sábado, 5 de septiembre de 2026

Cartas en el tiempo - En el lado oscuro de la historia ,. / Las rutas de Ambrosio - Cádiz, Gadir y Gades ,./ LAS RUTAS DE VERONICA - La única y asombrosa ,. / ¡ Qué grande es el cine ! - ME RESBALA - AQUEMARROPA - ¡ QUE TIEMPO TAN FELIZ ! - EL HORMIGUERO VIERNES - 4 , 11 - Septiembre - Golpe total de Alexia Putellas ,. / ¿Dónde estabas entonces? - La maldición de Montgomery Clift, el actor que casi sobrevive a Hollywood ,. Martes - 1 , 8 - Septiembre , . / Informe Robinson - Fútbol es Fútbol ,.

 

TITULO: Cartas en el tiempo - En el lado oscuro de la historia  ,.


Cartas en el tiempo ,. 

 

 Miércoles - 2 , 9 -  Septiembre a las 20:00 en La 2 , foto,.

 

En el lado oscuro de la historia,.

Antes de decidir por uno mismo que se está en el lado correcto conviene conocer la historia. Pedro Sánchez demuestra que desconoce el significado exacto de la palabra genocidio,.

En el lado oscuro de la historia

Acaba de celebrarse en Viena la gala anual de Eurovisión, en la que compiten cantantes procedentes de toda Europa –entendida como una civilización más que como una unidad política–, incluida Australia. Esta gala es una ocasión única que permite a millones de espectadores sentirse miembros de una gran comunidad alegre, al margen de cualquier consideración política, económica o diplomática, dejando atrás viejas disputas en favor de la fiesta. El éxito es considerable, ya que se estima en 150 millones el número de espectadores. Pero los españoles no han tenido este año el privilegio de participar ni de asistir a esta gran fiesta.

Pedro Sánchez y la televisión pública (en desprecio de toda independencia periodística) decidieron lo contrario. Dado que Israel participa en Eurovisión, el Gobierno decretó que no podía compartir escenario con una nación tan despreciable y, además, según las declaraciones del presidente, «genocida», nada menos. Al anunciar esta decisión, con grandes dosis de orgullo nacional, Sánchez consideró que España se situaba así «en el lado correcto de la historia». Hay que reconocer que no está solo; en su decisión de boicotear Eurovisión se erige como el más vehemente al frente de una peculiar alianza que incluye a Irlanda, Países Bajos, Islandia y Eslovenia. ¿Por qué estos países y no otros? Si nos fijamos en su historia, observamos que cada uno de ellos mantuvo con su comunidad judía un pasado complicado. Países Bajos, por ejemplo, son el país donde, en porcentaje, el número de judíos fue el más masivamente exterminado durante la Segunda Guerra Mundial. Ana Frank era neerlandesa; no es casualidad.

En cuanto a la relación entre España y el judaísmo, habría que remontarse a una historia muy antigua y a la obsesión inquisitorial por los marranos para comprender, tal vez, la dimensión psicoanalítica del antijudaísmo español. ¿Por qué Islandia? Sin duda, por el efecto de las redes sociales y de 'influencers' antiisraelíes, por no decir antijudíos.

Pero volvamos al orgullo de Pedro Sánchez por posicionarse, tal y como él mismo ha declarado, «en el lado correcto de la historia». Me parece difícil pronunciarse 'a priori' sobre cómo lo juzgarán la historia y los historiadores. Y observemos, no obstante, que antes de decidir por uno mismo que se está en el lado correcto conviene conocer la historia. Evidentemente, el Gobierno español la conoce poco, del mismo modo que ignora el significado de las palabras: al hacer suya la ignominiosa acusación de 'genocidio' de los palestinos por parte de los israelíes, Sánchez demuestra que desconoce el significado exacto de la palabra genocidio.

Este no es insignificante: fue acuñado de la nada en 1944 por un jurista judío-polaco, Raphael Lemkin. Atormentado por las masacres del siglo XX que exterminaron a pueblos enteros, Lemkin se preguntó cómo calificar esta nueva forma de barbarie y cómo, a la larga, poder juzgarla ante los tribunales judiciales y los tribunales de la historia. Al acuñar este término se basó en dos crímenes colectivos que le parecían sin precedentes, al menos en nuestra época: el genocidio de los armenios por parte del Ejército otomano en 1916 y, evidentemente, el genocidio de los judíos por parte de los nazis.

