lunes, 9 de marzo de 2026

7 DIAS CITAS , SI TIENES MINUTOS Y DESCANSO - ¡ BUENOS DIAS JAVI Y MAR ! - CADENA 100 - CALLEJEROS - Al rincón de pensar - Martes - 10 - Marzo - El ejército chino rodea Taiwán en un ejercicio con la mirada puesta en EE UU ,. / LA NOCHE LARGA, MUJERES EN PRIMERA LINEA, - LA CHICA LUNES - 9 - Domingo - 8 - DOS DIAS Y UNA NOCHE - MARTES - 10 - Marzo - Ana Boyer y Fernando Verdasco salen de Doha y aterrizan de urgencia en España con sus hijos ,. / Viajeros Cuatro - Canadá primero: en tren de Montreal a Toronto ,. / Ven a cenar conmigo - EL HOROSCOPO - Verónica Díez y Mikel Ubarrechena - Es hora de hablar de turismo ,. / Batalla de Restaurantes - Cocina - Hojaldre de pollo, jamón y queso: receta fácil, crujiente y rápida ,.

 

 TITULO: 7 DIAS CITAS , SI TIENES MINUTOS Y DESCANSO - ¡ BUENOS DIAS JAVI Y MAR ! - CADENA 100 - CALLEJEROS - Martes - 10 - Marzo -  El ejército chino rodea Taiwán en un ejercicio con la mirada puesta en EE UU ,.

¡ BUENOS DIAS JAVI Y MAR ! - CADENA 100 ,.

 Lo mejor del programa ¡Buenos díasJavi y Mar! que se emite cada mañana en CADENA 100 de 06:00 a 11:00 y que presentan Javi Nieves y Mar Amate,etc.
 

 Al rincón de pensar - Martes - 10 - Marzo  ,.


Al rincón, anteriormente conocido como Al rincón de pensar, fue un programa de televisión español en el que cada semana dos personajes de plena actualidad (cantantes, políticos, actores, deportistas) se someterán a las preguntas Risto Mejide en su particular rincón. Se emitió los martes a las 00:00 horas en Antena 3., etc,.

El ejército chino rodea Taiwán en un ejercicio con la mirada puesta en EE UU,.

Las maniobras de la 'Misión Justicia 2025' preparan a Pekín para una invasión de la isla a la que arma Washington,.

 Helicópteros participantes en las maniobras.

fotos - Helicópteros participantes en las maniobras.

China ha abandonado las amenazas sutiles para dejar claro, de forma contundente, cuál es su objetivo. En las maniobras militares 'Misión Justicia 2025', efectivos de las tres ramas de su ejército participaron este lunes en unos ejercicios destinados a rodear la isla de Taiwán, cuya soberanía el gigante asiático reclama para sí. Pekín desplegó su armamento más sofisticado, incluyendo cazas indetectables, drones, fragatas y destructores equipados con lanzamisiles 052D, en lo que un portavoz militar, el coronel Shi Yi, calificó como una advertencia a los independentistas de la antigua Formosa y a las fuerzas externas que interfieran en lo que el Partido Comunista siempre ha considerado un conflicto interno. «Es una acción legítima y necesaria para salvaguardar la soberanía y la unidad nacional de China», añadió.

Es también una acción que envía un mensaje rotundo más allá de Taipéi. No en vano, el simulacro de invasión llega solo unos días después de que Estados Unidos autorizase el mayor envío de armas de la historia a Taiwán, por valor de 11.100 millones de dólares. Es un paquete que sorprende no por nuevo sino por su volumen, más aún teniendo en cuenta que el presidente Trump ha sido siempre muy poco claro en lo referente a la isla y se vanagloria de mantener una buena relación con su homólogo chino, Xi Jinping.

 
Así refleja el ejército chinos sus maniobras.

«Cualquiera que intente armar a Taiwán para contener a China sólo envalentonará a los separatistas y empujará el Estrecho de Taiwán más cerca del peligro de un conflicto armado», dijo el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Lin Jian. Desde el gobierno taiwanés, liderado por el partido independentista DPP, el secretario general del Consejo de Seguridad Nacional, José Wu, respondió que los ejercicios «constituyen una escalada bélica, amenazan la paz regional y violan los principios básicos consagrados en la Carta de Naciones Unidas» e informó de que su ejército también ha arrancado maniobras de respuesta. «China es un gran alborotador», sentenció.

Lecciones de Ucrania,.

No es la primera vez que el Partido Comunista pone en marcha unos ejercicios de este tipo, asediando Taiwán en diferentes cuadrantes de las aguas que rodean su territorio. Los líderes chinos siempre enfatizan el objetivo de reunificar la isla con la china continental, y sin duda analizan con detenimiento lo que está sucediendo en Ucrania: sobre el campo de batalla, el ejército ruso ha demostrado ser menos robusto que sobre el papel -se presuponía el segundo más fuerte del mundo-, pero también ha quedado en evidencia la división de Occidente a la hora de dar una respuesta a la invasión, mucho más tímida de lo que se podía esperar.

