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Mariló Herranz, maquilladora de Pedro Sánchez: «El maquillaje debe transmitir frescura»,.
Hablamos con la empresaria gallega dos meses después de su fichaje como responsable de los servicios de imagen del Gobierno,.

A primera hora de este jueves Mariló Herranz (Pontevedra, 1972) publicaba su primera foto desde La Moncloa, reconociéndose «muy contenta» y agradecida «a los que me habéis ayudado a llegar hasta aquí». Lo hace dos meses después de que la empresa que dirige la gallega, Baiona S.L, haya asumido el servicio de maquillaje y peluquería de Presidencia del Gobierno, ministros y dignatarios extranjeros incluidos. En esta entrevista, y bajo la premisa de la discreción que conlleva su puesto, Mariló nos habla de sus objetivos estéticos con respecto a Pedro Sánchez y al resto de su Gabinete, su experiencia maquillando a Nicolás Sarkozy y sus mejores anécdotas en Atresmedia, con maestros como Matías Prats y Fernando Ónega.
Mariló, tras más de 25 años de experiencia en el sector audiovisual, asume el servicio de maquillaje y peluquería de Presidencia del Gobierno. ¿Cómo llega a ese proyecto?
Mi empresa Baiona S.L concurrió al procedimiento público de licitación y fue seleccionada por cumplir los requisitos técnicos y presentar un proyecto que respondía a las necesidades del servicio. Para mí supone un enorme honor y, sobre todo, una gran responsabilidad poner esa experiencia al servicio de una institución del Estado.
¿Qué diferencia a Baiona, S.L para haberlo conseguido?
La especialización. Nuestro trabajo no consiste únicamente en maquillar o peinar, sino en entender la imagen como parte de la comunicación audiovisual, y crear esa narrativa visual. Llevamos décadas trabajando en televisión, cine, grandes eventos e instituciones, donde cada detalle tiene una función y donde la discreción es tan importante como la excelencia técnica.
Años atrás ya maquilló al presidente Nicolás Sarkozy. ¿Qué nos puede comentar de esa etapa?
Fue una experiencia muy enriquecedora desde el punto de vista profesional. Me fui a vivir a París, donde hice una parte muy importante de mi formación en una de las escuelas más prestigiosas de la ciudad, y ese mismo entorno me permitió conocer y trabajar en proyectos de máxima exigencia y comprender la importancia que tiene la imagen en los actos institucionales y en la comunicación pública. Más allá de eso, siempre he considerado que la confidencialidad forma parte de mi profesión, por lo que prefiero centrarme en lo que esa experiencia me enseñó: rigor, preparación y absoluta discreción.
¿Cómo ha evolucionado el papel del maquillaje institucional?
Hoy la tecnología muestra todo. La alta definición exige un trabajo mucho más preciso y natural. Ya no se trata de que el maquillaje se vea, sino de que no se perciba. Debe transmitir frescura, naturalidad y ayudar a que el mensaje llegue limpio al espectador.
Además del Presidente, deben asumir la imagen de ministros, autoridades y dignatarios extranjeros. ¿Hay una línea editorial para todos?
Más que hablar de una línea editorial, hablaría de criterios profesionales comunes. Cada persona tiene su identidad y debe sentirse reconocible. Nuestro trabajo consiste en respetarla y adaptarla a las exigencias técnicas de cada comparecencia, siempre con sobriedad, naturalidad y respeto institucional.
¿Con qué productos de cosmética se trabaja y qué se busca?
Se trabaja con cosmética profesional de alta calidad, seleccionada en función de cada piel y de las condiciones técnicas de grabación o fotografía. Se buscan acabados naturales, larga duración y un comportamiento excelente frente a la iluminación y las cámaras. La prioridad es que la persona se sienta cómoda y que la imagen permanezca estable toda la jornada.
¿Qué busca un político cuando se sienta a maquillarse?
Tranquilidad y confianza. Nuestro trabajo también consiste en crear un espacio de serenidad antes de salir ante las cámaras. Es un momento breve, pero muy valioso.
¿Qué tres condiciones debe cumplir el maquillaje y la peluquería del presidente?
Buscamos naturalidad, porque la imagen debe ser auténtica. Rigor técnico, para responder a las exigencias audiovisuales. Y discreción, porque el protagonista siempre debe ser el mensaje, nunca el maquillaje.
¿Cómo valora la imagen de Donald Trump?