Raphael Lemkin no cesó desde entonces en su empeño por lograr el reconocimiento de este término, adoptado por las Naciones Unidas en 1948 en una convención sobre el genocidio. Sobre la base de esta definición, el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia pudo acusar al antiguo dirigente Slobodan Milosevic de genocidio, perpetrado en 1995 contra los musulmanes de Bosnia. Un tribunal especial para Ruanda, creado por la ONU, también calificó de genocidio el intento, en 1994, de exterminar a la minoría tutsi por parte de la mayoría hutu. Para que haya genocidio debe ser manifiesta la voluntad de exterminar a todo un pueblo por el mero hecho de pertenecer a un grupo cultural, étnico o religioso; este fue evidentemente el caso de los armenios en Turquía, de los judíos en Europa, de los tutsis en Ruanda y de los musulmanes en Bosnia.

En cambio, utilizar este término para referirse a la lucha de los israelíes contra los terroristas que niegan la propia existencia del Estado hebreo y desean su completa desaparición constituye un abuso del vocabulario, una herramienta de propaganda llena de odio destinada a caldear los ánimos. No es digno de España. No se puede, con decencia, calificar de genocidio lo que no lo es; si realmente el Estado de Israel fuera genocida, no se entendería por qué incluye dentro de sus fronteras a dos millones de palestinos, ciudadanos de Israel y gozan de todos los derechos que conlleva dicha ciudadanía. Si se analiza con honestidad a quién ataca Israel y, lamentablemente, mata –como ocurre en toda guerra–, los objetivos no son los palestinos como tales, sino los movimientos terroristas, Hamás y Hezbolá, apoyados por Irán. Ambos utilizan a los civiles palestinos como escudos humanos, lo que explica la muerte de mujeres y niños no combatientes. Los verdaderos genocidas en este interminable conflicto son más bien los iraníes y sus milicias armadas, que desean exterminar a todos los israelíes por el mero hecho de ser israelíes y judíos.

Por supuesto, la muerte de miles de palestinos en Gaza, en ocasiones en Cisjordania y a menudo en el sur del Líbano, constituye una tragedia; debe denunciarse, pero siempre que se presenten propuestas para ponerle fin, lo que exigiría el desarme de las milicias genocidas, Hamás y Hezbolá, apoyadas por Irán, para que pueda iniciarse una verdadera negociación diplomática entre Israel y sus vecinos árabes y persas. Esto no es en absoluto lo que predica Sánchez, quien, por otra parte, no propone nada salvo dejarse llevar por invectivas sin fundamento, ni jurídico ni histórico.

Lamentablemente, estas invectivas se inscriben más en el antisemitismo clásico que en la búsqueda de una solución pacífica para Oriente Próximo. Lamentemos que España, que podría desempeñar un papel de intermediario entre el mundo árabe y Europa, prefiera boicotear un concurso televisivo, considerando sin duda que censurar Eurovisión basta para inscribirse en lado correcto de la historia. Temo más bien que, en la escala de la historia a la que se remite, Pedro Sánchez caiga en el lado equivocado. Nunca se recuperará de ello, a menos que, como Carlos V, se retire al monasterio de San Jerónimo de Yuste para meditar sobre sus faltas.

TITULO: Las rutas de Ambrosio  -  Cádiz, Gadir y Gades ,.  

 

El sabado  - 5 , 12 - Septiembre a las 19:10 por La 2, foto,.

 Cádiz, Gadir y Gades ,.

 Las Rutas de... - Cádiz, Gadir y Gades

 El chef Gonzalo D'Ambrosio se traslada hasta Cádiz para realizar un viaje en el tiempo a través de la gastronomía para conocer qué debe la provincia a la herencia fenicia y romana. Este viaje por la Historia finalizará con Gonzalo cocinando para unos invitados muy especiales, una legión romana.

TITULO: LAS RUTAS DE VERONICA -  La única y asombrosa   ,.

El sabado - 5 , 12 - Septiembre  a las 18:10 por La 2, foto,.

  La única y asombrosa  ,.