Quizá por eso, los analistas más radicales del gigante asiático consideran que se ha abierto una ventana de oportunidad, ahora que Estados Unidos y Europa están distraídos, para lanzar el asalto que lleva décadas posponiéndose. «Tan cerca, tan bonita; cualquier día vamos a Taipéi», ha titulado el ejército chino un vídeo de la capital taiwanesa supuestamente grabado por uno de los drones que han participado en el ejercicio.

TITULO:  LA NOCHE LARGA, MUJERES EN PRIMERA LINEA, - LA CHICA LUNES - 9 - Domingo - 8 - DOS DIAS Y UNA NOCHE - MARTES - 10 - Marzo - Ana Boyer y Fernando Verdasco salen de Doha y aterrizan de urgencia en España con sus hijos ,. 

 

 

DOS DIAS Y UNA NOCHE - MARTES - 10 - Marzo ,.

 

 El programa está conducido por la periodista catalana Susanna Griso. Cada semana visitará la casa de un personaje famoso relevante y mediante el hilo conductor de la entrevista, irá desgranando la vida de los famosos. Como novedad la periodista se instalará en las casas de los invitados durante dos días pasando una noche allí. El MARTES - 10 - Marzo  a  las 22:40 por antena 3, etc.

 

  LA NOCHE LARGA, MUJERES EN PRIMERA LINEA, - LA CHICA LUNES - 9 - Domingo - 8 - DOS DIAS Y UNA NOCHE - MARTES - 10 - Marzo -  Ana Boyer y Fernando Verdasco salen de Doha y aterrizan de urgencia en España con sus hijos,. 

 

 Ana Boyer y Fernando Verdasco salen de Doha y aterrizan de urgencia en España con sus hijos,.

 

 

El extenista y la hija de Isabel Preysler, embarazada de su cuarto hijo, regresa a Madrid con su familia,.

Ana Boyer y Fernando Verdasco salen de Doha y aterrizan de urgencia en España con sus hijos

foto - Ana Boyer y Fernando Verdasco han regresado este lunes, 9 de marzo, a España desde Doha, su hogar durante la última década, en pleno conflicto en Oriente Medio por la guerra entre Estados Unidos e Irán. La hija de Isabel Preysler, que está embarazada de su cuarto hijo, y el extenista, han abandonado la capital de Qatar junto a sus otros pequeños Miguel, Mateo y Martín para volver a Madrid con el resto de su familia.

Según confirma la revista 'Hola!', su intención es permanecer una temporada en España hasta que la situación se estabilice. Por el momento los pequeños tendrán que seguir las clases online hasta que puedan regresar al colegio británico donde cursan sus estudios en Doha. «Muchas gracias por todos vuestros mensajes. Estamos bien y con la esperanza de que esto termine pronto», señaló Boyer hace tan solo unos días, poco después de desatarse el conflicto.

Con la intención de tranquilizar a sus seres queridos, la hija pequeña de Isabel Preysler compartía recientemente una fotografía en la que dejaba ver su tripa «creciendo». La familia comparte en sus redes imágenes de su día a día en Qatar, donde residen en un apartamento situado a escasos pasos de la playa con vistas al mar. Su casa está situada en La Perla, una exclusiva zona residencial.

 

TITULO:  Viajeros Cuatro - Canadá primero: en tren de Montreal a Toronto,.

 

El Miércoles - 11 - Marzo  a las 22:45 por La

cuatro,fotos,.

 

Canadá primero: en tren de Montreal a Toronto,.

Donald Trump, que amenaza algunos de los encantos de este país con sus medidas y ambiciones, ha logrado que los vecinos del norte retomen una costumbre local: viajar a otras provincias canadienses. En las cuatro ciudades de este viaje esperan atractivos de sobra, historia, museos, gastronomía y paisajes

 
Vista del puerto y del barrio de Old Quebec, la parte histórica de Quebec, en Canadá.

El gran escritor de Montreal Mordecai Richler definió Canadá por boca de su alter ego Barney Panofsky, tan odioso y tan tierno, como “un país de locos, insufriblemente rico y gobernado por idiotas, cuyos problemas, creados por ellos mismos, ofrecen un alivio cómico a los males del mundo real”. Es tentador imaginar cómo se habría tomado Richler —que también, o sobre todo, era un fenomenal polemista— los males, estos sí, reales que el tragicómico regreso a la Casa Blanca de Donald Trump ha traído a su país, con sus amenazas arancelarias, los insultos al primer ministro y sus ataques a la soberanía de Canadá. Llevar la contraria era el deporte favorito del escritor, pero seguramente hasta él, que murió en 2001, habría estado de acuerdo con esa abrumadora mayoría de sus compatriotas que no quiere saber nada de convertirse en el Estado número 51 de Estados Unidos.

