TÍTULO; El Ejército, en reserva,.
El severo recorte en combustible amenaza con dejar tanques, embarcaciones y aviones militares en el dique seco
-foto.
Los simuladores de prácticas del Ejército van a estar el
año que viene más frecuentados que nunca. Las drásticas restricciones
presupuestarias aplicadas por el Ministerio de Defensa al capítulo de
combustible van a reducir de forma significativa la operatividad de las
unidades de tierra, aire y mar para 2014. Los 231 millones de litros
previstos para este año se quedarán el próximo en 77, una merma que en
la práctica supondrá la paralización de una buena parte del parque móvil
militar. La aguja del contador de gasolina del Ejército se pasea cada
vez más cerca de la línea roja de la reserva.
El mayor recorte se lo llevará el Ejército del Aire, hasta
ahora el mejor parado en el reparto de la tarta del combustible. Frente a
los 180 millones de litros consignados en 2013 para abastecer a los
aviones militares, las cuentas del próximo año contemplan 37 millones.
La reducción es de tal calibre que muchos de los aparatos de la flota
aérea militar ni siquiera tendrán oportunidad de salir de los hangares
donde se guardan. Los aviones son, con gran diferencia, las unidades
que más combustible consumen de todo el Ejército.
Los recortes que empezó a aplicar Defensa en los
presupuestos anteriores trajeron consigo una significativa disminución
de las horas de vuelo. Las 100/120 horas anuales de prácticas por piloto
quedaron reducidas a la mitad. Los pilotos de combate españoles
realizan ahora unas cinco horas de vuelo al mes, una frecuencia que
deberá espaciarse todavía más en aplicación de las cifras previstas para
el próximo año.
Zaragoza-Palma, 10 minutos
La explicación es que los aviones de combate, sobre todo
los cazas, equipan propulsores tan potentes que consumen cantidades
ingentes de combustible. Un F-18, por ejemplo, gasta en torno a los
2.000 litros a la hora volando a lo que en términos automovilísticos
podría llamarse una velocidad de crucero. Exprimiendo al máximo los
motores, es decir, operando en postcombustión, el consumo se dispara
hasta los 6.800 litros a la hora. «Son máquinas concebidas para actuar
en situaciones límite y, por consiguiente, tienen unos gastos de
mantenimiento que se van también al límite», explica un piloto que
prefiere guardar el anonimato. Un simple dato basta para ilustrar lo que
puede hacer un F-18: tarda diez minutos en ir de Zaragoza a Palma de
Mallorca (unos 380 kilómetros).
El combustible es solo una parte de la generosa factura que
supone tener un caza. Se calcula que, por cada hora de vuelo, el avión
necesita entre diez y veinte horas de cuidados y controles técnicos en
tierra. Es por eso que el mantenimiento de un aparato de combate no se
computa en términos de combustible, sino en coste por hora de vuelo. Los
cazas más sencillos se llevan unos 8.000 euros por hora (combustible
incluido), una cantidad que puede elevarse a los 30.000 cuando se trata
de aparatos más complejos como el F-22, cuya producción fue paralizada
por el Congreso de EE UU debido precisamente a sus disparatados costes.
En comparación con los gastos de un caza de combate de
última generación, el resto de los aviones se antojan 'mecheros'. Los
Casa C-101 concebidos para entrenamiento que utiliza la Patrulla
Águila, el grupo de vuelo acrobático español, consumen 'solo' unos 600
litros a la hora. Hay que tener en cuenta que los motores de reacción
son mucho más 'bebedores' que los de hélice. El combustible que utilizan
los propulsores de turbina es el llamado Jet A-1, un carburante con
unas propiedades específicas para soportar las temperaturas extremas a
las que se mueven los aviones (su punto de congelación es -470C). El Jet
A-1 recibe la denominación de JP-8 cuando se suministra a aeronaves
militares. Su precio se negocia directamente con la compañía
suministradora aunque el litro suele estar por debajo del euro.
La factura de la Armada en combustible bajará también de 28
a 20 millones de litros. Aunque los motores de los navíos son más
austeros que los de los aviones, las toneladas que desplazan lastran su
mantenimiento. Un submarino de la clase S-74 como el 'Tramontana',
botado en 1984 en Cartagena, puede gastar del orden de los 200 litros de
gasóleo a la hora aunque esa cantidad oscila en función del rendimiento
que se le exija a la nave (los consumos se disparan si maniobra
sumergido).
