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Feijóo y el salario mínimo,.
En España, el salario mínimo no paga IRPF; lo que sí paga, y muchísimo, es ganar algo más y dejar de cobrarlo,.
Alberto Núñez Feijóo afirmó en la cadena Ser que el Gobierno había hecho «un buen negocio» subiendo el salario mínimo interprofesional (SMI), y en cuestión de horas dos ministros, el PSOE y varios verificadores se apresuraron a enmendarle la plana: el salario mínimo no paga IRPF. Y, en efecto, no lo paga: ni hoy ni cuando gobernaba el PP. Feijóo erró, pues, en el mecanismo, aunque no tanto en la magnitud: de los 22.590 euros anuales que desembolsa una empresa por un trabajador con el SMI, éste apenas percibe 15.983 netos, de modo que el Estado se queda con el 29 por ciento de su remuneración total. Sólo que esa mordida llega por la vía de las cotizaciones sociales, no del IRPF.
Ahora bien, quienes tanto se han mofado de Feijóo callan sobre lo verdaderamente escandaloso del asunto: que el empeño en que el SMI no tribute ha deformado hasta el absurdo la progresividad del IRPF. Para que cada nuevo salario mínimo quede exento sin rebajar a la vez la factura de todos los sueldos próximos (algo que Hacienda se niega a consentir porque le costaría mucha más recaudación), el Gobierno ha ido concentrando la retirada de los beneficios fiscales justo por encima de los 17.094 euros brutos del SMI: por cada euro adicional que gana, el trabajador pierde 1,75 euros de la reducción por rendimientos del trabajo y 20 céntimos de la deducción de 590 euros que blinda la exención. De ahí que, de facto, el tipo marginal más alto de todo el impuesto ya no lo soporte quien ingresa un millón de euros al año, sino quien apenas supera el salario mínimo.
El resultado es sencillamente confiscatorio. En cuanto se rebasa el SMI, el tipo marginal del IRPF salta de golpe del 0 al 69 por ciento (o al 75, si le sumamos la cotización a cargo del trabajador). Todavía peor: entre los 18.570 y los 18.900 euros brutos, franja en la que además se pasa del tramo del 19 al del 24 por ciento, el Estado llega a quedarse con el 88 por ciento de cada euro adicional. Así, un trabajador que pase del SMI a cobrar 21.000 euros anuales ganará 3.906 euros brutos más, pero su sueldo neto sólo crecerá en 1.127: el 71 por ciento restante lo devorará el fisco. Semejante saqueo de los trabajadores más modestos no sólo resulta profundamente injusto, sino que desincentiva gravemente trabajar más horas, formarse o aspirar a un ascenso. En España, el salario mínimo no paga IRPF; lo que sí paga, y muchísimo, es ganar algo más y dejar de cobrarlo.

Feijóo, por cierto, también prometió en esa misma entrevista que, con el PP en el Gobierno, el SMI siempre estará exento de IRPF. Tendrá, pues, que escoger: o frena las subidas del salario mínimo; o incumple su promesa; o la cumple a costa de agravar estas distorsiones confiscatorias; o, finalmente, cumple a costa de recaudar menos, rebajando el IRPF no sólo a quienes cobran el SMI sino a todos los sueldos modestos. Porque una cosa es prometer desde la oposición y otra muy distinta gobernar: si llega a La Moncloa (lo que está por ver), ya no le valdrán los atajos.