lunes, 16 de marzo de 2026

El Objetivo La Sexta - SALVADOS LA SEXTA - La noche encendida - Oficina - Economia - Buffett apuesta por ‘The New York Times’ en su despedida como el inversor más influyente de las últimas décadas ,. / La hora de los Fósforos - La Cope - CARLOS HERRERA - El señor de los bosques - Cabras zapadoras” para limpiar el bosque portugués ,. / RADIO - TELEVISION - EL TRANVÍA DEL TIEMPO - EL BOTIJO - Cine Bigote - El zagal que quiso ser dibujante en el Madrid de 1979: Juan Álvarez lleva al cómic sus 'Sueños de tinta' ,. / Comando actualidad - «Gané 1,6 millones invirtiendo desde mi habitación. Luego lo perdí todo» ,. Jueves - 19 , 26 - Marzo ,. / LAS GAFAS ROJAS - Un país para leerlo viaja Lleida ,. / EN PORTADA CRONICAS MUJERES VIAJERAS - Cuando curar enferma: el día a día al límite de los médicos de guardia ,. Jueves - 19 , 26 - Marzo ,.

 

TITULO: El Objetivo La Sexta - SALVADOS LA SEXTA -  La noche encendida  - Oficina - Economia - Buffett apuesta por ‘The New York Times’ en su despedida como el inversor más influyente de las últimas décadas ,.    

Pedro Ruiz nos presenta su nuevo espectáculo, 'Mi vida es una anécdota... |  TikTok


 
 La noche encendida,.
 
 
 'La noche encendida' no será solo un programa de charlas, espectáculo, música, comedia, sorpresas e invitados, presenta
do por Pedro Ruiz, por La 2,foto,. etc,.

 

Buffett apuesta por ‘The New York Times’ en su despedida como el inversor más influyente de las últimas décadas ,.

El empresario vuelve al sector de medios comprando una pequeña porción del diario neoyorquino, al que Trump ha tildado de enemigo del pueblo estadounidense y demandado por difamación. Se refuerza en Chevron y reduce su presencia en Apple y Amazon,.

 
foto - El inversor Warren Buffett.

Warren Buffett, el inversor de mayor influencia de las últimas décadas, se despide de la dirección de Berkshire Hathaway con un golpe de efecto: vuelve al sector de medios de comunicación con la compra de una pequeña participación en The New York Times Company, la firma editorial dueña del diario crítico con las políticas de Donald Trump y al que el presidente estadounidense ha demandado por difamación ,.

TITULO:  La hora de los Fósforos - La Cope - CARLOS HERRERA - El señor de los bosques - Cabras zapadoras” para limpiar el bosque portugués  ,.

  La hora de los Fósforos - La Cope - CARLOS HERRERA - El señor de los bosques  - Cabras zapadoras” para limpiar el bosque portugués, fotos,.

 

Cabras zapadoras” para limpiar el bosque portugués,.

El plan contra los incendios incluye a animales bajo un nombre que indigna a los bomberos

Las 'cabras bombero' limpian por primera vez pistas y senderos forestales  en Los Realejos

El próximo jueves todos los bosques de Portugal deben estar limpios. Es una orden, bajo castigo de fuertes multas por incumplimiento. Otra cosa es quién limpia el monte y quién 

 

paga. En cualquier caso, el Gobierno está dispuesto a impedir que el país vuelva a ser el que más arde de Europa cada verano y, sobre todo, con más víctimas. El pasado año, 112 personas murieron, principalmente en los incendios de junio y octubre.

 

TITULO:  RADIO - TELEVISION - EL TRANVÍA DEL TIEMPO - EL BOTIJO -  Cine Bigote -   El zagal que quiso ser dibujante en el Madrid de 1979: Juan Álvarez lleva al cómic sus 'Sueños de tinta'   ,.  

 RADIO - TELEVISION - EL TRANVÍA DEL TIEMPO - EL BOTIJO - Cine Bigote -   El zagal que quiso ser dibujante en el Madrid de 1979: Juan Álvarez lleva al cómic sus 'Sueños de tinta'     ,.  fotos,.

  El zagal que quiso ser dibujante en el Madrid de 1979: Juan Álvarez lleva al cómic sus 'Sueños de tinta' ,.

