domingo, 17 de abril de 2022

REVISTA FARMACIA - Por qué y cómo la vida merece ser vivida ,. / CAFE, COPA Y Tierra de talento - La risa que se desangra", flamenco y carnaval con Anabel Rivera ,./ Documental - Salud mental, el gran reto de la sociedad actual ,. / El escarabajo verde - La receta del arte ,. / Días de cine clásico - Cine - Capitanes intrépidos , Miercoles -27- Abril ,./ Un país para escucharlo - Rozalén: «Estoy harta de que me digan que me calle la boca»,.

        TITULO: REVISTA FARMACIA - Por qué y cómo la vida merece ser vivida ,.​   

REVISTA FARMACIA - Por qué y cómo la vida merece ser vivida  , fotos,.

Por qué y cómo la vida merece ser vivida,.




La vida no consiste en vivir, sino en tener salud” (Non est vivere, sed valere vita est): con un solo verso de uno de sus epigramas —¡milagro de la buena poesía!—, Marco Valerio Marcial nos invita a captar al vuelo la importancia de “vivir bien”. En efecto, para el escritor latino lo que importa no es el “vivir” en sí, sino la “calidad” de la vida que vivimos. La vida solo puede considerarse vida si merece ser vivida. Y puede vivirse plenamente sobre todo cuando se goza de buena salud. En otras palabras: los afligidos por enfermedades y sufrimientos podrían, en concreto, llevar una existencia sin las prerrogativas


necesarias para hacerla digna de ser vivida. Si la vida se reduce a la mera supervivencia biológica, ¿puede considerarse vida? ¿Y cuál es la línea divisoria entre la vida y la no vida?

No es fácil, por no decir imposible, responder preguntas que inevitablemente afectan a todos los seres humanos. Ante cuestiones tan delicadas no existen umbrales universales; corresponde a cada uno decidir en qué punto concreto trazar el límite entre una y otra orilla. Un límite que no se puede predeterminar teóricamente, sino que se debería captar solo cuando, de hecho, nuestras precarias condiciones físicas nos hacen conscientes de la imposibilidad de continuar, de la pérdida de nuestra dignidad, de la falta de interés por aquello que hasta ayer había estimulado nuestra vitalidad.

No es casualidad que el verso de Marcial —que basa la esencia de la vida precisamente en la “buena salud”— vuelva con insistencia en el actual debate sobre la eutanasia, animado muchas veces por prejuicios religiosos o ideológicos. Algunos sostienen que es mejor esperar a que llegue el final decretado por la naturaleza. Otros en cambio —relegando la vida terrenal a un mero paréntesis al servicio del “más allá”— piensan que al ser humano no le está permitido decidir sobre su existencia, porque la vida es un don divino y, por lo tanto, solo corresponde a la divinidad concederla y quitarla. Pero ¿por qué imponer estos puntos de vista, legítimos para quienes coinciden con ellos, también a quienes quieren determinar su vida? ¿Por qué impedir que un ser humano trace por sí mismo la línea entre la vida y la no vida?,.

Es necesario recurrir a las espléndidas páginas de Séneca para abordar desde un ángulo diferente los temas que acabamos de mencionar. En una de las cartas dirigidas a Lucilio, el filósofo romano se burla de “la bochornosa oración” de Mecenas, el influyente consejero de Augusto y protector de escritores y artistas. El generoso benefactor, en efecto, dice estar dispuesto a aceptar “la enfermedad y la deformidad” e incluso el dolor agudo de un poste de tortura con tal de que “el aliento de la vida dure más”: “Hazme débil de mano, / débil de pie lisiado, / haz que me salga una gran joroba, / deja que mis dientes temblorosos se caigan: / mientras me quede la vida, todo está bien; / aunque tuviera que sentarme en la punta / perforante de un poste, déjame conservarla”.

Séneca, atacando a Mecenas, critica duramente a aquellos que, por miedo a la muerte, desearían conservar la vida a toda costa. ¿Vale la pena someterse a torturas y sufrimientos para prolongar la vida? “Pero ¿se puede definir como vida”, escribe el filósofo latino, “una muerte que se arrastra? ¿Es posible, entonces, encontrar a alguien que deseara pudrirse entre torturas y morir miembro por miembro y expirar el alma gota a gota en lugar de exhalarla de una sola vez?”.

Para Séneca, en definitiva, “no conviene (…) conservar la vida en cualquier caso” porque esta “no es un bien en sí misma”; lo que cuenta “es vivir como se debe” (Non enim vivere bonum est, sed bene vivere). Pero aquí, respecto a los versos de Marcial, el horizonte se amplía. Vivir bien no consiste únicamente en tener buena salud; concierne también al universo más amplio de las actividades intelectuales y morales. Aquellos que aspiran a la sabiduría, según la visión estoica, “siempre se preocupan por la calidad de vida, no por la cantidad de vida”.

Para vivir bien cada individuo debe luchar por dar un sentido a su vida, por hacer que merezca ser vivida. Pero incluso en este caso no existe un modelo global que proponer. A lo largo de los siglos, filósofos, artistas, escritores y científicos han intentado orientar su vida hacia objetivos que pudieran hacerla más digna.

Giordano Bruno, por ejemplo, dedicó extraordinarias reflexiones al tema de la dignidad de la vida, haciendo coincidir de forma ejemplar su existencia con el esfuerzo por buscar la verdad y la perfección. Es este esfuerzo, independientemente del resultado, el que da auténtico sentido a nuestra existencia: incluso una derrota puede convertirse en gloriosa si nos hemos empeñado con todas nuestras fuerzas en el camino hacia la meta. Este es un nudo esencial que abarca muchas páginas de sus obras italianas y latinas.

Y precisamente en este contexto, Bruno se interroga sobre la actitud que se debe adoptar en la aventura del saber y en la de la vida. Así, en su primer diálogo italiano, La cena de las cenizas (1584), el filósofo indaga sobre las dificultades inherentes a toda empresa difícil. Las habilidades requeridas y las pruebas que pasar son muchas. Pero lo más importante no es tanto “ganar el palio”, sino correr con dignidad: “Aunque no sea posible llegar al extremo de ganar el palio, corred sin embargo y haced todo lo que podáis en asunto de tanta importancia, resistiendo hasta el último aliento de vuestro espíritu (…) No solo merece honores el único individuo que ha ganado la carrera, sino también todos aquellos que han corrido tan excelsamente como para ser juzgados igualmente dignos y capaces de haberla ganado, aunque no hayan sido los vencedores”. El elemento fundamental es la actitud, no el resultado. La victoria no depende solo de nosotros. Pero el fin de nuestra competición no es el palio. Lo que importa es la experiencia que realizamos al correr hacia la meta. De hecho, solo durante el viaje será posible enriquecerse, adquiriendo los conocimientos que nos harán seres humanos heroicos, seres humanos dignos, seres humanos capaces de luchar todos los días para ser mejores. Seres humanos capaces de transformar su filosofía en una forma de vida.

El Don Quijote de Cervantes podría ser considerado el héroe por excelencia que lucha por dar sentido a su vida. Contra la opinión de sus contemporáneos —convencidos “de que todos los libros de caballerías son falsos, mentirosos, dañadores e inútiles para la república” hasta el punto de echarlos a la hoguera sin piedad—, el valeroso hidalgo no duda en tomar el difícil camino de la caballería, inspirado por la gratuidad, por la única necesidad de servir con entusiasmo a sus ideales. Cervantes, en definitiva, hace de la contradicción uno de los grandes temas de su novela: si las invectivas contra los libros de caballerías suenan como una incitación al desengaño, en el Quijote encontramos también la exaltación de la ilusión que, a través de la pasión por los ideales, logra dar sentido a la vida. La inutilidad y la gratuidad de sus aventuras aún pueden dejar huella; revelan la necesidad de afrontar con valentía incluso las empresas destinadas al fracaso. Hay derrotas gloriosas de las que pueden surgir grandes cosas con el tiempo: “La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira, como el aceite sobre el agua”.

Y entre los objetivos más nobles que pueden dar sentido a nuestra vida está también el de cultivar la solidaridad humana. Auguste Comte escribió: “El deber y la felicidad consisten igualmente en vivir para los demás”. Y la felicidad de vivir para los demás ha sido evocada varias veces en la literatura. Pienso en el Wilhelm Meister, de Goethe, o en Guerra y paz, de Tolstói, en sus profundas reflexiones sobre la alegría que genera su esfuerzo derramado para humanizar a la humanidad.

Vivir bien, en definitiva, no consiste solo en cuidar nuestro cuerpo: no bastan los placeres que experimentamos con el deporte, la dieta mediterránea y los llamados “centros de bienestar”. Y del mismo modo, para defendernos del riesgo de las enfermedades, no basta con seguir los preceptos de la industria médica, que a veces se convierten en obsesiones machaconas. Para el cuidado de uno mismo, también es necesario prestar atención a la salud mental y moral. Cultivar la salud física como un momento de recarga y luego retomar, en la vida cotidiana, los locos ritmos de producción basados en la rapidez y la acumulación de bienes materiales no solo es peligroso, sino también poco gratificante. Dejando de lado los estilos de vida ideales que nos ofrecen el consumismo desenfrenado y el neoliberalismo rapaz, deberíamos aprender a perder el tiempo, a dedicar nuestra atención a actividades que no tengan nada que ver con el lucro o con cualquier interés material. Aprender a apartar la mirada de nosotros mismos por un momento nos permitiría tomar conciencia de la progresiva destrucción del planeta y de las terribles desigualdades que están ensanchando el abismo entre unos pocos privilegiados y muchos sufridores.

Leer un libro, escuchar música, visitar un museo, ver un atardecer no significa perder el tiempo, sino ganarlo para alimentar nuestro espíritu, cultivar nuestras relaciones humanas y dar dignidad a nuestra vida. Se trata de modelos alternativos, en clara oposición a las modas dominantes que empobrecen la idea del bien vivir. Modelos sobre los que los clásicos y el arte nos invitan a reflexionar. Vivir con dignidad no significa pensar solo en el estrecho perímetro de nuestros abyectos egoísmos. Porque, como recordaba también Albert Einstein en una declaración epigramática publicada en The New York Times, “solo una vida vivida para los demás es una vida que merece ser vivida”,.


