domingo, 7 de junio de 2015

DESAYUNO -- CENA -- DOMINGO -- Julieta Venegas CANTANTE,. / POR FIN ES DOMINGO - HACER EL GANSO,.

Resultat d'imatges de julieta venegasTÍTULO: DESAYUNO -- CENA -- DOMINGO -- Julieta Venegas CANTANTE,.

-foto--Julieta Venegas "Hay que celebrar estar vivo y que pasen cosas nuevas que nos muevan el suelo"

Tijuana (México), 1970. Soy música, cantante, compositora, activista y madre de una niña. He vendido más de 11 millones de discos en todo el mundo. En el nuevo, 'Algo sucede', colaboran músicos 'muy padres'.
XLSemanal. ¿Qué sucede ahora para haber titulado su disco así?
Julieta Venegas. El chiste es que siempre suceden cosas nuevas, «el mundo no sabe descansar y siempre pasa algo» [recuerda una antigua letra]. Hay que celebrar estar vivo y que pasen cosas nuevas que nos muevan el suelo.
 XL. Cuando componía estas canciones, se produjeron los asesinatos de los estudiantes de Iguala.
J.V. Sí, por eso escribí el tema Explosión, que habla de todos los desaparecidos, también por feminicidio. En México, las cosas no han cambiado mucho y hay más de 26.000 desaparecidos.
XL. Solo ha mostrado una canción, Ese camino, y hasta agosto no se verá el álbum entero. ¡Largo nos lo fiáis! 
J.V. Estamos calentando motores y vamos a soltarlo poco a poco, por partes. En agosto vendré a cantar a Gerona, Marbella, Ibiza y Sevilla.
XL. Pero la gente no se sabrá las letras cuando vaya al concierto.
J.V. Cantaré solo uno o dos temas nuevos, el resto será una selección de todos mis discos. A Madrid vendré cuando el nuevo esté más encarrilado.
XL. Por cierto, esas cejas a lo Frida Kahlo ¿son originales?
J.V. Sí, mi hija también salió cejuda. Muchos me las critican y quieren que me las quite, pero no me vería bien. Las llamo cejas reloaded, a lo Matrix 3.0.
XL. Y llamar a su hija Simona ¿fue idea suya?
J.V. Sí [ríe]. No conozco a nadie más que se llame así. Tiene casi cinco años y es pura felicidad.
XL. Cuenta que, al borde de los 40 años, decidió tener a Simona en casa, en su cama y sin anestesia, ¿en qué estaba pensando?
J.V. Para mí, el parto es algo casi místico y quería sentir esa experiencia en la intimidad de mi casa, sin médicos ni enfermeras a mi alrededor.
XL. ¿La anestesia quita misticismo?
J.V. Yo tenía mi plan B con un coche listo, por si algo se complicaba, para ir al hospital. Siempre debe haber un plan B.
XL. Hace dos años pasó de no saber encender el horno a convertirse en una experta cocinera, ¿se nos hizo maruja?
J.V. Me gusta serlo cuando estoy en casa. ¡Hasta hago mi propio pan! Cocino recetas que saco de los libros y siempre las hago escuchando música. XL. ¿Y tiene paciencia para prepararse ese desayuno que dice que se toma?J.V. ¡No! Los huevos divorciados es mejor que te los preparen fuera: en un restaurante los hacen mejor que yo.

Desayuno,.

A las 12, sin madrugar«Tomo fruta: melón, moras, fresas, papaya; dos huevos divorciados fritos, cada uno con salsa y chile, sobre una tortilla; frijolitos en el medio, café con leche y un bollito».

Cena , Un filete de pollo con patatas fritas, pan , beber agua, tomate lechuga, postra platano,.

