TITULO: DESAYUNO CENA FIN SABADO - La matemática del espejo - Fernando, anawin ,.
DESAYUNO CENA FIN SABADO - La matemática del espejo - Fernando, anawin , fotos,.
Fernando, anawin ,.

Fernando, anawin: «Sueño con tener una vida como la que tiene todo el mundo»
En los minutos que dura esta entrevista a la puerta de un supermecado en Madrid, varias personas se detienen a hablar con Fernando; una le da una bolsa de galletas y otra le ofrece un cigarrillo. «La gente es buena», dice este anawin, un pobre del Señor, que deja la calle en pocos días, después de cinco años.
( Desayuno )
—¿Cómo se llama y de dónde es?
—Me llamo Fernando y soy de Segovia.
—¿Cuánto tiempo lleva viviendo en la calle?
—Cinco años. Siempre en Madrid.
—¿Qué le llevó a esta situación?
—Sobre todo, un
problema familiar. Prácticamente no tuve otra opción que acabar viviendo
en la calle. Llevo cinco años, que ya está bien…
( Cena )
—¿Cree que las cosas pueden cambiar en el futuro?
—Pues sí. El SAMUR social
nos ha estado ayudando a buscar una casa. Lo más seguro es que la
semana que viene ya podamos entrar. Iría con un amigo que está también
en la calle. Los dos llevamos mucho tiempo solicitándolo.
—¿Cómo han sido estos años durmiendo al raso?
—Ahora
dormimos en la entrada de una tienda de telas. Es importante ir
acompañado para protegerse, porque a veces pasan cosas increíbles.
—¿A qué se refiere?
—Hace poco nos quitaron una
mochila con la ropa, la cartera, la documentación… todo. Es un engorro
porque tienes que volver a solicitar el DNI, la cartilla y toda la
documentación. No queda otra. Alguna vez han venido borrachos a intentar
pegarnos también.
—¿Cómo consigue comida cada día?
—Aquí, delante del supermercado. La gente me da bastante comida. Hambre no pasamos.
—¿Qué es lo que más echa de menos?
—Ducharme como una persona normal y dormir en una cama.
—¿Dónde puede ducharse?
—En unas duchas
que hay para personas que estamos en esta situación. Pagas 50 céntimos y
puedes ducharte un rato, pero no es como estar en tu casa.
—¿La gente se acerca a hablar con usted?
—Sí.
Muchísima gente me conoce ya. Los trabajadores del supermercado, los
vecinos, los comercios… Nos ayudan en todo. Incluso, si no les pedimos
algo que necesitamos, nos regañan. Muchos días tenemos más comida de la
que podemos consumir y la compartimos. Se la damos a los voluntarios
para que la repartan a otras personas. Ellos alucinan porque vienen a
traernos comida y acabamos dándosela nosotros [risas]. Y si tengo
dinero, les doy dinero a otros que están en la calle como yo. Sé
perfectamente lo que se pasa aquí.
—Cuando consiga una vivienda, ¿qué le gustaría hacer después?
—Encontrar
un trabajo. Yo siempre me he dedicado a la confección industrial. Sé
hacer pantalones y camisas de principio a fin. También tengo formación
para reparar máquinas de coser y tengo el carné de manipulador de
alimentos y el del transpalé. Además, trabajé ocho años en confección.
Ojalá saliera algo. Sueño con tener una vida como la de todo el mundo:
una casa, un trabajo…
—Me gustaría preguntarle si esta situación le ha hecho pensar en Dios.
—Yo, hasta que no lo veo, no lo creo.
—¿Ha sentido apoyo de la Iglesia?
—He ido a
algunas iglesias, pero no me han ayudado. Esa ha sido mi experiencia.
Luego ves a otra gente que sí recibe ayuda y piensas que primero habría
que ayudar a los que ya están aquí. No lo digo por racismo, pero esa es
mi opinión.
TITULO: Bar David - Cocina - El disputado origen del chiringuito de playa ,.
Bar David - Cocina - El disputado origen del chiringuito de playa ,. fotos ,.
El disputado origen del chiringuito de playa,.
Un establecimiento de Sitges donde escribía sus artículos César González-Ruano ha llevado a gala muchos años ser el primero de España, pero el término peina más canas,.
En un chiringuito del Paseo de la Ribera de Sitges que se llama precisamente así, El Chiringuito, luce un antiguo cartel que hace gala de haber popularizado este nombre por toda España (con la acepción de kiosco playero, claro, no con la despectiva que llegó más tarde). César González-Ruano lo descubrió en 1943, cuando decidió retirarse por unos años a este pueblo costero catalán. Era «un extraño café sobre la misma arena, como un pabellón de cristales», donde le pareció que podría escribir cada mañana los artículos que enviaba por entonces a 'La Vanguardia' y a la revista 'Destino'.
Aunque el letrero que hay junto a su puerta asegura que fue el propio González-Ruano quien bautizó el local, el escritor y periodista (una denominación que él comparaba con la de «médico y practicante») nada comenta sobre ello en sus memorias, donde se refiere a El Chiringuito como si así se hubiera llamado desde que lo conoció. Quizá porque así fue. Un año antes de su llegada, su amigo Miguel Utrillo ya había publicado un artículo en 'El Eco de Sitges' donde decía de un paisano que «preferiría dormir siestas o tomar café en El Chiringuito».
Según reza en su persiana, se fundó en 1913. Sergi Doria, que lo visitó en 2010, escribió en estas páginas que «el Chiringuito competía en su época con el Pabellón del Mar que frecuentaban los indianos enriquecidos» y «a estos últimos debe atribuirse el nombre del local que deriva de 'chiringo', que es como se llama un café en Cuba, según documentó Lázaro Carreter». «El líquido filtrado por el calcetín era ese 'chiringo' que acabó en el diminutivo: chorrito de café, chiringuito», añadía el escritor.

