TITULO: A vivir que son dos días - A vivir - Cadena SER - Culturas 2 - Ricardo Sierra ,.
A vivir que son dos días - A vivir - Cadena SER,.
Escucha 'A vivir', con Javier del Pino, el programa líder de las mañanas del fin de semana en la Cadena SER.
Ricardo Sierra ,.
Luis Enrique no es que sea un borde, es que le falta empatía”,.
Donde estaba el Calderón, AS cita a Ricardo Sierra, que tantas preguntas hizo en ese estadio. Referente periodístico, revela los entresijos que se viven al otro lado del micro.
foto - Ricardo Sierra nació un viernes 6 de octubre de 1972 que llovía mucho en Madrid como augurio, quizá, de aquello a lo que dedicaría su vida. El periodismo, mojarse. Es uno de sus grandes referentes en España. Siempre a pie de campo, con la pregunta exacta en la boca y ese micrófono, el de Canal+, hoy Movistar+. AS le cita donde estaba el viejo Calderón para recordarse. Y recordar.
¿Por qué periodismo?
Casualidad. A mí me gustaba mucho el deporte. Jugaba en Tercera Regional, un lateral derecho muy malo (ríe). A la hora de elegir las carreras puse Ciencias de la Información y después, Derecho. Y como me dio la nota para la primera, ahí me metí.
¿Deportivo lo tenía claro?
Sí. Escuchaba mucho la radio y compraba el AS desde chiquito para ver las quinielas.
¿Cómo llegó a Canal+?
Yo estaba en Tercero de carrera y había gente de Canal+ que comía en el restaurante de mi exsuegra. Lo comentaron allí, que cada verano necesitaban becarios. Antes no había máster ni nada de eso. Era boca-oído, oído. Te enterabas en la facultad. Fui y entregué el currículum.
“La última entrevista con Guardiola fue tensa, pero lo fue aún más hace dos, tres años”.
Ricardo Sierra
¿Ya estaba en marcha?
Llevaba cuatro años ya y El Día Después empezaba a ser un programa de referencia, porque era distinto. Todo el mundo que estudiaba Periodismo y quería dedicarse al deporte, lo veía. Me hicieron una prueba en Torre Picasso y entré junto a otras ocho personas para la beca en verano… En septiembre, cuando volvió El Día Después, los becarios nos quedamos y te llamaban para algún programa de reportero y probar. Esa mili duró seis meses y, al acabar, nos hicieron un contrato de colaborador. Al año, en septiembre de 1996, sin terminar la carrera, ya era indefinido. He sido un privilegiado.
Aquel Día Después fue una cantera de grandes periodistas y comunicadores.
Antoni Daimiel, Ponseti, Juanjo Vispe, Nico Abad, Mónica Marchante… y luego generaciones posteriores. Luis Fermoso, Larraza, la gente que ha hecho Informe+. Y ahora sigue habiendo gente con mucho talento. Eso es el mérito que tiene el programa, que 30 años después sigue siendo escuela, con gente que tiene mucho talento. Y libertad para poder expresar ese talento. Y eso es muy importante.
¿Cuándo hizo el primero?
Sestao-Badajoz, septiembre de 1996, 1-1. Me acuerdo hasta donde comí porque gasté toda la dieta en la comida (ríe). Grabé unas imágenes que entraron en Lo que el ojo no ve.
¿Y qué fue lo que vio?
Por aquella época se cubrían todos los partidos de Primera y Segunda. Yo era la primera vez que iba y nadie te da unas pautas. Te dicen: “Tú vete y busca una historia”. Una pequeñita, corta, para Lo que el ojo no ve o un reportaje. Encontré unas imágenes de unos que querían entrar a través de los tornos que estaban empezando a ponerse en el estadio y había problemas y fue un poco caos. Y, luego, otra cosa que metí fue que, al lado al lado del estadio, había una piscina y una pista de pelota. Entonces había mucha gente que viendo la pelota o que estaba en la piscina y también viendo el fútbol. Tres deportes en uno. Pero conseguir meter tres imágenes en El ojo el primer día era como: “¡Wow! He triunfado!”. Porque luego te podías tirar cuatro o cinco semanas sin nada. La presión te la ponías tú porque te decían: “Oye chicos, pues lo has intentado, esta historia no me vale, no la metemos”. Robinson, Relaño las elegían y, si no valía para el programa, ahí se quedaban.
