sábado, 4 de enero de 2014

REVISTA MUJER DE CERCA, PORTADA, JESSICA CHASTAIN,./ PROTAGONISTA, EN DIRECTO, VIDAS PRIVADAS , LA NUEVA MONOGAMIA, TU EN TU CASA Y YO EN LA MIA,.

TÍTULO: REVISTA MUJER DE CERCA, PORTADA, JESSICA CHASTAIN,.


  1. La bella actriz pelirroja luce un vestido blanco que le favorece mucho, al estilo de una princesa medieval, con un colgate muy llamativo (Foto ...
     
    Actriz de belleza atípica y talento deslumbrante, ha conquistado definitivamente Hollywood con una interpretación magistral en su próxima película, 'La desaparición de Eleanor Rigby'.
    Hacía tiempo que el cine no veía tal desembarco. Corría 2011 y Jessica Chastain (1977, California), una pelirroja desconocida para el gran público, se paseaba por la alfombra roja de Cannes flanqueada, nada menos, por Brad Pitt y Sean Penn. Presentaba “El árbol de la vida”, el último filme de un director de culto, Terrence Malick. Pero, además, protagonizaba “Take Shelter”, que al final se llevó el “grand prix”.
    Por si fuera poco, también estrenó por entonces “Criadas y señoras”, que le valdría una nominación al Oscar. Normal que en 2012 entrara en la lista de Time de las 100 personas más influyentes del mundo y fuera designada la sonrisa más sexy en la lista de Victoria’s Secret “What’s sexy”. Increíble que volviera a epatar con “La noche más oscura”, un bombazo mundial en el que cazaba a Bin Laden.
    “No tenía nada de experiencia en la alfombra roja y me aterrorizaba aquel momento. Estaba petrificada y no paré de temblar durante todo el recorrido en coche desde el hotel hasta el cine”, recuerda de aquella experiencia en Cannes. Hoy Jessica, gatuna de cuerpo y cara, se pasea con toda seguridad como embajadora de Manifesto, el perfume de Yves Saint Laurent. “Admiro esta firma por su audacia y por la manera en que apoya la individualidad. Crea una mujer moderna, libre, fuerte. ¡Catherine Deneuve en esmoquin! 
    Me identifico mucho con sus valores, porque soy de las mujeres que prefiere destacar su singularidad en vez de disimularla. De todos modos, mi historia de amor con los perfumes de Yves Saint Laurent se remonta mucho más atrás, al colegio. Mi tía solía ponerse Opium, y una vez me regaló un frasquito en el que quedaba un poco. Me sentía tan glamurosa cuando me ponía unas gotas...”. 
    Su perfumada embajada coincide con su primera portada en Vogue, la biblia americana de la moda, y un reportaje que la inmortaliza imitando a musas de Magritte, Matisse o Klimt. Su reino, parecen decir, no es de esta época. “Es cierto: no tengo un look moderno. No soy de esas chicas que entra en una habitación y todo el mundo exclama “guauuuu”. Cuando me mudé a Los Ángeles, me di cuenta de que mi físico no iba a ponerme fácil las cosas. Los directores de casting no sabían muy bien qué hacer conmigo. No soy la típica rubia, bronceada, alta y delgada. Deseaba tanto ser rubia y ponerme morena... Fui una adolescente poco contenta consigo misma”, dice. Por suerte, algo vino en ayuda de este patito feo inesperado: “Sí, la moda me ayudó a aceptarme.
    A los 12 años, inspirada por las revistas, me corté el pelo muy corto y empecé a experimentar con mi look. Me gustaba arriesgar. Casi siempre llevaba unas botas de “cowboy” rojas, y en la escuela se reían, pero yo veía a Jerry Hall en los editoriales de moda (por entonces ella también era pelirroja) y me daba fuerzas. Era tan poderosa”. Después de aquellas botas, ha habido más riesgos. Por ejemplo, cuando, en contra de la opinión de su agente, aceptó el papel de Maya en “La noche más oscura”, que la valdría su segunda nominación al Oscar.
