lunes, 30 de marzo de 2020

Un país en la mochila - Naturaleza desde el sofá ,. / AQUI HAY TRABAJO - El drama de la familia Lucio, el tabernero de la 'jet' ,. / 80 cm' - El ruido que hace la vida ,./ Hacer de comer - Tortilla, vino y resaca,.

TITULO: Un país en la mochila - Naturaleza desde el sofá  ,.

Naturaleza desde el sofá: los parques nacionales de EEUU abren una ventana virtual,.


fotos / Para los que echan de menos las excursiones al monte, las bocanadas de aire fresco, las vistas desde la cima, estas son cinco incursiones virtuales en algunos de los escenarios naturales más sorprendentes del mundo.
P. N. de Bryce Canyon, Utah.

De la Alaska más salvaje a las cuevas del desierto de Chihuahua en Nuevo México. Hay quien tiene maravillosas vistas desde su ventana, pero si no es el caso y ansías cambiar de aires, merece la pena asomarse algún ratito a estos paisajes que nos brinda la Madre Naturaleza.
Esta es una iniciativa del Servicio de Parques Nacionales estadounidense y Google Arts & Culture, el Instituto Cultural del buscador de Mountain View. La muestra abarca cinco espacios repartidos por todo el país y muy dispares en cuanto a clima y ecosistemas.

El P. N. de los fiordos de Kenai (Alaska),.

Esta excursión virtual te permite explorar los glaciares, fiordos y icebergs de este parque en torno al campo de hielo Harding, un manto helado que cubre unos 2.000 kilómetros cuadrados y una de las áreas salvajes más impenetrables de Alaska. Estamos ante un paraíso blanco que, desde el sofá, podremos explorar en kayak, remando entre majestuosos bloques de hielo. También podremos llegar por carretera al Exit Glacier, algo impensable en la realidad en esta época del año, y descender por una de sus intimidantes grietas de la mano de una guardabosques que domina el territorio.
P. N. de los Volcanes de Hawái
¿Alguna vez has explorado un volcán por dentro? Es lo que permite este tour virtual por uno de los parques más enigmáticos del planeta. La inmersión hawaiana te invita a caminar por un tubo de lava, las venas de un volcán en erupción. También a contemplar los acantilados del Pacífico que forma la lava cuando se derrama al mar. Y hasta puedes sobrevolar el famoso Kilauea, que entró en erupción la última vez en 2018 y ostenta el título del volcán más activo del mundo.

P. N. de Carlsbad Caverns (Nuevo México)

Viajamos ahora al desierto de Chihuahua y las montañas de Guadalupe, al sureste de Nuevo México. Este parque esconde un centenar de cuevas increíbles y el recorrido virtual permite descender a sus profundidades. Además del paseo por sus cavernas (una de ellas tan grande como seis campos de fútbol) y formaciones rocosas, podemos contemplar de cerca sus numerosos habitantes, los miles de murciélagos que seguramente muchos preferirán ver desde el sofá que in situ. El sonido que emiten en la oscuridad es inquietante.
P. N. Bryce Canyon (Utah)
Este es un lugar único en nuestro planeta. Un paisaje desértico repleto de hoodoos, esas chimeneas de hadas de color rojo y naranja intenso cinceladas por la erosión. El parque de Utah es también muy célebre por la oscuridad de sus noches y está certificado como uno de los mejores rincones del mundo para ver las estrellas. De ahí que, en esta ocasión, el recorrido virtual nos permite adentrarnos en este escenario mágico de día y de noche.
P. N. Dry Tortugas (Florida)
Y del desierto a estas siete islas del Golfo de México conocidas por la riqueza de vida marina y la variedad de aves, así como por las leyendas de piratas y tesoros hundidos. Para situarnos, estamos a más de cien kilómetros de Cayo Hueso. Es decir, a falta de barco, se agradece la visita virtual. En esta ocasión nos espera un paseo por el histórico Fuerte Jefferson y, más interesante aún, una inmersión en estas aguas y una sesión de snorkel por el tercer arrecife de coral más grande del mundo. Incluso se puede bucear para observar el pecio Windjammer, hundido en estas aguas en 1907.

