2.120 dólares y la nuestra,
de 730.
Concursos y consumismo
“Los valores publicitarios
estaban repletos de llamadas a la modernidad”, apunta Mercedes Moreno.
Algunos iban contra los intereses del régimen, pero el franquismo los
aprovechó para asociar el ocio al gasto y usando la televisión para difundir ese binomio. A jalear esa política desarrollista iniciada en 1959 ayudaron los concursos, sobre todo los televisivos.
Un millón para el mejor o
Danzas de España
(una especie de Operación Triunfo de bailes regionales que transmitía
los valores del nacionalcatolicismo) son sólo dos ejemplos.
En los inicios de la televisión, el consumismo se asoció a la democracia. Así lo afirma
Alison Hulme en
Consumerism and TV (Rutledge, 2015), libro en el que se analiza el primer concurso televisado,
The $64.000 Question (
La pregunta de los 64.000 dólares), con el que quedó claro que la fórmula “pobre anónimo que se hace rico” sería infalible.
Un, dos, tres… la llevó al límite pues
sus premios eran bienes inalcanzables para la mayoría de españoles.
Uno de ellos era el coche, siempre SEAT, marca que había tenido
clientes en listas de espera durante un año para adquirir un 600. Un
sueño que
Un, dos, tres… hacía realidad en dos horas y sin plazos. Y el apartamento en Torremolinos.
Mercedes Moreno escribe que la publicidad, como la televisión, daba
una imagen irreal de España,
como si fuera de verdad una sociedad de consumo y no una en la que el
número de televisores crecía más rápido que las instalaciones de agua
corriente en las viviendas.

Lo que es más difícil de calcular es
qué contenidos de los que ofrecía la pequeña pantalla influían en el
comportamiento de los ciudadanos y cuáles eran sólo un reflejo de lo que
ya pasaba. El autor de la tesis sobre el espacio más exitoso de TVE se
decanta por la segunda opción: “Claro que
el programa fomentaba el consumo, pero era algo que ya hacían los españoles”.
Sin mujeres florero
El
programa no era revolucionario, pero teniendo en cuenta que se emitía
en una cadena que nació en domingo por ser día de misa y que se hizo
coincidir su emisión regular con el aniversario de Falange, en muchos
aspectos abrió caminos. “Que
Mayra Gómez Kemp fuera la primera mujer en conducir un programa era un avance”, dice el autor de la tesis. En el equipo estuvo
Emma Ozores, que empezó como guionista, no como actriz, y compartió la tarea de escribir los diálogos con directores de cine como
Fernando León de Aranoa o
Joaquim Oristrell.
“También el papel de las azafatas fue rompedor”, dice Moreno, que indica que aunque las secretarias lucieran un
look
muy sexualizado, tenían voz y toda España las conocía por su nombre.
Para Ibáñez, no sería justo catalogar su papel como machista. “Eran y
son personas inteligentes que
demostraron que podían hacer, decir y vestir como quisieran”,
dice y presume de que el suyo fue el primer programa con un elenco
artístico íntegramente femenino, el que coincidió con la etapa de Gomez
Kemp como presentadora.
Plataforma de artistas
“Ahora no es raro, pero entonces una azafata de televisión era guapa y sonreía a cámara, nada más. Las del
Un, dos, tres… no
eran mujeres florero”, opina Moreno, que recuerda una ocasión en la que
Gómez Kemp reprendió a un concursante por decirle a una de ellas:
“Me la comería”. La actriz
Isabel Serrano cree que
Un, dos, tres… “se
adelantó a su época”. Desde Roma, donde rueda su próxima película, la
madrileña explica a EL ESPAÑOL que se presentó sin expectativas y que la
eligieron, pero además de su formación, tuvo que aprender a cantar
sobre la marcha para estar a la altura. Otras caras conocidas del
teatro, la televisión y el cine también empezaron en ese rol:
Victoria Abril, Paula Vázquez, Lydia Bosch o
Silvia Marsó son ejemplos destacados.
