TITULO:REVISTA FARMACIA - Encias sanas lucidez en la vejez,.
REVISTA FARMACIA - Encias sanas lucidez en la vejez , fotos ,.
Encias sanas lucidez en la vejez,.
La relación entre una salud oral deteriorada y patologías como la enfermedad de Alzheimer, las cardiovasculares, algunas respiratorias, la diabetes o determinados tipos de cáncer, está ampliamente demostrada por la ciencia,.

Aunque la salud bucodental en los adultos mayores ha mejorado en estos últimos 25 años, según los resultados de las sucesivas encuestas epidemiológicas realizadas quinquenalmente por el Consejo General de Dentistas de España, continúa siendo una clara asignatura pendiente.
El impacto comunitario de las patologías bucodentales es muy considerable en el grupo de adultos mayores, donde la caries afecta a más de 7,5 millones de personas comprendidas entre los 65 y los 80 años. Por otra parte, la enfermedad periodontal alcanza a unos 2,5 millones de mayores, en muchos casos, en su modalidad severa. Ambas patologías son responsables de numerosas pérdidas dentarias, situación que desemboca en una alteración en la calidad de vida del mayor, con problemas de dolor y dificultades masticatorias. Un 21% presenta pérdida dental grave (16 dientes ausentes o más).
A su vez, la demanda de asistencia bucodental en este grupo de pacientes es muy baja. Se ha detectado que solamente está tratado uno de cada 4 dientes cariados, lo que significa que se encuentran activas la mayoría de las lesiones de caries. Otro dato preocupante es la existencia de un importante gradiente social, ya que se aprecian más patologías bucodentales y menos tratamientos en los mayores de menor nivel socioeconómico. Por ejemplo, el índice de restauración (proporción de dientes tratados del total de afectados) es del 41% en el grupo de nivel socioeconómico alto, descendiendo al 18% en los de nivel bajo. La cifra de desdentados totales es del 8,5% en los de menor poder adquisitivo frente al 0,1% en los de nivel alto. En cuanto a los hábitos de higiene, solo 1 de cada 2 mayores se cepilla los dientes con la frecuencia recomendada (2 veces al día). La asistencia a las revisiones odontológicas también es claramente mejorable.
El Dr. Óscar Castro Reino, presidente del Consejo General de Dentistas y de la Fundación Española (FDE), recuerda que “una boca sana en el paciente mayor contribuye a su calidad de vida, a su autoestima y al control de su salud general, al prevenir posibles complicaciones sistémicas”.
En efecto, la relación entre una salud oral deteriorada y muchas patologías como la enfermedad de Alzheimer, las cardiovasculares, la diabetes, algunas patologías respiratorias y determinados tipos de cánceres, está ampliamente demostrada por la evidencia científica.
¿Qué pueden hacer los pacientes mayores?
Con motivo del Día Mundial del Mayor, que se celebra hoy, el Consejo General de Dentistas y la FDE ha elaborado un folleto educativo dirigido a los mayores, en el que se muestra cómo se debe cuidar la cavidad oral para disfrutar de una óptima salud bucodental,.
-Los dientes deben lavarse con pasta dentífrica fluorada al menos 2 veces al día, por la mañana y por la noche. Un buen cepillado dura 2 minutos, incluye las encías y la lengua. Se puede realizar con cepillo manual o eléctrico.
-Además, es muy importante limpiarse las zonas entre los dientes, con el uso de seda dental o bien con algunos cepillos específicos llamados interdentales. Debe hacerse preferentemente por la noche.
-Después de cada cepillado hay que enjuagar bien el cepillo con agua, secarlo y dejarlo en un lugar seco. Los cepillos deben cambiarse cada 3 meses, o antes si se deforman las cerdas. También conviene cambiar de cepillo si se ha sufrido una gripe o cualquier otra enfermedad infecciosa.
-En caso de llevar prótesis removible, estas deben retirarse después de cada comida y limpiarlas cuidadosamente para evitar infecciones.
-En algunos casos, el dentista puede recomendar utilizar enjuague, gel o un spray, normalmente antiséptico, para combatir las bacterias. Nunca deben usarse si no han sido prescritos y se ha informado de cómo y durante cuánto tiempo utilizarlos.
-Las visitas periódicas al dentista son fundamentales para cualquier persona, y mucho más, en el paciente mayor.
-Llevar una dieta sana y equilibrada, donde primen las verduras, frutas, pescados y aceite de oliva y se controle el consumo de los azúcares.