 El zagal que quiso ser dibujante en el Madrid de 1979: Juan Álvarez lleva  al cómic sus 'Sueños de tinta' | Murcia Plaza

Un zagal mazarronero de 18 años llega al Madrid de 1979. Baja del tren en la estación de Atocha, portando su carpeta de dibujos bajo el brazo, una maleta llena de miedos, una timidez contra la que luchar y una pasión por los tebeos que le llena del arrojo que necesita. Mira con una mezcla de curiosidad y desamparo "el mundo desconocido e ignoto" al que se enfrenta. Ese joven que se armó de valor para emprender el viaje de Murcia a Madrid, que en "aquel entonces era casi como ir a Moscú", es una representación del reconocido dibujante murciano Juan Álvarez, quien ha elegido esta imagen -no exenta de ternura- para la portada de su último libro, Sueños de tinta, en el que cuenta las andanzas de un joven dibujante de la transición que busca en la capital hacer realidad su única aspiración: dibujar cómics.

 

Se trata, explica Juan Álvarez, de una obra "prácticamente" autobiográfica en la que cuenta cómo llegó, cargado de sueños, al Madrid de la Movida, pero también de los asesinatos de ETA; al Madrid que vivía una explosión de libertad, pero por el que transitaban nostálgicos del franquismo. Allí, el dibujante se juntó con otros jóvenes "como yo", llegados de provincias y que buscaban una oportunidad. Recuerda que fueron tres años -del 1979 al 1982- en los que vivió con "mucha intensidad" y en los que hizo amigos para toda la vida.

 

"Cumplir un sueño era algo que anhelábamos los jóvenes de la transición. Habíamos nacido durante el franquismo, sí, pero jugábamos en la calle y dibujábamos sin parar llenando nuestra infancia y, posteriormente, nuestra juventud de esperanza y fantasía. Pero cumplir los sueños significaba, para los chicos de provincia, tener que ir a la capital y luchar por lo que nos apasionaba: el cómic", asegura el mazarronero.

 Botijo de Barro "Chato" - La Cacerola de Barro

Por ello, Sueños de tinta "es la historia de una generación que vivió en una continua búsqueda para llegar a ser profesionales de la historieta. Es la historia de unos veinteañeros llenos de ilusión que descubrieron el dibujo animado, descubrieron el amor, el humor y lo difícil que era, a veces, gestionar las emociones en un Madrid lleno de conflictos sociales y de atentados de ETA".

La oportunidad le llegó a Juan Álvarez realizando animaciones para Hannah Barbera, lo que le abrió las puertas para participar en la famosa serie de dibujos animados Don Quijote de La Mancha, de RTVE. "Ahí logré tener una nómina, que es lo que quieren todos los padres para sus hijos, y una seguridad", señala Álvarez, quien rememora cómo tras las largas jornadas de trabajo llegaba a su piso compartido y se ponía a dibujar ante el asombro de sus compañeros que no entendían de dónde sacaba las fuerzas. "Pero es que lo que yo quería era dibujar cómics", señala. Y esa fue la razón de que, tras ese periodo, regresara a la Región. "Las editoriales estaban en Barcelona, por lo que no importaba desde donde hicieras tu trabajo".

Un trabajo muy aplaudido,.

Sueños de tinta no para de recibir elogios y aplausos, habiendo sido seleccionado como uno de los cinco mejores cómics nacionales del 2023 por el blog especializado 'Abandonad Toda Esperanza'. Por otro lado, el también dibujate de cómic afincado en Murcia Fernando Dagnino escribe: "Su estructura episódica y costumbrista a lo 'Amarcord' y el recurso teatral de usar espacios y personajes recurrentes te sumergen de lleno en esa cápsula temporal, el Madrid de comienzos de los ochenta y en las ilusiones de este joven Juan que se lanza a la aventura en pos de conseguir su sueño: ser dibujante de cómics". Añade que Álvarez "aprovecha este periplo para hacer un retrato de la intrahistoria del periodo de comienzos de los 80 en un Madrid lleno de ilusiones , tensiones e incertidumbres".

