domingo, 2 de agosto de 2026

La Hora Musa - Los Manolos: «Es posible que a algunos nos costara más asumir tanto éxito» ,. Martes - 4 , 11 - Agosto ,. / Cachitos de hierro y cromo - Billy Corgan, de 'The Smashing Pumpkins': «El éxito y lo que vino después fue muy traumático para mí» ,. Martes - 4 , 11 - Agosto ,./ Locos por las motos - MotoGP - Acosta se rinde a Márquez,.

 

TITULO: La Hora Musa  -   Los Manolos: «Es posible que a algunos nos costara más asumir tanto éxito»    ,. Martes -   4 , 11 - Agosto ,.

 'La Hora Musa', presentado por Maika Makovski ,a las 22:55 horas, en La 2 martes -  4  , 11 - Agosto ,  foto,.

Los Manolos: «Es posible que a algunos nos costara más asumir tanto éxito»,.

El combo barcelonés que puso a bailar a medio planeta en Barcelona 92 con 'Amigos para siempre' recuerda cómo le cambió la vida aquel himno de la rumba catalana,.


Los Manolos, en una imagen actual

Todo comenzó, perdonen la inmodestia, con un artículo de ABC. En 1989, Paul McCartney había iniciado su primera gira en solitario tras la disolución de los Beatles. Había anunciado dos conciertos en Madrid, únicas fechas en España. Los Manolos al completo no dudaron ni un segundo y, en noviembre, se subieron a la furgoneta y tiraron para la capital sin sus patillas postizas, ni sus pantalones de campana ni sus trajes de solapa gigante con colores escandalosamente llamativos. Iban a disfrutar, no a trabajar.

Estos diez amigos aficionados a la rumba catalana habían formado la banda apenas unos meses antes al fusionar dos grupos de rock: Elásticos y Alicia Química. Al terminar el concierto de McCartney, alguien propuso continuar la juerga en el Café del Mercado, un local regentado por Seju Monzón, el hermano músico de El Gran Wyoming, autor de éxitos como 'Saca el güisqui, cheli' y 'Tengo una pena que me consume'. Tras los dos primeros cubatas, alguien sugirió en broma: «¿Y si tocamos aquí?».

«Ni siquiera teníamos una maqueta. Le enseñamos solo una fotografía de nosotros vestidos con aquellos trajes de colores. Seju nos preguntó si hacíamos rumba catalana y añadió rápidamente: 'Os quiero aquí'. Nos ofreció dos actuaciones sin habernos escuchado. Nos pagó 25.000 pesetas, una cantidad que ni siquiera cubría el viaje, pero nos daba igual porque todos teníamos nuestros trabajos y aquello era solo una aventura. Sin embargo, cuando llegamos tres meses después, Seju nos informó de que las entradas estaban agotadas. Nos quedamos alucinados. No nos conocía nadie, así que empezamos a intuir que pasaba algo especial», recuerda Josep Gómez (Barcelona, 1961), uno de los miembros fundadores.

Todavía faltaba un año para que Los Manolos publicaran su debut, 'Pasión condal' (RCA), y dos para que ofrecieran aquella histórica actuación en el Estadio Olímpico de Montjuïc de Barcelona que siguieron por televisión miles de millones de telespectadores de todo el mundo. En ese momento, Gómez trabajaba como programador y sus compañeros eran un maestro de escuela, un joyero, un trabajador de Nissan, un informático...

«Por eso no entendíamos que se hubiera llenado la sala. Le preguntamos a Seju y nos dijo que ABC había sacado un artículo que decía que éramos un grupo de rumba que estaba triunfando en Barcelona. Aquello nos chocó y nos hizo ilusión, porque el concierto tuvo repercusión y, tres días después, nos llamó RCA para ficharnos. La multinacional nos dijo que Los Manolos no era un nombre muy comercial, pero nos negamos a cambiarlo. Seju nos preguntó si queríamos volver en Nochevieja y aceptamos. Nos presentó El Gran Wyoming con una frase que todavía recuerdo: 'Tenemos aquí a un grupo de diez tíos que entre todos no dan ni para un carné de identidad'», relata el músico entre risas.

Sus apariciones en ABC fueron cada vez más frecuentes. En junio y julio de 1991 se podía leer: «El combo de rumberos catalanes ha convertido su versión del 'All My Loving' de los Beatles en la canción del verano», «es la banda que le enmienda la plana en plan lolailo a Frank Sinatra» y «su debut va camino de convertirse en disco del año y hoy se edita también en Inglaterra, Finlandia, Italia, Grecia, Francia, Israel, Holanda, Dinamarca, Portugal, Suecia y Alemania». Con más retranca se refería a ellos Jorge Berlanga, hijo del director de cine Luis García Berlanga: «Los Manolos han conseguido que salgas a la calle y te encuentres con las señoras en la cola del mercado moviendo sus figuras mollares a ritmo de rumbita, al funcionario del Ministerio agarrado al portafolios en plan danza calentona y al taxista soltando el volante para chasquear los dedos con alegre espíritu de chirigota».

El gran bulo

Solo del primer disco vendieron 500.000 copias, pero el milagro se produjo después, cuando recibieron la llamada del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos porque querían homenajear a la rumba catalana en la ceremonia de clausura. La compañía les llamó la atención: «¿Estáis locos? Ahora que tenéis éxito con 'All My Loving' se quieren aprovechar de vosotros». La respuesta fue contundente: «Los locos sois vosotros. Vamos a hacerlo sí o sí. Son las Olimpiadas de nuestra ciudad. Ya hemos aceptado».

Seguro que se acuerdan de la actuación en el estadio de Montjuïc, con miles de deportistas de todo el mundo bailando y cantando 'Amigos para siempre'. Era otra versión. La canción original la compuso Andrew Lloyd Webber y la cantó Sarah Brightman y José Carreras. Lo recuerda, ¿verdad? Pues lamentamos comunicarles que jamás ocurrió. «Se ha convertido en una realidad paralela y hasta nosotros hemos llegado a dudar. Ni siquiera la habíamos grabado. En la clausura cantamos un popurrí con fragmentos de varias canciones y 'Gitana hechicera' junto a Peret y Los Amaya. Quienes tocaron 'Amigos para siempre' fueron Brightman y Carreras. Nos pareció preciosa y decidimos convertirla en una rumba. Luego descubrimos que existía una adaptación de la letra hecha por Gloria Estefan que no publicó y se la cogimos prestada. La estrenamos en la otra clausura, la de los Juegos Paralímpicos, dos meses después», reconoce.

«Aún no somos plenamente conscientes de aquel éxito –continúa–, a pesar de que han pasado más de treinta años y la gente sigue recordándola con una sonrisa. Se quedó grabada en la memoria colectiva. Nosotros percibimos un poco su alcance cuando nos llamaron para girar por Argentina y Chile». El sueño, sin embargo, no duró tanto, puesto que Los Manolos se separaron en 1993: «Hablo como portavoz y no quiero entrar en cuestiones personales ni señalar a nadie. El caso es que el éxito fue tan repentino que afectó a la dinámica del grupo y surgieron diferencias. Había quien pensaba que diez personas eran demasiadas y que la banda podía funcionar con menos integrantes. Hasta ahí puedo llegar. Es posible que a algunos nos costara más asumir tanto éxito, pero no quiero profundizar porque esa etapa está superada. Nos reunimos en 2016 y, de alguna manera, volvemos a ser amigos para siempre», zanja.