Los tanques del Ejército de Tierra tampoco se caracterizan
por su austeridad. Los Leopard 2, la columna vertebral de la fuerza
española de carros de combate, se 'beben' mil litros de gasóleo cada 350
kilómetros, lo que arroja la vertiginosa media de 285 litros a los cien
kilómetros, nada del otro mundo si se tiene en cuenta que pesan el
equivalente a 60 utilitarios y su motor cubica 47.600 centímetros
cúbicos (un turismo normal suele tener 1.600 cc). ¡Ah! Y pueden ponerse a
70 por hora.
litros de gasóleo a la hora es lo que consume el submarino
'Tramontana' de la Armada española, cifra que se dispara si la nave se
sumerge.
litros de combustible a la hora gasta un F-18 a velocidad
de crucero. Si se exprimen sus motores y se entra en postcombustión se
va a los 6.800 litros/hora.
litros por hora gastan los Casa C-101 de la Patrulla
Águila, el grupo de vuelo acrobático que tomará parte en el desfile de
la fiesta nacional de mañana.
litros de gasóleo a los cien kilómetros se 'bebe' un tanque
Leopard 2. Si se aprieta el motor, con 47.600 centímetros cúbicos, el
consumo se duplica,.
Lampe, Bourousis y Papanikolaou, tres de los grandes fichajes de la temporada. / Jesús Andrade
Primera Jornada
Hace ya casi 20 años que el Real Madrid no logra encadenar
dos títulos en la ACB. Desde aquel lejano 1994, cuando el gran Arvydas
Sabonis se erigía como el dominador absoluto del equipo merengue y de la
competición liguera, sólo han obtenido cuatro campeonatos de la
regularidad más. Escaso bagaje para una entidad que atesora 31
entorchados nacionales pero que hace ya algunos lustros que perdió el
esplendor de antaño. Además, el auge del eterno rival en este tiempo
echó más sal en la herida del club de Chamartín, que vio cómo perdía su
posición de privilegio en el torneo patrio y en Europa, y caía a un saco
repleto de equipos secundarios del que, de vez en cuando, asomaba la
cabeza, más por un arresto de orgullo que por el éxito de un proyecto
asentado y reposado. Sin embargo, la llegada de Pablo Laso al banquillo
blanco tras el fracasado paso del prestigioso Ettore Messina ha
revolucionado la otrora dominante sección de baloncesto y de capa caída
en la época más cercana. Si en su primera campaña rompió con una racha
de 19 años sin sumar una Copa del Rey que colocar en las pobladas
vitrinas de trofeos del Bernabéu, la pasada temporada recuperó la
hegemonía en la ACB y volvió a una final en la Euroliga.
Este año, abandona por fin el puesto de aspirante y parte
como favorito a renovar la primera plaza en una Liga Endesa que,
nuevamente, amenaza con terminar por cuarta vez consecutiva con un duelo
final entre los dos grandes, esos que se han llevado 48 (31 el Madrid y
17 el Barça) de los 57 campeonatos nacionales. Laso ha logrado
instaurar un juego vistoso y reconocible que, además, ha ido madurando.
Del 'run & gun' (correr y tirar), ha evolucionado a un estilo basado
en una defensa intensa y unas rápidas transiciones para aprovechar las
superioridades. La fluidez ofensiva en el juego estático es la
asignatura pendiente y obligatoria de aprobar para dar el paso que le
catapulte al título europeo. La adquisición de los automatismos que
permite el contar con un grupo de jugadores que se ha mantenido estable
durante dos temporadas y la incorporación de Bourousis ayudarán a
solucionar este problema. El griego también aportará más calidad al
juego interior y un punto de 'mala leche' del que carecía en ocasiones
la plantilla merengue.