    Y también fue una atrevida sugerencia de Jessica la que dio el empujón a “La desaparición de Eleanor Rigby”, la película que protagoniza junto a James McAvoy, y que se ha llevado de calle a crítica y público en el último Festival de Cine de Toronto. El filme tiene historia: cuando aún era una aspirante a estrella, en el Festival de Miami, Jessica abordó al director de un corto que le había gustado y le propuso trabajar juntos. Él escribió un drama romántico sobre el fin de una pareja, un proyecto que ha estado 10 años en espera. Hasta que en una reunión con Ned Benson (el director), Chastain le sugirió que tuviera en cuenta no solo la perspectiva de él, sino también la de ella. “En la vida, y también en el cine, soy tan feminista... No lo puedo evitar. Las películas siempre suelen mostrarnos el mundo desde una sola perspectiva: la masculina”. 
    Creció en una familia de clase media: su padrastro era bombero y madre, cocinera vegana. Ella asistió a clases de baile desde los nueve años, teatro desde los 15 y, finalmente, interpretación en la prestigiosa escuela Juilliard, de la que se licenció con honores y varios trabajos en cartera. Su conexión con “el artisteo” se remonta a dos generaciones anteriores: su abuela Marilyn. “Ella ha sido la persona que más me ha influido. Siempre soñó con ser actriz, pero en los años 50 no era fácil. Ella me llevó a mi primera obra de teatro y me ayudó a mudarme a Nueva York. Me acompaña siempre que puede en la alfombra roja y parte de mi éxito es suyo”. Es precisamente en la alfombra roja donde la personalidad de Chastain llama más la atención, evoca el misterio y el “allure” de las estrellas del Hollywood clásico. 
    Para preparar sus apariciones públicas, cuenta con una estilista de cabecera, Elizabeth Stewart. “He trabajado con ella durante los últimos años. La primera vez que nos vimos, conectamos. Como yo, ella siente que la moda es algo más que vestirse para estar atractiva Jamás me pongo algo simplemente porque llama la atención. Cuando llevo un vestido, quiero contar la historia que hay detrás. No se trata tanto de mí como de él”, puntualiza. 
    Discreta, humilde, reservada. Así describen los que la conocen a esta mujer en la cresta de la ola. La primera en medio siglo que ha logrado hacerse con los protagonistas de cuatro “blockbusters” consecutivos: “Mamá” (2013), “La noche más oscura” (2012), “Criadas y señoras” (2011) y “La deuda” (2010). “Es cierto. Soy muy tímida y algo torpe”, asegura. De alguna manera, el patito feo sigue dentro de esta mujer triunfadora y bella. “No es que esté a la defensiva, pero sí tiende a protegerse, a no ser un libro abierto”, dice de ella Guillermo del Toro, productor de “Mamá”.
    Al Pacino, quien la dirigió en 2011 en “Salomé”, admite que no sabe gran cosa de ella. “Disfruté mucho de su compañía. Sin embargo, jamás tuvimos una de esas charlas a corazón abierto. No tengo ni idea de hacia dónde va”. Y sus antiguos compañeros en Juilliard aún se asombran de lo centrada que estaba en su trabajo, a esa edad en la que solo se piensa en fiestas. “Prefería echar unas partidas al Scrabble o acudir al cineclub a ver la última de Haneke que irse a bailar”, cuenta Jess Weixler, aún su mejor amiga.
    La chica rara del instituto se está tomando ahora su revancha. “Espero que mi éxito y estos halagos le enseñen algo a los chicos que se reían de mí. Cuando alguien dice que soy atractiva, para mí es una enorme alegría, quizá porque he sido una niña torpe y un poco chicazo. Espero que mi primer novio, que rompió conmigo en San Valentín, esté leyendo los cumplidos que ahora me dedican.

