jueves, 19 de junio de 2014

Adios a Juan Carlos Rey,./ EL REY ES EL PRINCIPE FELIPE VI

  1.  TÍTULO: Adios a Juan Carlos Rey,

    El último día del Reinado de Juan Carlos I,.

    En el Salón de Columnas del Palacio Real el Rey Juan Carlos I sancionará con su firma la ley, brevísima, que da cuenta de que abdica la ...-foto
     
    Esta tarde se pone fin a un reinado de 39 años. En el Salón de Columnas del Palacio Real el Rey Juan Carlos I sancionará con su firma la ley, brevísima, que da cuenta de que abdica la Corona de España. Será un acto austero pero de la máxima solemnidad porque con él se cierra el periodo más brillante de la Historia contemporánea de España. Bajo el reinado de Don Juan Carlos, España ha dado el salto gigantesco que muy pocos consideraban posible cuando asumió, por decisión de Franco, la Jefatura del Estado. Él ha liderado a los españoles en su esfuerzo para hacer de nuestro país una democracia homologable a las de nuestro entorno, y les ha acompañado en el camino, a veces difícil y en muchas ocasiones doloroso, que han recorrido juntos en estos casi 40 años. Don Juan Carlos se retira con el respeto, el afecto y el agradecimiento de sus compatriotas.
    Desde aquel mismo día 22 de noviembre de 1975, en que fue proclamado Rey ante las Cortes franquistas, Don Juan Carlos, que tenía entonces 37 años, se esforzó en anunciar a los españoles que él se disponía a serlo "de todos a un tiempo y de cada uno, en su historia, en su cultura y en su tradición". Y desde el mismo momento en que juró su cargo se aplicó a hacer realidad lo que había anunciado aquel día ante las Cortes: "Hoy empieza una nueva etapa en la Historia de España", una etapa que se basará en "un efectivo consenso de concordia nacional".
    Revisada con los ojos de hoy, aquella intervención del joven Rey ante los procuradores de Franco cobra un especial valor, porque ahí estaba la esencia de lo que ya era su firme proyecto: el de conducir a España por el camino que desembocara en el respeto efectivo a las libertades políticas de los españoles y el de devolver los poderes al pueblo. En definitiva, el proyecto de hacer de nuestro país una democracia respetada, y admirada, en el mundo entero.

    Primeros años

    Los primeros años de su reinado, y puesto que había heredado de Franco todos los poderes, el Rey pudo ir conduciendo, en cierto modo también liderando, y siempre amparando a los sucesivos gobiernos que habían de llevar al país hacia la libertad. Y hacia una Constitución que hizo efectiva la determinación del Rey de encarnar una Monarquía moderna, liberal, parlamentaria, en la que el Rey lo fuera por igual de los vencedores y de los vencidos en la Guerra Civil, cuyas heridas no había podido cerrarse aún. Todo lo cual se plasmó en una Constitución que determinó que la soberanía reside en el pueblo español, del cual emanan todos los poderes. Así fue cómo Don Juan Carlos pasó a ser, de acuerdo con la Constitución, la clave de bóveda del Estado, pero con unas funciones de moderación y arbitraje, que son las que la Carta Magna le encomienda.
    En el Salón de Columnas del Palacio Real sancionará su abdicación dela Corona
    Como Rey constitucional, Don Juan Carlos tuvo, sin embargo, que enfrentarse a un intento de golpe de Estado, que fue capaz de detener con la autoridad que la daba ser el jefe supremo de las Fuerzas Armadas. Y se dirigió al país: "La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum".
    Leopoldo Calvo-Sotelo, el presidente en cuya sesión de investidura se había producido el intento de golpe, escribiría más tarde: «El Rey se ganó el trono esa noche. Y se lo ganó como se lo ganaban sus antepasados en la Edad Media [...] Él tuvo conciencia de que, a la legitimidad de origen, había añadido la legitimidad de ejercicio». De entonces en adelante, todo intento de golpe, que los hubo, y muy graves, aunque ninguno llegara a término, no pudo escudarse en el Rey como intentaron hacer los golpistas del 23-F. "Cualquier intento de golpe es contra el Rey". Por eso, todos los proyectos que se incuban en los años siguientes para subvertir el orden constitucional incluyen como primera medida la toma de La Zarzuela y la «neutralización del Rey».
    Pasados esos primeros tiempos de construcción de un proyecto y de zozobra y amenazas a la joven democracia española, el país entró en la senda de la normalidad.

