viernes, 5 de junio de 2026

Equipo de investigación - El rastro de la ruta de los móviles robados , Viernes - 5 - Junio ,. / La clave - Los últimos judíos de Irán: sobrevivir en la guarida de los ayatolás ,. / La Sexta Columna - ¿Quién es Leire Díez, la “fontanera” del PSOE? ,. - Viernes - 5 - Junio,.

 

TITULO: Equipo de investigación - El rastro de la ruta de los móviles robados  , Viernes - 5 - Junio,.  

Este   Viernes - 5 - Junio a partir de las 22:30 La Sexta, siempre dirigido por Gloria Serra , foto,.

Hoy, Equipo de Investigación sigue el rastro de la ruta de los móviles robados: así viajan desde España a Marruecos en horas,.

Cada día se sustraen miles de teléfonos en España. Muchos terminan fuera de nuestras fronteras en cuestión de horas. El reportaje sigue el recorrido de estos dispositivos desde los ladrones que los sustraen hasta las redes que los compran, almacenan, transportan y revenden.


Hoy, Equipo de Investigación sigue el rastro de la ruta de los móviles robados: así viajan desde España a Marruecos en horas

A una reportera de Equipo de Investigación le desaparece el teléfono en Madrid. Días después, lo localiza a más de mil kilómetros de distancia, en Casablanca. Ese hallazgo pone en marcha una investigación para descubrir qué ocurre con los móviles robados una vez desaparecen.

Los reporteros del programa acceden a operativos policiales, analizan el papel de los receptadores y muestran cómo funciona un mercado clandestino que mueve miles de teléfonos cada año.

El equipo viaja hasta Marruecos para seguir la última señal del teléfono desaparecido y comprobar qué sucede con los dispositivos que cruzan el Estrecho. Allí descubre mercados donde se venden terminales de segunda mano a precios imposibles y donde muchos teléfonos bloqueados en Europa vuelven a funcionar.

La ruta de los móviles robados es un reportaje que destapa el negocio internacional que existe detrás de uno de los delitos más cotidianos y extendidos.

   TITULO: La clave - Los últimos judíos de Irán: sobrevivir en la guarida de los ayatolás,.

Los últimos judíos de Irán: sobrevivir en la guarida de los ayatolás,.

Su presencia en la región se remonta a 2.700 años y muchos de ellos apoyaron la revolución islámica de 1979, pero hoy casi nadie sabe que todavía resisten 20.000 en medio de la guerra,.


Miembros de la comunidad judía iraní, durante una manifestación en Teherán hace dos semanas.
 
foto - Miembros de la comunidad judía iraní, durante una manifestación en Teherán hace dos semanas.

«Hay que borrar a Israel del mapa». Con esta declaración de intenciones llegó al poder Mahmoud Ahmadineyad en agosto de 2005. El nuevo presidente iraní rescataba así la amenaza lanzada por el imán Jomeini un cuarto de siglo antes, cuando triunfó ,.

La República Islámica de Irán vive momentos críticos tras la ofensiva militar de EE UU e Israel. El régimen de los ayatolás lleva semanas siendo el centro de la información global. Hablamos con Javier Gil Guerrero, autor de «La sombra del Ayatolá: una historia de la República Islámica de Irán» (Ciudadela Libros), donde ofrece un análisis político e histórico de Irán desde la Revolución Islámica de 1979 hasta hoy.

¿Cómo era el Irán de la monarquía Pahlaví?

Era un Irán completamente distinto al que existe hoy y al que viene existiendo desde el triunfo de la República Islámica. A nivel internacional, era un país aliado de EE UU. Tenía una relación de amistad también con Israel y era un aliado del mundo occidental frente a la Unión Soviética y a los países comunistas en la Guerra Fría. Irán fue, prácticamente, creo, el único país en Oriente Medio que no se sumó al boicot petrolero de 1973 después de la guerra de Yom Kippur, y que siguió exportando petróleo a Europa, EE UU, Japón y a las demás potencias. Era un socio fiable y un país respetado, integrado en la comunidad internacional, con el que había grandes expectativas sobre su futuro y su potencial económico.