Las bravatas de Trump han resucitado un orgullo nacional dormido. Con el filósofo montrealense Daniel Weinstock, “antinacionalista convencido”, ha funcionado: aún sigue sorprendido al comprobar hasta qué punto está “orgulloso de ser canadiense”, y por eso nos recibió en su casa del barrio de Monkland, en la capital de la soberanista provincia de Quebec, con una camiseta que decía “Codos arriba”, lema que los suyos han reciclado de la leyenda del hockey Gordie Howe como grito para la resistencia contra el vecino abusón.

Muchos de sus compatriotas, advierte la gloria nacional de las letras canadienses Margaret Atwood han cancelado sus viajes al sur, adonde tenían por costumbre ir en busca de un poco de calor, como pájaros que se hartan del largo invierno. “Espere un repunte de canadienses en México y el Caribe”, nos advirtió Atwood en un e-mail con su acostumbrada ironía cuando este viaje en tren por Quebec y Ontario nos llevó a Toronto. La autora de El cuento de la criada estaba en ese momento en Ciudad de México, donde ya pasaba temporadas antes de Trump. Y no andaba desencaminada: Canadá solía encabezar la lista de países que más turistas aportan a EE UU (casi 21 millones en 2024, según la US Travel Association), pero esos números han caído hasta un 22% en estos meses. El nuevo inquilino de la Casa Blanca también ha logrado que los vecinos del norte retomen otra costumbre local olvidada: viajar a otras provincias. “¿No es fabuloso que estemos redescubriendo nuestro país? Es la ley de con secuencias imprevistas: Trump nos ha empujado a conocernos los unos a los otros. Canadá está viviendo un renacimiento”, considera la dama de la novela negra Louise Penny, cuyo exitoso detective francófono, Armand Gamache, ha mostrado a millones de lectores de todo el mundo el lado criminal de Quebec, la belle province.

Un tren deja atrás el Downtown de Toronto, con la Torre CN al fondo (Canadá).

Antes, muchos de sus compatriotas podrían haber firmado otra cita de Richler: “Hogar, para mí, es Montreal; el resto es geografía”. Se trata de una geografía inabarcable, pintoresca (como saben los fans de Al norte del norte, la nueva serie de Netflix, que transcurre en el territorio ártico de Nunavut) y en gran medida inhóspita: Canadá es 20 veces más grande que España, pero tiene ocho millones de habitantes menos. Y un 80% de ellos viven pegados a la frontera con EE UU.

Es también un país sobrado de encantos naturales, pero este viaje no se fija en ellos, sino que propone una ruta urbana a bordo de los trenes de VIA Rail. No son especialmente rápidos ni cómodos, y es posible que le miren raro cuando diga que piensa cubrir los 550 kilómetros que separan Toronto de Montreal en cinco horas en lugar de en los 75 minutos que tardaría en avión. Pero mientras llega la alta velocidad, que las autoridades prometieron en febrero pasado, el del tren se antoja como un lujo tan civilizado como la misma idea del transporte público, toda una excepción en Norteamérica, para un viaje entre Quebec, corazón de esa francofonía que lleva tres siglos de resistencia frente a la mayoría inglesa, y Toronto, el gran motor económico. El tren hace parada también en la vibrante Montreal y en la capital del país, Ottawa.

Además de los encantos de esas ciudades y de las animadas conversaciones sobre el único tema posible (Trump, sí), se llevará consigo de recuerdo los paisajes que se despliegan al otro lado de la ventanilla.

El interior de la basílica Notre-Dame de Montreal.

1. “¡'Bonjour hi’, Montreal!”,.

Las identidades francesa e inglesa —sumadas a la indígena y a una inmigración que no cesa desde la fundación de Canadá— definen el país, y no conviven en ningún lugar con mayor desparpajo que en Montreal, donde el saludo de consenso, Bonjour hi, sirve para determinar en qué idioma, si en francés o en inglés, continuará la conversación. En realidad, el mosaico de la ciudad va más allá de sus dos lenguas, de las que solo una, el francés, es oficial desde 1977. El espíritu de Montreal es en gran medida la suma de las comunidades que se fueron haciendo fuertes a lo largo del siglo XX: la africana, la asiática, la italiana y, más recientemente, la hispana. También la portuguesa o la judía, cuyo rastro, diluido por décadas de mezcla, domina Plateau y Mile End, los barrios más animados, con sus tiendas de segunda mano, sus librerías, sus cervecerías artesanales, los modernos edificios de apartamentos y el inevitable aroma a gentrificación que suele despedir todo lo anterior.

