lunes, 16 de junio de 2014

EL DESAYUNO DEL LUNES, UN PORTERO MANCO,./ LA CENA DEL LUNES, LA COCINA NO SE ME DA NADA MAL,.

TÍTULO: EL DESAYUNO DEL LUNES, UN PORTERO MANCO,.

EL DESAYUNO DEL LUNES, UN PORTERO MANCO-fotos,.

  1. Si ser portero en El Rodeo era una humillación, ser portero manco debiera haberme traumatizado sin remedio, pero mis compañeros de ...

    El Mundial era una desgracia que sucedía cada cuatro veranos,.

    Antes, el Mundial era una desgracia que sucedía en verano. Cada cuatro años, tocaba desilusionarse otra vez y buscar culpables para espantar aquella sensación cuatrienal tan amarga. Un verano culpabas a Cardeñosa, otro verano señalabas a Tassotti por dar un codazo a Luis Enrique. En fin, pamplinas.
    En mis años dorados de futbolista, se celebraron los últimos dos mundiales (México 1970 y Alemania 1974) en los que España no se clasificó para la fase final. Eso tenía la ventaja de que nos dejaba más tiempo libre para jugar al fútbol en los secarrales de El Rodeo, con las piedras señalando las porterías y los fichajes hechos con el democrático método de jugárselo a pies.
    Yo era tan malo que no solo me escogían el último, sino que siempre me ponían de portero. Si ser portero en El Rodeo era una humillación, ser portero manco debiera haberme traumatizado sin remedio, pero mis compañeros de equipo sabían vendérmelo muy bien y yo no rechistaba porque siempre he sido muy crédulo cuando me interesa. «Te ponemos de portero para desmoralizar a los contrarios. Pensarán: Si ponen un portero con una mano, es que el resto del equipo es muy bueno», me decían mientras yo me acercaba a las piedras de mi derecha para cubrir mejor mi lado malo.
    Con dedicación y optimismo, conseguí mejorar mi rendimiento como jugador de campo y ascendí: me convertí en secante, en defensa secante. Mi cometido era tan sencillo como obsesivo: debía pegarme a la estrella del equipo contrario, seguirlo por todo el campo y secarlo, que no tocara balón ni hiciera jugada.
    Me apliqué a ser secante con determinación. A fuerza de correr siguiendo a los buenos, acabé teniendo una forma física impresionante. Pero un verano, cuando ya era un secante cotizado al que fichaban los capitanes en tercera o cuarta ronda del draft, o sea, del juego de echárnoslo a pies, decidí colgar las botas. Empezaba a ser mayor, me había echado novia y España se había clasificado, por fin, para una fase final, la del mundial de Argentina. Así que cambié los partidos de El Rodeo por el Mundial en los bares y no me arrepiento porque, gracias a esa decisión, tuve un minuto de gloria universal que nunca hubiera alcanzado como secante.
    Sucedió durante el Mundial de España de 1982. En el de Argentina del 78, nos habían eliminado en la primera fase. En el de España, llegamos a la segunda y ahí nos estrellamos. Alcanzaron la final Italia y Alemania. El día antes del partido definitivo, yo estaba en Madrid y me acerqué a ver si pillaba alguna entrada. Quedaban las más baratas y conseguí una por 800 pesetas. Era por la mañana y, tras comprar el billete, me di una vuelta por el perímetro del Santiago Bernabéu.
    Oí unos discursos y me asomé tras una puerta enrejada. Abajo, en una especie de patio, se celebraba un homenaje a Santiago Bernabéu y estaba hablando João Havelange, presidente de la FIFA. Al apoyarme en la puerta, cedió y dejó el espacio justo para mi cuerpo. Me colé y accedí al estadio.
    Estaba entrenando la selección italiana y me senté en la grada, cerca del césped, por la zona donde esperaba un centenar de periodistas. El caso es que acabó el entrenamiento y los reporteros llamaron a voces a Enzo Bearzot, el entrenador italiano, para que hiciera unas declaraciones. El míster despidió a sus jugadores, subió a la grada y, ¡madre mía!, se sentó, por puro azar, junto a mí.
    Al instante, me entregaron un libro de la Federación Italiana y me vi rodeado por decenas de cámaras y grabadoras. Un periodista de la televisión alemana me tendió su micrófono y yo lo sostuve ante la boca de Bearzot. Así aparecí en las televisiones de todo el mundo: junto a Enzo Berarzot, recogiendo para la televisión alemana sus declaraciones previas a la final del mundial 82, que ganó.
    Supongo que fue en ese momento cuando entendí que ni como portero manco ni como defensa secante tenía futuro y me aficioné a recoger declaraciones.
     