El ahora candidato, por su parte, se ha movido bien en el
mercado veraniego y se ha reforzado con hombres de calidad pese al
frustrado fichaje de Spanoulis, el mejor jugador de Europa la temporada
pasada que, cuando parecía que cambiaría Atenas por la Ciudad Condal,
decidió renovar por el Olympiacos. Joan Creus, sin embargo, ha
conseguido para el Barcelona los servicios de uno de los jugadores con
más futuro del Viejo Continente, el alero Kostas Papanikolaou, y ha
añadido la clase de Nachbar y Lampe y el físico de Dorsey a los
talentosos Lorbek y Tomic, para cerrar un grupo de postes temible, sobre
todo en ataque. Xavi Pascual amplia así su ya extenso abanico de
variantes ofensivas, pero deberá trabajar para que las nuevas piezas
(algunas de ellas con escasa vocación defensiva) encajen en la elaborada
y compleja trama repleta de trampas que suele preparar al técnico
catalán a sus rivales bajo su canasta.
El Barça, por tanto, ha hecho todo lo posible para seguir
siendo aspirante a todo, más aún si se tiene en cuenta su condición de
equipo que no se pierde una final en un torneo nacional desde la Copa
del Rey de 2009.
Con un panorama semejante, todo apunta a una nueva
bicefalia de blancos y culés en la ACB. El año pasado se vieron las
caras en todos los torneos que disputaron y solo el capricho de la
fortuna, que les emparejó en los cuartos de final de la Copa y en la
semifinal de la Euroliga impidió un pleno de 'clásicos' en las finales.
Aspirantes, ilusión y fracaso
Poco espacio parece que vayan a dejar a las sorpresas. El
sistema de competición de la Liga Endesa permite que los clubes
importantes puedan permitirse una mala primera fase mientras van
afinando de cara a la parte final de la temporada, cuando se juegan de
verdad los títulos, como le pasó a un más que discreto Barça en la liga
regular anterior, que acabó dando su verdadero nivel en las
eliminatorias finales. Mientras, el resto de equipos deben pelear desde
el principio para conseguir sus objetivos.
En un periodo de aprietos económicos, solo Valencia Basket,
Unicaja y el siempre competitivo Laboral Kutxa parecen haber dado un
paso adelante en sus aspiraciones. Los taronjas han recuperado a Sato
para la liga y se han hecho con Pablo Aguilar, ya uno de los grandes
nombres de la ACB, y han cerrado una plantilla larga con aspiraciones de
convertirse en una alternativa válida.
Mientras, los malagueños inician su enésimo intento por
recuperar el lustre perdido por el camino de la mano de grandes pifias
en la gestión, en los fichajes y en la elección de entrenadores. Esta
vez han apostado por un valor seguro y estable como Joan Plaza y le han
dado una vuelta al equipo con nombres importantes como Caner-Medley,
Carlos Suárez, Granger o Toolson para volver a ilusionar a su
desencantada afición.
En Vitoria, el gran fichaje se llama Sergio Scariolo, que
retorna al Baskonia catorce años después para liderar una nueva
reconstrucción de una entidad con el gen ganador marcado a fuego pese a
la salida constante de sus estrellas pero con un presupuesto más
ajustado y modesto que en el pasado.
La distancia entre la ilusión por colarse en los 'playoffs'
y el drama del descenso (aunque en los últimos años, la incapacidad de
los equipos de LEB Oro para cumplir con los requisitos económicos
necesarios para ocupar una plaza entre los mejores ha dejado una liga
prácticamente cerrada) puede cambiar de barrio en función de semanas.
Ahora bien, algunos como Herbalife Gran Canaria, CAI
Zaragoza o Bilbao Basket se han ganado un voto de confianza para contar
como posibles integrantes del grupo que conforma el segundo escalafón.
Las apreturas han igualado tanto la competición por abajo
que la fiabilidad de los proyectos puede depender del acierto a la hora
de apostar por jugadores con talento pero sin nombres reconocibles y sin
experiencia en la ACB.
Así, surgirán estrellas de nuevo cuño entre un nutrido
grupo de aspirantes como John Shurna (FIACT Juventut), Mike Muscala (Río
Natura Monbus), Scott Wood (UCAM Murcia) o Ben Hansbrough (Herbalife),
que con sus actuaciones definirán la estrecha línea entre el éxito y el
fracaso de sus franquicias en una liga que, de nuevo, parece cosa de
dos.
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