 

TITULO: Cachitos de hierro y cromo - Billy Corgan, de 'The Smashing Pumpkins': «El éxito y lo que vino después fue muy traumático para mí»  ,. Martes - 4 , 11 - Agosto  ,.    

   El martes - 4 , 11 - Agosto   a las 22:30 horas por La 2, fotos,.

 Billy Corgan, de 'The Smashing Pumpkins': «El éxito y lo que vino después fue muy traumático para mí» ,.

Entrevistamos en exclusiva al líder de The Smashing Pumpkins, que en septiembre interpretará en Madrid su álbum 'Mellon Collie And The Infinite Sadness' con orquesta sinfónica,.


Billy Corgan

Móstoles, 4 de mayo de 1996. Los afortunados que acamparon aquel día en el recinto del Festimad se llevaron una gran sorpresa. Era mediodía y hacía mucho calor, pero la mayoría todavía permanecían en sus tiendas de campaña refugiándose de los rayos del sol e intentando sobrevivir a la resaca de la noche anterior, pues los conciertos de Rage Against The Machine y Cypress Hill se habían prolongado hasta altas horas de la madrugada. De repente, alguien escuchó una guitarra eléctrica de fondo y empezó a correr. A este le siguieron otros. The Smashing Pumpkins, posiblemente la banda de rock más importante del mundo en aquel momento, acababa de salir al escenario principal del festival madrileño para hacer la prueba de sonido.

«Lo recuerdo –comenta Billy Corgan a ABC en una llamada desde Chicago–. La organización nos dijo que no podían impedir que la gente se acercara. Al principio me pareció absurdo. ¿Teníamos que hacer la prueba con público delante porque no podían impedir que se colara? Cuando vimos allí a toda esa gente, sin embargo, pensamos: 'Bueno, si ya han venido, vamos a tocar para ellos'. Así que convertimos una prueba de pocos minutos en un concierto más».

Al final, aquella actuación inesperada e improvisada ante quinientos seguidores se prolongó durante una hora y media. Desde el escenario, Corgan aseguró que había sido la prueba de sonido más divertida de su vida. También, posiblemente, uno de los últimos momentos de felicidad que vivió aquel año en el que, justo cuando The Smashing Pumpkins se convertía en la banda de rock más popular del planeta tras la publicación de 'Mellon Collie And The Infinite Sadness' (Virgin, 1995), todo se desmoronaba a su alrededor.

El icónico álbum –que reinterpretará el 11 y 12 de septiembre junto a una orquesta sinfónica en el Palacio de Vistalegre de Madrid, únicas fechas en España–, había debutado pocos meses antes en el número uno de la lista de 'Billboard' y obtuvo siete nominaciones a los premios Grammy. Sus sencillos colonizaron la MTV. Pocos días después de Móstoles, Corgan se paseaba por el lujoso hotel Stanford de San Francisco respondiendo a las preguntas de los periodistas como una de las principales estrellas del Tibetan Freedom Concert. Y eso que en la recepción se encontraban también Beastie Boys, Red Hot Chili Peppers, Foo Fighters, The Fugees, Yoko Ono, John Lee Hooker, Björk, Beck y Sonic Youth.

Éxito y depresión

Entre bambalinas, sin embargo, el cantante y guitarrista atravesaba el proceso de divorcio de su primer matrimonio y sorteaba las fuertes tensiones desatadas dentro de The Smashing Pumpkins tras su repentina popularidad. Menos de un mes después, en la misma gira, el teclista Jonathan Melvoin aparecía muerto en su habitación del hotel de Nueva York después de haber sufrido una sobredosis de heroína junto al batería Jimmy Chamberlin. Antes de que acabara el año, también falleció su madre. Ahora, 30 años después y antes de iniciar la gira sinfónica de aquel famoso disco, Corgan habla con ABC Cultural sobre cómo vivió aquellos días de luces y sombras, de éxito y depresión.

—¿La vida de una estrella del rock fue muy diferente a como se imaginó de adolescente?

—Sí, mucho. Mi padre era músico y yo tenía cierta idea de cómo era. Las dificultades de la profesión no me sorprendieron, pero pensaba que alcanzar el éxito era como obtener un doctorado en la universidad: logras algo importante en la música, como me ocurrió, y, a partir de ahí, el reconocimiento permanece para siempre. Me equivoqué. El mundo del rock está lleno de gente malintencionada. La cantidad de personas extrañas, de comentarios absurdos y de gente estúpida fue lo que realmente me sorprendió. El éxito no hace que ese tipo de personas desaparezcan; al contrario, las atrae hacia ti.

—¿Intuía mientras grababa 'Mellon Collie' que iba a ser un éxito mundial?

—Para nada. Fue un cambio radical en cuanto al sonido y, además, fue un álbum doble. 'Siamese Dream' (Virgin, 1993) había sido un éxito, pero tenía una producción muy cuidada: sonaba impecable y estaba grabado de una forma preciosa. 'Mellon Collie' era justo lo contrario, con un sonido mucho más áspero y agresivo. No tenía ni idea de si se aceptaría. Al final, obviamente, funcionó muy bien, pero para nosotros fue una sorpresa absoluta.

—Después de 'Siamese Dream' podría haber optado por un camino más seguro y comercial, pero abrazó las atmósferas oscuras y difíciles. ¿Intentaba sabotearse?

—No. 'Siamese Dream' era una hermosa representación de la banda, pero no reflejaba del todo quiénes éramos realmente. El productor Flood vino a vernos a Nueva York en 1994 para hablar de la posibilidad de producir 'Mellon Collie' y me dijo algo que fue decisivo: quería escuchar en el disco a la misma banda que veía sobre el escenario. En ese momento pensé: «Bien, esta persona lo entiende». Había una oscuridad en nuestra forma de tocar en directo que no estaba en 'Siamese Dream' y yo quería llevarla al álbum.

—Cuando lo grababan, ¿era consciente de que esa formación se desintegraba?

—En absoluto. De hecho, era cuando más unidos estábamos. De los tres discos que grabó la formación original, ese fue en el que mejor funcionamos como banda. Ninguno de nosotros esperaba que, después de aquel enorme éxito, el grupo acabaría desmoronándose.

—Debió de ser una época extraña. Grabó el álbum más importante de su vida, uno que definió una época, y justo cuando tenía que disfrutar de ello, todo se vino abajo, incluida la muerte de Melvoin. ¿Cómo lo vivió?

—Me recuerda a la famosa frase de Charles Dickens: «Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría y también de la locura… la era de la luz y de las tinieblas».

—¿Una montaña rusa de emociones?

