domingo, 5 de enero de 2014

DESAYUNO DE DOMINGO CON , Marisa Paredes: "Bueno, sí; soy la hija de la portera. ¿Y qué?"/ PENSAR CON EL ESTOMAGO,./ DOMINGO, CINE, COCODRILO DUNDEE,.


  1. XLSemanal. ¡Qué gusto! ¡Una sonrisa permanente! ¿Está contenta?Marisa Paredes. [Ríe]. Estoy alegre y ahora se me nota más; antes era ...
     
    Desayuno de domingo con...

    -foto,.Marisa Paredes: "Bueno, sí; soy la hija de la portera. ¿Y qué?"

    Nací en Madrid en 1946. Tras más de 70 películas y casi 20 obras teatrales, he vuelto al Teatro Español de la mano de Gerardo Vera con El cojo de Inishmaan, una comedia negra y salvaje, de humor ácido.

    XLSemanal. ¡Qué gusto! ¡Una sonrisa permanente! ¿Está contenta?
    Marisa Paredes. [Ríe]. Estoy alegre y ahora se me nota más; antes era mucho más dramática, más torturada.
    XL. ¿De dónde saca esa elegancia natural la hija de la portera de una casa de la plaza de Santa Ana?
    M.P. Siempre lo he sido. Cuando bajaba las escaleras, los vecinos le decían a mi madre: «¿Pero qué se ha creído su hija, que baja mirando a todos por encima del hombro?». Era mi manera de defenderme: «Bueno, sí; soy la hija de la portera. ¿Y qué?».
    XL. Y luego dicen que las porteras son unas cotillas.
    M.P. ¡Mi madre, para nada! Ella era el ser más angelical, bueno y dispuesto a servir, en el mejor sentido de la palabra.
    XL. Cuenta que cuando iba a Colmenar Viejo, a casa de su abuela, la mandaban por agua y los chicos tiraban piedras a ver si le daban al cántaro o a usted. 
     M.P. [Se ríe]. Eran muy brutos y tiraban piedras a la extranjera, a la chica de Madrid... Y, ¡pumba!, adiós al cántaro la mayoría de las veces. Me trataban fatal.
    XL. Dicen que mira con lupa las ofertas de trabajo y que es muy selectiva...
    M.P. Intento, y suelo conseguir, hacer solo lo que me interesa. Cada año recibo dos o tres proposiciones, sobre todo de Francia e Italia, y sigo pudiendo elegir.
    XL. Después de muchos años regresa al Teatro Español...
    M.P. Estoy emocionada. Trabajar en este teatro era el gran sueño que tenía de pequeña. Como vivía al lado, lo miraba y pensaba: «¿Podré trabajar ahí algún día?».
    XL. Los teatros, pese a la crisis y el IVA, están llenos. ¿Cómo se lo explica? 
    M.P. Porque la gente siente que el teatro es de verdad y sirve para pensar. En la calle, todo es mentira; la verdad está aquí.
    XL. Uno de sus últimos papeles fue el de reina Sofía en Felipe y Letizia.
    M.P. Al proponérmelo, estaba muerta de miedo. Luego vinieron las críticas...
    XL. ¿La llamó la reina para decirle algo?
    M.P. No me llamó, pero nos encontramos un día en una recepción y me dijo: «Me gustó mucho cómo hiciste de mí».
    XL. Una mujer a la que operaron de anginas sin anestesia ¿lo aguanta todo?
    M.P. Según qué cosas... Me dolió que pidieran mi cabeza cuando fui presidenta de la Academia de Cine por apoyar el «No a la guerra» en la gala de los Goya.
    XL. ¿Usted se morirá contestataria y dando guerra?
    M.P. Si puedo, sí; hay mucho que reivindicar: hay quien no puede comer, y no se puede mirar para otro lado.

     
    SU DESAYUNO: «Tres tazas de diferentes tipos de té (Earl Grey, con ginseng, negro...) y unas tostadas de pan auténtico con mantequilla o con muy buen aceite y muy buena sal».


     TÍTULO: PENSAR CON EL ESTOMAGO,.


    1. Esta semana, aprovechando que estamos en fiesta, me voy a colgar una medallita. Hace unos meses, en estas Pequeñas infamias, compartí ...
       