-No fumar y no consumir alcohol.
“Mantener la boca sana en el adulto mayor es una prioridad. Desde el Consejo General de Dentistas de España abogamos por incluir las prestaciones dentales básicas en, al menos, los adultos mayores de bajos recursos. Hacemos nuestra la declaración de Bangkok de la OMS, en la que se afirma que no hay salud sin salud bucodental”, concluye el Dr. Castro.
TITULO: CAFE, COPA Y Documental - ¿Y si nuestros antepasados no hubiesen sentido lo mismo que nosotros?,.
¿Y si nuestros antepasados no hubiesen sentido lo mismo que nosotros?,.
fotos / Alegría es amarilla y luminosa; Tristeza es azul y regordeta, con gafas; Ira es rojo, musculoso y ceñudo; Miedo es morado y escuchimizado, y Asco, verde y refinada. No son descripciones científicas de nuestras emociones. Son, como es evidente para los millones de personas que han visto la película Del revés, personajes de Pixar. Pero reflejan una convicción científica de lo que creemos que son nuestros sentimientos.
El dolor no es universal, no tiene relación directa con el estímulo sensorial. Según Boddice, es una construcción del cerebro según su relación dinámica con el mundo,.
Paul Ekman, psicólogo pionero en el estudio de las emociones, fue quien identificó en los años sesenta un conjunto de emociones básicas y que se expresan a través de microexpresiones faciales: alegría, tristeza, ira, miedo, asco y sorpresa, a las que más tarde añadió el desprecio; su teoría sostiene que estas emociones tienen bases biológicas y son comunes a todas las culturas.
En la actualidad, estas categorías se han convertido en nuestro día a día con los emoticonos y sirven para reforzar el concepto mismo de empatía. Tener emociones compartidas, que los otros sientan lo mismo que yo siento, parece esencial para construir cualquier tipo de sociedad humana.
Pues bien, el historiador británico-canadiense Rob Boddice se atreve a desafiar esa convicción (e incluso a decir que no soporta la muy popular película de Pixar). No es que Boddice sea un dinamitador social al estilo de los negacionistas o los libertarios para los que la única conducta emocional es el egoísmo.
Lo que Boddice cuestiona es la simplificación. Porque no solo imaginamos que otras personas tienen el mismo conjunto de emociones que nosotros, sino que proyectamos este pensamiento hacia atrás en el tiempo. Creemos que los obreros que acarreaban piedras para construir las pirámides de Giza sentían una ira como la nuestra o que un carpintero medieval que se golpease un dedo en su taller sentiría el mismo dolor que nosotros. Boddice no lo tiene claro. Historiador de la ciencia y la medicina, es investigador en la Universidad Libre de Berlín, en Alemania, y en la Universidad McGill, en Canadá. Y durante los últimos años encabeza la investigación relacionada con la historia de las emociones en el Centro de Excelencia en Historia de las Experiencias (HEX), en la Universidad de Tampere, en Finlandia.
«Hay una 'política de la emoción': los índices de felicidad, las economías del bienestar... Las emociones se instrumentalizan como un medio para obtener poder y conservarlo»
Boddice parte de que la experiencia de ser humano en otra época, con todos sus condicionantes y percepciones, es distinta a la nuestra, incluso en algo tan elemental como el dolor. Y lo explica.
En el siglo XVII, por ejemplo, no era tan extraño creer que un dolor de muelas fuera consecuencia de los pecados cometidos. Hoy alguien con ese dolor no solo tiene analgésicos, es que, además, no lo ve como un 'camino de virtud o de salvación', con lo que no puede atemperar ese sufrimiento con sus creencias.
Boddice defiende que la historia debería tratar de reconstruir las emociones del pasado tal y como eran en su época.
La tortura más siniestra,.
Encapuchar a las víctimas está considerado en sí mismo una forma de tortura. La víctima es deshumanizada y su uso está destinado a provocar miedo, desorientación e incluso alucinaciones, además de mermar la posibilidad de defensa. Pero tiene otro resultado aún más perverso porque amplifica el dolor. Cuando a una persona se la priva de un sentido, se magnifican los otros. Y, privado de la vista, todo resulta más aterrador. Si a una víctima le infligen una tortura evidente —por ejemplo, le rajan una parte del cuerpo—, es tal el impacto visual, el miedo, que no llega a sentir el dolor en su máximo grado. Cuando alguien está aterrorizado pierde cierta sensibilidad. Pero cuando no puedes ver, cuando la agresión llega sin que se dispare previamente el miedo, los sentidos se agudizan: lo sientes todo. Gritas de dolor, no de miedo.