—Así es. No lo llevé especialmente bien. Fue una experiencia muy traumática, tanto el éxito como todo lo que vino después. Hoy hablamos con mucha naturalidad sobre la salud mental, pero entonces nadie lo hacía. En la industria musical de aquella época, al menos, no existía ningún tipo de apoyo en ese sentido, así que no sabía a quién acudir para entender lo que estaba viviendo. Fui a una terapeuta muy buena, pero no era una estrella del rock y, por mucho que intentara ayudarme, había un punto en el que no podía comprender del todo mi situación.

—¿A qué se refiere?

—A menos que hayas estado delante de 80.000 personas, ¿cómo puedes explicar lo que se siente? Lo digo con toda humildad; no es una experiencia que pueda imaginarse fácilmente. No estoy diciendo nada original, otros artistas han hablado de ello antes.

—Hace un mes, en una entrevista para este mismo suplemento, Jean-Michel Jarre me contó que él sintió algo parecido durante años. Actuaba para uno o dos millones de personas, pero sufría una profunda depresión cuando volvía a casa solo y desaparecía todo eso.

 Imagen principal - Arriba: la formación original de The Smashing Pumpkins. Sobre estas líneas a la izquierda: Billy Corgan, durante un concierto de 2012. A la derecha: detalle del cartel del Festimad en 1996

 

—Entiendo lo que quiere decir. A veces estás sobre un escenario delante de 80.000 personas con 26 años y, una hora después, te encuentras solo en una habitación de hotel deprimido. ¿A quién recurres? ¿A quién le explicas que vienes de una descarga de adrenalina gigantesca y que necesitas otras cosas en tu vida además de que la gente te diga que le ha gustado tu concierto? Quizá necesitaba salir a caminar o comer mejor, pero nadie me habló nunca de eso. Para mí fue una experiencia muy, pero que muy aterradora.


Imagen secundaria 1 - Arriba: la formación original de The Smashing Pumpkins. Sobre estas líneas a la izquierda: Billy Corgan, durante un concierto de 2012. A la derecha: detalle del cartel del Festimad en 1996
 
Arriba: la formación original de The Smashing Pumpkins. Sobre estas líneas a la izquierda: Billy Corgan, durante un concierto de 2012. A la derecha: detalle del cartel del Festimad en 1996. 
 
Imagen secundaria 2 - Arriba: la formación original de The Smashing Pumpkins. Sobre estas líneas a la izquierda: Billy Corgan, durante un concierto de 2012. A la derecha: detalle del cartel del Festimad en 1996
 

—¿Con el tiempo echó de menos a esa formación que grabó 'Mellon Collie'?

—Nunca, la verdad. Lo sorprendente es que duráramos tanto. En muchos sentidos, es hermoso que pudiéramos hacer ese disco, porque fue nuestra última gran declaración artística juntos, pero podríamos habernos separado perfectamente después del primer o segundo disco. El hecho de que llegáramos a grabarlo después de tres álbumes fue un milagro.

—En otra entrevista aseguró que nada volvió a ser lo mismo después de 'Mellon Collie'.

—Bueno, cuando ganas la Copa del Mundo y alcanzas la cima de cualquier actividad, se supone que has logrado cualquier objetivo que te hayas marcado. Eso lo cambia todo, porque necesitas un nuevo objetivo. Para algunos deportistas consiste en ganar otra copa, pero en la música, ¿cuál es? Para nosotros no se trataba de conseguir otro número uno, sino de encontrar una nueva dirección, pero cuando todo se desmoronó, ese objetivo dejó de ser colectivo. Fue algo parecido al fin de la inocencia… o al final de todo aquello que habíamos sido.

—Hablando de ese éxito, en la primera mitad de la década de 1990, había tres bandas que lideraban la revolución del rock independiente: Nirvana, Pearl Jam y The Smashing Pumpkins. ¿Vivía usted aquello como una competición?

—¡Muchísimo! Y siempre pensé que aquella competición fue positiva. De niño practiqué mucho deporte, así que nunca vi nada malo en competir con otras grandes figuras de mi generación. A los aficionados esa actitud les extraña, pero a mí no me lo parece en absoluto. El otro día, por ejemplo, vi en Instagram que alguien había publicado un vídeo de Nirvana tocando en Chicago en 1990. Yo estuve en ese concierto. Había unas trescientas personas. Fue antes de que Nirvana explotara. Mientras veía el vídeo, pensaba: «¿De verdad fue tan pequeño aquel concierto?». Cuando terminó la canción y escuché los aplausos, comprobé que sí, que no había mucha gente. Pero yo ya sabía, incluso en 1990, antes de que hubiésemos grabado 'Gish' (Caroline, 1991) y conocido a Butch Vig [batería de Garbage y productor de 'Nevermind' y grupos como Foo Fighters o Depeche Mode], que Kurt Cobain era probablemente la persona con más talento de nuestra generación.

—¿Tan evidente era? Había otros grandísimos grupos a finales de los 80 y principios de los 90.

—Lo supe desde su primer disco, así que, desde mi punto de vista, no había nada malo en mirar a alguien tan talentoso como Kurt y pensar: «Si quiero triunfar y hacer realidad mi sueño, tengo que encontrar la manera de estar a su altura». Cuando digo «derrotarlo», no me refiero a vencerlo como en un campo de batalla, simplemente era mi competencia, la persona cuyo nivel tenía que alcanzar. Si comparas dónde estaba yo y él en 1990, es evidente que Kurt iba muy por delante de mí, pero nunca pensé que eso fuera malo. No hizo que lo odiara, al contrario, hizo que admirara más su talento.

—¿Qué fue lo primero que se le pasó por la cabeza cuando recibió la noticia de que Kurt había muerto, teniendo en cuenta esa competición creativa que le impulsaba?

—Bueno... es un tema terrible del que hablar, pero no importa. La verdad es que no sé muy bien qué decir. Alguien me llamó y, obviamente, la noticia estaba en todos los medios. Conocía a Kurt y, además, tenía una relación muy cercana con su esposa [Billy Corgan fue pareja de Courtney Love en 1991, antes de que la cantante empezara su relación con Cobain], así que no lo viví únicamente como una pérdida inmensa para el mundo de la música, sino como algo devastador para mi amiga, que acababa de perder a su marido. No sé... Para mí, todo lo relacionado con eso pertenece al terreno de lo personal, no de lo profesional.

—Centrándonos en lo profesional, tras su muerte en 1994, la industria musical pareció obsesionarse con encontrar al nuevo Kurt Cobain. The Smashing Pumpkins estaban por encima de esa carrera, pero ¿cómo vivió esa fiebre?

—La ignorábamos, nos parecía una tontería. Sí… ¡Una tontería tremenda! Y creo que eso se nota, porque, de todas las bandas de nuestra generación, fuimos una de las menos afectadas por lo que estaba ocurriendo. Ya habíamos asimilado todo lo que nos interesaba del grunge y Seattle. En muchos sentidos, cuando llegamos a grabar 'Siamese Dream', ya lo habíamos dejado atrás. No nos decía nada. Que estuviera de moda o que todo el mundo llevara un pedal de fuzz no significaba absolutamente nada para nosotros. Estábamos mucho más centrados en Queen, Black Sabbath, Led Zeppelin y The Beatles. Mirábamos hacia las grandes bandas de los 60.