    Etapa de madurez

    Durante todos estos años, el Rey ha sancionado el nombramiento de presidentes de Gobierno pertenecientes a partidos políticos con ideologías muy diferentes. Y en todo momento ha puesto su persona al servicio de España del modo en que los jefes de esos gobiernos han determinado.
    No habrá discursos, pero se espera un gesto del monarca hacia su hijo y sucesor.
    Ha sido un leal y eficacísimo colaborador del país en sus necesidades, en sus problemas y en sus tragedias. Ha estado siempre donde se esperaba y ha cumplido con excelencia su papel de moderación y arbitraje. Ha resuelto incomprensiones y solventado enfrentamientos. Ha llevado el nombre de España a todos los rincones del mundo, donde ha conservado un inmenso prestigio, labrado por sus actuaciones. El Rey es la mejor Marca España que pudiéramos exhibir. Ésta es la opinión expresada unánime y públicamente por todos los presidente de Gobierno que ha tenido nuestra democracia.
    Con él en la Jefatura del Estado, España ha alcanzado la madurez de un país moderno y desarrollado. Es mucha y muy ancha la tarea que, a lo largo de estos años, Don Juan Carlos de Borbón deja hecha. La Historia se encargará ahora de hacer el balance de su reinado.
    Esta tarde no habrá discursos. Tan sólo la lectura de la ley por parte del Gobierno, la firma del Rey sancionando su abdicación en el que será su último acto como Monarca, y quizá algún gesto no previsto hacia su hijo Felipe, que a las 12.00 de la noche pasará a ser ya el nuevo Rey de España.
    Por su decisión personal e intransferible, sin alharacas, se va el Rey. Pero seguirá siendo para siempre el mejor Rey que nunca han tenido los españoles a lo largo de su Historia. Ese reconocimiento se lo ha ganado.
     
    El primer discurso del Rey: «En esta gran nación, caben todas las formas de sentirse español»TÍTULO : EL REY ES EL PRINCIPE FELIPE VI ,
    1. El primer discurso del Rey: «En esta gran nación, caben todas las formas de sentirse español»

      Felipe VI ha pronunciado sus palabras este 19-J histórico ante las Cortes ... en las ultimas intervenciones del nuevo Rey aún como Príncipe-.-foto.

      Con guiños a la España unida, pero sobre todo a las demandas de los ciudadanos, el Rey ha adelantado que «la suya será una Monarquía renovada para un tiempo nuevo». Aspira a que la población se sienta orgullosa de su nuevo Monarca,.

      Un marcado tono social, apegado al espíritu de la calle, es lo que ha querido imprimir Felipe VI en el discurso inicial de su reinado. El primer «speech» en público de Don Felipe de Borbón y Grecia como Príncipe de Asturias se produjo en 1981 cuando a los 13 años dijo aquello de «he querido que fuese en este Principado de Asturias, un título que con tanto honor ostento»... Han pasado algo más de 32 años y el hijo de Juan Carlos I ha reeditado su primera vez, esta vez ya convertido en Monarca al albur del proceso de abdicación iniciado por su padre hace solo 17 días, cuando apareció ante los televisores de toda España para comunicar su intención de ceder paso al Heredero de la Corona. Felipe VI ha pronunciado sus palabras este 19-J histórico ante las Cortes Generales y siendo desde la pasada medianoche el nuevo jefe de Estado del país y ha adelantado -una frase que ha repetido dos veces- su objetivo desde este mismo momento: esta será una Monarquía renovada para un tiempo nuevo. Su mensaje ha estado impregnado de la dificultad económica de los tiempos que vivimos y ha insuflado el aire institucional necesario para desarbolar otros cantos de sirena. Ha pregonado, en suma y en primera persona, la estabilidad que supondrá para España su propio carácer y que ha envuelto todo el relevo en la Monarquía parlamentaria vigente como modelo de Estado. [Así contamos en directo la proclamación de Felipe VI en ABC.es]
      El Rey se ha dirigido en primer lugar a los parlamentarios y asistentes al Congreso de los Diputados «con emoción -ha dicho literalmente- por el honor que supone recibir la Corona y con la mayor esperanza en el futuro de España, en esta nación en la que creo, a la que admiro y quiero». Tambien ha tributado su respeto, como no podía ser de otra forma, a la labor realizada por su padre Juan Carlos I, «su querido patrón», como él mismo le definió en una ocasión. Ha sido el único momento en que a Felipe VI se le ha quebrado tímidamente la voz, aludiendo al proyecto de concordia nacional que su progenitor quiso construir también con los valores inspiradores de su abuelo, el conde de Barcelona, e impulsar, junto a otras personalidades. El primer Rey que ha jurado sobre la Constitución de 1978 ha recordado a la «generación de la transición» que obró el milagro y logró la reconciliación de los españoles, lo que ha aprovechado para hilvanar su reconocimiento a la pluralidad de España -un mensaje reiterativo en las ultimas intervenciones del nuevo Rey aún como Príncipe-. Felipe VI no se ha olvidado de homenajear y despertar el aplauso de la Cámara Baja a «toda una vida de trabajo y servicio de la que ha sido durante 39 años Reina de España», su madre, Doña Sofía, artífice principal de la educación impecable del que ha sido hasta hace pocas horas Príncipe de Asturias, de Girona y Viana. [Así ha sido el discurso íntegro del Rey]

