sábado, 31 de mayo de 2014

REVISTA MUJER HOY, DE CERCA, PORTADA, Carmen Chacón: "Soy muy competitiva; si me presento es porque creo que mi proyecto es ganador./ 7 DÍAS CITAS,.


  1. Sentía que mi presencia resultaba más bien molesta: si callaba había ... es porque creo que el proyecto con el que me presento es ganador.-( foto)

    Carmen Chacón: "Soy muy competitiva; si me presento es porque mi proyecto es ganador",.

    Tras un año en EE.UU. como profesora universitaria, está dispuesta a volver a la primera línea política. Mientras su futuro se despeja, la exministra socialista habla desde Miami en exclusiva.
    Carmen ChacónEs la primera vez que concede una entrevista a un medio español desde que, hace un año, renunciara a su acta de diputada y se fuera a vivir a Estados Unidos, con su hijo de siete años de la mano. En este tiempo, se ha dedicado a su otra gran pasión, la docencia. El 30 de junio termina su contrato en el Miami Dade College y regresa a España para participar activamente en el proyecto de renovación del PSOE. Mujerhoy ha viajado allí para mantener su entrevista más cercana y personal.
    Mujerhoy. ¿Hay algo que aún no sabemos sobre por qué dejó España y se vino a Miami? 
    Carmen Chacón. Tomé la decisión cuando solo era una diputada más y una afi liada sin responsabilidades de dirección. Sentía que mi presencia resultaba más bien molesta: si callaba había quien decía que no tenía nada que aportar. Y si hablaba, se veía con suspicacia.
    MH. ¿Se convirtió en incómoda en el partido? 
    CCH. Había optado a dirigir el Partido Socialista y no había ganado; por poco, pero perdí. Y para la dirección mi presencia en el Parlamento resultaba incómoda. La oferta del Miami Dade College me permitía ser útil a la sociedad y trabajar por mis ideas desde otro lugar.
    MH. ¿Era la mejor forma de no “quemarse” en tiempos de tensión interna del PSOE y del PSC, para reaparecer como aire fresco? 
    CCH. Hay quien piensa que lo importante en un partido es calentar el asiento y quienes dicen que quien cede el turno pierde la oportunidad. Hay otra forma de ver las cosas. Pienso que todo lo que una persona crece puede revertir luego en su partido y, si llega el caso, en su responsabilidad política. Lo que no hay que hacer es estar por estar. Así entiendo la vida desde niña.
    MH. Su regreso está próximo, ¿tiene trabajo esperándole a la vuelta? 
    CCH. Aquí vivo de mi sueldo de profesora, que es parecido al de diputada. En el Parlamento no hay excedencias y, al renunciar al escaño, no tengo opción a regresar. Preveo ganarme la vida con lo que sé hacer, enseñar. Y tengo un par de ofertas.
    MH. ¿Quién ha ganado con su decisión? 
    CCH. Sin dudarlo, mi hijo; nunca había podido dedicarle tanto tiempo. Cuando estuve muy volcada en el trabajo y apenas podía pasar por casa, él, con tres años, dejó de llamarme mare y me llamaba “Carme Chacón”, como veía en televisión. Como si dijera: “Si querías ser Carme Chacón y no la mare, aquí lo tienes”. Cuando supe que había perdido frente a Rubalcaba, me abracé a mi hijo y le dije: “Bueno Miquel, ara ja estic per tu” [ahora ya estoy para ti]. Tenía clavado en el alma que hubiera dejado de llamarme mare. No me gusta nada perder, pero él salió ganando.
    MH. Dos años antes, en 2011, abandonó su candidatura a las primarias y dijo: “Por el bien de mi partido y del presidente del Gobierno, doy un paso atrás”. 
    CCH. Estaba lista para dar un paso al frente, pero había sectores del partido que tenían pánico a ese proceso y parecían dispuestos a cualquier cosa para evitarlo. Incluso a provocar la salida del secretario general, que era el presidente del Gobierno. No era algo menor. Sucedió con Suárez, una sublevación de parte del partido contra el presidente. Y sabemos cómo acabó UCD. Sentí esa responsabilidad y di un paso atrás.
    MH. ¿No la obligó nadie? ¿No se lo pidió Zapatero? 
    CCH. No, vi lo que podía pasar y obré con responsabilidad. Nadie me empujó a tomar esa decisión. La tomé yo, con dolor, porque creí que había un bien mayor que proteger.
