jueves, 20 de diciembre de 2018

Documenta2 - Los juegos de Hitler: Berlín 1936,./ EN PORTADA CRONICAS MUJERES VIAJERAS - Historias con fabada -,. LUNES -24- Diciembre,./

TITULO: Documenta2 - Los juegos de Hitler: Berlín 1936,.
Documenta2 - Los juegos de Hitler: Berlín 1936 - ver ahora 
( foto) A pesar de los movimientos en algunos países de Europa y América que abogaban por el boicot a los Juegos Olímpicos de Berlín ante el auge del nazismo, la imponente maquinaria olímpica difícil de parar y el temor a ofender a Alemania llevan a la celebración de las XI Olimpiadas en Berlín en 1936.

TITULO:  EN PORTADA CRONICAS MUJERES VIAJERAS  - Historias con fabada,. LUNES -24- Diciembre,.

El lunes -24- diciembre por La 2 a las 23.45, foto.

Historias con fabada,.



Un plato de fabada de la gijonesa Casa Gerardo. :: Daniel Mora/
Un plato de fabada de la gijonesa Casa Gerardo.

La semana pasada murió la popular abuela de la fabada en lata,.





La semana pasada murió Antonia Cruells, que no era asturiana, sino catalana, que se hizo famosa por protagonizar un popular y entrañable anuncio de la fabada Litoral, pero que ni sabía preparar fabada, ni era actriz ni tan siquiera era abuela. Sin embargo, la identificábamos con la famosa fabada por un anuncio de televisión y por esa razón saltó a la fama.
Supongo que en su honor, pero también en honor de un pasado y de una historia en común de pareja, el viernes abrimos en casa dos latas de fabada Litoral que llevaban unos años apiladas en la alacena, tantos que caducaban dentro de tres meses.
Nos había dicho mi padre, asturiano experto en potes, fabes, cachopos y huevos con tortos, que la de lata ya no sabía como antes y es cierto: sigue estando rica, pero no tiene ese punto que hace años la convertía en un sucedáneo convincente de la auténtica fabada preparada a fuego lento.
Aunque quizás fuera que hace años teníamos más hambre y la fabada en lata era el plato de las grandes fiestas en nuestros pisos de estudiantes. De hecho, hay un episodio que mi mujer y yo no olvidaremos nunca. Lo vivimos en la avenida Juan Pereda Pila de Badajoz, cuando estábamos estudiando, no teníamos ni un duro, literalmente, y nos vimos obligados a pedirle mil pesetas prestadas al portero del edificio para poder comer. Con ese dinero, fuimos a la tienda más cercana, nos compramos una lata grande de fabada Litoral y una barra de pan y nos dimos un banquete inolvidable. Y claro está, aquella fabada sabía a gloria porque era el festín que nos pegábamos tras un par de semanas a base de espaguetis con tomate e hígado de cerdo.
Mi abuela Evelia, natural de Proaza (Asturias), un pueblo perdido en los valles que llevan a Teverga y Somiedo, famoso desde hace unos años por su senda del oso y su desfiladero de Peñas Juntas... Mi abuela, digo, preparaba una fabada a fuego lento apoteósica y yo creo que peligrosa. Recuerdo que en una ocasión, tras tomarme dos platos bien colmados, perdí el sentido. Literalmente, me desmayé. No fue un síncope ni un atracón, fue una especie de alucinación provocada por las alubias y el compango, que es el acompañamiento sustancioso y tremendo de las fabes.
Tras la fabada, siempre nos daban Coca Cola para hacer la digestión, pero ni por esas. Dicen que esa bebida lo disuelve todo, incluso la fabada, pero la de mi abuela estaba hecha a prueba de chispas de la vida y se digería lentamente durante toda la tarde y parte de la noche.
Las alubias con pernejón y oreja que prepara mi madre no tienen nada que envidiar a la fabada asturiana. Este sábado, las íbamos a tomar en Ceclavín tras recoger las aceitunas del olivar de mi padre. ¿Qué demonios hacía un asturiano plantando en Ceclavín 300 olivos a la edad de 70 años? Eso nos preguntábamos sus hijos hasta que los olivos empezaron a dar fruto y descubrimos que era una forma de reunir a la familia un sábado con el pretexto de recoger aceitunas y pagarnos el jornal a base de alubias con pernejón.
Este año, creo que van a tener que recoger las aceitunas a jornal, pero no perdonamos las alubias porque esos platos de cuchara, ya sea en Asturias, ya sea en Ceclavín, son una especie de columna vertebral de lo doméstico: familia que come unida judías blancas y carnes de cerdo, familia que permanece unida para siempre.
De aquellos tiempos de novios recientes, porteros prestamistas (el buen hombre era un encanto y un temerario: ¡mira que dejar mil pesetas a unos estudiantes!) y latas de fabada Litoral como culmen gastronómico, nos han quedado en casa unos recuerdos y unos rescoldos con mucha sustancia. Si a Proust se le venía la niñez encima al probar la magdalena de su infancia mojada en café con leche, a mi mujer y a mí, en cada cucharada de alubias, se nos viene a la memoria la Badajoz de los 70 y aquel tiempo en que éramos felices con una lata de fabada.

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