A nivel doméstico, el Irán de la monarquía Pahlaví, el Irán del sha, era un Irán que se estaba modernizando a marchas forzadas, un Irán autocrático, donde había un parlamento y un primer ministro, pero donde el poder real estaba en manos del sha, que tomaba todas las decisiones relevantes, especialmente en las concernientes a la política exterior y de defensa. Por lo tanto, no había una libertad política. Los grupos marxistas, la disidencia islamista, comunista, eran perseguidos y las libertades políticas estaban restringidas. A nivel social gozaba de una mayor libertad. Las mujeres se estaban emancipando, era un Irán abierto al mundo, cosmopolita. Es verdad que esto solo calaba principalmente entre la pequeña burguesía que había en las grandes ciudades, pero poco a poco se iba extendiendo al resto de capas de la sociedad. Contaba con un entretenimiento, cultura, de consumo de alcohol, de cines, de libros. Después de la muerte del sha, la libertad política fue incluso a menos y la libertad social también quedó profundamente mermada después de la Revolución Islámica.

Cuenta usted en el libro que el 99% de la población iraní votó a favor de la República Islámica, pero matiza que votaron a ciegas ¿Qué esperaba la sociedad iraní de la República Islámica?

Jomeini lanzó un mensaje muy sencillo en la Revolución Islámica de Irán; dijo que el Islam era la solución a la profunda crisis económica que, unida a la represión política que había, hizo que mucha gente le diera la espalda al sha. Todos los problemas que había de torturas, de presos políticos, de corrupción asociada a la familia Pahlavi, de inflación galopante, de desempleo creciente, unidos a la imagen de que el sha era una marioneta de EE UU, de que Irán era un Estado clientelar de Occidente, de que no era un país realmente soberano e independiente, los aunó Jomeini y dijo que con el Islam se iba a solucionar todo el malestar social, toda esa crisis política, y que con el Islam se iba a recuperar la soberanía y la dignidad nacional.

Cuando triunfa la revolución, inmediatamente a la gente se le hace votar para elegir entre la continuidad de la monarquía o una República Islámica. Pero la gente votó a ciegas porque no se le había dicho qué significaba una República Islámica y qué entramado institucional, qué contenido iba a tener. Ya en aquel momento hubo las primeras tensiones. Porque no hay que olvidar que la Revolución islámica de Irán, aunque está liderada por Jomeini, la hacen posible una multitud de grupos opositores. Y entre ellos, organizaciones terroristas, también el Partido Comunista Tudeh, otros movimientos políticos de carácter más socialdemócrata, más liberal, y los clérigos, los islamistas. Había un gran espectro de sensibilidades y de ideologías políticas, y el punto que les unía era el rechazo a la monarquía. Durante unos meses aceptaron ponerse bajo el liderazgo de Jomeini para lograr derrocarla. Pero una vez que cae la monarquía, se abre esta caja de Pandora y comienza una pugna muy importante entre quienes habían sido estrechos colaboradores de Jomeini durante los últimos meses de su exilio, como Bazargan o Bani Sadr, que aceptaban la idea de una República Islámica de Jomeini, pero que ponían el acento en la palabra "República" y no tanto "Islámica", y Jomeini, que ponía el acento claramente en la palabra "Islámica".

Comienza una pugna muy importante sobre quién va a ostentar realmente el poder, si esta facción cercana a Jomeini que considera que la ley de la sharia debe imponerse, pero que el poder real debe estar en manos del Parlamento y el presidente de las instituciones elegidas por la gente, o Jomeini y los islamistas que se empeñan en que el poder no va a estar realmente en manos del Parlamento y del presidente, sino en la figura del líder supremo, en la del propio Jomeini, y en la figura de otros organismos que no son elegidos directamente por la gente, y que están copados principalmente por clérigos. Esa es la disputa que Irán viene arrastrando desde entonces, 1979 hasta hoy. El debate político en Irán no ha cambiado mucho desde entonces. Es el debate entre quienes se consideran reformistas dentro de la República Islámica y que quieren poner más el acento en las instituciones elegidas democráticamente, y quienes insisten en concentrar el poder en las instituciones no elegidas democráticamente, como esa institución del líder supremo, la Guardia Revolucionaria, el Consejo de los Guardianes y tantas otras.