    MH. ¿Pensaba que iba a ganar? 
    CCH. Soy muy competitiva. Cuando concurro a algo es porque creo que el proyecto con el que me presento es ganador
    MH. ¿Ha sido duro venirse sola a EE.UU.? 
    CCH. Sí, dejé un trabajo que me apasiona y una vida cómoda; cogí a mi hijo y me vine sola a Estados Unidos, porque mi marido sigue en España. No fue fácil, pero pensé que valía la pena. Y sabía que le hacía un regalo a mi hijo, porque le sumaba el inglés a su catalán y castellano. Y ahí lo tienes, manejándose con tres idiomas.
    MH. Por cierto, ¿debo llamarla Carme o Carmen? 
    CCH. Me llamo Carme, pero me gusta que familiares y amigos me llamen en su lengua materna. Mi madre y mi hermana me llaman Carme; pero mi padre, que es andaluz, me llama Carmen, el nombre de su hermana y el de su madre. ¿Qué problema hay? Yo lo veo hermoso.
    MH. Hay a quien le molesta que se le llame en español. 
    CCH. Solo puede preocupar a la gente que vive angustiada los problemas de identidad y cree que no puedes ser catalán y español. A mi hijo le hablo en catalán. Está creciendo como crecí yo: con mi padre hablándome en castellano y mi madre en catalán. Ahora mezclo catalán e inglés.
    MH. Hagamos de abogado del diablo: le ha regalado a su hijo un idioma, pero lo ha separado de su padre. 
    CCH. No es una situación permanente. Mi hijo está bien, la tecnología ayuda a que hablen por teléfono y se vean las caras. Ve a su padre en vacaciones… y todos hacemos un esfuerzo. Muchas veces, los padres tienen a los niños en casa, pero no los viven tan de cerca como las madres. Cuando mi marido viene a Estados Unidos, pasa todo el día con nuestro hijo: lo lleva al cole, lo recoge, se van de paseo en bici…
    MH. ¿Padre e hijo se relacionan más ahora que cuando vivían en España? 
    CCH. Los días que están juntos lo trata con una intensidad mayor, porque se vuelca en él.
    MH. ¿Cómo es el colegio? 
    CCH. Es público y gratuito, el que nos corresponde por zona. La interacción de la escuela con la familia es constante.
    MH. ¿Y su casa en Miami? 
    CCH. Vivo en un condominio, a 15 minutos de mi despacho, en el Downtown. En un apartamento pequeño pero luminoso. Me siento muy a gusto.
    MH. ¿Cómo es la vida de la profesora Chacón? 
    CCH. Me levanto a las seis. Primero, me ocupo de mí; luego despierto a mi hijo, que no siempre es fácil; le preparo la lunchera, porque toman un tentempié en la escuela; desayunamos juntos; lo dejo en el colegio; me voy a la Universidad, que tiene casi 177.000 alumnos en ocho campus; y doy mis clases, generalmente en inglés. A veces me piden conferencias en otros centros sobre genocidio, liderazgo, terrorismo internacional, piratería, sistemas políticos comparados…
    MH. ¿Tiene ayuda en casa? 
    CCH. Sí, tengo una chica dos o tres horas. Mi hijo no tiene clase por las tardes, pero juega al fútbol y al baloncesto. Generalmente, llego a recogerlo. Solemos ir a la biblioteca y hacemos juntos una hora de deberes. Luego él se va a jugar con sus amiguitos y yo aprovecho para leer. Después cenamos, lo acuesto prontito y voy detrás, a las 10 más o menos.
    MH. ¿En EE.UU. es más fácil conciliar? 
    CCH. Sí, se trabajan las mismas horas, pero todo empieza y termina antes, y tienes más horas de vida familiar. La mayoría de los días, tomo un sándwich en la sala de profesores o en el despacho. Así, hago conciliar? Difícilmente. La política roba horas a tu familia y, sobre todo, al sueño. Vivo la maternidad con pasión, pero con culpa, como tantas madres.
    MH. Esta mañana, ha dicho a sus alumnas: “Que vuestra profesión no os impida ser madres si lo deseáis”. ¿Se planteó alguna vez retrasar la maternidad por su carrera? 