—Daba por hecho que, en esa época, usted también escuchaba a bandas como Minor Threat o, más tarde, Fugazi y todos esos grupos que defendían la independencia de la industria musical por encima de todo.

—¡Ah, sí! Nos gustaba mucho Fugazi, de hecho, teníamos una canción muy antigua que claramente se inspiraba en ellos. Había muchísimas bandas excelentes, es verdad, pero aquella escena no me inspiró lo suficiente como para hacer esa música. Si me hubieras preguntado en esa época qué música quería hacer, te habría respondido que Black Sabbath. El problema es que muchos periodistas de la prensa musical independiente en los años 80 y 90 no entendían de dónde venía yo. Si te gustaban Black Sabbath o The Cars, no podías decirlo en una entrevista. Tenías que responder: «Me gusta Black Flag», porque era lo que los entrevistadores querían oír. Lo cierto es que a muchos grandes músicos alternativos les apasionaba el rock clásico, pero dentro de su escena había que fingir que esas bandas no te gustaban.

—¿Puede poner algún ejemplo?

—Cuando yo era niño, todo el mundo se burlaba de los Beach Boys. Se consideraba poco 'cool' decir que te gustaban. Además, estaban todos los comentarios sobre los problemas personales de Brian Wilson y el terapeuta que acabó escribiendo canciones con él. Sin embargo, ahora, en 2026, existe toda una generación de grupos independientes que hacen bedroom pop y que quieren sonar como los Beach Boys de 'Pet Sounds', 'Surf's Up' o 'Holland'. En poco más de treinta años la música independiente ha pasado de reírse de los Beach Boys a celebrar a artistas que suenan como ellos. Nosotros estábamos mucho más centrados en los grandes artistas de los 60. Creíamos que habían hecho la mejor música de todos los tiempos. Intentamos aprender no solo su sonido, sino la arquitectura de su forma de componer. Si eras The Beach Boys, podías hacer una canción de rock y también una balada. Si eras The Beatles, podías escribir una canción psicodélica como 'Strawberry Fields Forever' y otra como 'Revolution'. Ese fue el modelo en el que nos fijamos.

—¿Cuándo se hizo famoso siguió yendo a ver conciertos en salas pequeñas a descubrir bandas alternativas?

—Al principio, sí, pero llegó un momento en que empecé a salir en MTV y ya no pude ir a ningún sitio. Si iba a un concierto de una banda independiente en 1996, siempre había alguien que intentaba buscar pelea conmigo por algo que había dicho o, simplemente, porque no le gustaba mi grupo. Era una estupidez. De verdad, una auténtica estupidez. Recuerdo que iba a un club y alguien me preguntaba: «¿Qué haces aquí?». Y yo respondía: «He venido porque me gusta la banda que está tocando». Parecía que, por el simple hecho de salir en MTV, ya no tenía derecho a ir a salas pequeñas. En los 90 hubo muchísimas tonterías relacionadas con la autenticidad y el punk rock. Todo eso siempre me pareció absurdo.

—No es algo exclusivo de Estados Unidos. En España, a menor escala, había prejuicios parecidos.

—Supongo. Como decía antes, mi padre era músico y crecí rodeado de músicos, así que terminé convirtiéndome en uno. Por eso nunca me ha gustado esa naturaleza tribal de la música. Me parece una estupidez. La mayoría de músicos no piensan así. Si coincidiera con Bad Bunny, hablaríamos el mismo idioma. No tiene por qué gustarle mi música y a mí la suya para que podamos mantener una conversación. Los músicos solemos respetarnos independientemente del estilo que toquemos. Son los aficionados y los medios de comunicación quienes dividen a la música en tribus. Lo entiendo: es una buena estrategia de marketing. «Esto es música latina», «esto es rock alternativo», «esto es goth pop»... llámalo como quieras. A los músicos nos fascina descubrir lenguajes diferentes. Por suerte, muchos jóvenes están rompiendo con esa visión tribal y la forma de entender los géneros.

TITULO:  Locos por las motos - MotoGP  - Acosta se rinde a Márquez,. 

  Acosta se rinde a Márquez,. 

 Acosta se rinde a Márquez - AS.com

foto / “Lo respeto todavía más por todo lo que ha sufrido para volver a conseguir su corona”, dice el murciano, sobre un nonacampeón con el que compartirá box en Ducati el próximo curso.

Solamente en lo que va de año, ya son varios los encuentros que han protagonizado Pedro Acosta y Marc Márquez sobre el asfalto. Para empezar, el primero llegó en la ronda inaugural del curso para MotoGP, con el murciano estrenándose como ganador al esprint. Y el último, en el GP de Hungría, con el nonacampeón regresando a lo más alto del podio. “La suerte que tenemos es que Acosta no lleva una Ducati”, ha dejado caer en más de una ocasión el ilerdense. Pero eso cambiará a partir de la próxima temporada, donde los dos españoles compartirán box en las filas del Lenovo. A partir de entonces competirán con las mismas armas, pero el actual piloto de KTM sabe que no se enfrentará a un piloto cualquiera.

“Si (Márquez) no es el GOAT, está al mismo nivel que Valentino (Rossi). Lo que este tío ha conseguido es muy difícil que alguien llegue y lo supere. Lo que Marc ha conseguido es independientemente de su títulos y victorias. Piensa en su regreso en MotoGP, ganando en su segundo intento, y lo mucho que ha sufrido para lograrlo. Quiero decir, de haberme pasado a mí, habría sido necesario hacerlo. Yo soy joven, no tengo dinero comparado con él... Si miras la foto completa, yo no tengo nada comparado con él; dos títulos en las categorías pequeñas, pero esto no es nada si no completas el círculo", comenzaba exponiendo Acosta en el podcast Gypsy Tales, sobre la figura de un Márquez al que no le pone en valor por la cantidad de trofeos que lucen en sus vitrinas. Sino por todo el sacrificio que ha llevado a cabo para conseguirlos, especialmente en estos últimos años.

Marc ya no necesitaba hacerlo (volver). Estuvo once o doce años en la fábrica más grande del mundo, le pagaban bien, ya estaba consiguiendo todo lo que había soñado cuando era pequeño, ganar en MotoGP. No necesitaba volver. Estuvo años en Honda, luego se fue a un equipo satélite (Gresini), que es algo que yo jamás habría imaginado; ver a Marc sobre una moto satélite. ¿Un ocho veces campeón del mundo en ese momento con un equipo satélite? No es algo normal", recuerda el bicampeón, sobre una cadena de sacrificios por parte de Márquez que sigue exponiendo: “Para mí lo que hace a Marc uno de los más grandes es el precio que ha pagado por volver. Cuando tienes la corona y la pierdes, debes entender que vienen pilotos más jóvenes como Quartararo, Pecco en su momento, Martín... son tíos como mucho talento. Pero él volvió para recuperar lo que era suyo. Lo consiguió. Es algo para quitarse el sombrero y decir: ‘Tío, nadie se lo merecía más que tú“.

