sábado, 13 de junio de 2015

PROTAGONISTA, Carla Guelfenbein: "Jugársela por amor, por pasión o por los hijos es algo muy femenino",./ SI TIENE MINUTOS Y DESCANSO,.La rebelión de las mujeres,

Carla Guelfenbein recibe el premio Alfaguara TÍTULO: PROTAGONISTA, Carla Guelfenbein: "Jugársela por amor, por pasión o por los hijos es algo muy femenino",.

-foto-Carla Guelfenbein: "Jugársela por amor, por pasión o por los hijos es algo muy femenino",.
  • Empezó escribir a los 40 años y cinco libros más tarde ha logrado el Premio Alfaguara con una novela donde reflexiona sobre la complejidad de los sentimientos y ajusta cuentas con el pasado. 
Te estaba esperando con un cafecito negro, dice risueña en su habitación de hotel. Modesta y cálida, la chilena Carla Guelfenbein hablacomo alguien a quien la fama le ha llegado ya con la vida hecha. Empezó a escribir a los 40 años, solo para descubrir que tenía mucho que decir. Su primera novela, 'El revés del alma' (Alfaguara), sorprendió a la crítica y se convirtió en un best seller inmediato en 2002. Ahora, con cinco novelas bajo el brazo y miles de ejemplares vendidos, le ha llegado la hora del reconocimiento: acaba de llegar a España para recoger el premio Alfaguara por 'Contigo en la distancia', una novela envuelta en misterio donde reflexiona sobre la honestidad de los afectos y las envidias literarias... y ajusta cuentas con su propia historia familiar.
- Mujerhoy. Dice usted que cada novela suya empieza con una imagen poderosa. ¿Fue el caso de Contigo en la distancia?
- Carla Guelfenbein. Esta vez fue algo más complejo, un cúmulo de situaciones que canalizaron en la protagonista, Vera Sigall. Todo surgió porque leí una biografía de la escritora Clarice Lispector, a la que ya admiraba mucho. Fue una mujer muy especial: bella, misteriosa, y con una prosa luminosa y rica. La leí por primera vez a los 17 años y, aunque la entendí muy poco, ya entonces sentí que tenía algo poderoso y femenino. Y al leer esa biografía, vi que su historia tenía mucho que ver con la de mi familia: judíos ucranianos que huyeron de los pogromos de principios del siglo XX; solo que sus parientes recalaron en Brasil y los míos, en Chile. Y así, quise inventarme mi historia, de la que sé muy poco. Y fui creando distintos personajes que relataran la vida de Vera.
- MH: El apellido de ese personaje, Sigall, es el de su bisabuela.
- CG: Sí, es un homenaje. Esta es una historia de mujeres fuertes. Quería escribir sobre alguien que vivió su vida como quiso, que se la jugó por amor, que se la jugó por sus hijos, que se la jugó por su pasión. Y esto, jugársela, es algo muy femenino. Nos han hecho creer que perseguir nuestros sueños siempre tiene un coste muy alto, que siempre tendremos que elegir. El mundo moderno, que tanto nos ha ayudado a las mujeres en otros aspectos, nos ha puesto en una situación de exigencia que antes no teníamos. En ese sentido, Vera lleva una vida atípica, pero que es la que ella quiere. Llega a los 80 años en paz consigo misma.
- MH: Creo que este personaje tiene también mucho de su madre.
- CG: Sí, es lo que quiso hacer ella. Era una intelectual que intentaba mantener el equilibrio entre tener tres hijos, ser mujer y ser una mujer pensante. Como Vera, iba a su pinta. Por ejemplo, yo no tengo ninguna joya suya, porque eso nunca le interesó y, simplemente, no tenía. Era muy avanzada. No sé, a la larga, qué habría sido de ella, porque murió a los 43 años, ¡en pleno hacerse a sí misma! Y cuando murió estaba llena de conflictos. No sé si habría llegado a lograrlo.
- MH: Ella protagonizó uno de los episodios más duros de su vida. En la época de Pinochet, estuvo tres semanas desaparecida. Usted tenía 16 años. ¿Cómo vivió ese momento?
- CG: Es un episodio que transcribí en Nadar desnudas (Alfaguara), porque se me quedó grabado. En aquella época, en Chile, había toque de queda. Si oías un coche después de las 12 de la noche, sabías que era la policía secreta, nadie más tenía permiso para estar en las calle. Y esa noche, sentimos varios motores; pararon junto a nuestra casa. Y entró un regimiento de militares, con mucha violencia, tirando los libros al suelo para ver si había alguno subversivo. Y se llevaron a mi madre.
- MH: Pero lograron encontrarla...
- CG: Mi padre se puso a mover sus hilos, que eran pequeños y frágiles, y supimos que estaba en Tres Álamos [un campamento de prisioneros políticos]. Nunca supe muy bien qué pasó en esas tres semanas; nosotros éramos pequeños aún y no nos contaron nada. Me quedé con la duda de saber si la habían torturado, si la habían violado... Cuando escribía Contigo en la distancia, se puso en contacto conmigo una mujer que había compartido litera con ella. Y me contó algunas cosas. Por ejemplo, que dos semanas antes de que la detuvieran, a mi madre le habían detectado un cáncer, así que toda su preocupación era que tenía que salir de allí porque tenía que operarse. Y eso la diferenciaba de las otras presas, que solo podían pensar en qué les iban a hacer, en si iban a morir. Esa cárcel, esa idea, están presentes en Contigo en la distancia.
- MH: Después, toda la familia se marchó a vivir a Londres. En sus novelas se refleja ese exilio.
- CG: Sí, ¡es cierto! En mis libros siempre hay alguien que vuelve a Chile, que tiene una relación a la vez cercana y lejana con el país. Y es que el exilio es parte de mi constitución vital. Yo tenía 17 años cuando nos mudamos, y me marcó muchísimo, fue algo dulce y agrio a la vez. Porque tuve que dejar a mi familia y a mis amigos, que a esa edad lo son todo, e instalarme en un lugar cuyo idioma no hablaba. Pero también era emocionante. En esa época, nadie viajaba a Europa. Era carísimo, inaccesible; era partir, más que irse. Y Londres en los años 80 era muy excitante. Los punks, la juventud bullente, la gente tan contestataria. Y lo viví muy intensamente. Yo no sería la misma escritora si no hubiera salido de Chile.
- MH: Empezó a publicar pasados ya los 40. ¿Cree que eso ha marcado una diferencia?
- CG: Cada vida es tan particular que no creo que haya una mejor o peor. En mi caso, todo se fue sumando, nada se restó. Yo estudié Biología y valoro mucho mi formación científica a la hora de escribir: el método, el análisis, el rigor... me han ayudado, por ejemplo, a ganar este premio. Después me dediqué al diseño gráfico. Y esa sensibilidad estética también me ayuda. Porque, y así se lo digo a los alumnos de mi taller de escritura, hay una estética de la palabra. Para escribir hay que afinar el ojo, el oído, la sensibilidad. Por último, cuando me puse a escribir yo ya tenía un bagaje muy rico y eso me permitió hacerlo, desde el principio, desde un lugar más maduro.
- MH: Y ahora ha ganado el premio Alfaguara, que llevaba una década sin otorgarse a una mujer.
- CG: Somos muchas mujeres, en todo el mundo, escribiendo y escribiendo bien, y no tenemos un reconocimiento proporcional a nuestro trabajo. Creo que todas tenemos que celebrar un premio como este.