En este sentido, cabe destacar que el dibujante mazarronero "se sirve de las voces de sus compañeros de trabajo que le ayudaron en sus comienzos, de la radio, de las canciones de esos años y también de las noticias de sangrientos atentados. Pero no se olvida de las voces de la calle; la de los punkies en el Rockola, los franquistas de violenta nostalgia y la de los primeros y complejos escarceos amorosos", comenta Dagnino. Todo ello, aderezado con "la voz onírica de sus ídolos del cine y sobre todo del cómic (Manara y Giménez entre otros) que van guiándole moral y artísticamente en este ritual de sueños de tinta".

 

TITULO: Comando actualidad -  «Gané 1,6 millones invirtiendo desde mi habitación. Luego lo perdí todo»    ,  Jueves  - 19 , 29 - Marzo ,.   

«Gané 1,6 millones invirtiendo desde mi habitación. Luego lo perdí todo»   ,. Jueves -   19 , 26 - Marzo   , 23.40 - después de  ‘Néboa’, en La 1 / fotos,.

«Gané 1,6 millones invirtiendo desde mi habitación. Luego lo perdí todo»,.

El drama de un trader aficionado ,.

 Alexander Hurst en su habitación del piso compartido donde vive ahora en París.

Tenía 29 años y su visa de periodista freelance había expirado; así que tuvo que dejar su trabajo en la emisora ​​France 24 y sobrevivir trampeando. «Nunca me había sentido tan inestable económicamente», recuerda el norteamericano Alexander Hurst. «Apenas podía pagar el alquiler». Volver a Estados Unidos no entraba en sus planes, así que en enero de 2020 abrió en su teléfono una aplicación de corretaje de Bolsa llamada Robinhood e hizo sus primeras operaciones. Apenas un año después, su capital superaba el millón de dólares. Se sentía «infalible, mi vida, por fin, iba a cambiar. Un escalofrío de calma y seguridad me recorría de pies a cabeza».

Y, efectivamente, su vida cambió, pero no en el sentido que él esperaba. En poco más de un año lo había perdido todo y debía 100.000 dólares.

Aunque Alexander tenía un máster en Relaciones Internacionales por la London School of Economics, no tenía la preparación para actuar como corredor de Bolsa. Pero, cuando empezó, tenía algo mucho mejor que conocimientos: un soplo. En febrero de 2020, un amigo francés que vivía en Birmania le advirtió que la covid-19 era mucho peor de lo que los europeos creían y que se iban a cerrar fronteras. Esto le dio a Hurst su primera idea de inversión. Pidió un préstamo de 12.500 euros a un banco y empezó a apostar contra las acciones de las operadoras de cruceros, pensando que se desplomarían si la intuición de su amigo sobre las inminentes prohibiciones de viaje era cierta. Empezó con «unos cientos de euros –dice–, luego 1000 euros más, después miles».

Pasaba constantemente de una 'app' de inversión financiera a un chat para 'traders' aficionados. «Mi personalidad cambió. Empecé a hablar como un experto en finanzas. La bolsa se apoderó de mi»

Tal como había anunciado su amigo, Europa y Estados Unidos entraron en confinamiento, las acciones de los cruceros se desplomaron y sus ganancias se dispararon. «Para abril tenía 100.000 euros –recuerda–. Fue una locura. Una sensación de '¡guau, puedo hacerlo y no es tan difícil!'». Podría haberlo vendido todo, pero siguió invirtiendo. «El trading se convirtió en mi pasión –dice–. Me metía todos los días. En una época de confinamiento y de aburrimiento total era mi vía de escape. Me sentía bien, ¡y estaba ganando! Me sentía un genio. Las cantidades de dinero crecían tan rápido como mi nivel de ansiedad».

Hurst se enriqueció tan rápido porque apostaba en un tipo de operación de alto riesgo llamada 'opciones': básicamente, apuestas sobre futuras subidas y bajadas del precio de una acción. Estas opciones son tan volátiles que solo las utilizan profesionales formados en la gestión de riesgos. Aplicaciones como Robinhood abrieron este peligroso mundo al público general, añadiendo gráficos y funciones que, según Alexader, lo hacían parecer un videojuego. «Podías ganar fácilmente un 20 por ciento en un día. A medida que mis apuestas aumentaran, ¡eso podría significar 100.000 dólares!».