“Márquez se merece el respeto de todo el mundo”

“Cuando alguien es así de bueno, se lo tengo que reconocer. Hablo de forma muy sincera cuando hablo de la gente. Cuando alguien es tan bueno, tienes que reconocerlo. Ojalá algún día pueda ser la mitad de bueno o conseguir la mitad de lo que él ha conseguido“, señalaba con deseo Acosta, sobre un nonacampeón al que “no le respeto por lo mucho que ha ganado, le respeto más por todo lo que ha sufrido para volver a donde está“. ”Marc se merece el respeto de todo el mundo por lo que ha hecho, aunque seas uno de sus rivales", insiste el piloto de KTM, sobre un futuro compañero de equipo con el que acepta el desafío de luchar por la corona de MotoGP: “Sería un reto bonito. Incluso si perdiera, sería un honor perder contra él. Marc ya está ahí arriba. Yo necesitaré mucho tiempo para llegar donde está él... y ni siquiera sabemos si algún día llegaré“. El tiempo le dará la respuesta.

Metrópolis -Diana Larrea ,. / DIAS DE TOROS - Toros de Miura desde la Feria de las Colombinas de Huelva ,. / Retratos con alma - El tórrido verano en el que Antonio López regresó a la Puerta del Sol ,.

 

TITULO: Metrópolis - Diana Larrea ,.   

  El lunes - 3 , 10 - Agosto los lunes a partir de las 00:30, en La2, foto,.

 Diana Larrea,.

 Metrópolis - Diana Larrea

 Capítulo dedicado a la artista madrileña Diana Larrea (Madrid, 1972). Su práctica, heredera del conceptual y del apropiacionismo, está comprometida con el legado de las mujeres artistas. La obra de Diana Larrea nos hace conscientes de la relación emocional que establecemos con la ciudad.

TITULO:  DIAS DE TOROS  - Toros de Miura desde la Feria de las Colombinas de Huelva,.

 

 

Toros de Miura desde la Feria de las Colombinas de Huelva,.

Canal Sur TV | Viernes -31- Julio - , 19:50 h.

La Plaza de la Merced se prepara para acoger los festejos taurinos, en los que volverán a darse cita las grandes figuras del toreo actual. En la del viernes comparten cartel El Fandi, Manuel Escribano y Alejandro Conquero.

foto / La plaza de La Merced acoge este viernes una de las seis corridas que se enmarcan en las Fiestas Colombinas de Huelva, que este año viene cargada con tintes históricos con el regreso de la ganadería Miura. Un evento en el que se darán cita grandes figuras del toreo y que ha desatado una gran expectación entre la afición.

El Fandi, Manuel Escribano y Alejandro Conquero compartirán el cartel de este festejo, que podrá seguirse en Canal Sur Televisión a partir de las 19:50 horas.

El equipo de retransmisiones taurinas de la radio y televisión pública andaluza, encabezado por Enrique Romero, narrará el evento desde la plaza de toros de Huelva. El maestro Ruiz Miguel y Noelia López, desde el callejón, serán los encargados de contarnos lo que ocurra sobre el albero y las sensaciones que dejen los diestros con sus faenas. 

  

TITULO:  Retratos con alma -    El tórrido verano en el que Antonio López regresó a la Puerta del Sol  ,. 

 

La periodista Isabel Gemio regresa a la televisión para presentar 'Retratos con alma', el nuevo programa producido por RTVE en colaboración,.  

 

 Lunes - 3 , 10 - Agosto   a las 22:40 horas en La 1 / fotos,.

El tórrido verano en el que Antonio López regresó a la Puerta del Sol,.

Es la cuarta vez en su carrera que el artista manchego trata de inmortalizar el Kilómetro 0 de España. En esta ocasión quiere autorretratarse en el díptico,.

El Tío Pepe suda la gota gorda encaramado, cual King Kong cañí, a uno de los edificios de la plaza. Y el oso se resguarda tras el madroño buscando, en vano, una sombra. Son las seis de la tarde. El termómetro marca

Imagen principal - Arriba, Antonio López, portando el lienzo en blanco hasta el centro de la Puerta del Sol, acompañado por su amigo y pintor Isidro Brunete, que lleva los bártulos. Sobre estas líneas, a la izquierda, el pintor midiendo meticulosamente antes de coger el pincel. A la derecha, detalle de su antebrazo izquierdo, donde lleva escrito el lugar exacto desde el que pinta: en la losa 9-10
39 grados. Es la semana más tórrida en décadas... y nosotros, en la Puerta del Sol. El infierno debe parecerse bastante. No es una penitencia. El objetivo, ver pintar en vivo a Antonio López, uno de los más grandes artistas españoles. En el mismo sitio, y a la misma hora, hace dos años éramos testigos de una 'masterclass' impagable, solo interrumpida por un policía municipal que le pedía los papeles: «Puede ser Van Gogh o quien sea. Mi jefe me ha dicho que le pida el permiso», se defendía el agente ante la indignación del respetable.

Reincidimos, dos años después, esta vez rodeados de vallas. Siguen las obras de remodelación de la Puerta del Sol. Atrás quedó aquel díptico que pintaba en 2021. Prefería empezar uno nuevo. Antonio aparece con el cuadro a cuestas, acompañado por Isidro Brunete, amigo y pintor, que le ayuda a transportar los bártulos. Luce el uniforme veraniego de batalla: bermudas, gorra, sandalias, calcetines... Las huellas que dibuja en el suelo para identificar la posición exacta se borran enseguida. De ahí que en el antebrazo izquierdo lleve escrito, a modo de tatuaje, el número de la losa desde la que pinta: entre la 9 y la 10. Despliega el caballete, coloca el lienzo, saca una paleta, una caja de pinceles... y entonces surge la magia.

El díptico abarcará toda la plaza completa: pintará un lienzo frente a la sede de la Comunidad de Madrid, y otro de espaldas, mirando hacia las calles Montera, Carmen... La semana pasada comenzó el primero: «Es el eje de las dos pinturas». Pero surgió un problema: «Pensé que era una buena idea colocarme justo enfrente de la puerta principal de la sede de la Comunidad, que esa puerta fuera la protagonista de la doble pintura. Pero vi que no era lo correcto. Me pareció mal». ¿Por qué? «Pues no lo sé, pero me pareció una imprudencia, una temeridad, no debía hacerlo. Entonces, me desplacé hacia la izquierda», explica mientras da un sorbo a una tónica en un café cercano, donde conversamos. Había pedido un «agua roja» [un Bitter Kas], pero no había. Antonio es un clásico moderno.

