TITULO: El Telediario La 1 - La Europa de los Estados ante el espejo,.
La Europa de los Estados ante el espejo,.
La Unión Europea está contribuyendo a borrar las naciones y las identidades nacionales, sin sustituir estas por una nueva identidad,.

No siempre resulta agradable contemplarnos en el espejo que nos tienden los demás. Es lo que le ha ocurrido a buena parte de la clase dirigente europea ante la última Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, publicada hace pocas semanas. Evidentemente, no le ha gustado, como no le gustó, en febrero de 2025, el discurso que el vicepresidente norteamericano J. D. Vance pronunció en Múnich. Nuestra clase dirigente se siente incomprendida. Y se queja de lo que considera una injusticia. No es de extrañar, siendo esa misma clase dirigente la que nos ha traído hasta aquí. Dejaremos las quejas, por tanto, y nos centraremos en el fondo del asunto, que es el concepto que de la Europa actual nos devuelve la Administración norteamericana. Por si hubiera alguna duda, llega avalada por la firma inconfundible del presidente.
El análisis arranca con dos observaciones clásicas. La primera referida al «estancamiento» de la economía europea y la otra al escaso gasto militar. No hace falta glosar mucho la primera. Como una familia bien venida a menos, los europeos, aunque no todos y cada vez menos, vivimos holgadamente… a costa de la deuda. El documento atribuye el estancamiento a la «asfixia regulatoria», un diagnóstico poco discutible. Habla menos del peso del gasto social, quizás porque la Administración Trump se reconoce en estas políticas, o porque ningún norteamericano consigue imaginar hasta qué punto los europeos hemos cedido nuestra autonomía al Estado. En realidad, y a pesar del tamaño gigantesco de su Gobierno, los norteamericanos siguen sin entender, y no lo entenderán nunca, lo que es y lo que significa el Estado en Europa. En cuanto al gasto en armamento, el documento repite lo que ya sabemos acerca del escaso esfuerzo de los europeos: los norteamericanos no van a aflojar una presión que ha empezado a dar frutos.
El propio documento afirma que estas dos realidades, con ser muy serias, no alcanzan la gravedad de otra, la que denomina «borrado civilizacional». Es la que más indignación ha suscitado. El documento pronostica así, y para dentro de 20 años «o menos», una nueva Europa: empobrecida, sin democracia, sin libertad de expresión, sin europeos, es decir, sin ciudadanos que se identifiquen con los principios y las virtudes que nacieron con la civilización occidental.
El documento no se limita a un diagnóstico y se esfuerza por indagar las causas del fenómeno. Si los europeos hemos dejado de tomarnos en serio nuestra propia civilización, es porque hemos perdido las claves que nos permitían comprendernos como lo que somos. Y el acento, en este punto, no va puesto en las políticas de inmigración masiva, ni en el desplome demográfico, ni en el multiculturalismo y su asombrosa convicción de que una comunidad política no requiere una cultura común. El acento va puesto en la naturaleza misma de esta nueva Europa.
Sólo en una ocasión el documento se refiere a la Unión Europea, para equipararla a los «organismos transnacionales» que «socavan la libertad política y la soberanía». En otras palabras, la Unión Europea está contribuyendo a borrar las naciones y las identidades nacionales, sin sustituir estas por una nueva identidad. Se dirá que los norteamericanos no saben qué entidad política está fundando la Unión Europea. Si no son capaces de entender ni de imaginar la dimensión y la naturaleza del Estado en Europa, aún menos lograrán comprender una Unión que se ha convertido en un super estado de Estados sin anclaje nacional. Una parodia woke de los Estados Unidos de América, o algo parecido, a tamaño continental, al experimento español. Y vaya usted a explicar a un norteamericano qué es una Monarquía parlamentaria plurinacional… Ahora bien, como ya sugirió Vance en Múnich, el problema es que tampoco lo entienden los europeos. Y si los sujetos de una comunidad política no comprenden su naturaleza, y sus dirigentes tampoco saben explicársela, no resulta aventurado imaginar que el experimento no goza de buena salud.
La nueva Estrategia indica que la Administración norteamericana es consciente de la importancia que sigue teniendo Europa para sus intereses y en el escenario internacional. Y da la voz de alarma ante la posibilidad de que una Europa desoccidentalizada, que no sabe defenderse porque no sabe qué defiende, emprenda aventuras como las de la Alianza de Civilizaciones o la camaradería con los terroristas del llamado Estado palestino. ¿Por qué no con Rusia, con China, o con Irán?
El documento afirma que «la unidad política fundamental del mundo es y seguirá siendo el Estado nación». Sin Estados nación no hay confianza de los pueblos en ellos mismos. No es extraño, por tanto, que considere a los partidos patrióticos y soberanistas, los mismos que quieren recuperar la confianza que fue la base de la grandeza de Europa, como aliados estratégicos. En otros tiempos, Estados Unidos ya lo hizo con la Democracia Cristiana y con los socialdemócratas. Lo que sugiere ahora es que si la Unión Europea se empeña en no reconocer a esos partidos y la importancia de lo que representan –en lo que aquí nos atañe, la defensa del Estado nación– la Unión Europea acabará destruyéndose a sí misma, porque no hay Unión Europea sin Europa, ni Europa sin naciones europeas. Es posible que esto último sea lo que más sofocos ha provocado en nuestras clases dirigentes y académicas, tan cosmopolitas. No hay por qué estar de acuerdo con todo lo que afirma la nueva Estrategia Nacional de Seguridad norteamericana, pero de poco sirve despreciar el espejo que nos tiende.