Medalla de bronce en los campeonatos del Mundo de Polonia, se ha
planteado muchas veces si merece la pena tanta presión. Como cuando los
chicos de 'la Roja' se embolsaron una prima de 300.000 euros por la
Eurocopa y a ella le dieron 5.100 por ser la número uno de Europa
JOSÉ AHUMADA A Ramón Torralbo, su entrenador, todavía
se le revuelven las tripas cuando se acuerda de cómo les birlaron la
medalla de bronce en Londres, en 2012. «Era nuestra. Tenía que haber
sido el premio a tanta lucha y tanto trabajo». Ruth había superado a la
primera los dos metros, esa barrera que diferencia a las superclase de
las demás y que había dejado fuera a dos de las grandes favoritas.
Seguro que Beitia, acostumbrada a visualizar cada salto, también se
había imaginado subiendo al podio de esos Juegos y saludando desde allá
arriba. Pero una hasta entonces desconocida norteamericana, Brigetta
Barrett, la echó de allí con un inesperado brinco de 2,03. Si todo
hubiese ido según lo planeado y Ruth Beitia se hubiese retirado de la
alta competición, tal y como anunció antes de las Olimpiadas, esa espina
clavada hubiese corrido el riesgo de infectarse y dejado un
injustificado regusto a decepción como recuerdo de una espléndida
carrera deportiva.
Aquel amago de adiós está ya olvidado, sepultado tras la montaña
de éxitos cosechados desde entonces, entre los que obligatoriamente hay
que destacar el oro en los Europeos de pista cubierta de Gotemburgo, el
bronce en el Mundial al aire libre de Moscú -ambos en 2013-, y ese otro
tercer puesto en el Campeonato del Mundo conquistado la semana pasada en
Sopot (Polonia). Tampoco se ha vuelto a hablar de futuro, más allá de
esas frases tan socorridas sobre el día a día y la confianza en acertar a
poner punto final antes de que el cuerpo diga basta. «En atletismo, lo
que te retira es que no entres en unas finales -razona Torralbo-, y
hacerlo estando entre las cuatro o cinco mejores del mundo no lo veía
tan lógico».
La verdad es que, en 2012, Ruth Beitia (Santander, 1979) llevaba
ya un tiempo dándole vueltas a la posibilidad de dar un giro a su vida.
Dos décadas de entrenamiento y competición -con esa carga complementaria
de agotamiento, tensiones y dolores- bastan para hartar a cualquiera, y
más a ella, que tenía unos sueños tan asequibles como salir a patinar,
ir a la playa, viajar o tener hijos. Claro que en el otro plato de la
balanza, el triunfo en los Europeos de Helsinki obtenido ese mismo año y
la medalla de 'chocolate' - amargo- de los Juegos de Londres también
pesaban lo suyo.
Al final, estuvo jubilada solo dos meses, que aprovechó para
hacer turismo en Roma con su familia. Cuando decidió volver contó una
historia muy linda sobre cómo la lluvia santanderina la había obligado a
ponerse bajo techo, y así había acabado en el módulo de entrenamiento
de La Albericia con Ramón Torralbo. Y ya puestos... Puede que haya algo
de cierto en ello, pero también lo es que Ruth acababa de hacer su mejor
temporada, que se mantenían las becas y que resultaba difícil dejar de
lado un deporte que amaba profundamente.
Si hay un recuerdo especial en su infancia es el de esos fines de
semana en que los Beitia, cinco chavales larguiruchos, se colocaban
detrás de sus padres, José Luis y Aurora, a bordo de un Renault 12
familiar para acudir a alguna competición. José Luis, dependiente en una
ferretería, y Aurora, ama de casa, siempre fueron unos apasionados del
atletismo: ambos son jueces y él incluso formó parte del equipo de
Barcelona 92.
Ruth, la pequeña -los otros son José Antonio, Joaquín, David e
Inmaculada- solo tuvo que dejarse llevar. Siguiendo a José Antonio, el
mayor, conoció a Ramón Torralbo, entonces un joven pero inspirado
entrenador, que ayudó al hermano a ser campeón de España júnior. A ella,
que empezó con once años, todo se le daba bien. Carreras, vallas,
saltos... conseguía sin problemas las mínimas para los Nacionales.
Mientras la niña progresaba y se iba decantando por la altura,
Ramón aprendía. Se fijaba en otros técnicos, probaba cosas y obtenía
resultados con esa muchacha flaca y larga. Eso, y la confianza que los
Beitia -ella y los demás- tenían en él, hicieron posible que Ruth se
quedase en Santander en vez de emigrar a algún centro de alto
rendimiento donde habría estado más mimada.