 

Cuando dice que giró a la izquierda, ¿sigue hablando de arte y no de política, verdad?, le preguntamos en broma. No le gusta hablar de política. «Yo pienso, no en España, sino en general en el mundo, que nos podía llevar gente mejor. El mundo iría mejor llevado por gente que supiera más que los demás. No hay más que mirar a Rusia, a América, a China... Tenemos muchas cosas estupendas en nuestra época que ha creado la ciencia. Nos está ayudando muchísimo. Pero los políticos... dejan muchísimo que desear. Todos. Yo sé que es difícil gobernar estando bajo el capitalismo y la sociedad de consumo. ¿Ves como sí hablo? No es por mojarme o no mojarme. Es que... es una pesadez». Hemos tenido que votar en verano, ahora asistimos a un baile de pactos... «Votar en verano es lo de menos. Se vota cuando haya que hacerlo. Es que no son cosas hechas con limpieza. Ni con inteligencia. Ni pensando en lo que es mejor para todos. Está hecho para ellos».

Imagen secundaria 1 - Arriba, Antonio López, portando el lienzo en blanco hasta el centro de la Puerta del Sol, acompañado por su amigo y pintor Isidro Brunete, que lleva los bártulos. Sobre estas líneas, a la izquierda, el pintor midiendo meticulosamente antes de coger el pincel. A la derecha, detalle de su antebrazo izquierdo, donde lleva escrito el lugar exacto desde el que pinta: en la losa 9-10
 
Seis de la tarde: comienza a pintar Arriba, Antonio López, portando el lienzo en blanco hasta el centro de la Puerta del Sol, acompañado por su amigo y pintor Isidro Brunete, que lleva los bártulos. Sobre estas líneas, a la izquierda, el pintor midiendo meticulosamente antes de coger el pincel. A la derecha, detalle de su antebrazo izquierdo, donde lleva escrito el lugar exacto desde el que pinta: en la losa 9-10 . 
 
Imagen secundaria 2 - Arriba, Antonio López, portando el lienzo en blanco hasta el centro de la Puerta del Sol, acompañado por su amigo y pintor Isidro Brunete, que lleva los bártulos. Sobre estas líneas, a la izquierda, el pintor midiendo meticulosamente antes de coger el pincel. A la derecha, detalle de su antebrazo izquierdo, donde lleva escrito el lugar exacto desde el que pinta: en la losa 9-10
 

Tras una semana con el primer cuadro, ha decidido empezar el segundo. Una oportunidad única de ver a Antonio López enfrentándose al lienzo en blanco. Dibuja a lápiz una gran cruz que parte la superficie en cuatro fragmentos, buscando el eje central. Mide una y otra vez para garabatear los huecos de los cinco edificios. Coge un pincel y empieza a pintar por la derecha. Hora y media después, tiene buena parte del lienzo cubierta con colores tierra y el cielo de un precioso azul Ultramar, que nos muestra en la paleta. ¿Quién dijo que era lento? Es cierto que tardó 26 años en acabar sus esculturas 'Hombre' y 'Mujer' y 20, su retrato de la 'Familia de Juan Carlos I', pero empezar... lo hace con decisión y rapidez.

Es la cuarta vez que pinta en la Puerta del Sol. Hace muchísimo lo intentó por primera vez, pero en un formato pequeño. «La Puerta del Sol siempre ha sido algo que me parecía muy interesante. Y no sé explicar muy bien por qué. La arquitectura es muy modesta, como todo lo español arquitectónico, salvo excepciones. Pero ahí pasa algo para mí que tiene misterio». Hay también una parte sentimental. De adolescente, cruzaba esta plaza a diario para ir a la Escuela de Bellas Artes. «Sol era el centro de donde hacíamos la vida». ¿Qué recuerda de aquella Puerta del Sol? Ha cambiado mucho, ¿no? «La inicial era muy pequeña y muy poco estética. Se amplió con obras sucesivas. Antes era una plaza donde pasaban los tranvías, los autobuses y los coches. Después se hizo peatonal. Pío Baroja habla de ella. Y los escritores que han escrito sobre Madrid hablan de la Puerta del Sol». ¿No le parece un lugar duro, sin zonas verdes? «Lo español es duro. No es una plaza amable. A mí eso me gusta. ¿Sabes por qué? Precisamente, porque no tiene árboles. Como la Gran Vía. Me parece muy importante la arquitectura modesta de la Puerta del Sol que se evidencia. Con los árboles no se ve. Si los tuviera, no me hubiera puesto a pintarla».

Pero se le resiste. Volvió a intentar pintarla en 2010. «Hubo unas obras y también abandoné». Las obras y la muchedumbre que se arremolinaba para verlo pintar y apenas podía. «Sí, me incomodó muchísimo. Hasta hace dos años no retomé el cuadro. Cuando quieres volver a un lugar, es como cuando quieres la amistad de una persona, es por algo». Pero se lo está poniendo muy difícil. «Hay cosas difíciles a las que vuelves».

¿Quedó terminado aquel díptico que pintó en la Puerta del Sol en 2021? «Cézanne hablaba de que un cuadro no se podía acabar. Y Giacometti también. Estoy de acuerdo. Los dos años que han pasado me han alejado de esa Puerta del Sol, de esa pintura que estaba haciendo. Por otro lado, yo me quiero incluir en la parte de abajo. Para poder hacer eso, le faltaba altura al cuadro. Esta vez la anchura es la misma (120 centímetros), pero tiene 140 de altura. De modo que me voy a incluir». ¿Solo los pies? «Y lo demás. Me voy a pintar en escorzo. Voy a incorporarme en ese cuadro». ¿Por qué esa necesidad? «Porque quiero. Si lo explico, a lo mejor puede quedar chocante».

Imagen principal - Arriba, Antonio López, pintando, con la presidencia de la Comunidad de Madrid al fondo. Sobre estas líneas, a la izquierda, el material de trabajo que utiliza. A la derecha, un primer plano del lienzo que está empezando a pintar
 

¿Le gusta la nueva reordenación de la Puerta del Sol? «Yo pienso que han organizado demasiado follón para muy poca cosa. No hacía falta tanto. Para colocar la estatua en un sitio distinto de la plaza y dentro de una fuente, francamente, me parece una mala idea. Creo que no es acertado». Tampoco, el edificio que da acceso al Cercanías, conocido como la tortuga o la ballena. «No me gusta, pero ahí está puesto». ¿Lo va a pintar? «Lo que está puesto lo voy a pintar. Está más allá de que me guste o no me guste. Yo acepto la totalidad. No puedes seleccionar».

Imagen secundaria 1 - Arriba, Antonio López, pintando, con la presidencia de la Comunidad de Madrid al fondo. Sobre estas líneas, a la izquierda, el material de trabajo que utiliza. A la derecha, un primer plano del lienzo que está empezando a pintar
 
Siete de la tarde: sesión de pintura a pleno sol Arriba, Antonio López, pintando, con la presidencia de la Comunidad de Madrid al fondo. Sobre estas líneas, a la izquierda, el material de trabajo que utiliza. A la derecha, un primer plano del lienzo que está empezando a pintar . 
 