 TITULO: AQUI HAY TRABAJO - El drama de la familia Lucio, el tabernero de la 'jet' ,.


El drama de la familia Lucio, el tabernero de la 'jet'


fotos / Lucio Blázquez, durante el honaje que le tributó el Atlético de Madrid en 2019. 
El famoso restaurador Lucio Blázquez, dueño de la mítica Casa Lucio, en la castiza Cava Baja madrileña, está atravesando momentos difíciles. A sus 87 años ingresó hace unos días en la Fundación Jiménez Díaz, aquejado de neumonía y con síntomas de coronavirus, según ha podido saber LOC y ha confirmado este lunes su familia, aunque por el momento se encuentra estable. Otro duro golpe para este popular "tabernero" como se define, que el mes pasado perdió a su mujer, María del Mar García, su "María", fallecida el 20 de febrero tras una larga enfermedad. Llevaban 59 años casados pero no pudieron cumplir el sueño de celebrar sus bodas de diamante este 2020. En el funeral, donde se dieron cita gran numero de rostros famosos, atendió amablemente a los periodistas congregados.
Y es que, exquisiteces culinarias aparte, Casa Lucio es mundialmente famoso por la personalidad de su dueño, un number one de las relaciones públicas "después del Rey Juan Carlos", como le gusta puntualizar. Amigo del emérito, que frecuenta su restaurante para degustar sus huevos rotos, también lo ha sido de otros clientes de la talla de Bill Clinton, Felipe González, Vargas Llosa, Julio Iglesias, Camilo José Cela, el nobel Severo Ochoa y un interminable etcétera. Algo que ha convertido Casa Lucio en cita obligada de los famosos que pasan por la capital y allí se codean con la jet y el famoseo patrio. Las innumerables fotos que cuelgan de sus paredes de ladrillo, donde aparecen estadistas, realeza, estrellas de Hollywood, futbolistas, cantantes... son una crónica en vivo de la historia contemporánea.
El restaurador, en al tanatorio tras la muerte de su mujer, el mes pasado.GTRES
El restaurador, en al tanatorio tras la muerte de su mujer, el mes pasado.En ellas aparece siempre Lucio posando con su chaquetilla blanca, con la que día y noche, durante mas de 50 años, ha llevado a cabo el mismo ritual: saludar a sus clientes mesa por mesa y sentarse después a contar chistes. Incluso ahora, a sus 87 años y mermado de fuerzas, lo sigue haciendo, aunque ya no acude de noche. Actualmente, el peso del local lo llevan sus tres hijos: María, Fernando y Javier, los tres licenciados en Derecho y educados en prestigiosos centros británicos.
Lucio Blázquez nació en la localidad abulense de Serranillos pero con 12 años se estableció en Madrid, y entró a trabajar en el Mesón del Segoviano -así se llamaba Casa Lucio- convirtiéndose en la persona de confianza de su dueña, Doña Petra. Cuando se jubiló, con 84 años, le dijo: "Lucito, este negocio no se lo puedo dejar a nadie mas que a ti". Así adquirió el local en 1974 que rebautizaría como Casa Lucio, buque-insignia de un pequeño imperio gastronómico que cuenta también con otros restaurantes como El Landó, Los huevos de Lucio o el Mesón del Segoviano. Sin embargo, pese a las múltiples ofertas que ha recibido para abrir sucursales, siempre resistió la tentación de expandirse por el mundo. Quizá porque Lucio es un hombre sencillo, al que ni su apabullante nivel de amistades ni la considerable fortuna amasada se le han subido a la cabeza.
Lucio Blázquez, e su famoso restaurante, en una imagen de 2006.
Lucio Blázquez, e su famoso restaurante, en una imagen de 2006.
Sigue con sus costumbres de siempre: su barrera del 9 en Las Ventas, el abono en el Wanda para ver al "atleti", sus partidas de mus en una mesa de Casa Lucio o los veraneos en su apartamento de la playa de San Juan, en Alicante, donde siempre almuerza en el mismo chiringuito, el Azul, con su prole familiar.