Por supuesto, había días en que fallaba el tiro, pero eso, lejos de desanimarlo, lo impulsaba a seguir. «Es horrible perder tanto dinero en una tarde, pero la montaña rusa emocional se volvió adictiva». Tanto que, incluso cuando sus apuestas salían bien, se enfurecía al enterarse de las oportunidades ganadoras que había dejado pasar. Le molestaba pensar en todo el dinero adicional que «podría» haber ganado. Esta mentalidad lo llevó a una espiral: empezó a comprar opciones sobre «todo» lo que se le ponía por delante, intentando no perderse ninguna oportunidad, a veces realizando 20 o 30 operaciones simultáneas. Pasaba constantemente de Robinhood a WallStreetBets, un chat de Reddit para traders aficionados. «Mi personalidad empezó a cambiar. Empecé a hablar como un experto en finanzas». Y, aunque tuvo varias relaciones, su constante distracción irritaba a las mujeres con las que salía. «La Bolsa se apoderó mi vida».

A mediados de 2020 apenas dormía por la noche. «Me levantaba de la cama, revisaba WallStreetBets en mi teléfono mientras preparaba café y luego encendía mi ordenador, donde el navegador estaba repleto de pestañas con ideas de inversión».

¿En qué gastaba el dinero?

¿En qué gastó todo ese dinero? ¿Rolex? ¿Coches deportivos? ¿Vacaciones de lujo? Aunque parezca mentira, en nada.

A medida que se acercaba al millón de dólares, empezó a buscar un piso, pero nunca cerraba la operación porque siempre creía que algo más grande y mejor estaba a la vuelta de la esquina. «Empiezas buscando un piso de 50 metros cuadrados por 450.000 euros, pero ganas más dinero y pronto te encuentras viendo uno de 130 metros con terraza en la azotea, y piensas: 'Ahora está fuera de tu alcance, pero dentro de un mes ya no'».

Su último pelotazo llegó gracias al extraordinario aumento del valor de GameStop, una importante cadena estadounidense de videojuegos. La compañía se había convertido en el objetivo de grandes inversores que apostaban a que el precio de sus acciones caería. Estas apuestas, conocidas como 'ventas en corto', tenían sentido: el modelo de negocio físico de GameStop estaba en declive, ya que la mayoría de la gente descargaba ahora sus juegos en línea.

Las ventas en corto funcionan así: un inversor toma prestadas acciones de un accionista actual y las vende inmediatamente, esperando que cuando llegue el momento de devolverlas pueda recomprarlas más baratas en el mercado y quedarse con la diferencia. Sin embargo, si el valor de la empresa sube, en lugar de bajar, ese inversor tendrá que comprar las acciones a un precio más alto, asumiendo pérdidas. Y si las acciones suben mucho, su jefe, banco o corredor acabará poniéndose nervioso y le exigirá que las compre inmediatamente, antes de que las pérdidas se descontrolen.

Alguien en la sala de chat de WallStreetBets detectó que GameStop era una de las acciones con mayor número de posiciones cortas del planeta. La comunidad en línea dedujo que, si suficientes personas compraban acciones, el precio subiría. Convirtieron GameStop en lo que se conoce como una 'acción meme', donde las subidas de valor son impulsadas por las redes sociales y el revuelo en las salas de chat. Cuanto más subían las acciones, más se veían obligados estos grandes inversores a comprarlas para limitar sus pérdidas, lo que impulsaba aún más su valor.

Días después, la fortuna de Alexander superó el millón de dólares, alcanzó brevemente 1,6 millones y se asentó en 1,2 millones al cierre del mercado. Llevaba semanas bromeando con un amigo sobre comprar una isla en la Polinesia Francesa que habían visto en venta por 890.000 dólares. De pronto, ya no era broma. «¡Amigo, la isla! –le escribió–. ¡Podría comprarla de verdad!».

«Me quedé mirando una pantalla roja. Mi mundo se desmoronaba. Sentí un escalofrío«. El valor de su cartera se desplomó 700.000 dólares. Pero, aun así, volvió a pedir dinero prestado para doblar la apuesta

Pero todo se vino abajo apenas un mes después. Era finales de febrero de 2021 y Hurst estaba en Estados Unidos visitando a sus padres. Las acciones de GameStop se habían desplomado, pero eso no era lo peor. Su verdadero problema estaba en las tecnologías verdes. Había apostado grandes sumas por empresas de energía renovable y coches eléctricos, pensando con lógica que la presidencia de Joe Biden traería importantes beneficios fiscales e inversiones públicas para este sector. Hasta ese momento, la estrategia había funcionado.