 Foto deLa única y asombrosa ruta de senderismo inútil y totalmente prescindible

 La ruta comienza subiendo a una montaña por cortafuegos que no aporta nada la subida. Después hay que bajarla también por cortafuegos no es especialmente bonito. Cuando finalmente se llega al río los caminos están destrozados debido a la labor forestal. No es nada bonita y te hace perder el tiempo. Luego no digas que no te avise. Totalmente desaconsejable.

 

TITULO:  ¡ Qué grande es el cine ! - ME RESBALA - AQUEMARROPA - ¡ QUE TIEMPO TAN FELIZ ! - EL HORMIGUERO VIERNES -4 , 11 - Septiembre  - Golpe total de Alexia Putellas   ,.

 

¡Qué grande es el cine! fue un programa de cine dirigido por José Luis Garci y emitido por Televisión Española por su cadena La 2.
El programa comenzaba con una 
tertulia se encaraba hacia el final con un comentario personal sobre el plano, escena o secuencia preferida de cada uno de los participantes. Posteriormente, entraban los rótulos sobreimpresionados de los créditos del programa mientras seguían comentando la película y se cortaba la emisión silenciando esos comentarios, dando a entender que la tertulia había. El programa comenzó a llevarse a cabo en enero de 1995 y comenzó sus emisiones el 13 de febrero del mismo año., etc,.

¡ Qué grande es el cine ! - ME RESBALA - AQUEMARROPA - ¡ QUE TIEMPO TAN FELIZ ! - EL HORMIGUERO VIERNES -  4 , 11 - Septiembre  -  Golpe total de Alexia Putellas , fotos,.

 Golpe total de Alexia Putellas ,.

 

 

Alexia Putellas,.

 Londres se vistió de fiesta este viernes para la inauguración de la nueva temporada de la Women´s Super League (WSL). Fue con el partido entre el London City Lionesses y el Manchester United con el que se dio el pistoletazo de salida a una de las mejores ligas del planeta. No fue casualidad, ya que coincidió con el estreno de Alexia Putellas en el campeonato inglés.

 Me Resbala (@meresbala) / X

Todos los focos estuvieron puestos en la doble Balón de Oro. Saltó al campo la primera, ya que es la nueva capitana del equipo londinense. Hizo todas las labores de líder, incluso dio el discurso previo a sus compañeras sobre el césped.

Por supuesto, la campeona del mundo fue titular, liderando al equipo de Eder Maestre hasta la victoria (2-1). El técnico alineó a otras españolas: Lete en portería, Mapi y Lucía Corrales en la defensa. Daniela Arqués tuvo minutos al final. En el lado contrario dirigió otra española, Eva Olid, con la excolchonera Andrea Medina en el once.

Fue en el 9′ cuando el London City se adelantó, con un córner que remató Zigiotti Olme en propia puerta. Alexia, que estaba en el área para rematar, fue una de las primeras en celebrar el tanto. En los minutos finales ampliaron la ventaja las locales, gracias a un buen disparo en el área de Van de Donk. La exblaugrana salió del campo ya con el choque decidido.

Fue una jornada festiva en Hayes Lane, donde se registró por primera vez en su historia un lleno total. En las gradas estuvieron varias de sus amigas y rivales: Mariona, Misa y Laia Codina.

Por el momento, el equipo de Michele Kang presume de su liderato histórico en la WSL, categoría a la que ascendió hace tan solo una temporada. Con Alexia al mando, todo pinta de maravilla. 

TITULO: ¿Dónde estabas entonces?  - La maldición de Montgomery Clift, el actor que casi sobrevive a Hollywood , Martes - 1 , 8 - Septiembre ,.

Este martes -  1 , 8 - Septiembre , a las 22.30, La Sexta emite una nueva entrega de la tercera temporada de '¿Dónde estabas entonces?', presentada por Ana Pastor , fotos ,.

 

La maldición de Montgomery Clift, el actor que casi sobrevive a Hollywood,.

Alberto Conejero publica '¿Cómo puedo no ser Montgomery Clift?', un libro que reflexiona sobre el galán del cine clásico,.