La idea de la relatividad experiencial de Boddice podría parecer posmoderna, pero él se refiere a ella como neurodiversidad histórica y pretende analizarla científicamente desde la forma en que el cerebro y el cuerpo interactúan con la cultura para producir experiencias.
No es el primero en plantearlo; filósofos como William James se adentraron en la misma cuestión en el siglo XIX, pero Boddice dispone de los avances más recientes en neurociencia, que han demostrado cuán plásticas son nuestras mentes.
Los investigadores del dolor entienden que no es universal ni predecible. No tiene una relación directa con el estímulo sensorial: un pinchazo puede ser una agonía y un golpe de martillo puede no ser nada. El dolor, al igual que la emoción, es una construcción del cerebro según su relación dinámica con el mundo, defiende Boddice.
El cerebro, concluye, hace predicciones basándose en conceptos que son «muy muy diferentes según la cultura y la época».
El cerebro como analgésico
Aquel carpintero medieval que se golpeó el pulgar en su taller activó sus nociceptores, o receptores del dolor, que en realidad deberían llamarse 'receptores de daño', según Boddice, porque solo envían una señal al cerebro para indicar que se ha producido un daño. No causan dolor por sí mismos. Para comprender lo que experimenta el carpintero, explica, debemos partir de una serie de preguntas: ¿sucede esto con frecuencia? ¿Es algo inherente al trabajo? ¿Practica el carpintero alguna religión que considera el dolor como castigo o premio? ¿De dónde proviene su concepto de sufrimiento?
Al construir su mundo en todas sus dimensiones, cree Boddice, podemos acercarnos a apreciar la especificidad de esos sentimientos. Lo que implica involucrar docenas de disciplinas diferentes: arqueología, teología, arte...
Describir un dolor nos deja siempre a merced del lenguaje. Decir que es «agudo» o que «quema» son metáforas que la cultura nos da condicionadas por cada época. «No hay un estímulo universal del dolor ni una expresión universal. Todas estas cosas están mediadas por el contexto, y todas ellas alteran la experiencia que cada uno tiene del mismo –explica Boddice–. El mejor analgésico que tenemos es el propio cerebro. Deberíamos pensar en el placebo no como una píldora mágica de azúcar, sino como cualquier práctica cargada de creencias culturales con su poder para aliviar el dolor. Por lo tanto, la charla, la acupuntura... pueden ser un alivio efectivo del dolor en ciertos contextos. En otros podrían ser motivo de burlas».
¿Una excusa para acabar con la empatía?
Lo que provoca vértigo de las teorías de Boddice, analiza el crítico de The Atlantic Gal Beckerman, es que «desvincular a las personas de una 'humanidad común' significa socavar la mayoría de las leyes políticas que rigen nuestro mundo». «Si abandonamos nuestro sentido de humanidad compartida con las personas del pasado –pregunta–,
¿qué significa eso para otras personas que viven hoy en contextos culturales diferentes: es una excusa para acabar con la empatía?».
No es ese el planteamiento de Boddice ni su objetivo. A lo que él apunta es a la complejidad de lo humano, algo que resulta interesante en un momento en que nos resulta cada vez más difícil entender al otro, comprender cómo otros no sienten lo mismo que nosotros ante acontecimientos que desatan todo tipo de emociones.
Pues bien, Boddice intenta poner eso también en perspectiva histórica.
Explica que el universalismo de los sentimientos es un concepto relativamente reciente, surgido entre los intelectuales europeos en la Ilustración. Fue un intento de ejercer poder y orden sobre un mundo que en el siglo XVIII se había vuelto más grande y extraño. Luego, la psicología freudiana también redujo la mente humana a una máquina impulsada por impulsos predecibles y compartidos.
«Hay una 'política de la emoción': los índices de felicidad, las economías del bienestar... Las emociones se han instrumentalizado como un medio para obtener poder y conservarlo o para apartar a ciertos tipos de personas del poder», explica Boddice. Y añade que le preocupa que nos estemos aplanando. Al no apreciar la gama completa de sentimientos de los que las personas son capaces, estamos excluyendo un compromiso más profundo entre nosotros. El peligro es que este lenguaje reducido, esta emojificación de la vida emocional, también reduce literalmente lo que podemos sentir.