 El sabado -23- Abril  , a las 22:00 por Canal Sur, foto,.

 La risa que se desangra", flamenco y carnaval con Anabel Rivera,.



Especial Tierra de Carnaval 2022 presentado por Manu Sánchez y María Villalón por donde han pasado los más grandes del Carnaval de Cádiz, como David Palomar, Jesús Bienvenido y El Selu, entre otros, en esta edición especial de  "Tierra de talento".

Y la noche no ha podido empezar de mejor manera ya que ha sido la cantaora Anabel Rivera la encargada de inaugurar esta edición protagonizando un fragmento de su espectáculo "La risa que se desangra", una simbiosis entre el flamenco y el carnaval gaditano.

Y no te pierdas, además, la interpretación muy especial de Anabel y el coro de un trocito de "Noche de Falla" .

 TITULO: Documental - Salud mental, el gran reto de la sociedad actual,.

Salud mental, el gran reto de la sociedad actual,.



foto / Dos años de pandemia han aumentado los problemas de salud mental, pero también han servido para visibilizarlos. Se ha avanzado mucho, pero queda mucho camino por recorrer, advierten los expertos,.

Llega un mensaje a dos grupos de Whats­App de amigos treintañeros: “¿A alguien que esté en terapia le apetece participar en un reportaje sobre salud mental?”. En pocos minutos hay respuestas:

Ana: “Yes”.

Sandra: “Yo me quiero casar con mi psicóloga [emoji con ojos con corazones]. Venga, me apetece”.

Guillermo: “Puedes darle mi teléfono”.

Cris: “El mío se lo puedes dar, pero no he sido muy constante con la terapia, no sé si vale”.

Teresa: “Ja, ja, ja, pues en este grupo de locas, igual le sale la media un poco pa’yá, pero vale, I’m in [estoy dentro]”.

De los 14 mileniales que reciben el mensaje, 10 han pedido alguna vez ayuda psicológica. Cinco de ellos no tienen reparo alguno en contárselo a un desconocido que quiere publicar sus testimonios. ¿Anecdótico? Quizás, pero refleja bien que algo está cambiando en el ámbito de la salud mental: no solo es cada vez más frecuente ir a terapia, sino que contarlo ya no supone un tabú para mucha gente. Y esto es una buena noticia, pero también puede convertirse en un arma de doble filo: existe el riesgo de frivolizar la enfermedad mental y saturar servicios clínicos con problemas que no son patológicos.

Sandra, la que se quiere casar con su psicóloga, reconoce que cuando empezó a ir a terapia, hace año y medio, tenía miedo a que la gente pensase que estaba “loca”, que se quería suicidar o algo parecido. “Incluso mi pareja lo miraba con recelo. Pero con el tiempo lo he normalizado. Cuando vuelvo de terapia, estoy contenta y se lo comento a mis amigos”. Guillermo, que convive con la ansiedad desde hace una década, lo tiene normalizado desde siempre: “Ya con mis padres íbamos a psicólogos desde pequeño. Para mí es un bastón en el que apoyarme y que me ayuda a resolver los problemas que se van presentando”.

Hay tantos problemas emocionales como personas. Pero detrás de muchos se esconden historias parecidas. Los de Sandra son comunes a buena parte de su generación, que está encadenando en su salida al mercado laboral tres crisis con pocos precedentes: la financiera, la pandemia y, ahora, una guerra. “Creo que lo principal tiene que ver con el trabajo y la precariedad. Acabo de cumplir 30 años, no me puedo permitir un alquiler sola, cobro 1.000 euros, es imposible tener una vida propia, no puedo crear mi propio hogar”, lamenta. Decidió ir a terapia después del primer año de pandemia: “Acababa de empezar unas oposiciones, me habían bajado el sueldo por recortes y me di cuenta de que discutía con todo el mundo. Tenía un humor horrible, todo me parecía mal, empezaron los problemas con mi pareja. Estaba triste y enfadada todo el rato. No sabía gestionarlo”.

En encrucijadas como estas, acudir a un profesional que aporte herramientas es una salida cada vez más frecuente. También útil. Pero, como advierten varios psicólogos y psiquiatras consultados, no hay que confundir estas situaciones con enfermedades mentales. Ahí está el arma de doble filo. Es indudable que cada vez resulta más natural hablar de salud mental, y algunos opinan que si no se enfoca adecuadamente puede llevar a la gente a confundir un episodio puntual de tristeza con un problema clínico.

Molo Cebrián, creador del podcast Entiende tu mente, el más escuchado en español sobre psicología, cree que “está muy bien” el hecho de que la salud mental pierda el estigma: “Expresar la tristeza es muy terapéutico, muy liberador. Pero existe el peligro de que la gente a tu alrededor comience a darte consejos, y eso puede ser problemático. Tenemos que acostumbrarnos a acompañar a quien sufre, pero ser muy cuidadosos con los consejos que le damos”. Esto llega al extremo en personas con verdaderas enfermedades mentales, como una depresión profunda, para quienes consignas del tipo “tú puedes” o “tienes que ser fuerte” pueden ser muy perjudiciales. “Pueden pensar que no se sienten bien porque no son suficientemente fuertes y que en lugar de empujarlos hacia adelante, lo hagamos hacia atrás”, reflexiona Cebrián.

El psiquiatra Eduardo Villalobos explicaba recientemente en sus redes sociales por qué un enfoque erróneo o no acudir al profesional adecuado puede incluso acabar de forma trágica. Se focalizaba en los coaches, una profesión de moda que a menudo se ejerce sin ninguna titulación oficial: “Quien sufre depresión puede no tener energía ni para levantarse de la cama, así que mucho menos para ponerse a buscar qué especialista es el más adecuado para ayudarle. Suele pasar con frecuencia que acude al que primero le recomiendan o al que vio en redes con un marketing maravilloso. Pone toda su confianza en que esa persona que se vende como una maravilla verdaderamente le ayude. Imaginemos que es un coach sin un mínimo de idea de lo que está haciendo y le dice: ‘Todo lo puedes si lo deseas y lo intentas’, ‘no hay excusas, tú lo puedes lograr’, ‘saca el tigre que hay en ti’ o cualquier tontería. El paciente sale de esa consulta y surge en su mente la siguiente pregunta: ‘¿Si este doctor es el que sabe, le pagué esta consulta tan cara y me dice que depende de mí, pero yo ya lo he intentado tanto, entonces, yo no tengo remedio?’. El paciente queda con el bolsillo vacío, con una idea totalmente errónea de su problema, sin esperanza, y sin duda alguna, con empeoramiento de su cuadro clínico”.

Carlos Mañas es una de esas personas que tienen un problema de salud mental. Acaba de publicar el libro Mi cabeza me hace trampas. Vivir con trastorno bipolar (Kailas), donde narra su vida con esta enfermedad. Saluda con cierto optimismo que baje el estigma que tradicionalmente se ha asociado a personas con problemas mentales y cree que las cosas están cambiando: “La gente te empieza a escuchar. Antes ponían cara de escuchar, pero ahora ves que quieren entenderte, saber más. Es positivo que haya más espacio en los medios. Sucede también con el suicidio: era tabú, pero se ha visto que, si se trata de forma rigurosa, sin mofas y sin que sea escabroso, hablar de ello puede ayudar”. Pero, a la vez, asegura que ni mucho menos está todo el camino andado. Queda mucho. “En la tele se ve a uno diciéndole a otro que es un bipolar, cuando es simplemente un hortera”. Y también le preocupa la frivolización. “La moda de la salud mental está sirviendo para que muchos se lucren, famosos escriban libros, haya quien venda resiliencia para problemas de salud muy graves. Las flaquezas y las preocupaciones no se pueden comparar con una persona que escucha voces a diario. Eso no se soluciona con una taza de Mr. Wonderful”, zanja.

¿Cuál es el límite entre la enfermedad mental y los problemas emocionales que pueden resolverse con las herramientas que proporciona un psicólogo no clínico? Lógicamente, es un especialista el que tiene que determinarlo en cada caso. Pero, como regla general, Juan Antequera, de la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (Anpir), se guía por el impacto que el problema tiene en la vida de la persona afectada: “Si sientes que no puedes levantarte de la cama, que salir de casa te genera una angustia, que no te merece la pena hacerlo, si escuchas voces, está dentro de lo patológico. Si, por ejemplo, estoy muy triste porque me ha dejado mi pareja, pero sigo viendo amistades, tengo ratos pensando en otras cosas, no dejo de trabajar… Las emociones están ahí, son útiles, pero me permiten funcionar. Ahí estaríamos hablando de algo que no necesita intervención de la clínica, quizás se podría actuar desde la prevención o desde otros ámbitos de la psicología, que lo pueden hacer perfectamente”.

La persona afectada no siempre sabe distinguir esa frontera. Sandra acudió directamente a un psicólogo privado. “Con los centros de salud como estaban por la pandemia, ni siquiera me planteé otra cosa”, reconoce. Pero otros muchos acuden a su médico de cabecera, que al fin y al cabo es la puerta de entrada al sistema público para los problemas de salud. También la mental. Y cada vez tienen menos tiempo. Más allá de la saturación aparejada al coronavirus, España tiene un millar de médicos de familia menos que en 2018. Se han jubilado o prejubilado porque no aguantaban más; se han marchado fuera, a la privada o a trabajar en Urgencias, que están mucho mejor remuneradas. Las agendas, que ya antes de la covid les permitían pocos minutos por paciente, están aún más apretadas.