 TITULO: 80 cm' - El ruido que hace la vida ,.


El ruido que hace la vida,.



reloj.jpegfoto reloj - Adoraba despertarme los domingos. Era el único día de la semana que no escuchaba las bocinas de los conductores prisiñas. Vivo pegada a la autopista de Badajoz y ahora si no fuera por el paisaje tras la ventana podría imaginarme que amanezco en Tres Arroyos. El silencio, el bendito silencio que antes tanto disfrutaba, hoy me mata. Las mascarillas nos han enmudecido, la falta de ellas nos hace contener la respiración.
No se escucha nada. Me esfuerzo por recordar el griterío del patio de los Maristas a la hora del recreo, el traqueteo de las maletas de los estudiantes los viernes por la tarde de vuelta a sus pueblos, las carreras de los nietos de mi vecina de arriba, el continuo ir y venir del ascensor... Nada. El confinamiento se ha llevado el ruido que hace la vida.
Distraigo la congoja con remedios caseros. Me pongo cada día a Simón, a veces ni puedo escucharlo porque estoy dándole a la tecla, pero solo verlo me calma las pulsaciones. He reordenado armarios y cajones. Tengo bisutería para dos vidas, un paquete de harina caducada desde 2012 y cuatro pares de medias que aún no he estrenado. Salgo al balcón al mediodía cuando da el sol. Víctor aplaca mi aprensión parodiando con ironía mi manía de echarle alcohol a todo lo que toco. Mi madre ayer empujó unas aceitunas machadas con pan y cenó torrijas con leche condensada. Cada día me cuenta por teléfono el menú con el que rebaja la ansiedad del encierro. Al lado está mi hermano, que entrena con una bombona de butano.
La vida resucita cada tarde dos minutos antes de las ocho. Es un momento de alivio. Los aplausos son el único ruido que me llega de fuera. Confirmo que hay supervivientes más allá de las paredes de mi casa y que desean tanto como yo romper este maldito silencio.


TITULO: Hacer de comer - Tortilla, vino y resaca,.

 
  lunes -30 - Marzo -  a viernes -3- Abril  a las 13:25h, en La 1 , foto.

 

Tortilla, vino y resaca

Tortilla, vino y resaca

En mi casa ya no apremio a nadie para hacer algo porque me replican que qué prisa tengo y me vacilan: ¿es que nos vamos a algún sitio?
Arranco este lunes mejor adiestrado mentalmente ante esta pandemia sobre la que todos los días escucho que el Gobierno está a tope con nuestros sanitarios mientras los veo equipados con gafas de ventisca que traen de sus casas.
Fuera de la primera línea, superado el shock inicial, a día 16 diría que hemos asimilado la dimensión del desastre. Ya nos hemos ido de barbacoa y acabamos de dejar atrás un domingo de resaca porque ejecutamos rutinas bajo la premisa de que en esta vida todo tiende a la normalidad, aunque esta no asome por ningún lado. Lo mismo me da llamarlo resiliencia que decir que no nos queda otra.
Además de racionar víveres hay que mantener hábitos. El de dominguero enjaulado será uno porque este confinamiento de cuatro semanas ya no me parece la cuenta de siete por cuatro igual a 28, menos 16 igual a 12 días de cuarentena, aunque nos mintamos al acostarnos susurrándonos 'un día menos'. Aplazar el Primavera Sound a agosto o las comuniones a septiembre empieza a sonarme a placebo cuando no a arrogancia frente a este maldito enemigo.
Esto es una carrera de fondo. No sé si vamos sin frenos, por el itinerario equivocado o las dos cosas, así que prefiero bajar pulsaciones y llenar mi cabeza con todo lo bueno que pueda traerme el trayecto.
Ya no veo tantos informativos, miro menos el móvil y he retomado los libros. También me relaja saber que no habrá discusión sobre qué hacer el fin de semana, ese momento de la vida en que la playa y la montaña se han borrado porque lo más excitante ahora es sacar la tortilla y el vino a la terraza para divulgar la foto con la insana certeza de que nadie superará el plan.

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