      Esta semana, aprovechando que estamos en fiesta, me voy a colgar una medallita. Hace unos meses, en estas Pequeñas infamias, compartí con ustedes una intuición -y nunca mejor dicho que en ese caso- que recientes investigaciones estadounidenses acaban de corroborar. Mi intuición era que, en un mundo en el que todos creemos que existen modos habituales de tomar decisiones, hacer caso a los impulsos del corazón o, por el contrario, a lo que dicta la cabeza, resulta que uno y otra fallan más que una escopeta de feria. En cambio, las decisiones que se toman atendiendo a otra víscera mucho menos glamurosa, y a la que desde luego ningún poeta ha dedicado ni una mísera línea, son más acertadas. Hablo del estómago, las entrañas, que es donde todos situamos la intuición, las decisiones más irracionales. Ahí va un ejemplo. Conoce uno a un hombre o mujer sensacional. Las hormonas se revolucionan, los pulsos laten locos y cada vez que él o ella nos mira nos sube la bilirrubina.
      Acto seguido, siguiendo los dictados del corazón, uno diagnostica que ha encontrado a su media naranja, se abandona al delirio y salga el sol por Antequera. Y lo curioso del caso es que lo hace así varias veces a lo largo de la vida, a pesar de que no hay más que mirar el currículum sentimental de cualquiera para darse cuenta de que todos tenemos un impresentable, un tonto o incluso un canalla elegido gracias a esta víscera que seguimos creyendo infalible. Lo mismo pasa con las decisiones que se toman con la cabeza. «Fulano es el hombre perfecto para mí dice una sensatamente; tiene tantas virtudes, es trabajador, bueno, le gustan los niños y, sobre todo, me adora». Y va una y se embarca en esta tan conveniente relación solo para descubrir que la cabeza se equivoca tanto o más que el cuore. Existe, en cambio, una prueba del nueve para saber si una relación amorosa (o profesional, o de amistad, o una decisión cualquiera) tiene futuro.
      Consiste en preguntárselo a las tripas. Sí, no se rían; no lo digo yo, sino científicos que han estudiado a más de un centenar de parejas a lo largo de varios años. Según ha podido observarse en esta prueba, los sentimientos conscientes y explícitos, los que un sujeto reconoce abiertamente y están dictados bien por lo que piensa (la cabeza) bien por lo que siente (el corazón), suelen estar desencaminados. Lo están porque el Homo sapiens, a diferencia de los animales, que se dejan guiar solo por su instinto, oculta y falsea sus emociones incluso ante sí mismo para que estén más acordes con lo que la sociedad (o los allegados o incluso él mismo) considera aceptables o deseables. Para descubrir cómo funciona este fenómeno, se estudió a 135 parejas desde el principio de su relación hasta cuatro años después. Se las sometió a una batería de pruebas destinadas a averiguar qué pensaban, sentían e intuían y se llegó a la conclusión de que los sentimientos ocultos y primitivos eran los más acertados a la hora de adivinar en qué iba a devenir dicha relación.
      Descubrieron así que tanto hombres como mujeres se engañan, ocultan sus verdaderas emociones a los demás y también a sí mismos. Existen, por el contrario, otros sentimientos que uno tiene, aunque no le gusten, aunque los rechace. Se conocen como sentimientos automáticos, pues están disociados del raciocinio y también de las pulsiones emotivas. Estos sentimientos, los que uno tiene aunque no le convenga tener, son infalibles a la hora de saber si una relación o una decisión de cualquier índole tiene posibilidades de prosperar. Son sensaciones que se producen en la frontera misma de la conciencia y se consideran el resultado de, ni más ni menos, millones de años de evolución, de ensayo-error, de sabiduría inconsciente. Por eso yo hoy, con el permiso de todos ustedes, pienso colgarme la medallita de la que les hablaba al principio, puesto que, sin saber nada de todo esto, escribí hace unos meses un artículo en el que hablaba del asunto. ¿Basándome en qué? En la intuición, naturalmente. Y puesto que, al parecer, acerté, he decidido hacerle más caso a mi estómago a partir de ahora. A ver si meto menos la pata en el 2014.

      TÍTULO: DOMINGO, CINE, COCODRILO DUNDEE,.
      Cocodrilo Dundee
      Reparto
      Paul Hogan, Linda Kozlowski, John Meillon, Mark Blum, Michael Lombard, David Gulpilil, Reginald VelJohnson,.
       
       Michael Dundee es un amigable y rudo cazador de cocodrilos en el salvaje outback australiano que, por su original filosofía de la vida, es considerado como un héroe entre los suyos. Su fama llega a oídos de Sue Charlton, una reportera de Nueva York que decide ir a Australia para visitarle y, una vez allí, le convence para que le acompañe en su viaje de regreso a América.


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