    Desmontando a Jessica 
    * Jamás se separa de Chaplin, su perro adoptado, de solo tres patas. 
    * Su verdadero padre, el músico Monasterio, se desentendió de ella cuando era solo una niña. Murió en 2013.
    * Su hermana Juliet, la única que pudo conocer a su padre y vivir con él, se suicidó en la casa de este en 2003.
    * Sus abuelos por parte de padre, Antonio y Ramona, eran inmigrantes españoles. 
    * Es estricta vegana y experta practicante de yoga. 
    * Admira a los actores Tilda Swinton, Isabelle Huppert, Julianne Moore y Ralph Fiennes.
    * Su película favorita es “El paciente inglés”, y la serie con la que más ha disfrutado, “Los Soprano”.
    * Le gusta tocar el ukelele.
     * Estuvo a punto de interpretar a Diana de Gales en el “biopic” de la princesa, papel que recayó en Naomi Watts.

    Mónica Bellucci y Vincent Cassel, una pareja a distanciaTÍTULO: PROTAGONISTA, EN DIRECTO, VIDAS PRIVADAS,  LA NUEVA MONOGAMIA, TU EN TU CASA Y YO EN LA MIA,.
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      monica bellucci y vincent cassel foto.
      Si la convivencia termina con el amor, la solución parece fácil: vivir separados. Lo malo es que esta fórmula no está hecha para todo el mundo.
       
       
      • Si la convivencia termina con el amor, la solución parece fácil: vivir separados. Lo malo es que esta fórmula no está hecha para todo el mundo.
      No hay por qué negarlo: estar de “rodríguez” es uno de los pequeños placeres de la vida doméstica. Si es tu caso, no significa que no quieras a tu pareja, que no te guste acurrucarte junto a ella en el sofá o compartir los desayunos relajados del fin de semana. Pero, probablemente, puedas pasar unos días sin sus ronquidos y sus pequeñas manías y ella tampoco echará de menos tu catálogo de tics neuróticos, por no hablar de que agradecerá no tener que compartir el cuarto de baño.
      Tener la casa para uno, recuperar el espacio personal perdido y la libertad de hacer lo que quieras cuando quieras puede tener un efecto reparador en la relación. A veces, basta con una sola noche o un fin de semana, pero algunas parejas han adoptado la fórmula como un estilo de vida. Es decir, tú en tu casa y yo en la mía. Es lo que los estadounidenses llaman “living apart together” o, lo que es lo mismo, el juntos, pero no revueltos de toda la vida.
      No es un invento de nuevo cuño, pues siempre ha habido matrimonios que, por motivos de trabajo, vivían separados, pero ahora no es una cuestión de necesidad, sino de elección. Tienen una relación estable, pero quieren preservar su espacio personal y evitar, de paso, contaminar su relación con el veneno de la rutina y los conflictos de la convivencia. Pero aunque cada vez más parejas escogen esta fórmula –una encuesta estima que en Estados Unidos el 7% no viven en la misma casa–, no todo el mundo puede hacerlo.
      Según el sociólogo de la Universidad de Nueva York Eric Klinenberg, autor del libro “Going”, estas uniones son particularmente atractivas para mujeres de mediana edad que han pasado por un divorcio o una ruptura y que, aunque no renuncian a rehacer su vida, prefieren no caer en los errores de relaciones anteriores. Y la solución más sencilla es no vivir bajo el mismo techo. El otro perfil dominante es el de las mujeres jóvenes y profesionales que no están dispuestas a renunciar tan rápido a su independencia o, incluso, a la casa que con tanto esfuerzo compraron. En estos casos, vivir separados puede ser una transición entre la casa paterna y el futuro hogar familiar.
      Pero, como en cualquier otro tipo de relación, este enfoque de la vida también tiene sus pros y sus contras. Empecemos por las buenas noticias. La principal ventaja de esta fórmula es que permite disfrutar de un espacio, tanto físico como mental, propio, en el que cada persona tiene más tiempo para dedicarse a sí misma, a sus amistades o a sus “hobbies”. Además, las tareas domésticas y aburridas quedan excluidas de las horas que comparte la pareja. No hay que limpiar, pasar el aspirador, hacer la compra ni completar la declaración de la renta.