Ágata Lys o
Blanca Estrada dejaron el
Un, dos, tres… para
ser estrellas del destape, cine que liberó al cuerpo femenino de
ataduras dictatoriales y religiosas cosificándolo, paradoja que
Marta Sanz analizó certeramente en la novela
Daniela Astor y la caja negra (Anagrama, 2013).
Un jefe exigente
En el
Un, dos, tres… todo era espectacular. Como cada episodio era temático, el decorado cambiaba cada semana. Al frente de esa tarea, otra mujer:
Ana del Castillo, encargada de llenar más de mil metros cuadrados de motivos de
La isla del Tesoro o de
Las mil y una noches,
temática con la que se iniciaba cada temporada porque era una obsesión
de Ibáñez, que lo impuso incluso a las versiones internacionales.
“Recuerdo
las prisas, aunque había dos empresas dedicadas a la escenografía y
sólo en el equipo de moldeadores éramos diez personas”, cuenta el
escultor
Hugo Zarapuz, que colaboró en la última etapa. En esa temporada el concurso tuvo un subtítulo: “¡A leer esta vez!”, pues
se ideó para fomentar la lectura entre los más jóvenes y es lo que permitió a este artista moldear los escenarios de novelas como
Diez mil leguas de viaje submarino o
La vuelta al mundo en 80 días. “Tengo buen recuerdo.
Se trabajaban mucho los detalles y todo se hacía a lo grande, pero no sentí una presión excesiva”.
Otros tienen un recuerdo diferente. En
¡Y hasta aquí puedo leer! (Plaza & Janés, 2015) Gómez Kemp comparó a Ibáñez con
Alfred Hitchcok por
su afán de controlarlo todo, incluida la vida privada de sus empleados,
a quienes les prohibía colaborar en otros proyectos. Por eso la
Kika, de
Pedro Almodóvar, fue
Verónica Forqué y no
Miriam Díaz-Aroca, que entonces presentaba el
show junto a
Jordi Estadella.
Silvia Abascal equilibra la balanza: “Yo era la niña del equipo y ‘el
señor serio de la bufanda blanca’ no me imponía”, dice divertida y
añade, “
Chicho es exigente y no disfraza ni un poquito lo que no le gusta, pero aprendí tanto trabajando con él...”
Caro, pero rentable
Un programa del
Un, dos, tres… era
caro, pero el jefe tenía visión comercial. Una de las fuentes de
ingresos que inventó fueron las actuaciones por encargo. “Fuimos a hacer
un programa a Marbella. Nos invitaba una marca de coches que
patrocinaba el programa. Teníamos que hacer una especie de
Un, dos, tres… a sus empleados”, cuenta Gómez Kemp.
Otra variante consistía en ir por plazas de toros a hacer versiones reducidas del
Un, dos, tres…, sobre todo cuando lo presentaba
Kiko Ledgard, y recuerdan los “bolos” que hoy hacen los ex concursantes de
realities por discotecas del país que los contratan como reclamo. “Todos los programas de entretenimiento beben de
Un, dos tres… Algunos sin ni siquiera saberlo”, cuenta Julio Moreno.
Idea de Ibáñez también fue crear el
merchandising
del programa y según Moreno, a partir de un recorte de prensa de la
época, sólo los productos de La Botilde le habrían reportado cien
millones de pesetas. “Con eso, también
generó un coleccionismo que fortaleció el lazo entre los espectadores y el programa”.
Además de reforzarlo, lo amplió con la figura de Los sufridores, que
ganaban lo mismo que los concursantes y que accedían al show con unos
cupones que venían con yogures o revistas del corazón que se
convirtieron en anunciantes importantes.
Esa familiaridad, entre
espectador y concursante, también se fraguó haciendo que los mejores
volvieran varias a veces a concursar o creando programas relacionados,
con lo que también se aumentaba el tiempo en antena. Un ejemplo fue
El debut de las secretarias, en el que mostraba el rodaje de un casting de azafatas, como hacen hoy en los espacios previos a programas como
Operación Triunfo o
La voz.