En Montreal, a diferencia de en la mayoría de las urbes norteamericanas, es posible caminar por sus calles como si décadas de aburguesamiento no hubieran sucedido. Comer, por ejemplo, carne ahumada en Schwartz’s, deli judío justamente famoso pese a su engañoso aspecto de trampa para turistas, y cerdo en Wilensky’s, donde todo es tan chapado a la antigua que hasta hacen su propio refresco de cola. Pedir bagels para llevar en St Viateur o en Fairmount, dos experiencias excluyentes, porque “o se es hincha de uno o del otro”, nos advierte la periodista española Irene Serrano, residente en Montreal desde hace 14 años. Ir a ver jazz en Upstairs, donde los menús están escritos sobre portadas de discos importantes, pero es mejor llegar cenado, o escuchar punk en directo en Casa del Popolo, con, como su propio nombre indica, su ambiente izquierdista y sus platos vegetarianos.

La música es una de las señas de la ciudad, cuna de grandes artistas como Arcade Fire, Patrick Wolf, Paul Bley y, sobre todo, Leonard Cohen, al que Montreal ha dedicado dos murales y ninguno está en la Parc du Portugal, plaza en la que tuvo una espartana casa hasta su muerte en 2016. Allí el protagonista es un grafiti de la cantante Amália Rodrigues (y uno sospecha que al autor de Hallelujah esa compañía no le habría disgustado). La gran fadista lisboeta observa desde las alturas el bullicio del Boulevard Saint Laurent, arteria que parte la ciudad y en la que caben casi todos los Montreal: el de las librerías (aquí está la espectacular Gallimard y, no demasiado lejos, The Word, buenos precios y una gran selección de segunda mano en inglés), el del cine (el coqueto Cinéma Moderne, donde también pasan películas de auteurs locales como Xavier Dolan o Denis Villeneuve) o el gourmet (por ejemplo, en el animado Café Olimpico). La ciudad, como casi todas, está viviendo una edad dorada culinaria, y hace tiempo que la contundente gastronomía quebequense es algo más que poutine, su plato más popular, una amalgama abierta a interpretaciones de patatas fritas, salsa de carne, queso, beicon y chalotas. Por ejemplo, las exquisiteces que sirve el moderno restaurante St. Denis o los cócteles del speakeasy Big in Japan.

Para sumergirse en el Montreal gay —de justa fama— está la zona de The Village y para dejarse llevar por los recuerdos de cuando la ciudad fue olímpica, en 1976, basta seguir el punto de referencia de la torre del gran estadio, esa especie de trampolín que se inclina sobre su estructura circular, a la que los locales llaman “la Gran O”.

La ruta de Cohen es una de las más populares entre los visitantes, que la recorren mecidos por sus canciones o por la audioguía que la cantautora Martha Wainwright, junto a su hermano Rufus, otra gloria local, grabó para la radio pública. El recorrido va de la casa en la que nació el músico en el barrio judío de Westmount a Moishes Steakhouse, donde le gustaba almorzar; y de su alma mater, la Universidad McGill, en cuyo campus siguen vivas las protestas contra Israel por la guerra de Gaza, al Museo de Arte Contemporáneo (MAC).

Mural de Leonard Cohen en la calle Crescent, en Montreal.

El de Bellas Artes, el otro gran centro artístico de la ciudad, acostumbra a tener buenas exposiciones temporales, y eso compensa la decepción que supone la visita a la sala de muestras de un centro comercial a la que han trasla dado una versión disminuida del MAC mientras lo remodelan hasta 2028. El edificio original en obras está un poco más allá, junto a la Place des Arts, centro de artes escénicas en el que una exposición recuerda que, además de con los servicios de salud, los canadienses saldrían perdiendo en apoyo público a la cultura si llega la anexión con EE UU.

El más grande de los murales de Cohen parece pintado para poner la guinda a las espectaculares vistas del Belvedere Kondiaronk, en la cima del Mount Royal, una atalaya desde la que a lo lejos, tras los rascacielos del Downtown, asoma el río Saint Laurent y se adivina el pintoresco Viejo Montreal, un núcleo de callejuelas con edificios de hace cuatro siglos y restaurantes para turistas que desembocan en el puerto. Allí aguarda una última sorpresa: Bota Bota, un spa que empezó en una barcaza en el muelle y después se expandió en tierra firme con un jardín con piscinas. Es recomendable usarlo en lo más crudo del crudo invierno.

2. Quebec, identidad amurallada

A unas cuatro horas en tren de Montreal está la pintoresca Quebec, encaramada sobre el majestuoso curso del Saint Laurent y sobre su historia, que es también la de sus primeros pobladores europeos. Ciudad patrimonio de la Unesco desde 1985, es toda una fortificada anomalía.