La jugada más arriesgada de Hurst estaba en una empresa llamada SPAC (una compañía fantasma creada solo para comprar otras empresas), que planeaba adquirir Lucid, un fabricante de coches eléctricos. Un frío día de febrero, todo explotó. En cuestión de momentos había perdido 200.000 de los 300.000 dólares apostados en esa única operación.

Pero la sangría no se detuvo ahí. Los inversores advirtieron algo aterrador: si Lucid estaba sobrevalorada, quizá todas las empresas de tecnología verde también lo estaban. El pánico se extendió. En minutos, las acciones de casi todo el sector se desplomaban mientras Hurst observaba su teléfono con horror. «Me quedé mirando una pantalla roja. Mi mundo se desmoronaba. Sentí un escalofrío», dice. De repente, se dio cuenta de las apuestas descabelladas que había estado haciendo. «¡Tenía un millón de dólares en opciones de compra en una empresa de energía solar! ¿En qué estaba pensando?».

 
Invertir 'influenciado'. El 72 por ciento de los inversores españoles opera ya a través de plataformas digitales. Y no son solo los jóvenes, aunque ellos son los que asumen los mayores riesgos por falta de formación. En España, más del 20 por ciento de los menores de 35 años invierte en acciones, con un fuerte auge de la generación Z. Y lo hacen guiados por 'influencers'. Entre los más jóvenes (de 21 a 30 años), el 63 por ciento dice haber tomado las decisiones sobre sus inversiones en función del contenido generado por 'influencers'.

Cuando el valor de su cartera se desplomó 700.000 dólares, salió de casa de sus padres y se tumbó en un montón de nieve, intentando apaciguar su angustia. «Estaba furioso, sudando», explica. Su cuerpo le decía que renunciara, al igual que sus amigos, pero Hurst pidió prestado más dinero para apostar a que sus acciones de energía solar se recuperarían. «Una parte de mí sabía que (los altos precios) eran insostenibles –confiesa–, pero me engañé».

Pasó los meses siguientes en un frenesí comprando y vendiendo todo lo que se le ocurría para recuperarse. Estaba frenético. No podía descansar porque «quería hacer cien operaciones al día. La ansiedad por el dinero siempre estaba en mi mente».

El tiro de gracia llegó en mayo de 2022. Una de sus primeras y más sólidas inversiones –una empresa de investigación con células madre llamada Athersys– admitió que sus ensayos para un tratamiento contra el ictus habían fracasado. Lo que quedaba de sus ganancias se esfumó. «Todo había terminado», dice.

Sin embargo, en lugar de una devastación absoluta, sintió lo contrario. «Una sensación de paz –escribe–. Como si los últimos dos años hubieran sido una carrera frenética hacia algo, y ahora sentía alivio al pensar que podía detenerme y respirar simplemente».

Luego vino la vergüenza. «No quería admitir que había perdido todo ese dinero en unas semanas, lo insensato que había sido. Me sentí como un irresponsable. Al ascender, crees que todo se debe a tu habilidad. Al caer, no hay nadie a quien culpar. Simplemente has sido estúpido».

Además de las pérdidas, Hurst, que ahora tiene 35 años, terminó debiendo a la Hacienda estadounidense unos 100.000 dólares. Desde entonces ha reducido sus deudas a 12.000 dólares.

«Solo hemos conocido la eterna crisis»

Pero ¿por qué tanta gente de su edad se deja llevar por riesgos tan grandes? Hurst, que ahora cuenta su caso el libro Generation desperation, afirma que él y otros millennials han actuado movidos por la desesperación y la frustración ante la difícil situación de su generación. Al igual que él, afirma, la mayoría de ellos no lograron ser contratados por grandes empresas que ofrecen buenos salarios. Y quienes consiguieron trabajo en banca, consultoría o despachos de abogados a menudo consideran que sus puestos carecían de significado social. «Puedes conseguir un trabajo como gestor de redes sociales en una gran empresa –cuenta Hurst–, ¿pero es esa tu pasión?». El trading ofrecía una alternativa emocionante.