TÍTULO:   SI TIENE MINUTOS Y DESCANSO,.La rebelión de las mujeres, .

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Resultat d'imatges de la rebelion de las mujeres susanna tamaroLlevo varios años regentando una casa rural en el pueblo donde vivo y, con no poca frecuencia, me detengo a charlar con mis huéspedes. Hace poco, tuve el placer de conocer a una simpática señora que era médico forense y tenía dos hijos en edad preadolescente. No dejé pasar la ocasión de preguntarle acerca de algo que me viene preocupando desde hace tiempo: Esa escandalosa estadística de los delitos que tienen lugar en el seno de la familia o de la pareja le interpelé, ¿responde a una realidad contrastada o se trata de un fenómeno que ha existido desde siempre y es solo la voracidad sensacionalista de los medios de comunicación la que infla a propósito dicha estadística?. Al fin y al cabo, ¿quién mejor que ella, que se pasa el día en la morgue, puede tomarle el pulso a la situación?
Su respuesta fue en la dirección que me temía. No, no es la prensa la que se ha vuelto loca me comentó, sino la realidad. Hoy, la violencia es una dominante indiscutible en las relaciones interpersonales; la mayoría de la gente se muestra incapaz de usar bien el lenguaje o de analizar sus propios sentimientos, por lo que, en cuanto se topan con un problema, la única solución pasa por eliminar a esa persona que encarna el problema.
Intentamos comprender, mano a mano, las causas de lo anterior. Desde hace décadas, los más jóvenes crecen sin que nadie les inculque los valores del construir y el compartir, y este cambio de referentes que marca una época también se debe a la eclosión, cada vez más incontrolada, de los videojuegos. Al igual que mi sobrino, los hijos de la doctora no piensan más que en aislarse en su mundo virtual de violencia y de monstruos, me confesó desconsolada. Y también en su caso ocurre lo mismo que en el de mi sobrino: que sus hijos son muchachos sensibles y delicados, con una educación esmerada que los padres han seguido muy de cerca.
Hace ya más de 30 años que dejamos entrar en nuestros hogares y en la mente de nuestros hijos (sobre todo, de los varones) un veneno capaz de deformar los valores de su vida. Los videojuegos, que resultan tan atractivos a los adolescentes, son, qué duda cabe, un derroche impune de machismo y de violencia contra la mujer. Siempre he pensado que cualquier sociedad a la que le preocupe de veras el futuro de la convivencia civil debería extirpar de raíz este tipo de pasatiempos. Por el contrario, me parece que, aparte de Australia, ningún país ha llevado a cabo semejante iniciativa. Este veneno entra en nuestras casas y ejerce una influencia sutil y perversa en nuestros hijos, empujándolos a adoptar una serie de comportamientos absolutamente indeseables.
Casi todos los adultos suelen sonreír, se encogen de hombros y piensan que solo se trata de chiquilladas. Sin embargo, ¿podemos decir que estamos por completo seguros de que no son más que eso? ¿No hay relación entre la escalada de violencia de género, que mi huésped me ratificó, y la proliferación extrema e incontrolada de estos juegos? Si, durante años, un cerebro se ha ido atiborrando de imágenes que retratan la violencia y el abuso contra las mujeres como habitual, ¿qué pasa cuando llega el contacto real con una de carne y hueso?; ¿seguro que esos mensajes subliminales no acaban contagiando la forma de tratarla?
Sería importantísimo que todas las mujeres, no solo las madres, se pusieran de acuerdo para pedir la retirada de estas bombas de relojería que hacen trizas la imaginación de niños y adolescentes, convirtiéndolos, a la postre, en unos adultos débiles, con problemas de comunicación e incapaces de arrostrar las contradicciones y los problemas del vivir si no es recurriendo a la violencia.

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