Esto es lo que forma lo que usted llama un sistema híbrido único en el mundo. Ya el propio nombre une dos palabras que reflejan muy bien esa realidad, la palabra "República" con "Islámica".

Sí, porque ellos organizan una revolución que es contra la monarquía. Jomeini y los revolucionarios dicen que el sha es un tirano, un déspota, un monarca absoluto, y que esa concentración de poder en manos de un solo hombre es algo blasfemo que va contra el Islam, y parte del mensaje de la revolución islámica es la idea de libertad, de recuperar la libertad de los iraníes. Pero claro, eso hay que conjugarlo luego con estas ambiciones de crear un Estado y la República Islámica que conocemos es un poco el resultado de estas dos tensiones, de estas dos aspiraciones.

¿Cómo era la visión del islam de Jomeini y cómo se ha desvirtuado con el paso de los años?

Bueno, la visión que tenía del islam Jomeini era bastante distinta a la de sus correligionarios, a la de sus clérigos. Jomeini tenía una visión muy activista del islam. Hasta entonces, en el chiismo había predominado una rama que se llamaba quietista, que abogaba por una influencia de una forma más indirecta en temas políticos y de gobierno, en la que los clérigos se ocupan principalmente de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, se ocupan de predicar al pueblo y de mantener la fe entre los ciudadanos, se preocupan de mantener estos rituales, este sistema de iniciación a los imanes, y de dar formación en el mundo espiritual. Jomeini lo que propone es que los clérigos se hagan con el control del gobierno y que los clérigos se hagan responsables tanto de la espiritualidad de la nación como de la vida política y de la vida pública de la nación.

Y esta visión de Jomeini encuentra cierta resistencia entre otros clérigos. Jomeini también lo que hace es sumarse a las ideas de algunos pensadores como Alí Shariati, que habían desarrollado una nueva visión del chiismo, que era convertirlo en una teología de la liberación islámica: un islam militante, activista, impregnado de toda esta retórica de los años 60 y 70, de la Guerra Fría, de ambientes de izquierda, de lucha contra el imperialismo, el colonialismo, la explotación y la tiranía, de emancipación y de liberación de los pueblos y de las clases oprimidas frente a los opresores. Entonces hay una reinterpretación política del chiismo El problema es que, una vez que los clérigos toman el poder con Jomeini y se impone esta versión oficial del chiismo, la suerte de la religión y la política queda unida en Irán. Y el desencanto político también ha llevado a un desencanto religioso entre la población. Así como en la época de la Revolución Islámica hubo un auge tremendo de la religiosidad, lo que hemos visto en las últimas décadas es que esta religiosidad se ha desplomado. Y lo ha hecho motivada por este desencanto político, por el hecho de que ahora los clérigos tienen el poder y desde un pedestal predican a la población y la reprimen. Eso ha llevado a que, en muchos casos, el rechazo a la represión de la República Islámica se haya transformado también en un rechazo hacia los clérigos en general o hacia el chiismo en particular.

¿Es posible saber a día de hoy qué porcentaje de la sociedad iraní está en contra del régimen?

Bueno, la respuesta sencilla es que no es posible saberlo con una mínima exactitud, porque en Irán evidentemente no hay encuestas libres y no es posible contar con una muestra de la población fiable. Tenemos algunas herramientas que nos pueden dar pistas, como la participación en las elecciones. Ahí sí que podemos ver indicios de que este desencanto se ha extendido entre la población, porque en los últimos años el desplome en la participación electoral ha sido notable. En algunas elecciones ha bajado del 50%, y estos son datos inéditos en la historia de la República Islámica. Esto también muestra que mucha gente ya no cree en este proceso electoral dentro del sistema.

Hay algunos profesores, como Sadegh Zibakalam o Ali Ansari, que en algunos artículos, refiriéndose a encuestas e informes realizados por distintas fundaciones, señalan que en Irán ahora mismo hay en torno a un 20% de la población muy movilizada, muy ideologizada, que sigue creyendo en la República Islámica y en el ideario de la revolución. Y luego hay aproximadamente un 80% que, en mayor o menor medida, o bien está desencantado con la República Islámica o bien la rechaza y se opone abiertamente a ella. Aun así, existe ese núcleo reducido de población muy creyente y firmemente partidaria.