El cáncer durante el nazismo,.
La historiadora Bettina Hitzer, en su investigación sobre la historia de las emociones y el cáncer en la Alemania del siglo XX, exploró cómo se alteró la percepción de los enfermos de cáncer durante el nazismo. Antes de los avances modernos en cirugía y radioterapia, el cáncer solía manifestarse a través de tumores ulcerados que producían un olor penetrante y desagradable. Mientras que en el siglo XIX estos olores se describían como útiles para el diagnóstico, en la Alemania de las décadas de los veinte y los treinta provocaban una repugnancia extrema y se caracterizaban como «repelentes» en la literatura médica de la época. Hitzer concluye que esto se debe al enfoque nazi en la pureza y al uso de metáforas e imágenes de enfermedades para hablar de contextos sociales. Por ejemplo, describiendo a los judíos como «tumores cancerosos» con un hedor característico. El resultado fue que esos olores del cáncer crearon una sensación de repugnancia moral. Debido a este 'olor del asco', los pacientes a menudo se aislaban o eran segregados, lo que convertía al cáncer en una enfermedad vergonzosa. Como Hitzer señala, después de 1945, «las referencias al olor y al asco desaparecieron casi por completo de los escritos sobre el cáncer».
El amor, el miedo, la ira o la tristeza han existido siempre, pero, según una nueva rama de la historia, no se manifiestan de la misma forma ni por las mismas causas en todas las épocas. incluso el dolor se experimentaría de manera distinta dependiendo del entorno cultural y social, una discutida teoría que ahonda en la complejidad de las relaciones humanas.
TITULO: El escarabajo verde - ¿Por qué se dice que el viento es un mensajero invisible?,.
¿Por qué se dice que el viento es un mensajero invisible?,.
- El viento colabora con la naturaleza, ayudando a crear paisajes y a que los seres humanos se desplacen,.
- También traslada de un lugar a otro del planeta una gran cantidad de información genética que transporta como bacterias, hongos o virus,.
Nos rodea y nos acompaña a diario, pero solo le prestamos atención si su fuerza nos somete o su ausencia nos paraliza. El viento colabora con la naturaleza, ayudando a plantas y árboles a dispersarse, y al ser humano para desplazarse, trabajar o, simplemente, divertirse. “Viento, el mensajero invisible” de El escarabajo verde es un reportaje de Eduardo Laplaza y Soraya Rodríguez.
Lo que lleva el viento,.
“No podéis imaginar la cantidad de material genético que se transporta por el viento en forma de bacterias, virus, hongos, etc. y que vienen de lugares remotos de cualquier ecosistema de la Tierra”, afirma Emilio Ortega Casamayor, investigador del grupo de ecología del genoma global del Centro de Estudios Avanzados de Blanes, CEAB-CSIC. Su equipo se dedica a atrapar y analizar las partículas que transporta el viento con un succionador ciclónico, que dejan funcionando durante horas, que impregna un líquido estéril, que después llevarán al laboratorio.
“No podéis imaginar la cantidad de material genético que se transporta por el viento“
Por encima del kilómetro de altitud hay una grandes autopistas de corrientes que son capaces de transportar este material genético de forma intercontinental, a miles de kilómetros de distancia. Hay un trasiego continuo que conecta todos los ecosistemas de la Tierra. Por eso, además de bacterias, también se dispersan substancias químicas por el aire. Así que la tesis de este grupo de investigación es que todos aquellos químicos que aboquemos a la atmósfera en cualquier lugar del mundo, puede llegar hasta nosotros allá donde estemos.
La isla de Fuerteventura, vista desde arriba.
Imprescindible para el mundo vegetal,.
Además de transportar material genético, el viento transporta semillas. Para ello, árboles y plantas desarrollan mecanismos como alas, plumas, y otras estrategias morfológicas para poder volar. “El viento siempre ha sido un elemento fundamental para la dispersión y polinización de plantas y árboles terrestres. Hay algunas que se esparcen por medios acuáticos, pero el viento nos da dimensiones más grandes y más movimiento a la hora de encontrar otras zonas de colonización”, explica Edgard Mestre Serra, técnico de proyecto del Institut Botànic de Barcelona, entidad científica mixta participada por el Ayuntamiento de Barcelona y el Centro Superior de Investigaciones Científicas, CSIC.
“El viento siempre ha sido fundamental para la dispersión y polinización de plantas y árboles“,.