Además, explica, «los millennials se enfrentan a unos costes de vivienda desorbitados. Puede que tu generación tuviera trabajos de mierda, pero era concebible que pudieras pagar el alquiler o incluso comprar una casa algún día con ese trabajo de mierda». Con los precios de las viviendas tan altos, ahorrar para la entrada de una hipoteca no tiene sentido, afirma. Para personas en su situación puede parecer que la mejor esperanza de tener una casa es asumir grandes riesgos en la Bolsa o en bitcoins (paradójicamente, nunca invirtió en criptomonedas porque era «demasiado arriesgado»).

Los millennials solo han conocido un mundo en «eterna crisis –añade–. La crisis financiera se convirtió en la crisis del euro, luego en la crisis inmobiliaria, la crisis climática, la crisis de la democracia en general, la crisis de la soledad masculina; y, finalmente, en una pandemia». Como resultado, su generación sufre una profunda ansiedad e inseguridad financiera. Quedarse en casa y apostar, mientras se hacen chistes tontos al respecto en Reddit, parecía la opción más atractiva.

Alexander Hurst en su habitación del piso compartido donde vive ahora en París.

Estaba sin blanca y no encontraba trabajo, y vio en la Bolsa una posibilidad de salir adelante. Pidió un préstamo, apostó fuerte. La experiencia de Alexander Hurst es la de millones de 'millennials' que han encontrado en las inversiones 'on-line' una alternativa a la falta de trabajo, de vivienda, de futuro... Y la desesperación —unida a la adicción al algoritmo— acaba haciéndolos caer en un pozo aún peor. Él mismo nos lo cuenta. 

 TITULO: LAS GAFAS ROJAS -   Un país para leerlo viaja Lleida ,.

 LAS GAFAS ROJAS -  Un país para leerlo viaja  Lleida  ,.  fotos,.

Lleida ,. 

 Un país para leerlo en La 2 de RTVE

 Un país para leerlo viaja esta semana a Lleida, cuna de uno de los escritores catalanes más importantes del siglo XX, Mariùs Torres. La presentadora Laura Chivite entrevista a las escritoras Imma Monsó, cuya obra ha cosechado un gran éxito de crítica y público, y Ariadna 

 

Castellarnau, ganadora en 2015 del Premio Internacional Las Américas a la mejor novela hispanoamericana con su libro Quema. Asimismo, visitamos La Sabateria, considerada una de las librerías más bonitas del mundo, y nos acercamos al club de tenis de Lleida para conocer un club de lectura muy especial.

 

TITULO:  EN PORTADA CRONICAS MUJERES VIAJERAS -  Cuando curar enferma: el día a día al límite de los médicos de guardia   ,. -   Jueves - 19 , 26 - Marzo,. 

 

El Jueves  - 19 , 26 - Marzo ,.   a las 23:30 en La 1,./ fotos,.

Cuando curar enferma: el día a día al límite de los médicos de guardia,.

 De izquierda a derecha: los doctores Carmen Truyols, Ignacio Domínguez, Sheila Justo y Luciana Nechifor.

Salió del hospital temprano, con el sol todavía bajo. En una guardia de 24 horas había dormido una hora. Una. Lo dice así, sin dramatizar. Cruzó un paso de cebra y casi la atropellan. «Desde entonces salgo de las guardias mucho más alerta, siendo consciente de que estás en un estado que parece que vas borracha, no tienes reflejos», cuenta Luciana Nechifor, médico residente de 26 años de edad. Otro día, recuerda, se cayó por las escaleras. «De todas las guardias se sale destruido. Te vas a casa, duermes, te levantas y discutes con todo el mundo. O lloras. Los ritmos circadianos, la comida… todo está afectado. Esto pasa varias veces al mes. En enero tuve seis guardias. Nunca te acabas de recuperar».

El estudio Ikerburn, presentado por la Organización Médica Colegial, lo pone en cifras: el 93,9 por ciento de los médicos jóvenes encuestados muestra síntomas de desgaste profesional en al menos una dimensión, y más de la mitad cumple criterios de «burnout completo»: agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal. Dos de cada tres médicos jóvenes refieren insomnio o alteraciones del descanso; el 38 por ciento recurre a ansiolíticos, alcohol u otras sustancias como estrategia de afrontamiento; uno de cada cuatro ha necesitado una baja laboral vinculada al agotamiento.