Procuro no valorar imágenes concretas de responsables públicos. Cada figura desarrolla una estrategia de comunicación propia y responde a un contexto diferente. Mi trabajo consiste en analizar técnicamente cómo la imagen puede ayudar a transmitir un mensaje, no en emitir juicios.
¿Hasta qué punto la confianza y el trato humano hacen que un maquillaje a una gran personalidad sea más efectivo?
Son fundamentales. Antes que un rostro hay una persona. Cuando alguien confía en el profesional, se relaja y todo el proceso fluye de forma mucho más natural. Siempre digo que nuestro trabajo es de piel, el 80 por ciento se trabaja con la emoción y el 20 por ciento con el pincel.
Es experta en estilismo. ¿Va a asesorar al Gobierno?
Nuestro contrato se desarrolla dentro del ámbito de los servicios especializados que contempla la adjudicación. Siempre trabajaremos respetando escrupulosamente el alcance de nuestras funciones y coordinándonos con los equipos que correspondan cuando sea necesario.
En Atresmedia ha trabajado con grandes rostros, como Matías Prats o Fernando Ónega. ¿Se lleva muchas anécdotas?
Más que una anécdota concreta, me quedo con el aprendizaje diario y con el enorme nivel humano de muchas personas con las que he trabajado. Te diré que con Matías Prats aprendí a hacer el nudo de las corbatas. De Fernando Ónega guardo muchísimos recuerdos preciosos, aprendí mucho y bien a su lado.
En esta casa ejerce labores de formación y asesoramiento para profesionales del grupo. ¿Cuáles son los inputs más importantes que deben manejar?
Siempre les transmito la misma idea: la imagen es una forma de comunicación. No se trata de cambiar a nadie, sino de ayudar a que su mensaje llegue con claridad y coherencia. La naturalidad, la preparación, la autenticidad y el respeto por la propia identidad son más importantes que seguir tendencias.
TITULO: CAFE, COPA Y Documental - La sangre judía de la nobleza española,.
La sangre judía de la nobleza española,.
Tras más de treinta años entre archivos, Enrique Soria Mesa deshace el mito de la pureza genética de la aristocracia sacando a la luz y analizando una paradoja,.

Existe una imagen muy arraigada de una España del Antiguo Régimen como una sociedad dominada por una aristocracia cristiana vieja que marcó la identidad de nuestro país. Sin embargo, Enrique Soria Mesa, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Córdoba, la desmonta en su obra «El gran secreto. El origen judío de la nobleza española» (Ático de los Libros, 2026). Fruto de más de tres décadas de trabajo en archivos, el autor deshace el mito de la pureza de sangre para sacar a la luz una paradoja. La misma monarquía cristiana que decretó la expulsión de los judíos en 1492 estuvo, en realidad, gobernada y financiada por familias de ascendencia judeoconversa. Lejos de tratarse de un fenómeno secundario, la integración de los cristianos nuevos en la nobleza fue determinante para la conformación del propio Estado moderno.
El análisis de Soria Mesa comienza en la mismísima cúspide del poder: Fernando II de Aragón, el rey Católico. A través de su madre, la reina Juana Enríquez, el monarca descendía directamente de Paloma, una mujer judía que mantuvo relaciones con el maestre de Santiago, Fadrique de Castilla, fruto de las cuales nació Alonso Enríquez, primer almirante de Castilla. Lejos de ser un secreto en la época, la condición conversa de los Enríquez era una realidad expuesta abiertamente en la literatura satírica, en tratados como las «Instrucciones del Relator», de Fernán Díaz de Toledo, de 1449. De la estirpe de los Enríquez derivaron ramas de la grandeza de España, como los duques de Alba, Alcalá y Medina Sidonia.
En la alta nobleza, la nómina de linajes con varonía hebraica o con un denso entramado de alianzas conversas resulta abrumadora, como los duques de Escalona, los condes de Puñonrostro o los marqueses de la Mota. Es curioso, por ejemplo, que los condes de Cartagena derivaran de la conversión en 1390 del rabino mayor Salomón ha-Leví, transformado en el obispo Pablo de Santa María.
Ante este panorama, Soria Mesa se pregunta cómo un sistema obsesionado con la pureza sanguínea tuvo una penetración de conversos tan profunda en sus altas esferas. El autor responde que la construcción del Estado moderno bajo los Reyes Católicos y los Austrias requirió financiación para sostener la maquinaria bélica, así como un ejército de letrados, burócratas y administradores para gobernar un imperio global. La élite judeoconversa proporcionaba todo esto. Frente a la razón de Estado, los reyes olvidaron el dogma.