El tren atraviesa la región de las grandes plantas de producción de aluminio y acero, heridas por los aranceles de Trump, para llegar al lugar en el que Samuel de Champlain fundó en 1608 un poblado para el comercio de pieles. Siglo y medio después, los franceses perdieron muy rápido la batalla de las Llanuras de Abraham, hoy convertidas en un plácido parque con un museo que recuerda con audiovisuales lo que pasó, por poco honroso que sea: los ingleses atacaron, los franceses capitularon en poco más de 30 minutos y así empezaron la colonización y la excepción del nacionalismo canadiense.

Una calle del centro de Quebec, ciudad cuatro horas en tren de Montreal.

La fundación del país como la suma de, al principio, cuatro provincias (además de Ontario y Quebec, Nuevo Brunswick y Nueva Escocia) no llegaría hasta 1867. Al otro lado de la frontera, acababa de terminar la guerra de Secesión y “muchos de los políticos y promotores de la anexión de Canadá al principio de la contienda retomaron la idea al final de esta”, escribe el historiador Robert Bothwell en Your Country, My Country (tu país, el mío, en español), una amena historia sobre la convivencia entre dos países tan diferentes y tan similares.

Bothwell explica el surgimiento de Canadá como una reacción a ese “afán adquisitivo estadounidense” que Trump ha resucitado. Las nuevas amenazas de Washington han hecho que el soberanismo quebequense aparque las urgencias de plantear un nuevo referéndum. Están tocados, pero no hundidos, cuenta en un café de la ciudad extramuros Pascal Paradis, representante del renacido Partido Quebequense en el Parlamento provincial. “Trump pasará, pero el independentismo permanecerá”, advierte. Paradis describe la cultura francófona como “una minoría en un océano anglosajón con el imperio cultural de EE UU como vecino”. Siguiendo esa lógica, Louise Penny, la gran autora de novela negra, define a los anglófonos de Quebec como “una minoría dentro de una minoría”.

Penny ambientó en Quebec City Enterrad a los muertos, una de sus mejores novelas, cuya trama, cómo no, gira en torno a un asesinato. Es tan particular el lugar del crimen, el Morrin Center, que nació como cárcel y hoy es una de las bibliotecas (en inglés) más bellas del mundo, que la escritora aún tiene que convencer a algunos de sus lectores de que no, no se inventó su existencia. Gamache, su detective con un punto gourmet, también recorre algunos de los sitios inevitables de la ciudad amurallada: el Château Frontenac, que presume de ser el “hotel más fotografiado del mundo”, el funicular que lleva hasta él, el puerto, la estatua de Champlain, las cafeterías y las pastelerías en torno a la Place d’Armes, un restaurante cantonés (Wong)…

En la parte antigua hay una callejuela, Rue Saint-Paul, con una hilera de buenos anticuarios y una tienda llamada Artisans Canada. Es uno de esos establecimientos basados en el producto local donde comprar un souvenir que el surgimiento del movimiento Made in Canada (Fait Au Québec, en este caso) ha hecho súbitamente mucho más interesantes. De nuevo, la culpa es de Trump.

También hay vida más allá del viejo Quebec. Por ejemplo, en el barrio de Saint-Roch, con sus restaurantes japoneses, su animación nocturna o sus terrazas. O en la Rue Saint-Jean, donde, al final de unas empinadísimas escaleras, uno puede comprar discos de colección (CD Mélomane) y tomar una cerveza enfrente, en Le Sacrilège, uno de esos bares decorados por la sorpresa de los que casi no quedan.

3. Conspiraciones políticas en Ottawa,.

Como buena capital administrativa, Ottawa podría exigirse más a sí misma, pero, como los del resto de esta clase de ciudades, sus habitantes tratarán de convencerle de que “tampoco es tan aburrido” vivir allí. La política está muy presente, como lo está en el skyline (es un decir) de la ciudad, a dos horas en tren desde Montreal, el edificio de cuento del Parlamento, que desde la pandemia convoca a una variada fauna de conspiranoicos que cuentan a quien quiera escucharlos historias para no dormir sobre manipulación mental a través de la inoculación de vacunas. Mejor esquivarlos educadamente e ir directo a la torre: se puede subir gratis (con reserva) y contemplar el trazado de una ciudad cuya gran virtud es que no es Toronto ni Montreal, y de ahí que la eligieran como capital.

La ceremonia del cambio de guardia en el Parlamento de Ottawa.

Para sentir un poco de la ansiedad de la Guerra Fría, a las afueras está el Diefenbunker, que mantienen intacto desde los tiempos en los que Ottawa temía un ataque nuclear de la URSS. Para experimentar la trepidante vida parlamentaria (otro decir), el bar restaurante afrancesado Metropolitan, favorito de los políticos, es un buen lugar ahora que Trump ha añadido un poco de picante a sus vidas y que ha caído en desuso la regla de oro sobre la política canadiense favorita del comentarista Paul Wells, residente en Ottawa: “En este país gana las elecciones siempre quien promete provocar más aburrimiento”. Si tiene mayores aspiraciones gastronómicas, reserve en Riviera; cocina creativa canadiense en el interior de un antiguo banco.