Montgomery Clift en 'De aquí a la eternidad'

El manual de la estrella de Hollywood dictaba que tenía que morir joven, guapo y sin hacerse muchas preguntas para ser una leyenda, como Marilyn Monroe o James Dean, pero Montgomery Clift se empeñó en sobrevivir a un terrible accidente para resurgir en forma de acertijo, envuelto en un misterio, dentro de un enigma. En 1956, en un descanso del rodaje de ‘El árbol de la vida’, empotró su coche contra un poste telefónico, ebrio después de una noche de fiesta en casa de su amiga Elizabeth Taylor. Fue ella quien lo encontró, con el labio partido, la nariz rota y aplastada, la mandíbula desencajada y la mejilla izquierda desgarrada. También quien le sacó los dientes que tenía clavados en la garganta y le impedían respirar. Le salvó la vida pero nunca pudo rescatarlo de sí mismo, víctima de una espiral de autodestrucción que se considera el suicidio más largo de Hollywood , otro de los clichés con los que se romantiza a esa generación maldita.

«He querido regresar a este texto para darle otro final. Somos herederos de esa idea del artista maldito, de una visión del creador como alguien atormentado y solitario; yo creo que un creador es alguien celebrativo, alguien que vive en el asombro, alguien que tiene empatía con la bondad, con la humanidad», asegura el poeta teatral Alberto Conejero, que reescribe uno de sus primeros textos para darle un nuevo desenlace, más optimista, en ‘¿Cómo puedo no ser Montgomery Clift?’ (Dos Bigotes) , una oda al artista caído, al talento a la sombra de los fantasmas y al actor, que se revolvió contra los tópicos. «Más allá del amor del celuloide, de la púrpura de la fama, es la historia de un ser humano tratando de salir adelante, de sobrevivir, de salvar su vocación», explica el dramaturgo en una entrevista con ABC.

El cine fue la perdición y la redención de Clift. El actor, que debutó como hijo de John Wayne en ‘Río Rojo’ (1946), consiguió en poco más de una década cuatro nominaciones al Oscar, un premio que se le resistió siempre. Por lo demás lo tenía todo, pero solo en apariencia. El accidente cambió su cara, irreconocible tras las cirugías que intentaron reconstruir su atractivo, pero también su carrera, permitiéndole aspirar a un cine vedado para los guapos. «Esa contradicción lo acompañó hasta el final de sus días: vivía con el fantasma de aquel joven hermoso que terminó para siempre en el accidente de tráfico pero, por otro lado, se liberó de esa máscara y accedió a papeles a los que quizá nunca hubiera llegado si hubiera seguido en el cliché o preso de esa hermosura», asegura el dramaturgo.

La tiranía de la belleza

Una belleza de la que intentó huir aferrándose al método Stanislavski, por el que memorizó una misa en latín para su papel de cura torturado en ‘Yo confieso’ y ensayó durante 24 horas seguidas su famoso monólogo en ‘De aquí a la eternidad’, que le brindó otra nominación pero no la estatuilla. En forma de monólogo teatral, Conejero pone al actor frente a su propio espejo para reflexionar sobre sus traumas, su sexualidad, pero también sobre la fábrica de juguetes rotos que fue el Hollywood dorado, donde solo llegabas al Olimpo si vivías rápido y no pensabas mucho y, sobre todo, si seguías las reglas de un juego al que el intérprete, «indócil», nunca se prestó. «Es muy difícil escapar de lo que los demás creen que debemos ser. A veces la mirada se convierte en una jaula estrecha y es muy difícil romper o ensanchar esas paredes de la mirada ajena. Le pasó a Montgomery Clift pero también Marilyn Monroe, que en toda su corta vida trató de demostrar que más allá de esa presencia y de ese aura, porque era gente absolutamente magnética, había seres humanos con inquietudes intelectuales», observa el autor.

Tanto Marilyn como Montgomery fueron las caretas que se pusieron Norma Jean y Edward para alcanzar el éxito, la admiración, aunque el precio que pagaron fue demasiado alto. «Hay una frase de ‘La gaviota’ de Chéjov que está ensayando Clift en el libro todo el tiempo que dice: “Cuando pienso en mi vocación, no temo a la vida”. Él intentó toda su vida no pagar ese precio que le exigían. Ahí hay una reflexión de que por la fama todo no, porque uno puede arder hasta consumirse. No creo que tenga sentido», sugiere Conejero.