A esto se unieron las alianzas matrimoniales estratégicas, que Soria Mesa analiza en su obra. Por un lado, dice, las familias conversas adineradas buscaban protección y respetabilidad entregando a sus hijas y sobrinas a hidalgos o segundones de la aristocracia necesitados de liquidez. Por otro lado, los nobles arruinados acudían presurosos a reparar sus patrimonios aceptando dotes astronómicas que venían acompañadas de ascendencia hebraica.
Con las Leyes de Toro de 1505, los conversos enriquecidos en el comercio, el arrendamiento de rentas reales y la usura vincularon masivamente sus caudales en mayorazgos. Luego, aprovechando las continuas estrecheces financieras de la Hacienda de los Austrias durante los siglos XVI y XVII, compraron villas y señoríos jurisdiccionales, adquiriendo los símbolos exteriores de la dignidad aristocrática. De forma paralela, las familias conversas protagonizaron un asalto masivo a los cabildos municipales de las principales ciudades del reino, comprando e institucionalizando oficios de regidores, veinticuatros -como concejales- y jurados en Toledo, Sevilla, Córdoba, Granada, Burgos y Cuenca. De igual modo, poblaron las dignidades de los cabildos catedralicios y alcanzaron el episcopado mediante la promoción regia, garantizando rentas cuantiosas y poder social para sus linajes.
Otro pilar de la asimilación nobiliaria residió en la obtención de ejecutorias de hidalguía en los tribunales regios de las Reales Chancillerías de Valladolid y Granada, así como en la consecución de hábitos en las órdenes militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa. Aunque las órdenes de caballería instauraron estatutos de limpieza de sangre severos, la penetración de caballeros de origen hebraico fue masiva. Los datos presentados por Soria Mesa sobre los caballeros de la Orden de Santiago en Granada son reveladores: durante el reinado de Felipe IV, de 35 mercedes concedidas, 28 fueron a judeoconversos, un 80% del total en una institución que exigía una pureza de sangre impecable.
El servicio a la administración civil y al Ejército permitió la promoción social de muchos. Casi la totalidad de los grandes secretarios y contadores mayores de los Reyes Católicos y de los primeros Austrias provenían de familias conversas. Figuras clave de la administración imperial como Miguel Pérez de Almazán o Pedro de Quintana, vieron cómo la Corona protegía sus patrimonios incluso tras tropiezos de sus parientes con la Inquisición. En el ámbito militar, mandos de los Tercios de Flandes de la talla de Sancho Dávila, conocido como «el Rayo de la Guerra» y los descendientes de Hernán Pérez del Pulgar fueron de origen judío.
Para lograr la supervivencia en una sociedad jurídicamente discriminatoria era imprescindible fabricar una memoria genealógica conveniente. Soria Mesa cuenta que entre estas estrategias destaca la usurpación masiva de apellidos ilustres, como Mendoza, Córdoba, Guzmán, Toledo o Enríquez, adoptando los denominativos de los padrinos de bautismo de sus antepasados o de las grandes casas señoriales a las que servían. En el caso del linaje Enríquez, los genealogistas llegaron al extremo de inventar madres ficticias o amas de cría para ocultar a la judía Paloma y atribuir a don Alonso Enríquez una cuna real o francesa.
Junto a la usurpación de apellidos, las familias de cristianos nuevos recurrieron a fingir que descendían de los guerreros visigodos de la Reconquista. Para ello contrataron a profesionales que confeccionaban árboles genealógicos apócrifos, mientras se sobornaba a párrocos, notarios y jurados para arrancar, coser o alterar partidas sacramentales y padrones. La pragmática de 1623, ideada para agilizar las probanzas exigiendo tres actos de nobleza en los antepasados inmediatos, fue aprovechada por los conversos para acelerar el reconocimiento.
La legitimación social se completaba con la arquitectura. La edificación de palacetes adornados con blasones ficticios y la fundación de suntuosas capillas funerarias en iglesias y monasterios, como la célebre capilla de los Benavente en Medina de Rioseco, funcionaron como eficaces instrumentos de persuasión visual. Ante la opinión pública, quien era enterrado en tumbas de mármol decoradas con escudos heráldicos quedaba consagrado como un noble de limpia estirpe, difuminando el recuerdo del antepasado vulgar.