Imagen secundaria 2 - Arriba, Antonio López, pintando, con la presidencia de la Comunidad de Madrid al fondo. Sobre estas líneas, a la izquierda, el material de trabajo que utiliza. A la derecha, un primer plano del lienzo que está empezando a pintar

Los curiosos se van acercando y retratan la escena con sus móviles. Antonio López sigue pintando a pleno sol... y a palo seco. Isidro Brunete se encarga de recordarle que beba agua. Teme que le dé un golpe de calor. ¿Tiene el termostato averiado? «No me creo mucho esos datos. Cuando era un muchacho, la gente pasaba un calor horroroso. Recuerdo que en los periódicos hablaban de que la gente salía a dormir a la calle porque no podía hacerlo en sus casas. Se ha pasado muchísimo calor y yo soy de esa época», comenta el pintor. Como diría mi madre: pero, ¿qué necesidad hay? ¿Por qué, con 87 años, a 40 grados, se pone a pintar? «Porque es mi trabajo. Me considero un obrero, como los segadores. Los segadores, si tenían que segar, pues tenían que ir donde estaba el trigo. En la época en que estaba mejor. Yo todo eso lo he vivido. A mí me gusta mi trabajo y me gusta hacerlo donde creo que lo tengo que hacer. En este caso quiero retratar la Puerta del Sol en verano, porque únicamente en verano toda la acera de la Comunidad coge el sol. Me gusta iluminada por el sol».

Hace cien años moría en Cercedilla Joaquín Sorolla, uno de los pintores que mejor ha pintado la luz. Por supuesto están Vermeer, Velázquez... ¿Cómo se pinta la luz? «El primero que pinta un tipo de luz que nunca se había pintado es Piero della Francesca». ¿Y qué tipo de luz era? «Pues pinta la luz en donde vivimos. Giotto no lo hace. Piero es el primero, que yo sepa, que pinta un nocturno, 'El sueño de Constantino'. Todo eso está en sus pinturas que hay en Arezzo. Y pinta con la luz diáfana que conocemos, el cielo azul y el sol, la luz del sol, la claridad de la luz, es el primero que la pinta».

¿Es tan especial la luz de Madrid como la pintan? «Creo que no. Cuando se contamina sí es especial. La luz de Castilla, de todo el centro de España, al estar muy alta, coge mucha luminosidad y claridad. Las imágenes son muy nítidas aún en la distancia. Mi tío hacía cosas maravillosas con la luz, y Beruete, y Corot. Los impresionistas hacían cosas maravillosas con la luz, al aire libre. La clave nos la dan los impresionistas, no Sorolla. Sorolla trabaja a partir de lo que ellos habían descubierto: salir con el caballete y pintar lo que ven. Y el primero que lo hace es Corot. Cuando llega Sorolla, el impresionismo ya casi había pasado».

Antonio López hace doblete estos días. Por las mañanas acude a la novena planta de El Corte Inglés de Callao, donde está pintando una de las siete vistas de la Gran Vía que tiene planeado hacer. «La empecé hace tiempo y la reanudé el año pasado. Es la Gran Vía desde Callao, con sus cines, la plaza... Todo el tramo de la Gran Vía hasta la Plaza de España». Lo tiene muy avanzado.

A Sorolla siempre se le ha considerado un pintor de playas. Y a Antonio López, el pintor de la Gran Vía de Madrid. ¿Le molesta? «No, no me molesta. No pasa nada. Pero creo que no es así. Es verdad que pinto la Gran Vía. Y pinto Madrid. Uno de mis temas es la ciudad». Pese a llevar viviendo mucho tiempo en la capital, se considera «muy de Tomelloso. No me siento madrileño. Soy una persona que ha acabado viviendo aquí». ¿Piensa en algún momento volver a Tomelloso? «Vuelvo mucho». ¿Y a vivir definitivamente? «No, tengo la familia aquí. Tengo muchas cosas aquí».

Sus abuelos maternos (Sinforoso y Josefa) y paternos (Antonio y Carmen) están pasando este verano más a la fresca que su nieto, en los almacenes del Reina Sofía. ¿Confía en ver colgados sus retratos algún día en sus salas? «No lo pienso. Sinceramente, yo ya esas cosas no las quiero pensar. Tengo apoyos suficientes, gente que me estima. No hay que pensar en eso. No hay que ser morboso. Si no te colocan, no pasa nada. No quiero enfadarme por eso. En su momento hice un plante. Rechacé una exposición que me ofrecían porque era la ocasión de hacer algo. Pero ahora, ¿qué vas a hacer? ¿Hablar con él? ¿Atarte a un árbol? ¿Qué haces?» Bueno, la baronesa Thyssen se ató a un árbol para que no talasen los de su museo, le recordamos.

«No me parece que sea tan importante. En el Prado no está Vermeer y no pasa nada». En el Reina Sofía hay nuevo director. ¿Confía en que sus obras vuelvan a las salas? «Hay que dejar a la gente que haga su trabajo. Y después, a ver qué pasa. A ver por dónde sale. El otro, Manuel Borja-Villel, hizo un trabajo muy sincero. Yo no estoy de acuerdo con su visión. Pero ¿qué haces si lo han elegido? Me parece más grave lo que pasa en la política. Lo que pasa en el arte no tiene importancia. No tanta». Hay gente que cree que justo porque el arte no sirve para nada es importante. «Para mí tiene mucha importancia. Pero no es importante para todos como un hospital».

«Creo que debe haber un ministro de Cultura, como lo hay de Sanidad»

¿Es partidario de que haya un Ministerio de Cultura? «Sí, creo que debe haber un ministro de Cultura, como lo hay de Sanidad. ¿Por qué no? Decir que la cultura es tan importante como la sanidad es algo que mucha gente lo consideraría exagerado. Yo creo que seríamos mejores con más cultura. Creo que el hombre está haciendo agua, está precipitándose hacia la oscuridad por falta de cultura. Así que me parece que la ha necesitado muchísimo. Pero si quieren que la quiten... ¿Qué vas a hacer?»

¿Ha visto ya la Galería de las Colecciones Reales? «No he ido. Iré cuando tenga tiempo. No tengo prisa porque va a estar ahí mucho tiempo». Se lo pregunto porque no sé si le hubiera gustado que estuviera allí su 'Retrato de la Familia de Juan Carlos I'. «Yo pienso que han decidido no poner el arte contemporáneo. Pienso eso. Pero a lo mejor ha habido otro motivo. No lo sé». Hay un tapiz de un cartón de Guillermo Pérez Villalta. «Hay mucho arte contemporáneo en la colección de Patrimonio Nacional. No quiero decir nada sobre esas cosas. No por prudencia. Yo le doy importancia a tener salud, a ir a pintar la Gran Vía y que esa tarde no haga viento. Porque si hace viento, me jode la jornada. Lo demás ya no es cosa mía. El cuadro me lo encargaron. Lo hice lo mejor que pude. Y se acabó». ¿Le gustaría que la actual Familia Real le encargara un cuadro? «Claro que me gustaría. Diría que sí». A ver si Don Felipe y Doña Letizia recogen el guante.