¿Por qué crees que Estados Unidos ha decidido ahora que es el momento de actuar?

Bueno, yo creo que Irán siempre ha sido un problema al que han tenido que enfrentarse todos los presidentes estadounidenses, desde Jimmy Carter hasta Donald Trump. Si miramos la política exterior de Estados Unidos y las diferentes presidencias -Carter, Reagan, Bush padre, Clinton, Bush hijo, Obama, Trump, Biden-, todos han tenido que lidiar con el problema de la República Islámica. Y en todos los casos ha imperado un cierto recelo, un cierto miedo a confrontarla de forma directa, por el temor a las consecuencias de tal acción. Lo que hemos visto es una confrontación limitada por parte de Estados Unidos o una confrontación indirecta, especialmente a través de sanciones económicas. Estas empezaron con Bush hijo, Obama las consolidó completamente y luego Trump las redobló con su política de máxima presión.

Ese ha sido el instrumento favorito de Estados Unidos a la hora de castigar a la República Islámica: las sanciones económicas y diplomáticas. En cuanto a Trump, pesa el hecho de que hizo unas declaraciones en enero en las que animó a los iraníes a seguir protestando y manifestándose, y dijo que la ayuda estaba en camino. Creo que, más que buscar el fin de la represión en Irán, le importa no quedar mal después de haber dicho públicamente esa frase. Es una cuestión de mantener la credibilidad de sus palabras. No es que la represión en Irán no importe, pero no ha sido un tema que los presidentes estadounidenses hayan considerado vital para los intereses de Estados Unidos. Lo que se ha buscado más bien ha sido una política de contención: contener a Irán, meter a la República Islámica en una caja y que haga el menor daño posible. Esa ha sido, en esencia, la política predominante desde 1979 hasta hoy.

La política de contención de Irán consiste en cómo mantenerlo a raya y lograr que cause el menor daño posible a los intereses de Estados Unidos y de sus aliados en Oriente Medio y en el resto del mundo. Es una política principalmente reactiva, similar a la que se aplicó hacia la Unión Soviética durante la Guerra Fría: una política orientada a contener el expansionismo soviético, a frenar su amenaza y a mantenerla dentro de unos parámetros aceptables para Estados Unidos. Y Trump, con esta ofensiva militar, básicamente lo que ha hecho es señalar, de forma implícita, que ya no apuesta por una política de contención, sino por una política de confrontación directa de este problema.

Otro de los motivos que se ha señalado es el peligro del programa nuclear. ¿Existe o ha existido un riesgo real por parte de Irán y sería posible acabar con este programa sin acabar con el régimen?

No olvidemos que la crisis por el programa nuclear empezó en 2002, cuando un movimiento opositor iraní publicó información sobre la existencia de instalaciones nucleares secretas en Irán. La primera cuestión es: ¿por qué Irán ha llevado durante años a cabo un programa nuclear secreto y ha tratado de engañar a la comunidad internacional? Este encubrimiento genera sospechas, a lo que se suma que Irán ha estado enriqueciendo uranio a un porcentaje mucho mayor del que necesita para un programa nuclear civil. Desde el principio, el punto de disputa entre Estados Unidos e Irán ha sido la necesidad de una supervisión plena del programa.

En Estados Unidos, desde la Administración de George W. Bush, se ha sostenido que, debido al pasado de Irán como país que ha apoyado el terrorismo y a su retórica política —"muerte a América", "muerte a Israel", el mesianismo o el martirio—, no se podía confiar en que tuviera la capacidad de enriquecer uranio. Aunque Irán tenía derecho a desarrollar un programa nuclear civil y pacífico, Estados Unidos e Israel consideraban intolerable que dispusiera de esa capacidad. El punto de contención ha sido que Estados Unidos e Israel han exigido durante décadas que Irán pueda tener un programa nuclear civil y pacífico, pero con uranio enriquecido en terceros países. Irán, por su parte, ha convertido la posibilidad de enriquecer uranio dentro de su territorio en un asunto de orgullo nacional. En la actualidad, sigue existiendo la cuestión de los aproximadamente 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60%. Ese material es especialmente sensible, ya que con él sí se podrían fabricar armas nucleares. Además, hay otro factor clave: Irán lleva décadas desarrollando este programa y cuenta con un conocimiento acumulado que le permitiría reconstruirlo. De ahí que, desde el punto de vista de Israel y de Benjamin Netanyahu, un cambio de régimen se considere la única solución definitiva.