¿Y cómo empieza usted a hacer entrevistas?
Porque empezaron los torneos de fútbol 7 de Brunete, hoy la Liga Promises. Yo entré en el segundo. Era a finales verano y, los que hacían entrevistas, Juan Carlos Nieto, Pedrerol o Daimiel, estaban de vacaciones. Siempre digo que soy periodista de cantera porque empecé con las entrevistas en el torneo de Brunete. Luego se compraron los derechos de Segunda y hacía palco y, cuando Inma Martínez, primera inalámbrico en Segunda, lo dejó, entré yo, en 1999. Y cuando Nieto dejó la Primera, lo mismo.
¿Cuál fue su primer partido en Primera?
2004. Yo tengo muy mala memoria, pero de las primeras veces más o menos me acuerdo. Sé que era un Racing-Barça y que marcó Etoo porque esa fue mi primera entrevista. Recuerdo eso y que le pregunté a Carlos Martínez: ‘No hemos hablado de qué tengo que hacer’. ‘¿Tú no hacías esto en Segunda? Pues igual pero en Primera’.
¿Piensa durante el partido las preguntas? ¿Las apunta?
No, porque la mayoría de las veces no sé a quién voy a entrevistar. Antes tenías la capacidad de ir a por el protagonista. Si quería hablar, hablaba. Si no, otro. Ahora lo que hago es estar muy pendiente del partido y no solo de quién marca, jugadas o polémicas, si no de gestos.
¿Cómo cuáles?
Diálogos entre ellos, miradas, cosas que se salen de las preguntas normales. Muchas veces dicen que los futbolistas siempre contestan lo mismo. Pero a veces los periodistas, yo también, preguntamos lo mismo... Y se han aprendido las respuestas. Cuando te sales de lo previsible a veces puedes lograr algo distinto.
¿Recuerda alguno?
Con Cesc en el Barça, ante el Sevilla. Expulsaron a Medel porque hizo un conato de darle un cabezazo y yo le pregunté si creía que eso merecía la roja. Probablemente no se esperaba esa pregunta y me dijo: ‘Si quieres yo te doy ese cabezazo a ti y tú me dices’. A la semana siguiente me pidió perdón por la respuesta abrupta, pero, a lo que voy, se salía de la esperada.
“Siempre digo que soy un periodista de cantera porque empecé con las entrevistas en el torneo de Brunete”.
Ricardo Sierra
Touché.
Mira, otra. Me acuerdo de un partido de liguilla de Champions, que el Liverpool gana al Atleti y expulsan a Griezmann. Me fijo que, al terminar el partido, Simeone se va la carrera, como casi siempre, y Klopp le va a buscar y, como ya se ha ido, se queda como diciendo: ‘¿Qué pasó?’. Entonces entrevisto a Klopp y le pregunto porque al final del partido tenía esa sensación de enfado, si habían ganado, y eso le mosquea mucho. Me pegó un repaso… Me dijo que si era una mala persona para inventarme historias. Que no estaba cabreado. Se enfadó tanto que me dejó tirado en la entrevista. Yo me fui a la unidad móvil a ver las imágenes, por si me hubiera equivocado. Y no, lo que yo había visto, pasó. ¡Llegué a dudar de mí! A la semana fue el partido de la segunda vuelta y le entrevisté como si nada.
¿Siempre ha preguntado lo que ha querido o alguna vez ha dejado de preguntar lo que quería?
Yo cuando pregunto estoy convencido de que es la pregunta que tengo que hacer, pero muchas veces dependiendo de la respuesta digo: “Tenía que haber preguntado esto otro”. Eso me pasa mucho. Cuando acabas, porque son entrevistas supercortas, tres, cuatro preguntas, terminas y no tienes el resultado que esperabas porque al final depende de las ganas muchas veces que el entrevistado tenga que hablar, no te vale ninguna. Siempre pienso que me sobraba una pregunta o dos de las que he hecho y que me faltaban otras dos, pero en el momento que las hago realmente estoy convencido de las que tengo que hacer.