«Era muy buena desde muy joven -reconoce su hermana Inma-.
¿Llegar hasta ese nivel? Al principio no lo pensábamos pero luego, al
ver su progresión, sí». Era simple cuestión de tiempo que se convirtiese
en la gran saltadora española: fue, en 2003, la primera en pasar por
encima de los dos metros.
Arreglos en el quirófano
Sus mayores saltos, no obstante, los dio en 2007, dos
récords nacionales que ahí siguen para quien los quiera mejorar: 2,01
en pista cubierta y 2,02 al aire libre. El año anterior se había
arreglado los ojos, la cara y la boca por estética y salud. Hay quien
cree que las semanas que tuvo que pasar alimentándose con pajita le
ayudaron a quedarse en su peso ideal, o simplemente que al estar más
guapa atacaba el listón con mucho más ánimo.
Lógicamente, se ganó el pasaporte olímpico. En Atenas (2004), no
llegó a la final. En Pekín (2008), acabó séptima. En Londres, como ya se
ha dicho, fue cuarta. En esos ocho años, Ruth se hizo mayor. Mandó a
paseo a Nico, el osito junto al que se tumbaba en el tartán antes de
saltar y, ayudada por Toñi Martos -«la loquera», como ella la llama-,
comprendió que el mejor amuleto de la suerte son sus piernas.
Pero también le surgieron dudas sobre si merecía la pena vivir
con tanta presión: el año que los chicos de 'la Roja' se embolsaron una
prima de 300.000 euros por la Eurocopa, a ella le dieron 5.100 por ser
campeona de Europa. Su trabajo, desde 2008, como diputada regional del
PP -44.672 euros anuales por ser secretaria primera de la Mesa, con
dedicación parcial- y su formación de fisioterapeuta le ofrecían
alternativas al deporte.
«Fue una decisión personal del presidente de Cantabria, Ignacio
Diego -explica Eduardo van den Eynde, portavoz del PP en el Parlamento
regional-. Consideró importante contar con ella en la candidatura porque
transmite valores muy positivos: juventud, deporte, dedicación,
disciplina, limpieza... Los demás hemos descubierto una persona afable y
trabajadora. Eso sí, en las fotos siempre intentamos no ponernos a su
lado (mide 1.92) porque parecemos pitufos». Algo más ácido se muestra el
socialista Francisco Fernández Mañanes. «Sabemos que en sus
competiciones Beitia tiene el listón en torno a dos metros, pero en
política no la hemos visto pasar de un metro. Por lo demás, no se puede
decir que tenga el colmillo retorcido: es amable y tierna».
Desde que volvió, la nueva Ruth es una atleta madura, llena de
fuerza mental y física, y dueña de un cuerpo inmune a las lesiones que
sigue funcionando como un reloj. Ya no hay extraños rituales en la
pista; se limita a ensayar mentalmente el salto ayudándose con las manos
y dando unos pasitos rápidos sin moverse del sitio, como si los contase
antes de iniciar la carrera de aproximación. Eso sí, salga bien o mal
el salto, sus ojos siguen buscando los de Ramón en cuanto se incorpora
en la colchoneta. Jamás ha pasado de aquel 2,02, pero conforme los
controles antidopaje se han vuelto más rigurosos ha disminuido el número
de rivales que vuelan por encima de la barra.
Ella tiene muy presente que el próximo 1 de abril cumplirá los
35, y con esa edad entrará oficialmente en la categoría de veteranos. En
vista de cómo marchan las cosas, no parece razón suficiente como para
colgar el chándal y las zapatillas de clavos. «No sé qué me va a decir
el cuerpo mañana», contaba ayer, mientras presumía, en la sede del
Consejo Superior de Deportes, de esa décima medalla internacional que la
confirma como una de las mejores atletas españolas de todos los
tiempos. Ella nunca lo reconocerá, pero ya se ha visto en el podio de
los próximos Juegos de Río.
TÍTULO: LAS TROMPETAS, EL REFUGIO DE LA MUSICA SE DESMORONA,.