Cada invierno, Ottawa estrena la pista de hielo más grande del mundo con la congelación de los 7,8 kilómetros del canal Rideau, y los burócratas esquían con traje para llegar al trabajo por la mañana. En verano, las barcazas y hasta un autobús anfibio ofrecen travesías por sus aguas.

El gran mercado ByWard en la ciudad canadiense de Ottawa.

Al otro lado del Rideau desde el Parlamento, están el gran mercado ByWard, con sus tiendas, cafeterías y restaurantes, cuyo gran momento es entre mayo y octubre, y el Museo Nacional de Canadá. No es tan relevante como sus hermanos de Montreal y Quebec, pero tiene piezas interesantes (como la araña de Louise Bourgeois que da la bienvenida al visitante), una sede con vistas (obra del arquitecto Moshe Safdie) y una buena colección de arte indígena y canadiense. En ella destaca la obra de dos creadores esenciales no tan fáciles de encontrar en los museos estadounidenses (y mucho menos en los europeos): el también cineasta y músico experimental Michael Snow y Joyce Wieland, cuyas reflexiones de los sesenta en torno a la bandera de la hoja de arce y a lo que significa ser canadiense a la sombra de EE UU han adquirido una inesperada relevancia.

Obra de Louise Bourgeois en el Museo Nacional de Canadá en Ottawa.

4. Toronto, medio siglo en lo más alto,.

La última parada de este viaje en tren es la ciudad más poblada de Canadá (2,7 millones de habitantes) y su corazón económico. La moderna y multicultural Toronto es también la capital de Ontario, la provincia con más que perder en la guerra comercial con EE UU. Al sur, los aranceles de Trump ponen en riesgo la buena marcha de la industria automovilística. En Toronto, lo último que les faltaba —en vista de los problemas de vivienda, lo caro que está todo y que otro año más los Maple Leafs tampoco se traerán el trofeo de la liga nacional de hockey sobre hielo a casa (¡los equipos canadienses llevan sin ganar la Stanley Cup desde 1993!)— son las amenazas del presidente estadounidense de gravar con un 100% a las películas que se rueden en el extranjero. La ciudad, con la ayuda de su famoso festival de cine, celebrado en septiembre, lleva décadas vendiéndose como un plató más barato que Nueva York. También más versátil: una de las virtudes de Toronto es que puede hacerse pasar por otras ciudades, aunque, superada la primera impresión, queda claro que en realidad solo se parece a sí misma.

Para hacerse una idea de sus contornos, sigue siendo la mejor opción subir a su torre de comunicaciones. Este año, además, la Torre CN está de celebración: hace medio siglo que, con 553 metros, se convirtió en la estructura exenta más alta del mundo, trono que ocupó hasta 2010, cuando se lo arrebató la torre Burj Khalifa, en Dubái. La mejor perspectiva del skyline se obtiene tomando distancia con una breve excursión a “las islas”, que están frente a la ciudad en el lago Ontario. Un ferri lleva hasta ellas.

Las oportunidades para comprar y darse una vuelta culinaria por el mundo —de la comida caribeña de Patois a la india para llevar de Roti Mahal— se suceden en Queen Street y, con un aire un poco más tranquilo, en Dundas West, donde está la Art Gallery of Ontario, que tiene en cartel una exposición sobre fotografía latinoamericana hasta el 19 de octubre y es la joya museística de una ciudad en la que también merece la pena guardar hueco para otras: el Royal Ontario Museum y Casa Loma. Esta última es, en realidad, un castillo de estilo revival-gótico que construyó un ricachón llamado sir Henry Pellatt para cumplir su sueño de niño de vivir en un castillo medieval.

El Art Gallery of Ontario, en Toronto.

El mismo aire de cuento se siente de nuevo en la Universidad de Toronto, cuyo campus ofrece un respiro académico en mitad del bullicio de la ciudad. En las últimas semanas, ha resultado ser, además, un refugio para Timothy Snyder, Marci Shore y Jason Stanley, tres profesores de Yale —estudiosos del fascismo— que han decidido mudarse a Toronto. Vistas la deriva de Washington con Trump a los mandos y sus amenazas a la libertad académica en EE UU, los tres han coincidido en su decisión de poner tierra de por medio. Y también, a Canadá, primero,. 

TITULO: Ven a cenar conmigo - EL HOROSCOPO   - Verónica Díez y Mikel Ubarrechena - Es hora de hablar de turismo,.

 

 Verónica Díez y Mikel Ubarrechena - Es hora de hablar de turismo,.

 

 Verónica Díez y Mikel Ubarrechena.

 

foto -  Verónica Díez y Mikel Ubarrechena,.