Pues nunca hace preguntas vacías.
Pues, fíjate, no sé si llevaré en torno a 800 partidos porque no llevo la cuenta, pero ponte que son dos entrevistas por cada uno. En total unas 1.600. Tres preguntas o cuatro por cada entrevistado, multiplica. Pues estoy convencido que, entre todas esas preguntas hay muchas que son auténtica basura, segurísimo. Yo siempre me planteo qué le puede estar interesando al aficionado de ese equipo cuando voy a entrevistar a un jugador de su equipo. Luego ya veremos la respuesta. A veces te las da. A veces lo consigues y a veces no. Simplemente es hacer ese ejercicio mental de ponerte en la piel del aficionado que va a escuchar a una estrella o a un jugador de su equipo, no a ver qué respuestas te da.
¿Alguna vez ha recibido alguna llamada quejándose de alguna de sus preguntas?
Yo no. Yo trabajo para mis jefes y mis jefes son los que reciben llamadas o no y, si la reciben, a mí no me lo dicen.
Fue muy comentada su última entrevista con Pep.
Es verdad que la última fue un poco tensa, pero yo no tuve esa sensación. Hace dos, tres años, sí. Que el Madrid jugó también allí, ante el City, y aquella fue muy tensa, y eso que había ganado 4-3. Pero me lo tomo con naturalidad. Creo que con respeto y educación, puedes preguntar lo que sea y si el entrevistado, por lo que sea, está cabreado porque no le gusta la pregunta, quién lo pregunta, no le gusto yo o el medio para el que trabajo, bueno, yo tengo que hacer el ejercicio de preguntar lo que creo que es conveniente y las respuestas no dependen de mí, sino del entrevistado.
¿Cómo vivió usted desde dentro cuando le dijo: “Te felicito”?
Yo dije: “Bueno, pues me felicitas”. Y pensé: “Bueno, él entiende que, porque somos prensa española y, si yo estoy en un partido de Champions, evidentemente voy con el equipo español por intereses personales y profesionales. Creo que me felicitó por prensa española o porque igual piensa que todos los periodistas que seguimos al Madrid somos del Madrid. Aunque no sea así, digo bueno, pues ya está, es lo que piensa él. Tampoco le voy a decir: “Bueno”. Pues ya está, pues “gracias”.
Cuando se ve en situaciones así. ¿Se siente violento?
No. Porque son momentos. Fue más difícil con Klopp. Pero yo sé que la persona no es así, que pueden estar condicionados por la derrota, porque se juegan su futuro, una renovación…
¿Y qué ocurre cuando se apagan los focos?
Que se va y ya está. A veces, cuando ha habido momentos tensos te acercas y la mayoría de las veces te dicen: “No te preocupes, no pasa nada”. Y digo: “Pues si para vosotros no pasa nada, para mí tampoco”. Pero yo entiendo, repito, que son momentos y contextos donde a veces es complicado, sobre todo para ellos.
¿Cuál es el entrenador que le ha resultado más difícil?
Luis Enrique. Ya lo era en el Celta. No sé muy bien por qué, pero para mí es el más complicado. Yo creo que no es que sea un borde o más o menos educado, creo que le falta empatía. Y tiene momentos superdivertidos y quienes son cercanos a él te dicen que es una persona maravillosa, y me lo creo, pero tengo la sensación de que le falta que se ponga, en algún momento, del lado del periodista, que entienda nuestro trabajo.
“El mejor entrenador para entrevistar en Ancelotti. Se pone en tu piel y era muy agradable incluso en las derrotas”.
Ricardo Sierra
¿Cómo era entrevistar a Mourinho en 2014?
Muy duro. Con momentos también de mucha tensión. Había directamente entrevistas que te contestaba con monosílabos. Entonces te encontrabas en una situación violenta. Una especie de discusión sin tener un motivo aparente. Es difícil gestionar.