El sector solo recaudó entre septiembre de 2012 y agosto del año pasado 147 millones, 59 millones menos que un año antes
El número de actuaciones en vivo se desploma un 28,6% desde la subida del IVA cultural al 21%
La facilidad con que en España se piratea un
disco dejó, hace años, a los profesionales de la música sin su principal
sustento. El sector tuvo que girar hacia otros campos para encontrar el
dinero que se había perdido con los cedés. El directo se convirtió en
ese paraíso fomentado por los ayuntamientos. Todos los alcaldes querían
dar buenos conciertos y traer a los números uno de las listas musicales a
sus fiestas patronales. Gratis, por supuesto, para el público. Pero la
crisis llegó, y las entidades locales comenzaron a reducir sus cuentas
destinadas a los espectáculos, con lo que provocaron que todos los
grupos bajasen sus cachés o hiciesen la mitad de bolos. Ahora, llega
otra rebaja en forma de tres letras que se han convertido en malditas
para la cultura: IVA.
La subida de otoño de 2012 ha hecho estragos entre
los promotores de conciertos y ha dejado la última recaudación «en el
fango», según la Asociación de Promotores Musicales (APM), que aglutinan
a ocho de cada diez actuaciones que se realizan en el país. El último
anuario del sector, que abarca desde septiembre de 2012 hasta agosto de
2013, incide en que la facturación descendió un 28,6% con respecto al
ejercicio anterior. Se ha pasado de los 206 millones de facturación a
147 millones. Una caída que desde APM achacan casi en exclusiva al
aumento del IVA cultural, que ha sido criticado por su ineficacia. «Más
que ganar, se ha obtenido menos dinero para las arcas públicas», señaló
el presidente de la APM, Pascual Egea. Al haber menos taquilla, Hacienda
cobra menos por vía de impuestos. Desde la patronal cifran este
descenso en 29 millones, por lo que solicitaron una vez más, la retirada
del «'ivazo' cultural».
Además, en el último año descendieron un 10,6% de
las actuaciones en vivo, lo que hace pensar a Egea que la situación ha
tocado fondo. «La visión de futuro es más positiva que negativa»,
destacó el presidente de APM, quien consideró que la crisis ya «ha
movido a un lado» todos los gastos superfluos por parte de los
consistorios. «Contrataban por más valor y lo ofrecían gratis, pero eso
ya está desapareciendo», agregó.
En el lado positivo de este balance están los
festivales. Aguantaron el tipo a pesar de que la subida del gravamen ha
afectado a la restauración. El anuario destaca que Barcelona obtuvo 117
millones de impacto económico gracias al Sónar y al Primavera Sound;
Benicassim consiguió 32 millones gracias al FIB y al Rototom; y Bilbao,
gracias al BBK Live, tuvo un impacto de 17,5 millones. Como curiosidad
destaca que el 13 de julio se celebraron ocho festivales -tiene esta
categoría toda aquella cita que tiene a cinco artistas en cártel- el 13
de julio, cuando coincidieron ocho festivales. Además, durante 2012 se
celebraron 69 festivales en ciudades con mar, destacando Barcelona (16
citas). Madrid acogió 30 festivales de los 208 que se desarrollaron en
España.
Por meses, julio fue el que más citas tuvo (53),
mientras que el Arenal Sound que se celebra en Burriana (Castellón)
logró congregar a un cuarto de millón de personas, seguido de la última
celebración del Rock in Rio (183.000 personas) y el Rototom Sunsplash
(175.000).
Sin giras internacionales
Pero traer a un gran artista fuera de los
festivales se ha convertido en una ardua tarea. Los responsables de la
APM inciden en que los conciertos ya no son tan rentables como antaño
debido a tres factores fundamentales: el impuesto indirecto, el 10% que
se lleva la Sociedad General de Autores y Editores -«uno de los más
altos de Europa», insisten- y el bajo precio de las entradas, ya que no
se quiere dar una subida espectacular del precio debido a la «cultura
del todo gratis» instalada en la sociedad española.
Estos tres motivos han hecho que Neil Young, Bob
Dylan, Tom Petty, Leonard Cohen o Robbie Williams no hayan parado en
España dentro de sus giras internacionales. «La oferta es muy baja», es
la frase que repiten los agentes de los artistas, según reveló Egea.
Casos aparte son las actuaciones de Bon Jovi o Bruce Springsteen. La
banda de Nueva Jersey decidió dar un concierto en el Vicente Calderón a
coste cero, es decir, solo se cubrieron con las entradas los costes de
instalación y mantenmiento del escenario. En cuanto a la leyenda del
rock, los promotores achacaron su presencia en España al «especial
cariño» que profesa al país.
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