Un país de contrastes - Verónica Díez, vecina del barrio La Latina de Madrid, y Mikel Ubarrechena, pte. Asociación de Hostelería de Gipuzkoa,.


Verónica Díez,.

Vecina del barrio La Latina de Madrid,.

Verónica Díez es madrileña. Del centro de Madrid de toda la vida. Vivía en el barrio de Lavapiés cuando los turistas no llegaban allí, como ella dice, ni por equivocación. Pero un día, hace poco más de cinco años, un viajero le consultó por una calle concreta que no se correspondía con ninguna de las arterias principales. El turista buscaba el piso turístico que había alquilado para alojarse durante su estancia en la ciudad. «Aquella primera vez me extrañó, pero en unos meses se convirtió en una constante», recuerda.

La proliferación de viviendas de uso turístico (VUT) ha brotado con fuerza en los últimos años en las capitales españolas, y se estima que en Madrid ya superan las 20.000, según la consultora Airdna. La Comunidad madrileña ha aprobado recientemente un decreto para que estos pisos sean considerados VUT desde el primer día de alquiler y no a partir de los tres meses, como defiende el Ayuntamiento de Carmena. Una medida que, unida al cumplimiento de una norma municipal que exige a los propietarios tener un acceso diferenciado del resto de vecinos, aboca al cierre a la mitad de los actualmente operativos.

EL DATO,.

  • 7,1 millones de turistas extranjer0s llegaron en 2018 a la Comunidad de Madrid, una cifra que supone un incremento del 6,3% respecto al año anterior y que mantiene una tendencia al alza a todas luces imparable.

  • Pisos turísticos. Madrid: La Comunidad ha aprobado un decreto para que sean considerados VUT desde el primer día y no a los tres meses. El Ayuntamiento les exige a los propietarios un acceso diferenciado del resto de vecinos.

Esta mujer de 43 años sabe de lo que se habla cuando escucha esas conversaciones sobre convivencia entre turistas y vecinos. Desde hace un par de años reside en el barrio de La Latina, cerca de la Plaza Mayor, y comparte portal con un par de estas viviendas. «No es invivible», reconoce. «Pero suelen venir en grupos de unas cinco personas, y hay un trasiego constante de entradas y salidas. En dos ocasiones sí que he escuchado bastante ruido por fiestas que han montado. Es verdad que puede pasar con cualquier vecino, pero lo que más me molesta es que me toquen el timbre por equivocación o porque el del alojamiento no está a la hora». Si algo se les achaca a los pisos turísticos es haber contribuido a la subida del precio del alquiler residencial. Verónica pone el ejemplo de varios amigos. «Se han tenido que buscar otra vivienda, porque de pagar 850 euros al mes, les subió unos 600 euros más», exclama.

En realidad, es al turismo en general al que se culpabiliza del encarecimiento de los servicios, y concretamente, en el apartado de ocio. Madrid lleva décadas atrayendo a millones de visitantes cada año y continúa batiendo sus propios récords. En 2018, más de 7,1 millones de extranjeros llegaron a la capital madrileña, un 6% más que el año anterior. «Turistas ha habido siempre. Soy consciente de dónde vivo y yo también viajo y soy turista», admite Verónica, pero lo que le resulta especialmente molesto son los grupos organizados que se mueven por la ciudad en bloque. «Hay bares en los que hay verdaderas invasiones. Si veo que un bar está enfocado a los turistas o está lleno de ellos no entro, pero no tanto por ellos, sino porque me cambia el concepto del establecimiento. Sé que será más caro y de peor calidad», asevera. La adaptación hacia una oferta cada vez más estandarizada, con grandes cadenas de establecimientos «sin entidad» es para Verónica una de las mayores pérdidas que está provocando este sector. «Lo primero fue el mercado de San Miguel, ha perdido su esencia, ya es un mercado turístico. Ningún vecino hace ahí la compra».

Mikel Ubarrechena

Pte. Asociación de Hostelería de Gipuzkoa

Viajar está de moda. Este año en todo el mundo se contabilizarán alrededor de 1.300 millones de viajeros, que cada vez asocian menos sus vacaciones con el descanso y más con la experiencia. Y la gastronomía, sin duda, lo es.

Mikel Ubarrechena lleva ligado a la hostelería en San Sebastián toda la vida, pero fue hace 34 años cuando decidió abrir su propio negocio. Desde entonces, ha sido testigo de la proyección mundial que ha ido adoptando la ciudad, aunque el repunte, matiza, empezó a partir de 2011. «Es innegable que el alto el fuego de ETA aquel año fue un punto de inflexión a partir del cual la ciudad recuperó su atractivo turístico».

En estos años, San Sebastián ha pasado de ver cómo el turista aterrizaba en la Parte Vieja sin haber oído la palabra 'pintxo' en su vida, a que ahora se atienda a diario a extranjeros que con toda su buena voluntad intentan pedir, no sin dificultad, una «brocheta» o una «tartaleta de txangurro», porque han leído en no sé qué foro que es de los imprescindibles.