Como era de esperar en una sociedad conflictiva, este proceso acelerado de ascenso y ocultación generó golfos. Brotó la figura de los linajudos, chantajistas y genealogistas aficionados que memorizaban o registraban los sambenitos colgados en las iglesias para extorsionar a los nobles amenazándolos con revelar su filiación hebraica ante el Santo Oficio. Además, circularon libelos de difamación genealógica, entre los que destaca «El tizón de la nobleza española», redactado en 1560 por el cardenal Francisco de Mendoza y Bobadilla para demostrar que casi toda la aristocracia castellana estaba «contaminada» de sangre judía, así como el «Libro verde de Aragón» en el ámbito levantino.
A pesar de la dureza de los estatutos de limpieza de sangre y de la presión social, la clave de la asimilación conversa fue la complicidad de la Corona y del propio tribunal de la Inquisición. Los decretos reales acordados a lo largo del siglo XVII ordenaban a los tribunales inquisitoriales no aportar datos documentales si las probanzas orales del candidato resultaban favorables o si habían transcurrido más de cien años. Los reyes y los validos cortesanos, como los duques de Lerma y Olivares, priorizaron de forma sistemática la estabilidad política, el cobro de venias financieras y la fidelidad de sus servidores sobre el rigor de la pureza de sangre. En suma: la obra de Soria Mesa demuestra que, si bien los judíos conversos obtuvieron un ascenso social por las necesidades del Imperio, su labor coadyuvó a la grande de España durante su época de esplendor.
- Lo mejor: El rigor documental con el que desmonta el mito de la aristocracia de sangre pura.
- Lo peor: La cantidad de nombres, cargos y fechas que ralentizan el ritmo narrativo, aunque sea necesario.
TITULO: El escarabajo verde - Un paraíso incómodo ,.
Un paraíso incómodo ,.
foto - En este programa hablamos de la difícil convivencia entre la conservación de la naturaleza y el desarrollo tecnológico en una gran ciudad como Madrid. Las Lagunas de Ambroz son un espacio renaturalizado con un alto valor ecológico como refugio de biodiversidad y espacio de conectividad ecológica. Sin embargo, su futuro está en peligro. Se ubican sobre el mayor yacimiento mundial de sepiolita, un mineral geoestratégico en la Unión Europea para fabricar coches eléctricos. La concesión de una prórroga de la mina y un megaproyecto urbanístico en la zona, ponen de manifiesto el conflicto entre la protección del patrimonio natural, el desarrollo de nuevas tecnologías renovables y la movilización ciudadana, que reclama espacios verdes para mejorar su salud y calidad de vida.
TITULO: Días de cine clásico - Cine - Brubaker , Miercoles - 21 , 28 - Octubre ,.
Este Miercoles - 21 , 28 - Octubre a las 22:00 en La 2 TVE , foto,.
Reparto ,. Robert Redford, Yaphet Kotto, Jane Alexander, David Keith, Murray Hamilton,.
Drama basado en la historia real de Tom Murtom, el director de prisiones que conmocionó el mundo político de Arkansas al destapar los escandalosos abusos y asesinatos que tuvieron lugar en la prisión estatal. Año 1969. Antes de presentarse como el nuevo alcaide, Brubaker (Redford) se hace pasar por un preso recién llegado, gracias a lo cual descubre que la situación en la cárcel es de corrupción endémica. Sus esfuerzos por reformar y sanear el sistema lo colocan en una situación muy peligrosa, sobre todo cuando insiste en investigar una serie de asesinatos que se cometieron unos años antes,.
TITULO : Un país para escucharlo - Libro - Carmen Mola retrata el crimen organizado en Marbella y el viraje "hacia el mal" en 'Los Huérfanos',.
Este martes – 20 , 27 - Octubre a las 23:00 por la 2 , fotos,.
Libro - Carmen Mola retrata el crimen organizado en Marbella y el viraje "hacia el mal" en 'Los Huérfanos',.
- Agustín Martínez, Jorge Díaz y Antonio Mercero cuestionan los límites de la moral en su última obra,.
- Hilan una trama sobre las mafias y la corrupción centrada en los "dramas familiares",.
Carmen Mola se ha "cansado" de personajes "buenos y bondadosos" y regresa con lo que denomina "una colección de villanos" en Los Huérfanos (Planeta), una novela que retrata el crimen organizado instalado en Marbella y el viaje que encamina a una persona "hacia el mal".