“Por la calle
me reconocían de forma masiva y
a veces me sentía sobrepasada”, comenta Isabel Serrano confirmando que
la cercanía que sentía el espectador con sus personajes era,
efectivamente, estrecha.
De España a Europa
La venta del
formato a cadenas extranjeras también generó ingresos: Reino Unido,
Bélgica, Alemania, Países Bajos y Portugal fueron los países elegidos.
El país vecino elegía algunas de sus temáticas: el escritor
Eça de Queiroz, los fados o los santos portugueses. Como los demás, compartió contenidos con el programa español:
La Antigua Roma
era un ejemplo, también el turismo, forma de ocio que espoleó el
franquismo, la Transición y la democracia y el motivo por el que otro de
los premios más cotizados del
Un, dos, tres… siempre fue el apartamento en la playa mandara
Franco, Adolfo Suárez, Felipe González o
José María Aznar.
En
Países Bajos, aunque la dinámica era idéntica, el público holandés
estaba en otro momento económico y social y el formato se concibió como
puro pasatiempo. Así lo explica a EL ESPAÑOL
Henny Huisman,
presentador de la última etapa que asegura que aunque ambos países eran
y son distintos, la fórmula funcionaba igual de bien. “
Siempre saldrá bien porque no enfrenta al espectador a los dilemas de la vida real y es emocionante y educativo al mismo tiempo. Yo me divertí muchísimo trabajando en él”.
Lo que define el
showman
holandés es el divertimento por el divertimento, algo que Moreno
reivindica que se tome más en serio también en las facultades de
comunicación, donde asegura que se ha investigado mucho la televisión
desde lo cinematográfico y la ficción, pero se ha desmerecido el
entretenimiento. “Es comunicación de masas, cultura popular, y hay que
estudiarla para entenderla y mejorarla porque además,
son los programas que más audiencia tienen”.
El legado y los desvíos
¿Tendría sentido
Un, dos, tres… en la televisión actual? Según Gómez Kemp, que la edición de
2004 durara sólo una temporada fue la señal de que
“su momento ya había pasado”. El experto, sin embargo, cree que
encajaría perfectamente
en TVE o en Antena 3 adecuándose un poco a los tiempos. “Como hizo
Eurovisión, que ha encontrado un público nuevo entre los más jóvenes”.
El
padre de la criatura también lo cree: “Tendría sitio, sin duda, porque
es un programa atemporal”. Que sea un espacio ligado a la historia
reciente es otro punto a favor pues
“la nostalgia funciona”,
dice Moreno. De fomentarla se encargan los miles de fans que aún tiene
el programa y que están en contacto a través de webs y redes sociales.
De
aquel programa con firma quedan, efectivamente, muchos elementos en la
tele actual: desde la forma en que bajan la escaleras los presentadores
de
Sálvame, que es la de Mayra, a la presencia de los mismos concursantes durante meses
Saber y ganar.
Antes queríamos maderas nobles para que duraran y hoy prefieren el pino y cambiar de mobiliario cada año
Otras evoluciones son menos evidentes: por ejemplo, la de
Bigote Arrocet, uno de los humoristas más recordados del
Un, dos, tres… y hoy participante en
La isla de los famosos o la de Emma Ozores, un día guionista del espacio, y hoy ex concursante de
Gran Hermano VIP. Ambos, como fue el
Un, dos, tres… son programas de máxima audiencia, pero en estos el concurso es lo de menos.
Esta
programación actual, Ibáñez la compara con los muebles: “Antes
queríamos maderas nobles para que duraran y hoy prefieren el pino y
cambiar de mobiliario cada año”. Puntualiza que
no es una crítica, pero entre madera y madera el maestro de la tele, que sigue gastando puro y bufanda blanca, guarda un leñazo.
TITULO: LIGA FUTBOL - Atlético de Madrid -0- Villarreal -1-,.
Resultado Final - Atlético de Madrid -0- Villarreal -1-,foto.
El Atlético de Madrid cayó por 0-1 ante el Villarreal, tras un partido en el ... gol contra el Villarreal, y fue apenas un mes después de su llegada., etc.