Sin embargo, la hemeroteca arroja otros chiringuitos a finales del siglo XIX –«el chiringuito y las almejas recalentadas, son aperitivos excelentes» o «entre el chiringuito y la cañita de manzanilla...» (El Liberal, 1895)– que se refieren a un aguardiente llamado así en

Latinoamérica, según averiguó la historiadora de arte Beli Artigas Coll y recogió en su blog Criticart. Y tampoco el de Sitges sería el primer establecimiento bautizado como Chiringuito, pues ya existía uno con tal nombre en el puerto de Barcelona desde finales del siglo XIX. La prensa de la época informó de varios sucesos relacionados con este local, como el altercado que acabó con la detención del torero 'Larita' en 1924 «en el bar Chiringuito, establecido en la Puerta de la Paz, en el puerto».
De haberlo conocido, González-Ruano podría haber sacado punta al suceso, sentado a la mesa con azulejos de Sitges donde escribía febrilmente sus cuartillas. «Siempre a la misma hora, a las nueve y media, me tiraba del lecho como un bombero disciplinado y me iba a escribir al Chiringuito. Muchas mañanas tenía que hacerlo sujetándome la muñeca derecha con la mano izquierda y un estado de nervios próximo a la locura», contó el propio escritor en 'Mi medio siglo se confiesa a medias'. Hasta que «a la una venían algunos amigos y dejaba de escribir para hacer tertulia». El fallecido Juan Rubio Grau, que regentó el local, apenas era un niño entonces, pero en sus últimos años recordaba que «esto parecía la delegación del café Gijón en Sitges: además de César González-Ruano pasaban por aquí Camilo José Cela, Juan Ramón Masoliver, Ignacio Agustí, Noel Clarasó, Fernando Lázaro Carreter…»
El escritor Raúl Torres se emocionó «un poco» cuando se sentó a la mesa de César en el Chiringuito de Sitges en 1978 e intentó comprarla para emular a su buen amigo. Decía que era «distinta a las demás» y tenía «un algo» que la hacía sobresalir: desde sus colores a los hierros dibujados de sus patas. Aunque lo que realmente la diferenciaba del resto eran las horas que pasó allí el autor de ese 'Baudelaire' escrito «sin pelos en la pluma» que Torres estaba releyendo con cariño. «¿Cuántas cosas nos contó González-Ruano, rodeado de estos límites: arena, sol y agua?», se preguntó nostálgico. Poco importa si aquel fue o no el primer chiringuito. Seguramente fue el más literario de todos.