“A los médicos de familia llegan personas con problemáticas gigantescas y tienen poco tiempo para valorarlas”, cuenta Juan Antequera, quien recuerda una anécdota que ejemplifica bien las disfunciones del sistema. “Un médico de familia me dijo: ‘Te he derivado a una familia porque anteayer hubo un accidente de tráfico y fallecieron tres miembros’. Después de dos días yo no puedo valorar nada desde el punto de vista técnico. Estarán destrozados, con razón. En algunas ocasiones, por la propia angustia que generan los problemas, el médico de familia quiere ayudar con los recursos que tiene a mano. Apoyar el dolor y aprender a manejarse con él requiere mucho tiempo y formación”. Por eso, Anpir reclama más presencia de psicólogos en la atención primaria. “Si hubiera uno en cada centro de salud, seguramente podría atender ese tipo de casos y valorarlos, aliviando la atención especializada”, concluye Antequera.

Cataluña, por ejemplo, está empezando a dotar a los centros de atención primaria de una nueva figura: el referente para el bienestar social y emocional. “Es de muy reciente creación. No son psicólogos clínicos, sino que su propósito es hacer sobre todo prevención y prescripción social para intervenir en síntomas en un nivel subclínico”, explica Antoni Sanz, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona. Desde octubre, la Generalitat ha contratado a 230 profesionales, lo que cubre más de la mitad de los centros de salud de la comunidad; pretende llegar a 350 este año. “Están más enfocados a problemas cotidianos, gestión del estrés, cuadros psicológicos que no llegan a ser severos y en los que no son imprescindibles los servicios sanitarios especializados, que están muy saturados”, añade Sanz.

Lo están en toda España, donde hay 6 psicólogos clínicos por 100.000 habitantes en la red pública, tres veces menos que la media europea. Cada año salen unas 200 plazas de psicólogos internos residentes (PIR), y para llegar a estos estándares harían falta más del doble. También escasean los psiquiatras: 11 por cada 100.000 personas, casi cinco veces menos que en Suiza (52) y la mitad que en Francia (23), Alemania (27) o Países Bajos (24). “Es muy importante sensibilizar, pero también dotar de medios. Si sensibilizas a alguien para pedir ayuda y no tiene dónde acudir, no sirve de mucho”, se queja el psicólogo clínico Carlos Losada, también miembro de Anpir.

Esto redunda en que la atención clínica, la de los problemas más graves, sea insuficiente. “Se calcula que entre un 25% y un 30% de la población tiene patologías de salud mental, si incluimos las drogas. Nosotros no somos capaces de llegar ni siquiera al 3%”, señala Diego Palao, psiquiatra y director de Salud Mental del Hospital Universitario Parc Taulí. Son datos de antes de la pandemia. Muchos indicadores muestran que la situación ha empeorado desde entonces, como el aumento de los suicidios: 2020, último año del que hay datos, es el que se registró un mayor número de la serie histórica, 3.941, un 5,7% más que el anterior. El consumo de tranquilizantes también se ha disparado: en 2021 se alcanzaron las 93 dosis diarias de ansiolíticos e hipnóticos por 1.000 habitantes, un 6% más que en 2019. “Cada semana recibimos una media de 20 derivaciones de primaria. Veinte primeras visitas cada semana es imposible de asumir. Y muchas no son realmente dolencias clínicas”, subraya Palao.

Más allá de dotar con más recursos todos los niveles asistenciales, Palao y sus colegas consultados coinciden en que la prevención tiene que comenzar antes y no ceñirse exclusivamente al sistema sanitario. Su especialidad es la prevención del suicidio. “Una estrategia esencial es formar sistemáticamente a los jóvenes en los institutos sobre lo que es la enfermedad mental y cómo afrontar la adversidad. Enseñar recursos para resolver los problemas de la vida, para no lesionarse si tienen frustraciones. Está demostrado que esto previene conductas suicidas y ayuda al reconocimiento de la enfermedad mental por parte de la gente. Una buena implantación haría que vinieran a buscar ayuda clínica cuando realmente hubiera una enfermedad”, señala. Es una estrategia reconocida por la Organización Mundial de la Salud que parte de cinco horas de formación en los institutos y que todavía no se imparte en la mayoría de ellos en España.

Está dentro de lo que la psicóloga Inmaculada Aragón llama “factores de protección”. Son especialmente valiosos en la infancia y la juventud, pero se pueden aplicar a cualquier momento de la vida. “Incluye hábitos de higiene del sueño, comer bien, hacer deporte, cuidar las relaciones sociales. En momentos como la pandemia, o ahora con la guerra, un factor de protección sería no estar todo el día conectado a la televisión viendo noticias porque, según la persona, quizá llegue un momento que no pueda más. Es importante que los ciudadanos incorporen en sus rutinas actividades placenteras que les permitan desconectar”. Esta especialista en psicología infantil y juvenil pone el ejemplo del acoso escolar: “Un factor protector sería proporcionarles a los chicos espacios para hablar y gestionar sus emociones con la familia, ahí se pueden ver señales de alerta”.

Esto es más fácil de decir que de hacer. Tanto los hábitos como las relaciones interpersonales tienen un enorme condicionante socioeconómico. El sustrato de buena parte de los problemas emocionales y de salud mental, expone James Davies en su libro Sedados (Capitán Swing), tiene mucho que ver con las condiciones laborales y económicas de los ciudadanos. No es igual de sencillo aplicar estos factores de protección que menciona Aragón en una familia con recursos que en otra que no los tenga.

La correlación entre el nivel socioeconómico y problemas como la obesidad infantil está bien documentada. La Fundación Gasol ha constatado su influencia directa con problemas de salud mental. Santi F. Gómez, responsable de Investigación y Programas, explica que es una relación bidireccional y que se retroalimenta: “Niños con mucha ansiedad, con desequilibrio emocional, tienen más riesgo de dormir mal, de alteraciones metabólicas. Por otro lado, hay mucha evidencia de que, una vez que presentan obesidad, tienen mayor probabilidad de sufrir ansiedad o depresión. Porque es una condición con mucho estigma social”.

Aquí entra en juego de nuevo la resiliencia, una palabra a veces manida, denostada si no se aplica bien, pero que tiene su papel en el momento adecuado. Y que hay que aprender y entrenar. Como decían varias voces al principio de este reportaje, no se le puede pedir resiliencia a una persona con una enfermedad mental porque probablemente sea contraproducente. Pero adquirirla puede servir de escudo de defensa cuando surjan los problemas emocionales y disminuir el riesgo de una enfermedad mental.


TITULO:  El escarabajo verde  - La receta del arte,.


La receta del arte,.


foto / Escuchar música, cantar, bailar, pintar. Las actividades artísticas son herramientas útiles para pacientes y profesionales sanitarios. Ya forman parte de la rutina de muchos hospitales. Relajan el ambiente, rompen barreras emocionales y ayudan a expresar sentimientos.

Proyecto realizado con apoyo del fondo de emergencia covid-19 para periodistas de la National Geographic Society.

 minutos previos a la entrada al quirófano. Las notas de un violín pueden suplir un contacto físico que no siempre es posible.
1Una madre abraza la incubadora en la que se encuentra su bebé nacido prematuro en el Hospital Quirónsalud de Valencia, mientras Stefany Ramón, voluntaria de la fundación Músicos por la Salud, toca su arpa.

Los hospitales son espacios cargados de emociones. La llegada al mundo de un recién nacido, el tránsito por una enfermedad y la cercanía de la muerte son momentos cuya trascendencia supera las respuestas que la medicina puede ofrecer. Son cientos los estudios científicos que han constatado los beneficios que la música tiene para el ser humano en estos instantes vitales. “Poner letra a una canción ayuda a nuestros pacientes a entender mejor lo que les está pasando y a expresarse de una forma más precisa”, explica Núria Serrallonga, especialista child life del Hospital Infantil Sant Joan de Déu de Barcelona. Esta figura sanitaria tiene la misión de cuidar actividades complementarias como la música, el arte y la educación de los menores ingresados. Los días que siguen a un parto con complicaciones y posibles secuelas en el recién nacido, por ejemplo, son muy complejos para una madre. “Crear el vínculo necesario con el bebé puede resultar difícil. Cantar una canción de cuna acompañada de música les ayuda a romper barreras”, cuenta Serrallonga. Los hospitales han dejado de ser ese lugar donde el paciente es un ser pasivo. Y la música contribuye a crear ambientes más apacibles y sosegados, y da a enfermos, familiares y trabajadores herramientas para cuidar y cuidarse mejor. Una melodía permite afrontar los minutos previos a la entrada al quirófano. Las notas de un violín pueden suplir un contacto físico que no siempre es posible.

TITULO:  Días de cine clásico - Cine -    Capitanes intrépidos,. , Miercoles -27- Abril ,.

  Este  Miercoles - 27- Abril a las 22:00 en La 2 de TVE, foto,.





Reparto
Spencer Tracy, Freddie Bartholomew, Lionel Barrymore, Melvyn Douglas, Mickey Rooney, John Carradine, Dennis O'Keefe

Harvey Cheyne (Freddie Bartholomew) es un caprichoso y malcriado niño rico que está haciendo un crucero con su padre. Inesperadamente, cae por la borda del yate y es rescatado por un barco de pesca al mando de un intrépido capitán (Lionel Barrymore). El pesquero tiene que acabar la larga campaña de pesca antes de llevar al chico a tierra firme. Harvey, al principio a regañadientes, conseguirá adaptarse a la dura vida en alta mar gracias a su íntima relación con Manuel (Spencer Tracy), un bondadoso marinero portugués que ejercerá sobre el niño una benéfica influencia.

TITULO:   Un país para escucharlo -  Rozalén: «Estoy harta de que me digan que me calle la boca»,. 

Un país para escucharlo,.
 

Este martes-26- Abril  , a las 23.00 por  La 2, foto.


Rozalén: «Estoy harta de que me digan que me calle la boca»,.

La cantautora albaceteña se muestra reflexiva y comprometida en su nuevo álbum, 'El árbol y el bosque',.