¿Cómo se reacciona a cuando alguien le contesta con monosílabos?
Me acuerdo aquella entrevista de hace unos años con Guardiola, que le hice 14 preguntas en minuto y medio. Y pensé: ‘Para la próxima me prepararé más’.
Vamos al otro extremo. ¿El mejor entrenador para entrevistar?
Ancelotti. Igual que te digo que a Luis Enrique creo que le falta empatía, Ancelotti es al contrario. Conoce perfectamente tu trabajo, qué tenía que decir y cómo. Era muy agradable incluso en las derrotas. También perdía poco, pero cuando lo hacía le daba naturalidad. No una batalla contra cualquiera solo por perder. Y eso era algo que Michael Robinson decía. El deportista de élite tiene que convivir con la victoria y con la derrota sobre todo, porque se pierde más que se gana. Y los que saben gestionar eso para mí son los mejores a la hora de trasladar el mensaje.
Me contaba que lo más bonito de contar a pie de campo es un ascenso.
O ganar por primera vez. Me acuerdo, por ejemplo, cuando Chile ganó la Copa América en 2015, en el Monumental. Primero porque fue a Argentina y, segundo, porque era la primera vez. Pues esa sensación la he tenido muchas veces en los ascensos, el ganar por primera vez o el ganar un título por primera vez. No hay nada como un equipo que logra el ascenso por primera vez a Primera.
¿Lo peor es un descenso?
El peor de los dramas. Mucho más que perder una final. Para cualquier equipo. De ello depende tu contrato, tu futuro profesional, la ilusión de mucha gente. Eso es peor que perder una final y, fíjate, que perder final tiene que doler.
¿Estaba usted en Milán? Se han cumplido 10 años.
No, pero en Lisboa sí. Y, fíjate, el gol de Ramos, en ese momento yo estaba esperando el final porque tenía las preguntas pensadas para Gabi, el capitán del Atlético. Campeón de Europa por primera vez. El gol de Ramos llega en el 92′ y a nosotros nos tienen que preparar antes para saltar al terreno de juegos. Nos hemos quitado los micros, los cascos y estamos ya en la banda preparados para saltar. Entonces, cuando Ramos marcó mi reacción fue decir: “Vale, las preguntas que tenía ya no me valen para nada, vuelve a sentarte y ya veremos a quién tenemos que preguntar y el qué”.
Citaba antes a Michael Robinson. ¿Cuánto se le echa de menos?
Todos los días, en todos los partidos y todos los momentos. Sí. Tiendo a pensar: “¿Qué diría Robin con esto que está pasando?”. Te intentas meter en su cabeza y pensar qué diría.
¿Y qué diría?
Pues me parece que no le iba a gustar mucho muchas cosas de las que se hacen. Lo de los periodistas en redes sociales. Tenemos la tendencia a convertirnos en protagonistas y eso es lo que más de lo que huía constantemente Michael. Él siempre huía de que nos convirtiéramos en el centro de nada porque nosotros simplemente somos contadores de historias, no formamos parte de ningún tipo de historia. Claro, que muchas veces parece que somos nosotros el centro y todo gira en torno a lo que nosotros decimos y hacemos y, oye, eso se consume y a la gente le gusta y le interesa. Pero a mí, por ejemplo, me cuesta mucho hacer ese tipo de cosas porque a quién le importará lo que yo haga. ¿A quién le importa si yo vivo un partido así o asá o si entro así? Yo siempre lo cuento. Me acuerdo una vez que había una guerra de problema de televisión y fui a Mestalla y allí uno de seguridad me empujó, me echó del estadio y tuve muchos problemas para grabar y al volver a la tele vendí esa historia. “¿A quién le importan los problemas que tú tengas para ejercer tu trabajo?“, me dijeron. A la gente le importará saber lo que ha hecho su Valencia, no los problemas que tengas tú para hacer su trabajo. Eso me sirvió como lección. ¿A quién le importa lo que yo piense en un partido? Le importará lo que hagan los futbolistas, que son de verdad los que tienen que estar siempre en el centro.