Resultat d'imatges de POR FIN ES DOMINGO - HACER EL GANSO,.TÍTULO:  POR FIN ES DOMINGO - HACER EL GANSO,.

foto

En este año de reiteradas citas electorales, además de la extenuación que produce tanto prometer la Luna, tanta trola y tanto «y tú más», una de las cosas que más me irritan es ver a padres -y madres- de la patria haciendo el ganso. Que si uno se desnuda porque dice que no tiene nada que ocultar, que si al otro le da por hacer puenting porque no sabe cómo ingeniárselas para salir en las noticias. Por lo visto, ya no les basta con jugar a la petanca con jubilados, besar niños en los parques o darse un baño de masas en el mercado preguntando a cuánto están las alcachofas. Como lo único que importa es la foto, imaginación al poder, todo vale, cuanto más chusco o imbécil, mejor. Claro que una ya debería estar curada de espanto, porque en la tele no hacen otra cosa. Y no hablo ahora de políticos, sino de personajes supuestamente interesantes de otros ámbitos. Antes, en los programas de entrevistas solían traer, qué sé yo, a un actor, a un escritor o a una cantante para intentar desvelar eso que llaman su «lado humano». Aún recuerdo aquel viejo programa titulado A fondo, en el que entrevistaban a Borges, a Rosa Chacel, a Dalí o a Adolfo Marsillach para hablar de todo un poco. Es verdad que el programa era un tanto estático, sin apenas otro plano que la cara del invitado o, todo lo más, el inserto de alguna foto de juventud o la carátula de sus libros. Pero lo que contaban era tan fascinante que se pasaba en un suspiro la hora y pico que duraba la emisión. Ahora, en cambio, si invitan a alguien interesante a un programa de estas características, lo normal es que lo pongan a hacer una tortilla, a saltar a la comba, a bailar la conga o a matar marcianos en una videoconsola. Y ninguno rechista. Tan acostumbrados están -estamos- a la tiranía de la imagen que hasta Michelle Obama encontró, no hace mucho, de lo más normal que la presentadora de un programa la pusiera a hacer flexiones; qué superguay, la primera dama por los suelos haciendo músculo, ya tenemos asegurado el trending topic del día. Es así. Nadie precisa estrujarse las meninges para decir algo memorable. Pasará mucho antes a la posteridad (o al menos al efímero cuarto de hora de gloria que ahora otorga la modernidad) mostrando su destreza con el yoyó o, tal como le ocurrió al príncipe Harry hace unas semanas, realizando una danza maorí de esas en las que hay que poner cara de bestia y soltar gruñidos. Y luego se asombran cuando los niños, en vez de decir que de mayores quieren ser astronautas, médicos o incluso futbolistas como antes, proclaman que quieren ser «famosos». Tienen toda la razón, para qué molestarse. Te ahorras los cinco o seis años de universidad o de cualquier tipo de preparación y vas directo a lo que importa, hacer el ganso. De hecho hay gente que ya vive de eso. Como los que cuelgan vídeos en YouTube, por ejemplo. Un tipo que se inmortaliza dejándose cubrir por un enjambre de abejas, otro al que le da por comer cuarenta huevos fritos o caminar por el pretil de un rascacielos. Y ni siquiera es indispensable jugarse el bigote o la salud. Vale también colgar las pedorretas de su retoño o su destreza haciendo un castillo con mondadientes. Si el vídeo se vuelve viral (y lo consiguen algunos verdaderamente chorras), se forra uno. Eso por no hablar de los famosos youtubers, claro. Me refiero a esos jóvenes que día a día cuentan a sus innumerables fanÿs cosas tan interesantes como la discusión que tuvieron anoche con sus viejos o pormenores de su vida sentimental o sexual. No me pregunten cómo ni por qué, para mí es un misterio insondable, pero todas estas sandeces tienen millones de visitas que se traducen en pasta constante y sonante. Saben una cosa...... a medida que escribo estas líneas empiezo a ver la luz. Con cada palabra que tecleo descubro lo equivocada que estoy y aquí mismo me retracto, me convierto y me caigo del caballo como Saulo camino de Damasco. Estoy completamente desfasada. Lo que hay que hacer es precisamente eso, graduarse en chorradas, licenciarse en filfas, doctorarse en gansadas. ¿Pero en cuál? ¡Ya la tengo! Se me acaba de ocurrir una que me va al pelo. Seguiré informando.

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