«Yo fui de las cansinas y utópicas durante el confinamiento». Ironizando sobre su intensa actividad virtual, María Rozalén (Albacete, 1986) ansía hablar del álbum con el que da réplica a 'Cuando el río suena' (2017). Aquel aclamado cancionero lleno «de referencias familiares» tiene ahora su reverso reflexivo en 'El árbol y el bosque', álbum en el que, situándose «frente al espejo», se muestra de nuevo permeable en lo rítmico (pop, son, cumbia, ranchera, folk, funk...) y emocional, y concienciada en lo lírico, con aportaciones de «amigas» como la chilena Mon Laferte.

-¿Tiene su nuevo álbum la variedad rítmica y temática del anterior?

-Sí. A medida que vamos sacando discos, damos pasos adelante atreviéndonos con otros ritmos. Y con las temáticas pasa lo mismo. Podemos hacer una cumbia como en la canción para la película de Iciar Bollaín ('Que no, que no', de 'La boda de Rosa'), un tema enérgico y juguetón como 'Este tren', uno con aire de pop británico como 'Y busqué' y otras en clave de funky o son cubano. Las canciones tienen mucho de viaje interior. Tras un disco de reflexiones familiares, ahora me tocaba ponerme frente al espejo. Pero también hay crítica social. Si no la hubiera, no dormiría tranquila.

 -¿Entiende la canción de autor como «el oficio de cantar opinando», como dice Pablo Milanés?

-Por ahora, sí. Me gusta que las canciones tengan mensaje, pero las hago de todo tipo. Sé que hay canciones en este disco por las que me volverán a criticar. Como 'La línea', sobre la muerte en las fronteras. Es un tema que tenía pendiente, porque no puedo estar visitando campos de refugiados o viendo la realidad de otros países y no hablar de ello. Me ha costado mucho escribirla. Otra es 'Loba', cuyo estribillo dice: «Cuanto más me mandes callar, más ganas tendré de hablar, cuanto más me duela el golpe, con más rabia querré luchar, que la historia nos repite una y otra vez más que el camino no es la bala, ni el castigo, ni el bozal, y yo tuve el privilegio de nacer en libertad». La escribí porque estoy harta de que me digan que me calle la boca. Si me callo, no canto. Es una respuesta muy alegre y muy folk contra la opresión en la que comparo la historia de la loba con la de las mujeres.

-A lo mejor por ser ahijada de José Bono, siempre le han preguntado por cuestiones políticas ¿Le molesta?

-Al principio me mosqueaba que siempre se recordara eso, pero no me incomoda hablar de temas políticos o sociales. Lo que intento es informarme bien antes de forjarme una opinión. No me molesta porque, si no te interesa la política, no te interesa la gente. Todo lo que hacemos en la vida son en el fondo actos políticos.

-¿Están sus nuevas canciones tan marcadas por el momento como 'Aves enjauladas', tema que lanzó en el confinamiento?

-Las terminé durante el confinamiento, pero no tienen que ver con él. Alguna tiene un par de años. La suerte es que he podido dedicarles más tiempo, algo que ansiaba. Durante el primer mes confinada, no paré de hacer cosas en las redes. Me demandaban de muchos sitios y decía que sí a todo porque era el momento de entretener. Pero luego pasé a otra fase porque estábamos acostumbrando mal a la gente.

-Se dijo que esta pandemia nos iba a hacer mejores.

-Yo era de esas utópicas. 'Aves enjauladas' iba de eso, Cuando la escucho, pienso que no tengo remedio. Pero creía de verdad que esto nos iba a hacer mejores, y ha sido al contrario. La mayoría de la gente es buena, pero los que quieren destruir lo tienen muy fácil.

-Iba a empezar la gira del nuevo disco en febrero.

-No va a poder ser. Estamos por arrancar en mayo, pero ya veremos si se puede. Al margen de la situación, creo que la cultura está pagando el pato con tantas trabas, cuando las medidas de seguridad en los conciertos son extremas y luego la gente viaja en trenes y metros petados. Quiero ser optimista, pero me temo que seguiremos así hasta que haya una vacuna o una terapia.

-Al menos, viviendo en un pueblo pequeño no sufre las restricciones y cierres de una gran ciudad.

-Eso siempre lo he tenido clarísimo. Por eso me instalé hace ya siete años en Valdemorillo, donde no hay confinamientos. Todo ello hace que aprecie aún más el privilegio de la vida rural.

-¿Se siente especialmente conectada con la España vacía?

-Es que yo me crié en un pueblo muy pequeño, Letur, en la sierra del Segura. Mi familia se ha dedicado al campo. Yo he recogido olivas y almendras, y en mi casa tengo animales y huerta con tomateras. Hasta sé hacer tomates en conserva. Lo tengo clarísimo: en un pueblo no se pierde nada y se gana todo. No me imagino otra crianza para mí y para mis hijos, si algún día soy madre.

-Le interesará entonces la nueva hornada de cantautores y grupos que reivindica el folclore peninsular y latino o las canciones de nuestros abuelos

-Rodrigo Cuevas me vuelve loca, igual que Mayalde y Marisa. Y me alegro también del éxito de Guitarricadelafuente. Imagínate lo que supone todo eso para mí, que canto canciones de mi abuela y toco la bandurria desde los siete años. He mamado todo eso. Siento que voy a tener que hacer un disco de folclore español. Que, entre comillas, se ponga de moda me parece justicia poética.



sábado, 16 de abril de 2022

DESAYUNO - CENA - MARTES - MIERCOLES -JUEVES - VIERNES - Un misil como recordatorio del horror ,. / EL PAPEL HIGIENICO ROJO - EL D.N.I. - Anatomía del horror de la invasión rusa,. / Donde comen dos - El día en que Suiza pidió un día sin carne,.

        TITULO:  DESAYUNO - CENA - MARTES - MIERCOLES -JUEVES - VIERNES - Un misil como recordatorio del horror,.

 DESAYUNO - CENA - MARTES - MIERCOLES -JUEVES - VIERNES - Un misil como recordatorio del horror ,.  , fotos. 

Un misil como recordatorio del horror,.


Un ataque del ejército ruso con un misil contra la estación de tren de Kramatorsk ha matado este viernes al menos a 57 personas, cinco de ellas niños, y ha herido a más de un centenar, cuando cientos de civiles intentaban huir a zonas más seguras del país. La mayoría eran menores, ancianos y mujeres. La ciudad de Kramatorsk, de alrededor de 150.000 habitantes, está en el norte de la provincia de Donetsk, donde se concentran los ataques de Rusia para tomar el control completo de la región de Donbás.

Desayuno,.


Las fuerzas invasoras rusas eran plenamente conscientes de que la estación es un punto de evacuación hacia el oeste del país, según ha asegurado el Ministerio de Exteriores de Ucrania. “Es el mal sin límites”, ha denunciado el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, sobre el ataque. El mandatario también ha expresado su condena al ataque a través de su perfil de Telegram: “Están destruyendo cínicamente a la población civil. Si no se castiga, nunca se detendrán”. Zelenski ha apuntado, además, en una comparecencia telemática ante el Parlamento de Finlandia, que en la central ferroviaria alcanzada por dos proyectiles no había presencia de militares ucranios.

El alcalde de Kramatorsk, Oleksandr Honcharenko, ha estimado que en torno a 4.000 personas, sobre todo, mayores, mujeres y niños, esperaban en la estación la llegada de los trenes. El Ayuntamiento ha informado de que los hospitales están saturados de heridos y que ha tenido que llamar a personal sanitario de otros municipios. “Tenemos muchos casos de personas a las que les están amputando brazos y piernas, tenemos hasta 40 cirujanos trabajando sin parar”. Frente a la estación de Kramatorsk, según las fotografías y vídeos obtenidos por la prensa desplazada a la zona y difundidas en redes sociales, se veían varios automóviles carbonizados y los restos de un misil. El lugar estaba sembrado de maletas abandonadas, vidrios rotos y escombros, y había sangre por todas partes.


Cena,.

El ataque contra la población civilen la
estación coincide con la visita que realizan a la capital ucrania, Kiev, el alto representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, y la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. Borrell ha condenado “enérgicamente” el lanzamiento de misiles contra la estación de Kramatorsk y ha manifestado que se trata de un “nuevo intento de cerrar las rutas de escape para los que huyen de una guerra injustificada, causando sufrimiento humano”.

Por su parte, el Kremlin, que desde el pasado 25 de marzo ha situado como prioridad en su estrategia militar la conquista de Donbás (que incluye las provincias de Donetsk y Lugansk), ha negado que sus tropas bombardearan la instalación. Han calificado las informaciones de “provocaciones”. En la misma línea, los rebeldes prorrusos de Donetsk han acusado a Kiev de la matanza. “El Ejército ucranio ha atacado con cohetes Kramatorsk”, según ha recogido la oficina de defensa territorial de las milicias, citada por la agencia rusa Interfax.

Según los separatistas, el ataque fue llevado a cabo con un misil Tochka-U, cuyos fragmentos cayeron en las inmediaciones de la estación de tren. Varias fuentes progubernamentales rusas han afirmado en Telegram que el ejército ruso no tiene ese tipo de misiles en su arsenal. En los restos de uno del proyectil hallados junto a la estación de Kramatorsk se podía leer la frase escrita en ruso “por nuestros niños”. El gobernador de Donetsk, Pavlo Kirilenko, ha acusado a las tropas del Kremlin y ha asegurado que el misil que impactó en la estación era un Tochka-U de corto alcance que se había cargado con munición de racimo. El misil cayó a las 10.30 hora local (09.30 en la España peninsular). “Era un misil Tochka, una bomba de racimo”, aseguró a France Presse un agente de policía en el lugar de los hechos. “Explota en varios lados, sobre una superficie del tamaño de un terreno de fútbol”, explicó.