El viento como motor,.
El viento siempre ha servido como fuerza motora para el ser humano. Mucho antes de los molinos que producen una de las principales fuentes de energía renovable, existían los molinos para moler grano o para extraer agua de los pozos. En Fuerteventura todavía sobreviven muestra de estos dos avances en la historia de la humanidad. La Molina de La Asomada es hoy en día la única en activo que todavía muele el gofio característico de las Islas Canarias de forma tradicional. Su molinero, Antonio García, explica que puede funcionar con vientos suaves como los alisios, habituales de la zona y que con el tiempo ha aprendido a leer las señales de la naturaleza para preveer la meteorología y saber el momento óptimo para ponerla en marcha.
El viento es divertido,.
Y qué decir del viento como fuente de diversión. Deportes como el windsurf, el kitesurf o el windfoil basan su práctica en las condiciones del viento sobre el mar. Por eso la localidad de Corralejo, también en Fuerteventura, es uno de los cinco destinos más importantes del mundo para la práctica de estos deportes, según Rachel Thomas, propietaria de una empresa especializada desde hace más de 30 años. “En las playas de Corralejo entonces no había nada, fuimos los primeros en instalar una caseta con 10 tablas de windsurf en la arena y nos dijeron que estábamos locos, que no funcionaría”, recuerda. En esas mismas playas se organiza cada año el Festival Internacional de Cometas de Fuerteventura, que reúne a cientos de aficionados y salpica el cielo de decenas de cometas de todos los colores, formas y tamaños. Para esta actividad, el viento también es imprescindible.
TITULO:
Días de cine clásico - Cine - El apartamento , Miercoles - 25 - Marzo,.
Este Miercoles - 25 - Marzo a las 22:00 en La 2 TVE , foto,.
Reparto ,.Jack Lemmon, Shirley Maclaine, Fred MacMurray,.
C.C. Baxter es un modesto pero ambicioso empleado de una compañía de seguros de Manhattan. Está soltero y vive solo en un discreto apartamento que presta ocasionalmente a sus superiores para sus citas amorosas. Tiene la esperanza de que estos favores le sirvan para mejorar su posición en la empresa. Pero la situación cambia cuando se enamora de una ascensorista que resulta ser la amante de uno de los jefes que usan su apartamento.
TITULO : Un país para escucharlo - Muertas de risa - Henar Álvarez ,.
Este martes – 24 , 31 - Marzo a las 23:00 por la 2 , fotos,.
Henar Álvarez,.
Cuenta la humorista Henar Álvarez (Madrid, 1984) que, a los pocos meses de nacer su hijo, su “razón colapsó”: “Además de que mi cuerpo era una rave que fabricaba leche, mi cabeza luchaba contra la idea de convertirme en la mamá de”. La maternidad le proporcionó dos miedos: por un lado, temió perder espacio en su carrera profesional; por otro, que fuera olvidada “como ser deseante”. De ahí que sitúe la acción de su novela gráfica y autobiográfica La mala leche (Planeta, 2020), ilustrada por Ana Müshell, a los pocos meses de nacer el hijo de la protagonista, que es ella o, si lo prefiere el lector, su álter ego Nani, y de ahí esa reivindicación humorística, voraz, cáustica y, a la vez, llena de ternura del deseo femenino, que “sigue siendo una mancha que te marca como un sujeto peligroso”. Sobre todo ello, y sobre el futuro de la monogamia, y sobre los referentes culturales femeninos en la educación, y hasta sobre Maradona y Paula Dapena, entre otros temas, conversamos:
—Henar, ¿en qué se parecen Dios y Bertín Osborne?
—No sé si existe Dios. Teniendo en cuenta lo puñetera que es la naturaleza con las mujeres, esto de que somos nosotras las que tenemos que parir, que si la regla, que si los ovarios poliquísticos, en fin, todas estas cosas que nos vienen por biología, pensaba: “Si Dios existiera, tendría que ser un señoro de cojones y, además, con un nivel de misoginia bastante alto”. Entonces, a la hora de decidir quién podría ser, me pregunté: “¿Por qué poner a un señor con barba blanca que me recuerda a Dumbledore y es una buena persona?”. Por alguna razón, me vino Bertín Osborne.
—¿El deseo femenino tiene algo de marca de Caín? ¿Arrastra algún tipo de sospecha?