La máscara de Marilyn Monroe

Por la «soledad poblada» de Montgomery Clift desfilan otras voces, como la de su amiga Elizabeth Taylor, con la que formó una «alianza de frágiles», o Marlon Brando, nacido también en Omaha con sus propios traumas pero que sí alcanzó el éxito que esquivó al actor de ‘¿Vencedores o vencidos?’, película en la que tuvo que improvisar ante la dificultad para recordar el guion por su abuso del alcohol. «Clift se equivocó al pensar que no le iban a contratar pasado los años, perdida la belleza, por esa idea de que Hollywood usaba y tiraba a esas jóvenes bellezas. Marlon Brando es el ejemplo contrario. En el libro Clift le dice: “¿Te crees que te van a contratar cuando seas gordo, cuando seas calvo? Te echarán en cara que ya no eres el animal hermoso de ‘Un tranvía llamado deseo’”. Todas esas preguntas demuestran su equivocación, porque Brando accedió a papeles espléndidos ya en su madurez y con el cuerpo castigado. Tuvieron una rivalidad de esas que a veces son necesarias artísticamente para crecer y crecerse. Era una de esas raras amistades en las que la admiración y la envidia van de la mano», afirma el dramaturgo, que contrapone a los dos actores precisamente porque Brando conquistó la libertad, mientras que Clift, «que intentaba liberarse de ese yugo, no pudo».

Entérate cada semana de cuáles son las series mejor valoradas, las más vistas, las novedades y los secretos de este formato en auge.

A pesar de sus muertes, muchas trágicas y otras en vida, el tiempo hace sobrevivir a actores porque tienen un talento que no se agota. A veces de forma injusta, quedan enterrados en el olvido. Otras resisten. A veces solo es cuestión de distancia, de perspectiva. «Es un una criba hermosa y terrible la del tiempo porque van desapareciendo los nombres. Cuántas estrellas lo fueron y ahora los hemos olvidado. Algunos perviven y nos siguen acompañando porque su brillo era casi infinito. El tiempo nos permite cribar, distinguir. Son artes que tienen algo de efímero y hay un acuerdo invisible generación tras generación para ir salvando algo de todo ese legado», plantea Alberto Conejero. Y así, aun lejos del Oeste de John Ford, «cuando la leyenda se convierte en hecho, se escribe sobre la leyenda».

TITULO:  Informe Robinson - Fútbol es Fútbol ,.

 

 Fútbol es Fútbol ,.

 

Nadie compra una entrada para ver un partido amañado, como nadie quiere vivir una vida sin riesgo y sin posibilidad de elección,.

Dos jugadores disputan el balón en un partido.

La expresión es de Vujadin Boskov (1931-2014), entrenador yugoslavo, que en nuestro país lo fue del Real Zaragoza, el Sporting de Gijón y el Real Madrid. Con su acento eslavo y su áspero idiolecto enunció el principio tautológico que mejor resume la esencia del fútbol. Sólo el fútbol se define a sí mismo, nadie puede precisar su entidad desde fuera o, como diría nuestro Lope de Vega, sólo quien lo probó, lo sabe.

El fútbol o se vive o no es fútbol. Un partido lo juegan veintidós jugadores, pero lo viven millones de aficionados. Es mucho más que una actividad deportiva, por eso se le llama «el deporte rey»; es mucho más que un juego, un negocio, un espectáculo. Como decía el mítico entrenador del Liverpool, Bill Shankly, «el fútbol no es una cosa de vida o muerte: es mucho más que eso».

El fútbol no se define, se vive. Como la vida, no tiene guion. Se puede retransmitir, narrar, pero no se puede hacer una película sobre él. No hay montaje ni tomas falsas. Un partido no se rueda, sino que se juega. Una jugada puede quedar invalidada por fuera de juego o falta previa, pero no se puede cortar una escena por orden del director y volverla a rodar. Aquí no hay director ni guionista.

Como la vida, el fútbol no tiene guion. Podemos planear la temporada, diseñar la mejor táctica, saltar al terreno de juego con las ideas muy claras y con muchas jugadas ensayadas, pero, a pesar de todo, el partido, como el día a día, es imprevisible. No sabemos cómo va a reaccionar el adversario, cómo va a defenderse, si jugará al contraataque o deberemos armarnos en la retaguardia (por este lenguaje bélico Francisco Umbral definía el deporte como «una estilización de la guerra»); ignoramos también si la jugada estratégica podrá llevarse a cabo, si tendremos suerte cara a la portería o si será el día del portero rival.