Kramatorsk, enclave estratégico

La ciudad de Kramatorsk es un enclave estratégico para la resistencia ucrania en la región, es uno de los últimos puntos de contención que Ucrania mantiene bajo su control en Donetsk. En julio de 2014, el Ejército ucranio expulsó a las milicias rebeldes que habían tomado el control de la ciudad unas semanas antes. Las tropas rusas se encuentran ahora al norte y al este de la localidad. La toma de esta urbe será uno de los objetivos principales de las tropas de Vladímir Putin, por lo que se prevé que la artillería y los ataques con misiles se intensifiquen. Las autoridades locales de la zona han instado en los últimos días a los civiles a que se vayan mientras sea posible y seguro.

Kramatorsk está a escasos 50 kilómetros de la línea del frente de Izium, donde se está librando una de las batallas más intensas de la guerra. Tras la retirada rusa de Kiev, las tropas del Kremlin están concentrando esfuerzos en ocupar por completo Donbás. La ofensiva rusa en el este y en el sur del país ha aumentado en las últimas horas. Se han redoblado los esfuerzos para tomar Mariupol, población portuaria de la provincia de Donetsk que Rusia y sus aliados separatistas locales controlan en su mayor parte.

Con la caída de Mariupol, Rusia tendría entonces el terreno libre hasta Mikolaiv, es decir, hasta las puertas de Odesa. Precisamente tres misiles rusos procedentes de la península de Crimea impactaron la noche del jueves en Odesa, destruyendo “infraestructuras estratégicas” de la principal ciudad portuaria del mar Negro, según las autoridades militares. Fuentes próximas al Ayuntamiento precisaron a EL PAÍS que el objetivo atacado era una base militar de entrenamiento, en la que también se adiestra a voluntarios extranjeros. Las imágenes de la tragedia en Kramatorsk han provocado un fuerte impacto entre los ucranios. En la estación de tren de Odesa se han producido esta tarde momentos de pánico cuando han sonado las sirenas de aviso de un posible ataque aéreo. Los muchos ciudadanos que estaban tomando el tren o que llegaban a la ciudad se han apresurado con gritos y carreras hacia los refugios subterráneos de la instalación.

A 130 kilómetros de Odesa, en Mikolaiv, se encuentra el frente sur de la guerra. El delta de los ríos Bug y Dniéper es un escenario llano en el que la artillería no para de sonar. Mikolaiv tenía una población antes de la invasión de 480.000 personas, de las que ya han huido más de la mitad. Los convoyes de autobuses evacuando a ciudadanos son regulares cada jornada, porque, como indica a este diario un portavoz del ejército ucranio en la ciudad, cada día se cuentan más de 10 impactos de misiles rusos. En uno de los accesos a la localidad, en un barrio residencial, se podía identificar este viernes un misil de medio alcance que no había estallado, y que había sido disparado hacía tres días.

Oleksandr Ratushnyi es un mecánico de barcos residente en Mikolaiv, donde se ubican los astilleros más importantes de Ucrania. Tiene 27 años y la plaza de la Victoria, donde reside, ha sufrido el impacto de varios proyectiles. Tras ver las primeras imágenes del horror en Kramatorsk, la reacción de Ratushnyi es tajante: “Esto no lo hacen personas, esto lo hacen demonios”. “Allí todavía había gente que era partidaria de Rusia”, dice, recordando la proximidad cultural de la provincia de Donetsk con Moscú. Y añade: “Ahora ya no van a encontrar nadie a su favor”.

TITULO:   EL PAPEL HIGIENICO ROJO - EL D.N.I. - Anatomía del horror de la invasión rusa,.

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 Anatomía del horror de la invasión rusa,.

Anatomía del horror de la invasión rusa en Bucha y Borodianka,.

La retirada de las tropas de Putin saca a la luz el sufrimiento de los civiles en los alrededores de Kiev. “Nací durante la guerra y ahora busco a mi hijo por la guerra”, lamenta un padre ante un edificio bombardeado,.

El inmueble, bombardeado hace cinco semanas, es solo una cáscara vacía y calcinada, pero Vadim Zagrebelnyi se acerca con la esperanza de ver aún salir de allí con vida a su madre, su hermano, su


cuñada, el hijo de ambos, y su suegra. “Como pasaban todo el tiempo en el refugio del sótano, estoy casi seguro de que estarán allí”, asegura mientras recibe apretones de mano y abrazos que lindan entre el ánimo y el pésame. Es uno de los edificios de la avenida principal de Borodianka, la localidad a unos 50 kilómetros al noroeste de Kiev que parece un catálogo de la destrucción tras poco más de un mes ocupada por las tropas rusas y cuyo estado es, tal como lo ha descrito el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, “mucho más horrible” que el de Bucha, icono del horror por las imágenes de cadáveres de civiles en las calles o fosas comunes. Los grandes bloques residenciales derruidos, los esqueletos de coches y blindados y las señales de metralla dominan el paisaje de esta localidad en la que antes de la guerra vivían 13.000 personas y hoy son contados los vecinos que recorren las calles.

Borodianka y Bucha tienen en común su ubicación, al noroeste de Kiev, y principalmente haberse convertido en sinónimos de crímenes de guerra una vez que la retirada de las tropas rusas la pasada semana ha permitido el acceso. El tipo de violencia, en cambio, es diferente. La destrucción en Borodianka es bastante mayor, con más señales de bombardeos aéreos y edificios dañados, mientras que el horror en Bucha tiene forma de fosas comunes y aparentes ejecuciones que han dejado cientos de muertos. En la primera, yacen bajo los escombros; en la segunda, quedaron tirados en calles como Yablunska, rebautizada entre los locales como la Avenida de los Muertos.

En Borodianka, Zagrebelnyi salvó la vida por unas horas. En el cuarto día de la guerra solo había tropas rusas. Uno más tarde, sintió un impacto en su edificio que interpretó como un pequeño misil que no explotó. El susto hizo que se decidiera a instalarse con su mujer, Oksana Zagrebelna, y su hijo de 11 años, Danil, en el refugio del edificio de su madre, a tres bloques del suyo. Otro bombardeo aéreo sobre un inmueble cercano lo llevó a pensar que tampoco allí estaban seguros e intentó convencer a todos de mudarse a la mañana siguiente al refugio del colegio. “Mi cuñada no quería moverse porque se encontraba mal. Llevaba tres días sin comer. Como no querían dejarla sola, pensé: ‘pongo a salvo a mi mujer y mi hijo y luego vuelvo para convencer al resto”, afirma. Al salir del refugio, vio una llamada perdida de su madre. La devolvió, pero ya estaba caída la señal. “En ese momento, vi con mis propios ojos cómo se acercaba el avión y caía una bomba sobre el edificio. Fui corriendo allá, pero, ¿para qué? ¿Qué podía hacer yo? Todo estaba ardiendo, no me podía acercar. Recogí a mi mujer y mi hijo y nos fuimos andando hasta Zahaltsi”, un pueblo a ocho kilómetros, recuerda.

En las miradas se notan las tragedias compartidas. Llueve, pero tampoco Lidia y Volodímir Avramenko, un matrimonio de 74 y 77 años, se ponen a cubierto. Mojarse parece una preocupación de tiempos de paz. También ellos esperan a que las decenas de voluntarios y trabajadores que desescombran el mismo edificio liberen el refugio en el que confían que esté su hijo Sergiy. “De verdad, esperamos que esté vivo, no estamos preparados para encontrar su cadáver”, señala Lidia. Es el tercer día seguido que vienen a apostarse frente a la estructura de hormigón que alberga los contenedores de basuras del edificio. “Venimos aquí, miramos, preguntamos…”, se encoge de hombros Volodímir. Los dos primeros días estuvieron poco tiempo, al ver que aún quedaba un buen rato para que la maquinaria pesada alcanzase el refugio. Han venido en un coche alquilado desde Klavdijevo-Tarasove, el pueblo ―también a las afueras de la capital ucrania― al que se marcharon el día que comenzó la guerra, el 24 de febrero. Su hijo no les siguió los pasos porque había combatido en 2015 en la guerra de Donbás y contaba con que lo alistarían en cualquier momento al tener experiencia militar.


Sus padres lo llamaban todos los días. Unas veces fallaba la conexión, otras lograban hablar y le insistían en que iban a regresar a Borodianka, pese a seguir ocupada por las tropas rusas y bajo bombardeos constantes. “Solo quería ver cómo estaba mi hijo, llevarle comida. Y él siempre me respondía: ‘No lo hagas, mamá, estoy bien”, dice Lidia entre lágrimas. El 1 de marzo, Lidia llamó ―”solo quería saber cómo estaba”, insiste― y alcanzó a escuchar un “hola” de respuesta antes de que se cortase la conexión. “Hoy es 9 de abril, lo sigo buscando y nadie sabe lo que pasó”, añade. “Nací en marzo de 1945, aún durante la guerra, y ahora estoy buscando a mi hijo por la guerra”, lamenta su marido. “No es justo”.

Bajo las ruinas de dos edificios de Borodianka han sido hallados 26 cadáveres, según informó este viernes la fiscal general de Ucrania, Irina Venediktova. “Nosotros hemos encontrado hoy uno en este”, asegura un día más tarde ante una pila de escombros Gorban Vladislav, jefe del servicio de emergencias de Kiev.

Cuesta andar por la avenida principal de la localidad sin pisar cascotes, vidrios o cables de la luz arrancados de los postes. Cada pocas manzanas se abre un solar de destrucción o se ve el mensaje en ruso “Detente o abrimos fuego”. También pintadas con las letras V y Z, convertidas en símbolo visual de la ofensiva rusa.

El centro municipal de desempleados se ha quedado detenido en el tiempo seis semanas como último reducto de la resistencia ucrania. Tiene cavada una trinchera y una barricada todavía protege la puerta con todo lo que había a mano: bloques de cemento, un par de verjas y dos grandes ruedas de camión. En el lateral, una pintada advierte en ruso: “Deberíais estar asustados, hijos de puta”.