    TÍTULO:   LA CENA DEL LUNES, LA COCINA NO SE ME DA NADA MAL,.
     
      LA CENA DEL LUNES, LA COCINA NO SE ME DA NADA MAL,.-fotos,

    1. Qué ocurre si mezclamos la cocina tradicional de un chiringuito de verano con la cocina de autor de un refinado restaurante? El choque entre ...
      • Santi Millán interpreta a Sergi Roca, un cocinero de fama mundial que intenta reconducir el grasiento 'Chiringuito de Pepe' la noche de los lunes en Telecinco,.

        ¿Qué ocurre si mezclamos la cocina tradicional de un chiringuito de verano con la cocina de autor de un refinado restaurante? El choque entre estos dos mundos, en principio antagónicos, es el que se vive en 'El Chiringuito de Pepe', la serie que Telecinco emite los lunes (22.30 horas) y que en su estreno la semana pasada congregó a una audiencia de 4,6 millones de espectadores (24,6% de share). Santi Millán (Barcelona, 1968) da vida a Sergi Roca, un cocinero de fama internacional que busca reconvertir un local grasiento con un dueño peculiar en un establecimiento merecedor de una estrella Michelin.
        Sergi Roca es un cocinero algo especial, ¿no?
        Él no está en contra del concepto chiringuito. Comer cerca de la playa, en un ambiente desenfadado, no significa perder la calidad ni la innovación. Seguramente la ensaladilla rusa tendrá una apariencia distinta cuando termine de tomar el control del Chiringuito de Pepe.
        El choque de estilos no puede ser mayor...
        A Sergi le conocen como 'El Mozart de los fogones' y es un tío admirado, no solo en este país, ya que tiene doce estrellas Michelin a nivel internacional. Por cosas de la vida va a parar a este chiringuito que no es uno cualquiera. Está regentado por Pepe Leal, al que interpreta Bonilla. y con eso ya lo digo todo (risas).
        Pero también va a aprender de 'los fritangas', ¿no?
        Lo bueno es que recorre un camino que no le ayuda solo en su vida profesional, sino en la personal. Descubre a Pepe, a su hijo que se viene a vivir con él, a Laura... Todos tienen unos valores y una forma de entender la vida que le hace plantearse si no es él quien está equivocado. Es un viaje interesante. ¡Y 'los fritangas' también tendrán que dar su brazo a torcer!
        ¿Le da miedo que la gente esté quemada del tema culinario en televisión?
        En el fondo es como las series sobre policías o sobre cualquier otra profesión: el entorno es una excusa para contar lo que hay. Esta serie no es solo de cocina, sino del choque entre dos mundos, de sacar a gente de su hábitat y colocarlo en un lugar que le es totalmente ajeno. Es como si coges a un policía rural y lo metes en los GEO.
        ¿Se ha preparado este papel estudiando cocina?
        Tengo la suerte de conocer bastante de cocina. Me gusta comer bien y cocinar y, aunque está mal que yo lo diga, creo que no se me da mal. Tuve una época muy cocinilla en la que me compré mi Thermomix y mi sifón para hacer espumas. Tengo libros de Joan Roca, de Sergi Arola. Ya venía bregado.
        ¿Y con qué sorprende a sus amigos?
        Me gustan mucho los arroces. El 'risotto' es mi plato estrella, aunque cocino de todo un poco.
        ¿Y es más de alta cocina o de fritanga?
        Me gusta la cocina de autor, pero me empanas cualquier cosa y me lo como divinamente. Hay momentos para todo. No creo que haya alta o baja cocina, sino mala o buena cocina.
        Lleva varios veranos protagonizando series, ¿es buena época para estar en la pequeña pantalla?
        'Frágiles' para nosotros fue excelente que fuera en verano y eso que mucha gente pensaba que era una época complicada en cuanto a consumo televisivo. Si aquella serie no estaba ambientada en la playa y fue bien, creo que 'El Chiringuito', que implica playa, calor, luz, cerveza., llega en una época ideal.
        ¿Cómo fue el reencuentro con Blanca Portillo?
        Fenomenal. Trabajar con ella es un lujo; es una grande y te facilita mucho las cosas. Con ella tengo una complicidad personal porque estuvimos muchos años trabajando juntos en 'Siete vidas' y nos entendemos muy bien.
        ¿Continuará colaborando con 'El Hormiguero'?
        Sí, allí estaremos... ¡si no me matan!, porque siempre cabe la posibilidad cuando se compite con Pablo (Motos) a muerte.

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