Y no son solo los jóvenes, por supuesto. Hay médicos veteranos que describen el desgaste como algo que se te instala sin pedir permiso. Ignacio Domínguez, jefe de sección de Cirugía Ortopédica y Traumatológica en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, lo dice con una frase que duele precisamente porque suena cotidiana: «Me han dicho que tengo estrés crónico. Me han hablado de burnout, de cardiopatía isquémica, de hipertensión… y yo lo he normalizado». El médico que te opera con manos firmes puede estar sosteniéndose a sí mismo con alfileres.

La incomprensión de los pacientes dispara la ansiedad. «Si tú llegas a la consulta y me ves con una hora de retraso, te quejas. Pero no vas al ministro: te quejas al médico»

«Queremos sanar sin enfermar», dicen los profesionales movilizados contra el Estatuto Marco del ministerio. El lema, repetido en las protestas de facultativos, resume una denuncia: jornadas y ritmos de trabajo extremos que acaban enfermando a quienes deberían cuidar. Su empeño va más allá de una reivindicación laboral: defienden que la calidad asistencial depende de la salud del médico –«sin médicos no hay sanidad»– y que para atender bien hay que poder trabajar en condiciones dignas.

Una encuesta de la OMS en Europa sitúa en España síntomas compatibles con depresión en alrededor de un 24 por ciento de los médicos y síntomas compatibles con ansiedad en torno a un 28 por ciento. Más del 10 por ciento ha tenido pensamientos de suicidio o autolesión. Para el paciente, muchas veces esto es invisible, hasta que deja de serlo.

Cuando el médico no mira a la cara, obligado también por la carga burocrática que debe realizar durante la propia visita médica; cuando se equivoca; cuando parece distante, entonces el enfado del paciente cae donde cae: en quien tiene delante. «Si tú llegas a la consulta y me ves con una hora de retraso, te quejas. Pero no vas al ministro: te quejas al médico», admite Carmen Truyols, que, además, ha estado «en el otro lado» como familiar de un trasplantado. Y remata: «Cuando un médico hace cien horas semanales, es más fácil que se confunda. Eso es así. Y si esa confusión te toca a ti empeora tu tratamiento». Porque un sistema que empuja a sus médicos al límite acaba empujando al límite también a quienes van a curarse.

Carmen Truyols, anestesióloga, lo resume en una anécdota que pudo acabar en tragedia: «Hay una escena que me persigue porque lo resume todo: salí de una guardia de 24 horas, cogí el coche y me quedé dormida en un semáforo en la Gran Vía. La gente me golpeaba la ventanilla. Lo primero que pensé fue 'la culpa es mía'. Y luego me pregunté: ¿quién me ayuda a mí si me obligan a trabajar así? Porque si yo cometo un error a las cinco de la mañana ese error lo pago yo –por dentro y también legalmente–, pero el cansancio no lo elijo yo».

Jefe de sección de Cirugía Ortopédica y Traumatología. 62 años.

Ignacio Domínguez: «Se está perdiendo la medicina de verdad: mirar, escuchar... muchas veces solo te piden que 'resuelvas'. Los pacientes son 'usuarios'»

«He pasado toda mi vida profesional en el Clínico: empecé aquí de estudiante y hoy opero columna cada día. He tenido reconocimiento profesional, he trabajado con tecnología punta, he formado a gente de fuera. Y aun así no quiero que los que vienen detrás vivan lo que vivimos nosotros como 'el peaje' inevitable. Lo que más me duele es que se está perdiendo la medicina de verdad: mirar, escuchar, acompañar. Muchas veces solo te piden que 'resuelvas' y corras. Pacientes convertidos en 'usuarios', médicos en 'mandos intermedios'. Yo me niego a hablar así: deshumaniza a todos. Y luego está lo que casi nadie ve: el desgaste normalizado. Me han dicho que tengo estrés crónico, que vigile la hipertensión, que hay riesgo cardiovascular. Por fuera parezco tranquilo. Por dentro no. Y aun así sigo porque creo en esto…, pero no en una medicina que te obliga a hacerlo todo en diez minutos con la sensación de que te están empujando a trabajar peor».

Médica de familia y gestora sanitaria. 45 años.