Vira Polischuk rompe a llorar espontáneamente en medio de la plaza central, en la que el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Ucrania-Patriarcado de Kiev, Filaret, lidera una oración por los muertos junto a unas carpas en las que los vecinos pueden comer caliente, cargar el móvil o recoger alimentos donados, como botes enormes de encurtidos típicos de esta parte de Europa. Tiene 65 años y llega tan triste al surtidor de agua caliente, alimentado con un precario generador, que se le caen las lágrimas al descubrir que el vaso de plástico fino que ha conseguido no servirá para hacerse un té.

Cuenta que su marido murió de causa natual hace apenas 19 días, con Borodianka ocupada. A su nieto, de seis años, le han contado que no puede ver al abuelo porque está “defendiendo la patria ucrania”; y ella tuvo que llevar el cadáver al cementerio en una carretilla. “Me ayudó a cargarlo un hombre grande y fuerte al que no conocía y una vecina. Iba por una acera hacia el cementerio, con mi marido muerto en la carretilla, y veía a los soldados rusos en la otra, tan tranquilos, con pollos y patos muertos. Y pensé: ‘¿No me podrían ayudar? ¿O no deberían estar peleando por conquistar otro sitio?”. Polischuk tuvo una sensación parecida cuando un soldado le pidió sus pollos. “Apoyó el kaláshnikov y se puso a perseguirlos dando vueltas. Era ridículo. Pensé: ‘¿De verdad este es el ejército que está atacando nuestra tierra?”.

La mujer asegura que los soldados rusos no les hicieron daño ni a ella ni a su marido. Solo les robaron la instalación eléctrica de la vivienda y se presentaban cada tanto a por bebidas alcohólicas sin recordar que ya se habían llevado todas. Era, cuenta, uno de los motivos por los que solían entrar a otras casas del bloque.

Borodianka sigue sin electricidad, gas ni agua corriente. Por eso, Volodímir Diachkov, de 50 años, es de los pocos drusos que sigue viviendo en el refugio que alquilaba para uso religioso y que abrió durante la guerra a un centenar de personas. “Hace menos frío que en mi apartamento”, resume en una carpa de la plaza central, en la que la estatua del poeta nacional ucranio Taras Shevchenko tiene un agujero en la sien que no parece fortuito. “Cuando estaban aquí los rusos, mucha gente decía que sabía cómo salir de Borodianka, pero acababan volviendo al refugio el mismo día”, rememora.

Oleksandr Tkachuk, de 39 años, y su mujer Svitlana, de 42, conservan la vida, pero no la vivienda que abandonaron al comenzar la guerra. La vista de la cama matrimonial desde el salón ―al venirse abajo entero el tabique que las separaba― genera una sensación de intimidad vulnerada. “No sabíamos cómo estaría, pero nos lo imaginábamos, por lo que veíamos en Internet y nos contaban los vecinos”, dice Tkachuk mientras ambos barren cascotes y cristales. Se casaron hace 20 años y compraron el apartamento en 2008. “Queríamos poner nuestra vida en orden... y mira ahora”, lamenta.

A pocos kilómetros de Borodianka, en Bucha —uno de los principales símbolos de las atrocidades de la invasión rusa—, el McDonalds cerrado a la entrada adelanta que se trata de una localidad más grande, de 35.000 habitantes. Poco después se llega a la calle que quedó repleta de los hoy retirados chasis calcinados de tanques rusos. Es la herencia de una exitosa contraofensiva ucrania con drones en los primeros días de la guerra que ―muchos creen aquí― generó unas ganas de venganza en los soldados rusos que acabaron pagando los civiles. El 3 de marzo, tras empujar el frente de guerra hacia la cercana Irpin, las fuerzas rusas tomaron la localidad y empezó lo que tres amigos que charlan sentados en un banco ―Petro Karpenko, de 58 años, e Ihor Shcherbak y Oleg Soludenko, ambos de 59― coinciden en llamar la “primera fase”

“Colocaron blindados a uno y otro lado y empezaron a inspeccionar los apartamentos. Tiraban abajo una de cada tres puertas”, apunta Soludenko, el único de ellos que pudo penetrar en la psique de los soldados que los vigilaban tras decirles a la cara que no eran bienvenidos. “Hablé solo con el grupo de la primera fase porque el de la segunda, que llegó como el 17 o el 20 de marzo y parecía una fuerza policial especial, era muy agresivo. Sí, quería hablar con ellos de política. Les dije: ‘¡Volved a casa, ¿a qué habéis venido? No necesitamos vuestra protección!’. Me respondieron que venían a liberarnos de los nazis. Uno, que me dijo que venía de Siberia, tenía supermetida en la cabeza la propaganda, era como un zombi”, dice dándose unos leves golpes con los nudillos en la cabeza para subrayarlo. “Traté de explicarles que los ucranios no somos nazis, que el oeste y el este [del país] pueden ser distintos, pero somos un país unido. Vi que el soldado era educado y le fui abriendo los apartamentos que estaban vacíos y de los que tenía llaves. Y antes de irme me dijo: ‘Vamos a quitar a vuestro presidente [Volodímir] Zelenski y poner uno nuevo”.

Cinco soldados entraron a casa de Soludenko. “Uno se sentó frente a mí y me empezó a hablar como un jefe mientras los otros inspeccionaban las habitaciones. Me preguntaron si tenía armas y me pedían nombres de personas que no eran leales al Gobierno ruso. Me pidieron que me levantase el jersey. Me dio la impresión de que buscaban tatuajes militares o la señal que se queda en el hombro por disparar [un rifle]. Mi hijo tenía insignias de fútbol y las inspeccionaron mucho. Pensaban, por lo que se decían entre ellos, que era algo nazi”, explica.

Karpenko, exmilitar, tenía el uniforme de camuflaje en casa y prefiere no hablar de lo que pasó. “Me preguntaron y... no quiero seguir. Yo ya suponía esto y tenía el arma cargada por si acaso... Ya está, he sobrevivido y eso está bien”. Shcherbak, a su lado, cuenta que vio por la ventana cómo un soldado ruso disparaba a las piernas a un hombre que cargaba dos botellas de agua para llenarlas en un pozo comunitario.

Puertas forzadas

La destrucción en Bucha no es enorme, pero se ven muchas señales del paso de las tropas rusas, como vallas de metal de las viviendas dobladas por el paso de blindados o puertas abiertas a la fuerza, como las de sucursales bancarias.

Los soldados se instalaron en una residencia de ancianos, una casa verde de cuatro plantas en la que el cuerpo sin vida de un anciano sigue en una de las camas. Murió por falta de atención. En el patio exterior y en el invernadero que alberga hay otros seis cadáveres, uno de ellos maniatado. El documento policial muestra que ya han sido identificados y la posible causa de la muerte, a la espera de que sean trasladados al tanatario para enterrarlos. Una furgoneta con el número 200 (el código militar que significa muertos) lleva los cadáveres. Los que tienen una franja roja en la bolsa que los recubre eran voluntarios del Ejército.

Dmitro Varenko, investigador policial senior en el Directorado General de la Policía Nacional en la región de Kiev, inspecciona de lejos un cadáver encontrado media hora antes junto a una tienda-almacén mientras los artificieros comprueban que el cuerpo no esté minado como trampa. El documento de identidad que llevaba el muerto muestra que era un varón nacido en 1980.

Varenko señala el agujero de salida en el torso de los tres disparos que recibió. “El 65% de los cuerpos que encontramos tienen heridas de bala en la cabeza, en la frente o entre los ojos, hechas a corta distancia. Otros, heridas de metralla cuando estaban fuera de casa o desplazándose en bicicleta. Algunos cuerpos los encontramos quemados, pero tienen agujeros de bala, como si se hubiese hecho para intentar ocultarlos”, detalla. “Ayer [por el miércoles] trajeron 14 cuerpos. Varios de ellos tenían signos de tortura y a uno le faltaba la cabeza”, añade.

El dueño del comercio, Shavkat (no quiere dar su apellido), se topó con el cuerpo sin vida al reabrir. El mismo día que comenzó la guerra huyó al oeste de Ucrania y solo ahora ha regresado. “Alguien lo debió esconder ahí”, asegura al otro lado de la acera con cara de circunstancias. En el interior, una mancha de sangre salpica la pared de una estancia, en la que se ven en el suelo casquillos de bala, una botella rota y una toalla empapada de sangre seca. Casi toda la ropa y zapatos del almacén están tirados fuera de las cajas o han desaparecido.

“¿Cómo ha sido este mes? No sé lo que decirte después de lo que he visto”, responde Serhii Kopilov, de 35 años, mientras le tiemblan las dos grandes bolsas de plástico con panes, huevos y latas que sujeta. Está reponiendo su despensa de alimentos tras el paréntesis de la ocupación rusa de Bucha, en el que fue tirando de lo que tenía en casa. Cuenta que solo en las afueras de su bloque había tres cadáveres tirados, uno de ellos de una profesora. “No se lo pudieron llevar durante no menos de 15 días, así que al final lo enterré yo mismo en el patio. Ya lo sacaron de allí después de la liberación [de Bucha]”.

Fue el único momento en el que salió de casa. “El resto estaba escondido en el apartamento, asustado porque en el primer piso había una casa de empeños y entraban. Para mí, lo más difícil era ver a los soldados rusos fumar marihuana y reírse en alto por la noche. A veces disparaban sin ton ni son solo por diversión”, cuenta.

Yuliana Gregoriuna, de 75 años, sufre más bien una especie de disonancia cognitiva. “Cuando llegaron, no esperaba esto”, admite. “Soy rusa, mi padre es ruso y mi madre ucrania. Rusia nunca ha atacado a nadie. Creo en Rusia. Mi marido era militar y fue quien me trajo a [la ciudad ucrania de] Jersón”. Gregoriuna relata que los soldados cortaron los cables eléctricos de la zona nada más llegar.

Las hileras enfrentadas de bloques de apartamentos sirven como lugar de encuentro. A media tarde se juntan allí los vecinos para cocinar lo que no pueden en sus casas, a la espera de que regrese el suministro de gas. Han montado parrillas improvisadas con cuatro ladrillos apilados sin cementar y una rejilla. Algunos hombres cortan leña o arreglan un generador de electricidad. De repente, una mujer aparece con la cara desencajada mostrando a los vecinos la foto de un familiar desaparecido. Corre y desaparece a toda prisa.