    CCH. Yo, no; pero muchas mujeres a mi alrededor nunca encontraron el momento para ser madres. Yo siempre deseé serlo. Nací con una cardiopatía congénita grave y a mis padres les dijeron que era posible que no viviera mucho. Con los años, me explicaron que mi corazón podía bombear sangre para uno, pero difícilmente para dos, así que pensé que no podía tener hijos y llegué a obsesionarme. Siendo niña, mis padres trataron de hacerme ver que no era el fin del mundo, pero me obstiné en tener una vida lo más normal posible. Por eso, hacía deporte en vez de tocar el piano. Ahora me encantaría saber tocarlo... (Risas).
    MH. ¿Y cómo resolvió todo esto?
    CCH. Mi cardiólogo, el doctor Petit, me dijo: “Tu enfermedad no mejorará, siempre tendrás un bloqueo auriculoventricular completo y eso no tiene remedio. Pero tampoco empeorará; tu enfermedad no corre, pero la medicina avanza a mil por hora”. Y así ha sido. Fue un embarazo con cierto riesgo, pero tuve la ayuda de unos profesionales formidables.
    MH. Fue la primera ministra soltera y embarazada, aunque no lo supimos hasta después. ¿Se casó por razón de cargo? 
    CCH. ¡Nooo! [Risas]. No tenía nada que ver. Pero, puesto que habíamos planeado casarnos, pensamos que era mejor hacerlo antes de que estuviera muy gorda. Lo celebramos con las familias y pocos amigos, y con un discurso de la hija mayor de mi marido, que no olvidaré nunca.
    MH. Y embarazada aguantó la campaña electoral. 
    CCH. Me encontraba bien y disfruté mucho el embarazo, aunque estaba muy controlada. Los médicos me dijeron que tenía que partir el día, para no hacer un esfuerzo seguido tantas horas. Así que volví loco al responsable de campaña que me organizó las cosas para que fuera a casa de mis padres a comer sanito y descansar.
    MH. Embarazada de siete meses, fue nombrada ministra de Defensa y así pasó revista a las tropas y dijo eso de “Capitán, mande firmes”. 
    CCH. Fue el mayor honor que podía tener. El presidente me avisó mucho antes de que se hiciera público. Lo de “Capitán, mande firmes” me lo siguen diciendo [Risas].
    MH. El impacto de esa decisión fue total. ¿Cree que aumentó la popularidad de Zapatero? 
    CCH. Nadie cuestionó el nombramiento de Narcís Serra, que no había hecho la mili pero era hombre. Tampoco el de quienes le siguieron. Pero, cuando me nombraron, recuerdo al conductor de un programa de radio decir: “Claro que lo va a hacer bien. Todo el mundo sabe que Alejandro Magno ganó todas sus batallas en su séptimo mes de gestación”. Cada vez son menos quienes no entienden que estar embarazada no es estar enferma y que las mujeres podemos hacer lo mismo que un hombre. Excepto por estos comentarios, se me recibió con naturalidad.
    MH. No tanta naturalidad, recuerde cómo se comentó el esmoquin de la Pascua Militar. 
    CCH. Fue un episodio alucinante. Que en el siglo XXI sea motivo de debate que una mujer lleve pantalones es… vamos a dejarlo ahí.
    MH. ¿Cómo fue su relación con los militares? 
    CCH. Formidable. Creo que vieron en mí a alguien haciendo su trabajo, que no tenía pretensiones de actuar como un militar, sino como alguien que dirigía a profesionales, que tomaba decisiones tras escuchar y que las explicaba. Yo daba la cara por ellos y defendía su labor, que me parece espléndida. Ellos vieron simplemente a la ministra.
    MH. Con lo que le costó ser madre, ¿se fue embarazada a Afganistán? 
    CCH. Me encontraba muy bien, tenía 37 años, estaba llena de energía. Era un modo de hacer y no solo decir: “Sí, puedo hacer lo mismo que un hombre, como todas las mujeres, incluso embarazadas”.
    MH. Su baja por maternidad solo duró un mes. 
    CCH. Algo más; la repartimos mi esposo y yo. Viví momentos de contradicción porque, al dejarlo con él, pensaba: “¡Pobre crío!”. Pero fue bueno para todos. Viví, como muchas mujeres, el primer permiso de paternidad, la primera ley que dice a los hombres que los hijos también son suyos.
    MH. Hay quien piensa que debería ser un derecho del niño que las madres estuvieran con ellos los primeros meses de vida.
    CCH. Una criatura pequeña es demandante, pero también tienes necesidad de desarrollar tu vida profesional. Le amamanté tres meses y, a veces, me sentía a punto de estallar porque llegaba su hora de lactancia y no veía el momento de atenderle. Lo llevo con culpa y me gustaría quitármela, pero creo que va incrustada en mí.