«Ahora voy un poco a la deriva, pero tengo motivos para estar bien»

Mientras media España inunda las playas, Antonio López sigue trabajando. ¿Es que no se va nunca de vacaciones? «Hace mucho que no me voy de vacaciones. Yo las cojo cuando lo necesito». ¿Y ahora cómo anda de fuerza, de ánimo? «Pues mira, hoy me duele la espalda. ¿Qué menos?» Tiene 87 años, algo tendrá que dolerle, ¿no? «Trabajo de pie. Tengo que hacer un tratamiento cuando acabe el verano para mejorar mi espalda. Ese es el problema que tengo». ¿Se cuida mucho? «No es que me cuide, es que he aprendido a no hacer demasiadas tonterías. Ahora voy un poco a la deriva, pero tengo motivos para estar bien».

«Retrataría a Rosalía si se dejara pintar como yo la quiero pintar»

David Hockney, otro joven pintor como Antonio López (tiene 86 años, uno menos), ha retratado a una estrella del pop, Harry Styles. ¿Le gustaría retratar, no sé, a Rosalía, por ejemplo? «Si se dejara pintar como yo la quiero pintar, sí». ¿Y cómo la querría pintar? «Se lo diré a ella» (ríe). Vamos, ¿cómo le gustaría? «Siempre como yo quisiera pintarla. No la conozco. La he visto en imágenes y la he oído cantar. Es una figura que tiene muchas facultades. Está muy bien. Pero no haría nada por hacerlo. Tampoco hice nada por pintar a la Familia Real. Me lo encargaron. No lo necesito, porque si no pinto una cosa, pinto otra. El arte moderno se ha hecho desde la voluntad que te guía, eligiendo cómo debes pintar y qué cosas debes pintar. Los encargos casi no entran en la pintura moderna. Yo los he aceptado porque me han parecido a veces interesantes, pero el arte moderno se ha hecho fuera del encargo. Eso es así».

¿Hay algo que le gustaría hacer y que aún no haya hecho? «Pienso que en la pintura moderna se tenían que haber pintado más desnudos. Los mejores femeninos del arte español me parecen 'La Venus del espejo' de Velázquez y 'La Maja' de Goya. No se ha pintado mejor a la mujer. 'La Venus del espejo' debía estar en el Prado. Lo mejoraría».

«En el Patronato del Prado debería haber pintores y escultores obligatoriamente»

Imagen principal - Arriba, Antonio López en la novena planta de El Corte Inglés de Callao, pintando una vista de la Gran Vía hasta la Plaza de España (sobre estas líneas, a la derecha). A la izquierda, el primer lienzo del nuevo díptico de la Puerta del Sol que comenzó a pintar hace una semana
 

Ya que lo dice, ¿qué debe mejorar el Prado? «Debía haber pintores y escultores en su Patronato, obligatoriamente. Yo estuve, pero me escribió una carta la ministra Sinde dándome las gracias y despidiéndome». Ahora buscan empresarios. «Pues mal hecho. Muy mal. ¿Ves? Falta cultura». ¿Y alguna otra cosa que le falte al Prado? «Pues mira, por ejemplo, me parece grave lo que han hecho con la restauración de 'La Anunciación' de Fra Angelico. Le han metido un barniz, lo han acabado demasiado, lo han convertido casi en un cromo, según mi criterio. Creo que se han pasado de... dejarlo nuevo y brillante. Ahí tenía que haber habido alguien que hubiera puesto un límite. Porque es una témpera. No es un óleo. Es como si barnizaran 'El juicio final'. Eso no puede ser».

Imagen secundaria 1 - Arriba, Antonio López en la novena planta de El Corte Inglés de Callao, pintando una vista de la Gran Vía hasta la Plaza de España (sobre estas líneas, a la derecha). A la izquierda, el primer lienzo del nuevo díptico de la Puerta del Sol que comenzó a pintar hace una semana
 
De Sol a Callao y Gran Vía Arriba, Antonio López en la novena planta de El Corte Inglés de Callao, pintando una vista de la Gran Vía hasta la Plaza de España (sobre estas líneas, a la derecha). A la izquierda, el primer lienzo del nuevo díptico de la Puerta del Sol que comenzó a pintar hace una semana . 
 
Imagen secundaria 2 - Arriba, Antonio López en la novena planta de El Corte Inglés de Callao, pintando una vista de la Gran Vía hasta la Plaza de España (sobre estas líneas, a la derecha). A la izquierda, el primer lienzo del nuevo díptico de la Puerta del Sol que comenzó a pintar hace una semana
 
(Isidro Brunete y Tania Sieira)

Algunos de sus desnudos estarán en la exposición que se inaugurará a finales de septiembre en La Pedrera de Barcelona. Reunirá pintura, escultura y dibujos. «El desnudo es un tema para mí muy importante. Y lo llevo haciendo desde hace muchísimos años». ¿Qué es lo que más le interesa del cuerpo femenino? «El animal humano se ve desnudo. La cabeza es muy importante. Pero debajo de la cabeza pasan muchísimas cosas. A mí me parece una maravilla todo lo que pasa. Y representarlo me parece algo extraordinariamente precioso, interesante, bonito». ¿Utiliza modelos? «Sí, yo trabajo siempre del natural. No me sé inventar las cosas».

«Las puertas de la catedral de Burgos hay que acabarlas y bien. Otra cosa es que las pongan o no»

Aún tiene por hacer algunas obras para las puertas de la catedral de Burgos que han sido tan polémicas. ¿No ha salido escaldado? «No, porque ya estaban pagadas. Y hemos tenido que seguirlas. Otra cosa es que las pongan o no. Se ha decidido que no se ponen. No me importa. Ya no se podía dar marcha atrás. Hay que acabarlas y bien. Si se ponen, bien. Si no, en algún sitio acabarán».

Siguiendo con David Hockney, lleva años pintando con un iPad. ¿Le han tentado las nuevas tecnologías? «Me gustaría que Hockney no se pusiera tan mecánico, porque era muy buen pintor. Que siguiera pintando como pintaba antes. A mí me gusta la pintura como yo la concibo. No he pintado nunca con un iPad. No me atrae. Me gusta ir a los sitios, salir de mi casa al mundo. Es algo que me da muchísima vida».

«La inteligencia artificial no puede rebasar al hombre porque es el que la inventa»

¿Cree que la inteligencia artificial podrá sustituir algún día la magia de una luz pintada por un gran artista? «No, son tonterías que se dicen. La inteligencia artificial es el hombre mismo. No puede rebasar al hombre, porque es el hombre el que la inventa. Ahora mismo, dos locos tiran unas cuantas bombas atómicas y se acaba el mundo. No hace falta la inteligencia artificial. Ya está inventado el final. Es una amenaza mal manejada». ¿Madrid necesita más escultura pública, más arte en las calles? «Si es buena, sí. Pero, ¿cómo se sabe si es buena? Ahí está el problema. A ver si la inteligencia artificial nos echa una mano» (ríe).

Son las siete y media de la tarde y el sol sigue castigando sin piedad. El valiente manchego continúa pintando, como si nada. Esta cordobesa cobarde, 30 años más joven, se rinde, achantada por el mercurio, más disparado que la cesta de la compra. Los 40 grados no están en el ADN de los cordobeses. Antes de la huida, Antonio pide que me acerque: «Mira, he pintado el sol». Apenas dos pinceladas y de repente aparece, a la izquierda, iluminando el lienzo. Pura magia.