      Educación en valores sociales y empleo

      El Rey ha rememorado a sus profesores y ha reivindicado que es la misma educación sólida y en valores la que le inculca junto a su esposa, la Reina a sus hijas, la nueva Princesa de Asturias, Doña Leonor, y la más joven de ellas, Doña Sofía.
      Don Felipe se ha encomendado al juramento sobre la Constitución de 1978 que acababa de desempeñar, y ha alegado que encontrarán en su persona «a un jefe de Estado leal», dialogante, tolerante, como se ha mostrado durante su tiempo como Heredero de la Corona, al tiempo que con vocación de servicio al pueblo y apartidista. Con esa llamada a la España unida, Don Felipe ha dicho que «la Monarquía parlamentaria ha de ser intérprete de las aspiraciones y esperanzas de los ciudadanos y sentir como propios sus éxitos y fracasos». La cercanía con la población es la base, el eje motriz que vertebrará todos los movimientos de este nuevo jefe de Estado, como ha demostrado esta primera intervención como Monarca. [Lee el análisis de Ramón Pérez-Maura del regio llamamiento a la unidad que ha entonado el Rey, Felipe VI]
      Muy importante para quienes escuchaban a través de las pantallas del televisor ha sido la petición a la clase política, denostada por la imagen de la corrupción y el fraude: «Que la ejemplaridad presida la vida pública con el Rey en cabeza», como demandan los ciudadanos, ha sido el alegato principal y objetivo de futuro de Don Felipe, que ha definido esta nueva era como la de una «Monarquía parlamentaria del siglo XXI, una Monarquía renovada para un tiempo nuevo».
      El Rey ha recordado de forma impecable a las víctimas de la violencia terrorista, a los golpeados indignamente por la crisis económica -«con quien hay un deber moral para revertir esta situación y dar cobijo y protección a los más vulnerables», ha esbozado- y ha transmitido un mensaje de esperanza a los más jóvenes, para los que el empleo es crucial y cuyo trabajo debe ser una prioridad de Estado.

      El Rey, un joven de su tiempo

      «Los hombres y mujeres de mi generación somos herederos de ese éxito colectivo» de convivencia democrática y «es un deber transmitirlo» a las venideras, ha deslizado el Rey, que lo ha resumido en otra frase: la obligación de futuro es «mejorar el patrimonio colectivo de libertades y derechos que tanto nos ha costado conseguir». Se ha reivindicado en varias ocasiones durante su primer discurso, éste que inicia su reinado, como garante de una nueva generación más juvenil que quiere que la ciudadanía sea prioritaria para la clase política, que cuente, en una palabra: «Deseamos una España en la que todos los ciudadanos recuperen la confianza en sus instituciones, en una sociedad basada en la honestidad y el rigor, con mentalidad abierta y espíritu solidario y en una España en la que no se rompan los puentes del entendimiento». En ese marco de esperanza, «como Rey tengo fe en la unidad de España, de la que la Corona es símbolo».
      El Rey también ha pedido en su discurso de algo más de 25 minutos de duración que el concierto de las lenguas cooficiales, junto al castellano, sea «objeto de respeto y protección porque las lenguas conforman el conocimiento de las personas y las naciones». El Congreso ha interrumpido al Rey en este momento, con presencia de presidentes autonómicos como el catalán Artur Mas y el vasco Íñigo Urkullu, que han sido muy austeros en sus aplausos al soberano que hablaba.