Sheila Justo: «Es mejor que te dé un infarto a las once de la mañana que a las cuatro de la madrugada. No porque el infarto sea distinto, sino por el agotamiento del médico»

«He pasado años en gestión y ahora he vuelto a la asistencia, a la consulta de cada día. Y desde ahí lo veo claro: la sanidad se sostiene sobre todo por el esfuerzo de los profesionales. Estamos extenuados, y ya no es una impresión: hay datos, cifras que lo objetivan. Lo grave es que si no se cuida al médico no se cuida al paciente. Y eso ya está pasando. Lo noto en el desgaste y en los abandonos. Hay compañeros que se van a otros países, otros que se salen del sistema y desaparecen de las estadísticas, y las jubilaciones no se están cubriendo como deberían. Mientras tanto, la población envejece, la demanda de atención médica crece. Es una bola de nieve. Y luego está lo que más duele: el daño moral. Terminas la carrera con vocación y te ves atendiendo pacientes 'como churros', sin tiempo, con prisas y con miedo a equivocarte. Pero no son churros: son personas. Hay días en los que ves cuarenta, cincuenta… y en vacaciones, todavía más. Para trabajar con seguridad necesitas tiempo. Si no, lo que haces es sobrevivir a la agenda. Es mejor que te dé un infarto a las once de la mañana que a las cuatro de la madrugada. No porque el infarto sea distinto, sino porque el médico que te atiende a las once está alerta de una manera que a las cuatro, después de horas sin dormir, no. Y esto no debería ser así. Nadie elige cuándo enferma. El sistema no puede permitirse que la calidad dependa de la hora y del aguante humano de quien está de guardia».

Residente de segundo año de Medicina del Trabajo. 26 años.

Luciana Nechifor: «Mi sueldo base es de 1300 euros brutos. Pero no pedimos solo dinero. Pedimos condiciones que se parezcan a una vida normal»

«Nuestra lucha no va de privilegios. Hay quien nos mira como si solo pidiéramos dinero. Y claro que influye: después de siete u ocho años formándome, mi sueldo base es de 1300 euros brutos. Pero el fondo es otro: pedimos condiciones que se parezcan a una vida normal. El mes pasado hice seis guardias de 24 horas. En teoría son menos, pero la realidad es que entras por la mañana y acabas haciendo el día entero. El otro día, un piloto de avión dijo por megafonía: 'Llevo once horas trabajando y ya no sé ni lo que digo', y me quedé pensando: con once horas, muchas veces yo ni siquiera he tenido tiempo de cenar. Cada vez más residentes miran fuera. Yo también lo pienso. Y también me planteo ser  madre, pero así no puedo. Con cinco o seis guardias al mes, sin horarios, sin fines de semana, sin regularidad… ¿Cómo sostienes una familia si ni siquiera puedes sostenerte a ti misma?».

Especialista en anestesiología y reanimación. 41 años.

Carmen Truyols: «La vocación no puede sustituir a comer, dormir, descansar. Yo no puedo ni tratarme el insomnio»,.

«La sanidad se ha montado sobre horarios ilimitados. Guardias, 'locali-zadas', jornadas a las que llaman de mil maneras para no llamarlas 'extra'. Y encima vocación. Como si la vocación pudiera sustituir a comer, dormir, descansar o saber tus vacaciones con un mínimo de previsión. Yo tengo un insomnio brutal y no lo puedo curar. No porque no sepa: porque no me puedo medicar. Si me medico para dormir es incompatible con un trabajo que me obliga a no dormir cada dos o tres días. Y luego está la vida fuera del hospital. Tengo tres hijos y he llegado a hacer cosas que me cuesta contar para encajar la maternidad en un sistema que no la contempla. No veo a mis hijos todos los días, no puedo prometerles que estaré si se ponen malos. Y lo digo claro: la vocación no paga colegios, no mantiene familias. Y cuando, además, te destruye la familia, te obliga a replantearte todo».

De izquierda a derecha: los doctores Carmen Truyols, Ignacio Domínguez, Sheila Justo y Luciana Nechifor.

Los médicos curan mientras se van quedando sin salud. Además de sufrir insomnio, ansiedad, agotamiento, al menos uno de cada diez ha llegado a tener pensamientos suicidas o de autolesiones. Esta situación los ha llevado a decir 'basta' y a enfrentarse con el ministerio. Ellos mismos nos lo cuentan.

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