Aristóteles definió el arte como mímesis de la naturaleza. Yo creo que el fútbol imita a la vida misma. Es más, todo deporte en general es una mímesis de la vida. Por eso, el fútbol es también un arte y de él podemos aprender a vivir. «Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol», escribió Albert Camus, quien en su juventud jugó de portero. El guion en el fútbol, como en nuestra propia existencia, se escribe al final: es lo que se llama historia. Nadie compra una entrada para ver un partido amañado, como nadie quiere vivir una vida sin riesgo y sin posibilidad de elección. Para Antonio Gramsci el fútbol era «el reino de la libertad humana ejercida al aire libre».

El recientemente desparecido sociólogo francés Edgar Morin decía que «el fútbol es poesía colectiva»; un poema épico que, como tal, representa también las tragedias humanas; sobre todo, la más esencial, la tragedia ontológica fundamental de enfrentarnos con la nada.

Eso ocurre en una final. En un solo encuentro se juega el todo por el todo, es decir, el todo o nada. Perder en una eliminatoria significa la muerte súbita, quedarse fuera, volver a la nada. En campo neutral, en igualdad de condiciones, los dos equipos que han conseguido llegar a la final, disputan un partido a vida o muerte. Sólo vale la victoria: ella lo justifica todo. Perder no sirve, es la gran decepción, porque entre la gloria y la nada no hay término medio. El título de subcampeón es un epitafio escrito con tiza.

Por eso, una final se parece a esas «situaciones límite» de que hablaba Karl Jaspers inherentes a la existencia humana, como el sufrimiento, la culpa, el azar, la enfermedad o la muerte. En ellas se pone de manifiesto la posibilidad de la nada y emerge la libertad en su sentido más profundo. Enfrentarse a esas situaciones genera angustia. La posibilidad de la nada, ya lo decía Sören Kierkegaard, nos angustia porque nos pone cara a cara con el no–ser del que procedemos. Ese estado angustioso nos sitúa ante el abismo ontológico de lo que somos y pone en marcha nuestra capacidad de elección.

En una final en la que nuestro equipo está implicado se pone de manifiesto nuestra propia finitud. La posibilidad de una jugada que ponga punto y final tiene el regusto macabro de un duelo a vida o muerte. Como dice Séneca, «no hay nada más amargo que una larga incertidumbre». La posibilidad del final del partido, cuando se está perdiendo, nos acongoja; cuando se está ganando, nos estremece; pero cuando se espera un gol que ponga punto y final, nos angustia al máximo, porque se abre ante nosotros la posibilidad del todo o nada. Por eso, Kierkegaard compara la angustia (o la posibilidad del final del encuentro) con el vértigo, con esa sensación que experimenta quien mira al fondo de un abismo. Algo que no puede experimentar quien no sigue con pasión el deporte rey.

Tampoco es capaz el que no ama el fútbol de advertir la esencia cabal del tiempo, su indiferencia le lleva a desaprovechar la ocasión de comprobar que un instante es un «átomo de eternidad», que hay momentos en nuestra vida que superan lo temporal y que en cierto modo nos sacan de nuestra fugaz existencia cotidiana. Y esos «momentos» nos vienen a demostrar que somos seres espirituales, es decir, capaces de angustiarnos, porque, ya lo decía el pensador danés: «El hombre no podría angustiarse si fuese una bestia o un ángel. Pero es una síntesis, y por eso puede hacerlo. Es más, cuanto más perfecto sea el hombre mayor será la profundidad de su angustia».

El ser humano necesita probarse a sí mismo, acreditar que es capaz tanto de la eternidad como de la nada. Y todo eso nos lo enseña el fútbol. Quien no ha sentido angustia alguna vez, no es humano. Saborearla es mucho más que sentir miedo, es más que sentir dolor, es más que sentir vacío; sentir angustia nos hace sentirnos a nosotros mismos en nuestra esencial constitución ontológica, metafísicamente frágiles, seres limitados capaces de alcanzarlo todo o de volver irremisiblemente a la nada. Y esto, con las debidas distancias, es lo que ocurre en una final.

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