      “EFECTO SACIEDAD”. En cambio, disfrutan juntos de periodos cortos, pero intensos y gratificantes, como los fines de semana o los viajes exprés. Se acabaron los roces provocados por las tareas del hogar y las manías de cada cual dejan de convertirse en un motivo de irritación para el otro. Es lo que los sociólogos David Knox y Caroline Schacht llaman el “efecto de la saciedad” en su libro “Choices in relationships”. Su teoría es que, cuando estamos expuestos durante un largo periodo al mismo estímulo (llamémoslo convivencia), nos volvemos menos sensibles a sus efectos. Es decir, valoramos menos la intimidad, el cariño o la complicidad. “Las personas que disfrutan de la modalidad de relaciones a distancia se intentan asegurar de que no van a saciarse el uno del otro y mantienen la emoción por ver o estar con la otra persona”, explican.
      Hasta aquí, las ventajas. Las inconvenientes empiezan por el bolsillo. Mantener dos casas, pagar dos facturas de la luz y llenar dos neveras requiere un presupuesto que no está al alcance de todas las cuentas corrientes. Pero aparte de los inconvenientes materiales, la falta de intimidad también tiene sus consecuencias: soledad, dificultad para construir una estructura familiar y menor disponibilidad a la hora del sexo. ¿Y las infidelidades? Aunque, a primera vista, tener domicilios independientes pueda facilitar las cosas, también es cierto que los que apuestan por esta fórmula suelen tener relaciones basadas en la confianza, en las que los celos y las desconfianzas acostumbran a estar excluidos de la ecuación.
      ¿TERCERAS PERSONAS? Claro que Frida Kahlo y Diego Rivera, que nunca compartieron techo, tuvieron un matrimonio plagado de terceras personas. Igual que los escritores e intelectuales franceses Simone de Beauvoir y Jean- Paul Sartre, inseparables durante 50 años, pero que jamás se casaron ni convivieron. A Helena Bonham Carter y Tim Burton, que viven en dos adosados contiguos en Londres y tienen dos hijos, les funciona. “Nos vemos tanto como cualquier pareja, pero nuestra relación mejora porque tenemos un espacio al que retirarnos. Nuestra intimidad no es forzada, sino por elección, lo cual es halagador. Si te lo puedes permitir, claro”, apunta la actriz. 
      Hay quien sostiene que estas parejas padecen fobia al compromiso o que vivir separados no es más que un síntoma de desapego. Sin embargo, teniendo en cuenta las altas tasas de divorcio (en España por cada tres matrimonios que se celebran se tramitan dos separaciones), no se puede culpar a nadie por tratar de encontrar una solución a los problemas de pareja, por poco convencional que esta sea. Pero, cuidado, tampoco es la panacea. Según los sociólogos Malcolm Brynin y John Ermish, autores del estudio “Changing relationships”, después de cuatro años viviendo separados, el 45% de estas parejas rompen, el 35% deciden irse a vivir juntos y el 10% casarse. 

      Cómo funciona un matrimonio a distancia 
      Si se trata de vivir juntos, pero no revueltos, como Monica Bellucci y Vincent Cassel, cada pareja establece sus normas. Pero hay reglas a seguir.
      -La casa. Vivir en dos espacios físicos independientes es la clave de este acuerdo. Hay quienes comparten descansillo en el mismo bloque de apartamentos y quienes viven en distintos continentes. Es habitual que ambos tengan llaves de la casa del otro, así como que dejen allí algunos efectos personales. Recuerda que tu casa es solo tuya y en ella únicamente mandas tú. Y, a cambio, en la de tu pareja, ni ordenas ni desordenas.
      -El dinero. En general, estas parejas suelen tener cuentas corrientes independientes. Cada uno se costea la casa, la alimentación y el tiempo libre. Así cada cual gasta o ahorra lo que considera oportuno y es una forma de evitar confl ictos si quieres darte un capricho y no establecer comparaciones odiosas sobre quién aporta más a la economía doméstica.
      -El tiempo. Algunas parejas fi jan los días que pasarán juntos. Otras, prefi eren la espontaneidad y solo se ven cuando tienen ganas. En cualquier caso, es una forma de evitar enfrentamientos si tienes un mal día o, simplemente, necesitas estar solo.




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