—Tiene más de prohibido que de sospechoso. Es decir, puedes sentirlo si quieres, pero no lo cuentes, porque como que te roba el honor, ¿no? Y es verdad que en otras culturas se muestra todavía de una manera mucho más clara, pero en la nuestra creo que sigue existiendo. Todas las mujeres que conozco han recibido su primer “puta” entre los trece y los quince años. Y, muchas veces, por cosas que ni siquiera son sexuales. Pero es una manera de calificarte que ya te va indicando el camino que tienes que vivir, o de qué manera tienes que vivir, para que la gente te respete. Entonces, claro, uff, es bastante fuerte. Vivimos en una sociedad en la que la mujer más venerada fue madre siendo virgen. Imagínate todos los bulos que hay que derribar.
—Sobre eso, escribe en el epílogo de La mala leche: “Me enseñaron que la mujer más venerada en el lado del mundo que me tocó nacer concibió virgen. Y, al principio, esto tampoco me sorprendió”. ¿Cuándo dejó de sorprenderle?
—No hace mucho, en realidad. Recuerdo que, cuando era pequeña, mi abuelo siempre me decía, y tampoco sé por qué, algo haría para que me lo dijera: “La mujer del César no sólo tiene que ser decente, sino parecerlo”. Creo que en ningún momento me ha dejado de sorprender. Sí hubo un momento en que me empezó a dar igual. Puede que haya habido dos razones: una, que me he hecho mayor, que tengo una familia, mis amigos de siempre y hay cosas que dices: “Me la suda”, que digan lo que quieran; dos, cuando empecé a escribir comedia, creo que el humor te ayuda a quitarle hierro a todas las cosas. Cuando cuentas algo con tres chistes, parece menos grave. Entonces, mi manera de ver la vida desde que escribo comedia, desde hace casi diez años ya, ha cambiado sustancialmente. Hay cosas de las que prefiero reírme para no vivir en una frustración constante.
—La mala leche es un libro humorístico, pero a usted le ofrecieron escribir un ensayo feminista.
—Que editoriales me hayan llamado para escribir un ensayo feminista me ha pasado tropecientas millones de veces. Y no me apetece. Yo soy guionista, cómica. Lo que hago es comedia. No quiero escribir un ensayo. Hay un montón de mujeres maravillosas que están en las universidades y demás y que seguro que pueden escribir unos ensayos maravillosos. Creo que no tengo nada que aportar en ese sentido. Al final, conseguí que una editorial me dijera que no pasaba nada, que hacíamos una novela, empecé a escribir y me pidieron el primer capítulo. El tono era muy parecido al de La mala leche, que es el mío, y ufff… Habíamos tenido casi todas las conversaciones por teléfono y ese día me dijeron: “¿Puedes venir?” (risas). De manera delicada, me dijeron que las mujeres no hablan así, que eso no iba a gustar ni a vender. Me acordé de Fóllame, de Virginie Despentes. ¿Cómo que no vende? ¡Que sí, que sí que vende!
—Le dijeron que “las mujeres no hablan así”… Me pregunto cómo creen que hablan las mujeres.
—¡Claro! Yo creo que los estereotipos están demasiado arraigados. Y es un problema para todo, para vender todo. Este es mi primer libro, pero yo me dedico a la televisión y a la radio, y a veces sientes que tienes que estar peleando contra unos monstruos que son antiquísimos. Las series nos han hecho un favor bastante grande. Al triunfar series como Transparent o Fleabag en el extranjero, la gente ha empezado a ver que hay otro tipo de perfiles, que las mujeres no somos un único estereotipo que tiene que ser agradable, dulce y tal, y que se pueden hacer otras cosas y que hay un público que lo está buscando. A mí me pone muy nerviosa porque, ahora menos, pero al principio, sobre todo, me decían que parecía un hombre haciendo comedia. Y yo: “¿Perdón, por qué me lo dices?”. “Porque hablas mucho de sexo”. ¡Es mentira! Lo que pasa es que llama muchísimo la atención que una mujer hable de sexo, aunque sea una de cada diez veces. También me decían que a veces era muy bruta. ¿Qué pasa? ¿Que hacer comedia o comportarte como un hombre, qué significa? ¿Comportarte de manera libre? Entonces, OK. Claro que me comporto como un hombre. Pero yo tengo que poder hacer las cosas que me dé la gana.