      No obstante, conocedor de cada arista de la actualidad, Felipe VI ha demostrado ser consciente de la crisis territorial que atraviesa el país para tender su mano al concurso de todos: «Cabemos todos en la Constitución, sentimientos y sensibilidades, todas las formas de sentirse español. Los sentimientos no deben excluir, sino compartir y convivir y respetar y debemos reivindicar esa convivencia cada día», ha zanjado. En esa tarea se requiere «visión, responsabilidad y valentía», ha demandado el Rey. Para el soberano, España ha demostrado ser mejor cuando se ha sido capaz de compartir y no dividir. Ahora la España que pivota enfrenta un desafío histórico, territorial, social, político, tecnológico y económico y para ello, el Rey ha pedido que se haga la labor juntos para que España siga la senda del progreso y con ello se cree empleo, que «es ahora mismo la principal preocupación de los ciudadanos» a los que va a regir, ha reiterado.
      En su primera alocución pública como Monarca, ha diversificado mucho sus enfoques. Ha mentado el papel de la mujer que hay que afianzar, el respeto al entorno y el medio ambiente y la necesidad de impulsar la innovación y el desarrollo.
      En otro terreno, el de las relaciones internacionales, el Rey que ha acumulado como Príncipe casi 200 viajes oficiales por más de 60 países y que ha asistido a 69 investiduras de presidentes iberoamericanos, ha pedido tener en cuenta que el mundo está globalizado y los retos tienen ese cariz por lo que él mismo se encargará, como su progenitor, de llevar el buen nombre de España y afianzar e impulsar las buenas relaciones con el resto de los países.

      Para concluir, el Rey ha refrendado la intención con que ha dirimido su discurso inicial de reinado: «He querido cumplir con el deber que siento de transmitir mis sentimientos, convicciones y compromisos sobre la España con la que me identifico, a la que quiero y a la que aspiro. También con la Monarquía parlamentaria en la que creo, una Monarquía renovada para un tiempo nuevo». Y ha abogado: «Tengo fe en la sociedad española, madura, vital, responsable y solidaria, que está demostrando una gran entereza y espíritu de superación. Tenemos un gran país, somos una gran nación, creamos y confiemos en ella». Con gran afición por la Literatura, el Rey ha mentado a Miguel de Cervantes quien, por boca de su Quijote, lanzó un mensaje al mundo:«No es un hombre más que otro si no hace más que otro».«Nada más me honraría más que mi pueblo se sintiese orgulloso de mí y de mi labor», ha completado el Rey para cerrar esta ceremonia laica dando las gracias, por este orden, en castellano, catalán, euskera y gallego.

      Tres décadas de intervenciones públicas

      Durante estas más de tres décadas que deja atrás como Príncipe de Asturias, Don Felipe había jalonado siempre sus intervenciones públicas siempre con guiños a las prioridades de la ciudadanía y las preocupaciones que asediaban a un país que algún día, tal y como el de hoy, regiría con la voluntad impertérrita de servir al pueblo español. Como Príncipe, ha dejado huella en sus alocuciones y en sus oyentes por su gran inteligencia y su preparación. Tres han sido los comandos que han predominado en todos ellos, especialmente desde el estallido de la crisis que cruza el país: la superación del pesimismo y la recuperación de la fuente de la confianza; la defensa impávida de la ética y la honestidad por encima de otros valores y el alegato para preservar las señales de identidad y la unidad de España.
      En su primer discurso como Rey, ha sido coherente con esta línea marcada por su propia personalidad. Quien ahora luce estandarte de color carmesí y que goza de gran aceptación popular entre la ciudadanía como uno de los miembros de la Casa del Rey más valorados ha comenzado dando un paso hacia el futuro del país, con el recuerdo siempre presente e imborrable de aquella noche del 23-F cuando su padre Don Juan Carlos le obligó a pasar a su hijo l noche con él en el despacho del Monarca para que no perdiese detalle de su primera lección práctica. «Felipe, no te duermas. ¡Mira lo que hay que hacer cuando se es Rey!», siempre ha relatado Juan Carlos I que le espetó a su vástago, que se estaba adormilando en una butaca. Ese aprendizaje y su papel moderador marcan el inicio de un nuevo tiempo, como él ha querido que sea.
      Bella estampa del nuevo Rey, Felipe VI, en el Congreso, epicentro de la soberanía nacional
      afp

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