Destacas el poder de recomposición del régimen a lo largo de su historia. ¿Está ahora mismo en su momento más vulnerable?

Claramente sí. La cuestión es si la República Islámica sobrevivirá. Por las declaraciones de Trump y de Netanyahu, ya no parece que Estados Unidos o Israel piensen que puedan conseguir un cambio de régimen con esta ofensiva militar. Pero también es cierto que, después de una guerra de esta intensidad y de más de una década de sanciones económicas devastadoras para la sociedad y la economía de Irán, la República Islámica que sobreviva será distinta a la que existía antes. Está por ver si será más militarizada, más nacionalista y más represora, o si, por el contrario, se abrirá una ventana de oportunidad para una cierta reforma y apertura dentro del régimen.

Esa es la incógnita. Y también, de fondo, está la posibilidad de un cambio de régimen. No hay que olvidar que ahora mismo estamos centrados en la guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos, pero hace dos meses hubo un episodio de contestación social inédito desde los años de la Revolución Islámica de 1978-1979. Nunca antes tanta gente había salido a las calles para exigir un cambio de régimen de forma tan masiva y extendida por todo el país. Y nunca antes había habido un episodio de represión tan masiva y violenta como el que se produjo en enero, del que no hay cifras exactas, pero que algunos sitúan entre 6.000 y 20.000 personas asesinadas en las calles.

Si la República Islámica no cambia de rumbo o no logra algún tipo de entendimiento con Estados Unidos, estas protestas volverán a producirse. La población seguirá profundamente frustrada por la falta de libertades y la mala situación económica, lo que tarde o temprano volverá a empujar a los iraníes a salir a las calles.Y, aunque el régimen se ha mostrado capaz de reprimir violentamente estos episodios de contestación social, se trata de una situación insostenible: vivir en un país en el que cada cierto tiempo la sociedad se moviliza masivamente para exigir un cambio de régimen no es sostenible a largo plazo. Por tanto, también es una situación insostenible para la República Islámica si no da un giro en un sentido u otro.

 

TITULO:   La Sexta Columna - ¿Quién es Leire Díez, la “fontanera” del PSOE?  , Viernes -  5 - Junio  ,.   

 Este viernes - 5 - Junio  a partir de las 21:30 La Sexta, foto,.

¿Quién es Leire Díez, la “fontanera” del PSOE?

 La advertencia de un vecino de las Tres Mil Viviendas a una reportera de  @eqinvestigacion cuando pregunta por los Caracoleños 📺 Puedes volver a ver  el programa completo en #atresplayer #EquipoTresMil #TresMilViviendas #

Audios filtrados. Maniobras para obtener información comprometedora. Y muy poca pericia. ¿Actuaba por su cuenta o a las órdenes de alguien? LaSexta Columna aborda el caso Leire, que amenaza con convertirse en una de las mayores tormentas políticas de la legislatura.

Una supuesta trama para recabar material sensible para utilizar contra los mandos de la Guardia Civil, fiscales y jueces que investigaban las acusaciones de corrupción en el partido socialista y el entorno familiar del presidente del Gobierno.

¿Qué buscaba la UCO en Ferraz? Con periodistas especializados en información de tribunales y declaraciones en sede judicial, laSexta Columna indaga en la investigación del juez Pedraz, que trata de esclarecer la presunta conexión con Santos Cerdán y las presuntas irregularidades en contratos de la SEPI.

¿Hasta dónde llega el atasco en las cañerías de Ferraz? Empresarios, abogados, agentes de la guardia civil... y una militante casi desconocida husmeando en el centro de todo. Los posibles delitos son gravísimos: falsedad documental, cohecho, revelación de secretos... y una posible organización criminal. Leire Díez lo califica como “periodismo de investigación”.

¿Quién financiaba sus actividades?,.

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