—Leyendo su libro, me acordé de algo que me dijo Fernando Savater hace unos meses. Le pregunté si un hombre podía ser leal y, a la vez, infiel. Me respondió que “el sexo es como la gastronomía”: “Te comes la paella, disfrutas, le das las gracias y punto. El amor no es eso. Ahora, la lealtad, sí. O sea, la persona a la que amas sí puede exigirte que siempre estés cuando se encuentre frente al abismo”. ¿Lo comparte?
—Leí esa entrevista, sí. Si tienes a una persona a la que quieres y se encuentra mal o frente al abismo, tú tienes que estar. Lo veo completamente. Pienso que se ha sacralizado, no sé cómo decirlo, el sexo demasiado. A mí, una infidelidad me da un poco igual. Yo llevo siete años con mi pareja. Si me entero algún día de que mi pareja se ha acostado con alguien, me da igual. Si tú me quieres, estamos juntos y tenemos una vida en común, ¿voy a tirar todo eso por la borda por un polvo de un día? ¡Estamos locos! No voy a tirar todo eso ni de coña. Luego, como hay tantas teorías, como el poliamor este del que se habla… Toda la gente que me ha hablado de sus experiencias, salvo excepciones, me han contado cosas un poco macabras. Las cojo con pinzas, me falta leer sobre el tema. Al final, todas las amigas que se han encontrado en una relación de estas me han contado que ellos hacen lo mismo que hacían antes, solo que abiertamente, en plan: “Vivo en tu casa, intento follarme a tus amigas, solo que ahora lo hago en tu cara y, si te enfadas, digo que eres una antigua”. Y es como, hostias…
—¿La monogamia tiene futuro?
—¡No, ninguno! ¡No lo ha tenido nunca! La teoría está superbien, pero nosotros vemos las películas, los libros de toda la Historia de la Humanidad, desde que se escribe, y bueno, el sistema estaba hecho para que sólo lo pudiera tener la mitad de la población. Los hombres siempre han tenido sus amantes y sus casas con sus queridas. Bueno, y la prostitución está a la orden del día.
—En el epílogo, escribe: “Después de toda una vida encadenando parejas mayores que yo, reparé en que la inmensa mayoría eran tipos a los que admiraba intelectualmente. Una proyección de lo que yo quería ser; más que de lo que me quería follar”. Cuénteme más sobre esto.
—Eso tiene que ver con cosas que nos han enseñado, con construcciones sociales. No es que haya tenido la sensación, es que era así: la sociedad te enviaba el mensaje de que yo, como mujer, valgo por lo joven y lo guapa que sea, y un hombre vale por el prestigio y el poder que tenga. De ahí vienen muchas cosas, desde que nosotras no queremos decir nuestra edad, nos teñimos el pelo constantemente, intentando aparentar ser más jóvenes de lo que somos, mientras que ellos… Se han hecho muchos chistes: señores gordísimos, con pelos en las orejas, diciendo que las tías que no se depilan son unas guarras. ¿Por qué? Porque da igual, porque su valor reside en otro sitio. Hemos ido encontrando parejas o buscando parejas que respondían a estos patrones. En realidad, las mujeres poderosas han cambiado eso, les sale solo. He querido reflexionar sobre si podría ser feliz con un chico que fuera como guapo y divertido, o tampoco muy divertido, que para eso estoy yo (risas), y que no me aportara nada más. Tengo amigos que tienen novias muchísimo más jóvenes, guapísimas, algunas listas, otras no, y son felices. Y, en mi círculo cercano, al revés no lo he visto. Es más, lo he vivido: yo he sido parte de ese tipo de parejas. Pero, al contrario, no lo he visto. Lo he visto en Madonna o en Cher, pero no a mi alrededor. Tuve una pareja que me llevaba seis años. Parece poco, pero ostras, es muchísimo.
—Se pregunta “dónde estaban las mujeres con prestigio cuando era niña”. ¿Se sigue educando en el machismo?
—Absolutamente. Me da mucha rabia, sobre todo, las cosas que pasan en los colegios. Tengo un niño de cuatro años y hay que empezar a modernizar cosas. Les siguen diciendo que a las fiestas de disfraces ellos van de caballeros y ellas de princesas. Ostras, no puede ser eso. No puede ser que yo esté educando a mi hijo en igualdad y quitarle de encima todos estos estereotipos en casa, y que luego en el colegio me los estén tirando por tierra. Y eso, desde que son superpequeños. Pero es que pienso incluso en el instituto, y joder… Es que, además, los conocimientos son tremendos. Yo me di cuenta, pasados los treinta años, de que no había leído a mujeres. Y tío, yo he leído mucho. Me he puesto a investigar y es una bola que nunca acaba y de la que estoy aprendiendo y disfrutando mucho. Cuando leí por primera vez a Emilia Pardo Bazán, dije: “¿Pero cómo es posible que a esta señora yo no la haya estudiado en el instituto?”. Porque, además, ya no es que los libros sean la hostia: es que te pones a investigar su vida y dices: “¡Pero si esta señora era Dulceida del momento!”.