    MH. Es que reproducimos el patrón con el que hemos sido educados. 
    CCH. Mi padre, arquitecto técnico, se quedó en paro en los 80, mientras mi madre estudiaba Derecho, trabajaba y cuidaba de dos hijas. Él empezó a llevarnos al colegio y a hacernos la comida. En clase, mi hermana pintó a mi padre en la cocina y la profesora llamó para que le explicaran. Me di cuenta de lo que signifi caba, hace 30 años, para un hombre que quien llevara dinero a casa fuera la esposa. Hoy las cosas han cambiado y nadie se extraña cuando las mujeres son cabezas de familia. Y hoy lo son más que nunca por la crisis.
    MH. ¿Cómo lleva su marido [Miguel Barroso], que ahora trabaja en la empresa privada, su carrera? 
    CCH. Que esté en política le gusta menos que más, la verdad; pero me conoció con esta pasión y la respeta y la comprende.
    MH.¿Él también está ejerciendo de asesor político para usted? 
    CCH. Mis colaboradores son mis colaboradores. Y punto. Pero cuando le consulto algo… ¡Hombre! No le perdonaría que, habiendo ayudado a Felipe González y a José Luis Rodríguez Zapatero, hiciera menos por mí cuando se lo pido. Pero tratamos de separar el trabajo y reservar espacios para nosotros. Tenemos mucho en común: somos devotos lectores; nos gusta escribir, aunque él lo hace mejor; nos gusta el cine, la naturaleza, la familia…
    MH. ¿Sigue de cerca la política española? 
    CCH. Mentiría si no dijera que constantemente y desde primera hora. Antes de venirme dije que, si mi presencia era útil para mi partido, estaría allí. Y así lo he hecho.
    MH. ¿Piensa que los catalanes tienen derecho a decidir su independencia? 
    CCH. Siempre me he manifestado claramente en este sentido: me siento catalana 100% y española 100%. Soy además europea; soy mujer. Lo soy sin decidirlo, por nacimiento. Y soy socialista porque lo he decidido. Y esas identidades no son excluyentes. No concibo que alguien pretenda que me divida. Los nacionalistas creen que hay que optar. Pero la mayoría de los catalanes nos sentimos españoles y europeos. Creo que el federalismo es la solución y no es casualidad que sea la forma de Estado más extendida en el mundo.
    MH. ¿España está preparada para que gobierne una mujer? 
    CCH. Igual que en su momento Alemania, Chile, Argentina y Brasil. ¿Por qué no lo va a estar España? Y, cuando suceda, se recibirá con normalidad. Hemos corrido mucho, aunque haya datos que siguen siendo tremendos (violencia, discriminación, cuotas de poder…). Hemos cambiado mucho y en la buena dirección pero nos falta mucho por recorrer. Hoy en el mundo, las mujeres, somos el mayor agente de cambio. No le tememos al cambio, le tememos a la insatisfacción, a la infelicidad...
    MH. ¿Es un hándicap para llegar a la presidencia del país ser catalana? 
    CCH. No veo por qué. Sería tanto como decir que somos españoles de segunda. Cuando alguien dice que un catalán tiene un hándicap para estar al frente de algo en España, está expulsándonos. Es curioso, pero encuentras quien lo dice entre los separatistas y entre los separadores.
    MH. ¿Va a encabezar candidatura a las primarias? 
    CCH. Sé que participaré en ese momento excepcional, lo que todavía no sé es si voy a estar con el dorsal número uno o con otro. Es una decisión que no voy a tomar sola; pero estaré.
    MH. A ese respecto, ha dicho: “Tengo una conversación pendiente con mi familia”. 
    CCH. Es que decir esto es muy americano [Risas]. Cuando toque, tomaré la decisión con mi familia, porque también es muy relevante para ella y, por supuesto, con compañeros socialistas. Me gusta el trabajo en equipo, para todo.

    RELOJ DE HORATÍTULO: 7 DÍAS CITAS,.

     1-Sabado-31- Amor a la rusa,.
    2-Domingo-1- De otro mundo,.
    3-Lunes-2- La movida que fue.
    4- Martes-3-Letras de rock.
    5-Miercoles-4-El peor escenario.
    6-Jueves-5- London Calling.
    7-Viernes-6- ¡ Viva la cultura!.

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