EL DATO

  • 13% del Producto Interior Bruto (PIB) es lo que aporta el turismo a la economía de la ciudad de San Sebastián, que el año pasado recibió 692.642 turistas, un 8% más que en 2017.

  • Pisos turísticos. San Sebastián: El Ayuntamiento aprobó una norma que limita la actividad por zonas y superficie dedicada a terciario en cada bloque. El Gobierno Vasco también aprobó un decreto específico.

El turismo supone ya en la ciudad el 13% del PIB, y la entrada de viajeros alcanzó en 2018 otra cifra récord: 692.642 turistas. Esos datos se incrementan cada año, pero aquellas protestas contrarias al turismo que surgieron en el verano de 2017 y que salpicaron la capital guipuzcoana, no tardaron en desaparecer. «Aquello cayó por su propio peso. San Sebastián no es Venecia, porque de hecho está considerada como una de las ciudades más sostenibles del mundo, en cuanto a la densidad de turistas», subraya.

Lo que sí es innegable es que el sector hostelero ha sido uno de los principales beneficiarios de esa creciente llegada de visitantes, aunque al mismo tiempo se ha visto obligado a mantener su oferta al nivel de lo que se espera de una de las ciudades con mayor proporción de restaurantes estrella Michelín del mundo. «Nos hemos tenido que poner las pilas», reconoce el hostelero, para quien ha sido clave «la apuesta por el producto y la cultura local para no perder la identidad y la autenticidad».

Al hablar de la capital guipuzcoana a uno le viene a la mente la gastronomía, claro, pero también el precio del destino. Sin embargo, el donostiarra defiende que haciendo la comparativa a igual calidad del producto, «no creo que encontremos en otras ciudades europeas los precios que hay en Donostia en alta restauración».

No obstante, quienes visitan la ciudad vasca, además de comer, también deben dar con un alojamiento que se ajuste a sus comodidades y bolsillos. La oferta se ha visto ampliada considerablemente en el último lustro con la apertura de más de una veintena de hoteles, pensiones y la irrupción de las famosas viviendas de uso turístico, cuya regulación ha sido «pionera» en el resto del país. «San Sebastián ha sabido crear un acuerdo entre las administraciones y todos los agentes del sector para regularlo», se felicita.

Mikel Ubarrechena se define como un defensor del turismo, porque «viene gente a conocer nuestra cultura y eso me gusta, además aporta a la economía y ayuda a mejorar las infraestructuras». Se siente orgulloso «de verdad» de que su ciudad sea considerado un destino «destacado» por su «bien hacer». 

TITULO:   Batalla de Restaurantes - Cocina - Hojaldre de pollo, jamón y queso: receta fácil, crujiente y rápida ,.

 

 Hojaldre de pollo, jamón y queso: receta fácil, crujiente y rápida ,.

 

 Hojaldre de pollo, jamón y queso

foto - Hojaldre de pollo, jamón y queso,.

La cena perfecta para toda la familia lista en menos de 30 minutos,.

¿Buscas una idea salvavidas para hoy? Este hojaldre de pollo, jamón y queso es la definición de éxito con mínimo esfuerzo. Con una base de hojaldre crujiente y un relleno jugoso que aprovecha los restos de la nevera, esta receta se convertirá en tu recurso infalible para cenas improvisadas o picoteos con amigos. Olvídate de complicaciones y descubre cómo conseguir ese dorado perfecto que entra por los ojos.

Puedes rellenarla con lo que quieras, toma esta receta como punto de partida y experimenta con lo que tengas en tu nevera o despensa.

Ingredientes

  • 1 pechuga de pollo

  • 1 lámina de hojaldre

  • 2-3 cucharadas de tomate frito

  • Jamón cocido

  • Queso edam

  • Queso semicurado

  • Orégano seco

  • Aceite de oliva virgen extra

  • Sal

Preparación

  • Salamos por ambos lados una pechuga de pollo fileteada. Echamos un chorrito de aceite de oliva en la sartén y pasamos la pechuga. Reservamos.

  • Estiramos una lámina de hojaldre y hacemos unos cortes en los 4 bordes sin llegar a cortarlo. Pinchamos con un tenedor el centro del hojaldre para que no se hinche. Echamos 2 o 3 cucharadas de tomate frito y lo extendemos bien, sin llegar a cubrir los bordes.

  • A continuación cubrimos totalmente el tomate con jamón cocido. Ponemos las pechugas de pollo, unas lonchas de queso edam, un poco de queso semicurado rallado y acabamos con un poco de orégano seco.

  • Al horno, que tenemos precalentado a 210ºC calor arriba-abajo. Horneamos durante 15-20 minutos o hasta que el hojaldre esté dorado a tu gusto.

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