—¿Y cómo cree que podría revertirse esta situación?
—Es dificilísimo. Lo primero, con medidas políticas, por supuesto. Y con leyes. No sé cómo va… No debería ser una cosa sólo del Ministerio de Igualdad: hay un Ministerio de Educación también. Tendría que tener en cuenta que los programas que se estudian en los colegios sean no paritarios, sino acordes a la realidad. Ahora, por ejemplo, con las series y las pelis de Netflix y tal, hay mucha polémica, hay gente en las redes quejándose: “Buah, tío, siempre están como para meter a una mujer o a un personaje LGTBI con calzador”. No, macho: con calzador era no meternos. Las mujeres, los maricas, la gente trans, los negros y las negras somos parte del mundo. Claro, al final, creo que las obras culturales son lo más importante para la educación de la gente. Muchísimo más que lo que te puedan enseñar en el colegio o en tu casa. Y si no nos muestran, es como si no existiéramos. Y esa visión del mundo sería completamente irreal.
—Afirma que, cuando fue madre, su “razón colapsó”.
—Nuestro cuerpo es un sindiós. Cuando estás embarazada, todos los órganos se suben, porque tienes que hacer hueco para tener al bebé. Luego, eso se vuelve a colocar. Tu cuerpo, durante ese tiempo, no está bien. Hay nueve meses para gestar al niño, pero hay otros nueve meses hasta que tu cuerpo empieza a estar bien. Luego, está el tema de las depresiones postparto, que son superhabituales. En mi caso, en particular, lo pasé mal porque, primero, tenía miedo a perder terreno en mi carrera profesional, y segundo, porque cuando tuve a mi hijo, los hombres no tenían el mismo permiso paternidad que yo. Mi novio tuvo un mes sólo, y yo tenía cuatro meses. Una vez que él hace su mes y se va a trabajar, yo siento que a mí, por ley, me están obligando a convertirme en un ama de casa de los cincuenta. Cosa que no he sido en mi vida: yo no sé poner una lavadora. No cocino. Lo siento mucho, pero no soy ese tipo de persona. Entonces, me encuentro con que tengo que estar completamente sola, con un bebé de un mes y encargada de una casa. Lo pasé fatal. Acabé renunciando al último mes de baja de maternidad: si no, iba a tener una depresión que me iba a morir. Y me fui a trabajar.
—¿Existe una brecha de género en los humoristas?
—Totalmente. Bueno, no: no existe una brecha de género en los humoristas. Existe una brecha de género en los programas mainstream cuando tienen que contratar humoristas. Humoristas chicas hay un montón. En los dos últimos años, casi todos los nombres que han salido nuevos y petándolo son todo tías. Se están haciendo podcasts bastante interesantes y, si te das una vuelta, cosas de tías hay muchísimas y muy buenas. Lo que falta es que se nos dé oportunidad en medios de comunicación gordos. No me puedo quejar, porque trabajo en La Ser, he estado en La 1 y tal, pero soy una excepción.
—Para terminar: usted fue futbolista y árbitro. ¿Está al tanto del acoso sufrido por la futbolista Paula Dapena por sentarse y dar la espalda en un homenaje a Maradona?
—Me parece estupendo lo que hizo esta chica. Creo que fue Concepción Arenal la que dijo algo así como “si es un canalla, pero sus canalladas sólo las hace contra las mujeres, seguirá pasando por caballero”. Durante mucho tiempo se han tenido iconos bajo este debate absurdo de separar la obra del autor. Con esta coña, hemos tenido unos iconos terribles, a los que se les ha permitido en vida hacer unas cosas terribles para con las mujeres, pero como entonces no teníamos la voz ni los micrófonos… En esto, han ayudado mucho las redes sociales. Si una persona es un maltratador, un pederasta y un desgraciado, vamos a estar ahí para decir “tu ídolo es una mierda de persona”, y no hay marcha atrás.





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