"El centro de la novela son familias, son dramas familiares", explica en una entrevista con RTVE Noticias Agustín Martínez, uno de los tres autores tras esta firma que completan Jorge Díaz y Antonio Mercero.
“El centro de la novela son familias, son dramas familiares“
En la obra, tres huérfanos irlandeses escalan desde la miseria y una infancia atroz hasta liderar una organización criminal en lo más alto del poder corrupto de Marbella. Frente a ellos hay otra familia: Los Pastor. Y en la cima de esa mafia se sienta la hermana Mei, una china ambiciosa y vengativa que no sabe qué es el perdón.
Todo se complica cuando uno de esos huérfanos, Trevor Strummer, se sienta en el banquillo. Enfrente tiene a Laura Pastor, la protagonista, una fiscal honesta y competente ante las costuras abiertas de un sistema judicial a veces corrupto. Mientras intenta encerrar a Strummer, su pasado -que será también presente y futuro- la atrapa como una losa.
Agustín Martínez, Jorge Díaz y Antonio Mercero (Carmen Mola) en Marbella RTVE.es
Con estos ingredientes Carmen Mola ficciona una violencia real que copa titulares sobre la Costa del Sol. Asesinatos, corrupción, narcotráfico o capos cuyas historias se entremezclan con el lujo y la vida cotidiana de quienes están al margen de ese lado oscuro de la provincia malagueña.
Un viaje hacia el mal
Pero en la novela más coral de 'Los Mola' hay más historias y personajes. Esta obra, en la que los buenos no son solo buenos, refleja cómo las circunstancias de cada persona puede hacerlas virar del bien al mal.
"Las heridas de la infancia son tremendas (...) recuperarse de esas heridas es muy difícil y aprender a crecer con eso (...) te exige unas armas", opina Martínez sobre la transformación de algunos de los personajes de víctimas a monstruos.
Como sus personajes, la novela de Mola evoluciona hasta plantearnos los límites de nuestra moral y si realmente todos tenemos un precio. "Puede ser que ese precio no sea el dinero, cualquiera sabe qué está pagándose", argumenta Jorge Díaz.
Enfrentarse a fantasmas del pasado
Precisamente las circunstancias llevarán a Laura hasta Marbella, ciudad en la que nació y cuyo regreso la hará enfrentarse a los fantasmas de los que huyó. Allí están su padre, un abogado sin escrúpulos que ha hecho fortuna saltándose la ley, y sus tres hermanos: Sergio, que sigue los pasos de su padre, Natalia, una persona ociosa adicta al lujo y Sergio, el pequeño, un instructor de buceo alejado de los negocios familiares.
Hasta Marbella ha viajado RTVE con los autores para recorrer algunos de los escenarios que aparecen en la obra, y entre yates, coches de lujo y espetos de sardinas ha sido inevitable hablar de corrupción.
Los autores de Carmen Mola atienden a RTVE en Marbella RTVE.es,.
Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero imaginan en su novela escenas con una violencia sin filtros. Componen una trama muy visual y bien hilada llena de giros hasta la última página y con historias compatibles con la vida real pese a su dureza.
"Vinimos aquí, hablamos con la Guardia Civil de Málaga". Los agentes explicaron a los autores qué se cuece en el crimen organizado marbellí, donde además de rusos, irlandeses y colombianos hay mafias chinas. "Nos pareció que era algo que estaba menos contado y que era muy interesante", asegura Martínez, que añade que en Marbella también hay agentes del FBI, la DEA, Interpol... "Todo el mundo está aquí porque los malos viven aquí".
“Todo el mundo está aquí porque los malos viven aquí“
Otro foco al que apunta la novela son las grietas del sistema judicial, y en concreto a la protección de los testigos. "Es una ley que tiene dos folios y no funciona, interesa el testigo protegido hasta que testifica", lamenta Antonio Mercero, que añade que en la obra no se han metido en el verdadero problema, que son "los funcionarios policiales y judiciales corruptos".
A juzgar por el final "es posible" que esta obra conlleve una segunda entrega, pero los autores se decantan por la prudencia. "Vamos a esperar a que la gente lo lea", dice Martínez. "Si nos lo piden estamos dispuestos a hacerlo", responde por su parte Díaz: "Tenemos la sensación de que la gente se va a enamorar de Laura Pastor igual que se enamoró de Elena Blanco", concluyen.
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