 TITULO:  Donde comen dos -El día en que Suiza pidió un día sin carne,.


El día en que Suiza pidió un día sin carne,. 

Una iniciativa anima a la industria hostelera de todo el país a servir únicamente platos vegetarianos y veganos los jueves.

foto / En un empeño por dar mayor visibilidad a los problemas climáticos y los derechos de los animales, en Suiza se ha lanzado una nueva campaña nacional: Veggieday - Tasty Thursday (Día Vegetal - Jueves Sabroso), una iniciativa que pretende animar a ciudades, municipios, empresas, hoteles y restaurantes a que dejen de servir carne en sus comedores un día a la semana, los jueves. El proyecto viene impulsado por la asociación laica y apolítica Swissveg, que desde su creación en 1993 en el campo de las relaciones públicas promueve el consumo sostenible de alimentos de origen vegetal como un estilo de vida responsable, saludable, atractivo y accesible.

La idea es que ese día el menú solo incluya platos vegetarianos o veganos y descubrimientos gastronómicos. El Veggieday debería, por un lado, reducir el consumo de carne en Suiza y, por otro, alentar a jóvenes y adultos a participar y reflexionar sobre su propia relación con la carne. “Diremos ¡misión cumplida! cuando el Veggieday haya sido ampliamente adoptado y los consumidores se hayan acostumbrado a él”, aseguran sus promotores.

Ya sea por una cuestión de salud, por el medio ambiente o por el bienestar de los animales, hoy en día parece innegable que las dietas sin carne son recomendables. Damian Carrington, responsable del área de medio ambiente en el diario británico The Guardian, apunta una idea: “Comer plantas es un uso más eficiente de los recursos limitados del planeta que alimentar a los animales con plantas y luego comérselos. El rebaño mundial de ganado y el grano que consume ocupa el 83% de las tierras agrícolas del mundo, pero produce solo el 18% de las calorías de los alimentos”.

Desde su fundación, Swissveg se ha comprometido a difundir información objetiva sobre los efectos de las dietas basadas en productos animales y sobre las ventajas de una dieta 100% vegetal, aportando así un punto de vista positivo al debate público. En su página web explican que entre sus objetivos se encuentra obtener una reducción sostenible en el consumo de productos animales, sensibilizar a la industria alimentaria sobre la importancia de los productos vegetarianos de producción controlada, mejorar las condiciones del marco legislativo y político a favor de los animales y el modo de vida vegetariano, llevar a la Confederación a definir medidas que animen a los agricultores suizos a favorecer la elaboración de productos destinados al consumo directo sin desperdicio de recursos, y priorizar la dignidad y el bienestar animal por encima de los intereses económicos.

No es extraño que sea en Suiza donde se impulse este proyecto, pues fue en este país donde hace más de 100 años se fundó el que se considera el primer restaurante vegetariano del mundo, y a buen seguro todavía hoy uno de los mejores. El Hiltl abrió sus puertas en 1898 en pleno corazón de Zúrich y sigue siendo una institución en ese chaflán tan agradable que se extiende en la Sihlstrasse. En aquellos años, los primeros clientes entraban por la puerta trasera para no ser insultados. El vegetarianismo estaba mal visto. Aun así, Ambrosius Hiltl lo adoptó como un intento de aliviar su artritis reumática. El consejo vino de su doctor, que le prohibió la carne convencido de que los vegetales crudos, las frutas y las nueces mitigarían sus males. El menú vegetariano atrajo sobre todo a mujeres, artistas, escritores, religiosos y a aquellas personas con problemas de salud. Y así continuó operando hasta hoy, cuando, en manos de la cuarta generación, el Hiltl sigue sirviendo obras de arte a la carta o en un bufé que goza de mucho prestigio internacional al ofrecer más de 100 especialidades con influencias de todo el mundo. 

El Telediario La 1 - Cómo la ayuda occidental a Ucrania está frenando la invasión rusa ,. / EL MAGO DEL TIEMPO - Las intensas lluvias obligan a cortar al tráfico en siete puntos de la provincia de León,. / Volando voy - Jesús Calleja - Joaquín Climent,.

            TITULO:  El Telediario La 1 -Cómo la ayuda occidental a Ucrania está frenando la invasión rusa,.

Cómo la ayuda occidental a Ucrania está frenando la invasión rusa,.

foto / El suministro de armas y de inteligencia a Kiev ha sido decisivo. Los aliados reformulan ahora su apoyo para la nueva fase de la guerra en Donbás,.

“¿Ha considerado usted que Rusia no ha logrado someter a Ucrania por lo que nosotros hemos hecho? ¿Por lo que nuestros aliados han hecho? ¿Ha pensado algún momento en ello?”, le espetó el pasado día 5 el secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, a un congresista republicano que criticaba su gestión en medio de una acalorada sesión parlamentaria.

No hay duda de que el apoyo occidental ha sido hasta ahora un elemento esencial para frustrar los planes bélicos de Rusia. El admirable valor de los ucranios, por sí solo, no habría sido suficiente. Las armas suministradas en estas primeras semanas por una treintena de países han sido fundamentales. Pero también lo han sido factores intangibles y menos comentados como el flujo de información de inteligencia hacia Kiev, la ayuda en ciberdefensa así como los años de formación occidentales que prepararon mejor a las fuerzas ucranias para esta guerra.

Los países occidentales están en proceso de reflexión sobre cómo adaptar esa ayuda al nuevo escenario bélico que se perfila en Ucrania con la concentración de fuerzas rusas en Donbás. “La guerra está cambiando de nivel. Evoluciona hacia un modelo más clásico de tropa contra tropa. El armamento enviado las semanas pasadas ha sido muy útil, pero ahora hace falta más”, señala una alta fuente diplomática europea.

“Lo que les hemos entregado hasta ahora ha sido increíblemente útil en esta primera fase”, coincide William Alberque, director de Estrategia, Tecnología y Control de Armas en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de Londres, en referencia a los misiles antitanque modelos Javelin o NLAW y a los antiaéreos Stinger. “Pero ahora avanzamos hacia una nueva fase en la que probablemente será necesario una mezcla de acción de tipo guerrilla con otra de mayor envergadura y coordinación, para la que se precisa artillería de mayor alcance y tanques”.

Es más, ese cambio ya se está materializando. En los últimos días, se han conocido importantes novedades que apuntan a un salto cualitativo. Eslovaquia ha dicho haber donado a Kiev una batería de S-300, un sistema de defensa antiaérea de largo alcance, y en compensación EE UU desplegará en su territorio un sistema de defensa antimisiles Patriot. Fuentes de Defensa de la República Checa han confirmado a la agencia Reuters la entrega a Ucrania de tanques T-72. Se trata de armamento de mayor potencia con respecto a lo suministrado hasta ahora —por lo general, misiles antitanque y antiaéreo portátiles—. En ambos casos, son aparatos de origen soviético que las fuerzas ucranias saben cómo manejar.


“La entrega checa es solo la punta del iceberg”, comenta Alberque, que anteriormente trabajó en la OTAN. “Creo que hay en marcha un proceso rápido para evaluar qué más se les puede entregar, especialmente el tipo de armamento más compatible”. La firma por parte de Polonia, esta semana, de un contrato por valor de 4.750 millones de dólares (4.378 millones de euros) para el suministro de 250 tanques estadounidenses Abrams, los primeros de los cuales está previsto que lleguen ya este año, consolida la idea de que Varsovia, que también dispone de T-72, será el siguiente en suministrar esos carros de combate a Ucrania. Según el Balance Militar 2022 del IISS, cuenta con 318 unidades de ese modelo en distintas variantes.

Pero el movimiento es mucho más amplio. Estados Unidos ha informado de que ya están rumbo a Ucrania un centenar de drones armados Switchblades, para cuyo uso está formando a militares ucranios. Washington también ha anunciado el envío de sistemas de guía láser para misiles —sin precisar modelo—, en el marco del enésimo incremento de la ayuda militar a Ucrania. La Administración de Biden está ofreciendo respaldo militar a Kiev por valor de 1.700 millones de dólares (1.573 millones de euros) desde el inicio de la guerra, a los que hay que sumar otros más de 5.000 desde 2014. La cifra aumenta a gran velocidad.

Reino Unido ha empezado a suministrar misiles antitanque Starstreak, de mayor alcance que los Stinger que Ucrania ya recibe de varios donantes (unos 7 kilómetros frente a los actuales 5,5) y anunciado nuevas ayudas por valor de 100 millones de libras (120 millones de euros). La UE también incrementa su apoyo a Kiev, elevando hasta los 1.500 millones de euros su fondo para armar a Ucrania. Alemania ha aprobado la entrega de 56 vehículos de combate de infantería modelo PbV-501, procedentes del armamento de la antigua República Democrática y actualmente en manos de la República Checa.

“La reorganización de las fuerzas rusas tiene implicaciones significativas. Reduce la dispersión y también supone que pueden operar en un entorno, como Donbás, donde cuentan con una posición militar más consolidada. Eso altera el equilibrio anterior y hace necesario material diferente”, dice Luis Simón, director de la Oficina del Real Instituto Elcano en Bruselas y experto en materia de Defensa. “Si tienes que recuperar terreno, expulsar enemigos, necesitas aviones y tanques. Y el problema es que estas son plataformas complejas de operar. El armamento de corte soviético es útil como ayuda inmediata. Pero en Occidente hay cantidades limitadas de ello. Por tanto, si la guerra va para largo, será probablemente necesario ganar tiempo con entregas de ese tipo y mientras tanto ir entrenando a los ucranios para que sepan manejar sistemas occidentales”, apunta Simón.

Las entregas están adquiriendo mayor calado y la reunión ministerial de la OTAN de esta semana ha evidenciado explícitamente la intención de mejorar los suministros. Sin embargo, destacados expertos consideran que de alguna manera las amenazas nucleares de Putin han condicionado cierta inhibición occidental a la hora de entregar armas potentes a Ucrania. Un ejemplo es el fallido intento de suministrar aviones de combate MiG, del que se habló hace unas semanas y no ha prosperado. Hay voces que manifiestan que el único límite debería ser no atacar directamente a Rusia, pero que toda entrega de armamento a Ucrania tiene perfecta cabida en el marco de soporte a la legítima defensa.

Lo que, en cambio, está fluyendo, sin duda con gran provecho para Ucrania, es la información de inteligencia. En este apartado no abundan las comunicaciones oficiales, pero afloran elementos suficientes para inferir la importancia del asunto.

“Hemos compartido información de inteligencia que incluye datos que los ucranios pueden usar para desarrollar su respuesta militar a la invasión rusa. La compartimos en tiempo real”, dijo la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, el pasado 3 de marzo. “Observamos con mucha atención. Tenemos capacidades de vigilancia que nos proveen de mucha información. Esto es importante y es algo que utilizamos de una buena manera. Porque la información, la mejor consciencia de la situación, es obviamente algo muy relevante en una situación como la actual”, señaló esta semana el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

Tanto la OTAN como varios de sus aliados de manera individual u otros países como Suecia son activos en misiones de vuelo de reconocimiento y vigilancia en las inmediaciones del espacio aéreo de Ucrania. “No sabemos exactamente qué les están transmitiendo, pero sí sabemos que hay una intensa actividad de vuelos. ¿Por qué lo hacen? Es lógico pensar que para transmitir a los ucranios información. Esto ha sido tremendamente importante para facilitar la defensa, para atacar aspectos clave de la logística rusa, para matar a generales”, dice Alberque.

Simón coincide: “Aunque no hay información pública al respecto, todo apunta a que también se está ofreciendo asistencia a Ucrania en términos de inteligencia, vigilancia, reconocimiento, a través de aviones y satélites, y también de inteligencia de espionaje clásica, para que pueda tener un cuadro operativo más claro”.

Ucrania también cuenta con apoyo occidental en ciberdefensa, incluso por parte de empresas privadas como Microsoft, que lo han anunciado públicamente. La compañía de Gates ha informado de varias acciones, una de ellas esta misma semana, para neutralizar un ataque contra instituciones ucranias procedente de Strontium, un grupo vinculado a los servicios de inteligencia exteriores de las Fuerzas Armadas rusas.

En este terreno, como en otros ámbitos militares, la ayuda occidental fue cobrando cuerpo paulatinamente como formación, entrenamiento y apoyo financiero después de la agresión rusa que empezó en 2014 con la anexión de la península ucrania de Crimea. Ahora se halla en fase de metamorfosis de acuerdo con la evolución del conflicto. Habrá que ver adónde llegará. De momento, ha sido decisiva.


TITULO: EL MAGO DEL TIEMPO - Las intensas lluvias obligan a cortar al tráfico en siete puntos de la provincia de León,.

Las intensas lluvias obligan a cortar al tráfico en siete puntos de la provincia de León,.

La tormenta deja una decena de carreteras secundarias en León, Palencia, Salamanca y Valladolid,.

foto / Las intensas lluvias caídas en Castilla y León en los últimos días ha obligado a cortar al tráfico catorce carreteras de la red secundaria que se han visto inundadas en las provincias de León, Palencia, Salamanca y Valladolid, según informan desde la Dirección General de Tráfico.

En León permanecen cortadas la LE-6505 en Matalobos del Páramo, la LE-6704 en Bustillo de Cea, la LE-412 en Villaquejida, la LE-213 en Villasabariego, la LE-413 en La Nora del Río, la LE-8506 en Alija del Infantado y la CL-626 en Sena de Luna.

En Palencia los problemas se presentan en la P-412 en Cordovilla La Real, y en Salamanca están afectadas la DSA-285 en Sotoserrano, la CM-512 en Fresno-Alhandiga y la DSA-191 en El Travieso.

Y en Valladolid, se encuentran cortadas al tráfico por inundaciones la VP-4017 en Melgar de Arriba, la VP-4018 en Melgar de Abajo, la VP-4019 en Monasterio de Vega y la VA-542 en Mayorga.

TITULO:  Volando voy - Jesús Calleja - Joaquín Climent,. 


 Este domingo -24- Abril  a las 21.30, Cuatro emite una nueva entrega de 'Volando voy',foto,.

Joaquín Climent: «Las redes sociales han propiciado que la gente ni escuche, ni vea. Ponen sus fotos, dejan comentarios, pero no se comunican; llenan su tiempo»,.

El actor, junto con Fernando Tejero o Adriana Ozores, forma parte del elenco de la obra de Eugène Ionesco 'La cantante calva', que este jueves 10 de mayo, esta en cartel en el Auditorio Ciudad de León,.

Joaquín Climent,.

La obra de teatro «la Cantante Calva» de Eugène Ionesco l lega este jueves 10 de mayo al Auditorio Ciudad de León. Una gran comedia que a la vez es una gran tragedia. Esta representación, a pesar de que ya han pasado sesenta y siete años desde que Eugène Ionesco estrenara esta obra en París es un fiel reflejo de la sociedad moderna en la que vivimos, una obra que a través de sus sinsentidos nos muestra lo absurdo de las acciones de nuestro día a díaEl actor Joaquín Climent, participe de esta recreación, antes de subirse al escenario para compartir escena con actores de la talla de Adriana Ozores o Fernando Tejero, ha querido compartir unos minutos con leonoticias.

Llega a León bajo la obra teatral 'La Cantante Calva', ¿cuál es tu papel en esta obra?

Soy el señor Smith, una de las patas de lo absurdo. Son seis patas, cuatro de ellas absurdas y otras dos luminosas.

Han pasado sesenta y siete años desde que Eugène Ionesco estrenara esta obra en París, pero a pesar de eso sigue estando de actualidad…

Es un clásico. Es una obra que recoge temas que transcienden más allá del tiempo. Trata de forma perfecta el fiel reflejo de la incomunicación social a través de una modalidad poco usual, como es el absurdo.

¿Cómo responde el espectador ante la secuencia de escenas absurdas?

La gente tiene que venir abierta no preconcebir, ni querer ver más allá de lo que ocurre. Es como el arte moderno que lo que busca es evocar sensaciones. Lo que está claro es que se va a reír mucho y luego queda una parte para la crítica a la incomunicación social.

Ahora donde es más fácil comunicarse, ¿puede ser que sea cuando más incomunicación exista?

Si, incluso cuando uno piensa que se está comunicando en realidad está llenando el tiempo de la nada. Las redes sociales han propiciado que la gente ni escuche ni vea. Ponen sus fotos, dejan comentarios, pero no se comunica, llenan su tiempo.

El director es Luis Luque, ¿ha realizado muchos cambios con respecto a la obra original?

No, se ha respetado todo lo posible. Se ha limpiado, sin modificar la versión

El test de leonoticias a Joaquín Climent

Una comida: Paella

Una Bebida: Vino

Una Canción: me gusta el tango

Una película: Placido de Berlanga

Una película para divertirse: Cualquiera de Hermanos Coen

Una película para esos días que estas nostálgico: el cine italiano de los 60

Lo mejor de ser actor: que vives de una vocación

Lo peor de ser actor: que estas tan metido que cuando sales te falta el aire

Si no hubieses actor que hubiese sido de Joaquín: algo relacionado con la cultura

Pese a que existen numerosas obras de teatro en cartel, da la sensación de que si no haces tele no estás vivo…

El teatro antes tenía una difusión mucho más amplia de lo que tiene ahora, la gente estaba pendiente de la cartelera. Por otro lado, las giras eran mayores, en una ciudad como León te podías pasar una o dos semanas, el espectador conocía a sus actores. Había un gusto por el teatro que poco a poco se ha ido perdiendo. Ahora es la televisión la que marca lo conocido que uno es, si estás un tiempo sin aparecer en televisión parece que has desaparecido.

¿Qué tiene el teatro para que guste tanto a los actores?

El teatro es la madre. Tener una comunicación directa con el espectador es algo que no te lo da ningún otro medio, y le da un sentido mayor a la profesión.

Dentro de tu amplia filmografía una de las películas en las que has trabajado es en 'Los Lunes al Sol', que trata sobre la reconversión industrial, que en León también se ha vivido a través de la minería, ¿qué recuerdas de ese personaje?

Por desgracia aquello era el reflejo de una época que luego se ha repetido. Para mi, desempeñar el personaje de Rico fue un regalo. Es una de esas cosas que te caen en las manos, cuando lo estás haciendo no sabes la repercusión que va a tener, pero si sabes que estás ante algo que le da sentido a tu profesión. Fue una responsabilidad y un regalazo.

En esta película coincides con gente de la talla de Javier Bardem o Luis Tosar, ¿Cómo es trabajar con este tipo de actores?

Son grandes, no solo por ser grandes actores sino también porque son cercanos. Yo he tenido la suerte de poder trabajar con un gran número de grandes actores, imposible de enumerar. Eran grandes porque eran buenos compañeros, gente muy cercana y nada ególatra.

Otra de las películas en las que has participado es en la de película 'Salvador', que detalla la muerte del último ejecutado por la dictadura franquista, en general has hecho mucho cine social…

Yo he tenido la suerte de que me han llegado proyectos de ese calibre. Me han llegado cosas que le da una dimensión mayor si cabe a esta profesión. Yo elijo en la medida de lo posible, pero en este trabajo dices que no a cosas, pero sobro todo te dicen que no a ti.

¿Está el cine español castigado?

Totalmente. Es más valorado fuera que dentro, en España hay cierto sector de la sociedad que no lo aprecia.

¿Qué le pasa a esta profesión que es una con mayor índice de paro en España?

La cifra es espeluznante, sobrepasa el 80 por ciento. La gente que vivimos de momento, por uno nunca sabe cuándo te puede dejar tirado, tenemos que dar gracias.