viernes, 21 de febrero de 2014

EL DESAYUNO DEL VIERNES, Mi jefe y los archivos./ LA CENA DEL VIERNES, BERTO ES INIMITABLE,.

TÍTULO:  DESAYUNO DEL VIERNES, Mi jefe y los archivos.

¡Oh, por lo más sagrado! No puedo dejar de contarles lo que me sucedió esta semana con mi jefe. Después de cuatro días desde que tuve relaciones sexuales con él, bueno relaciones sexuales suena muy conservador, lo que tuve con mi jefe fue la mejor de las folladas de mi historia, aparentemente él lo llevaba muy bien, en ningún momento demostró siquiera recordar lo que sucedió esa noche. Yo, sin embargo, cada vez me siento más deseosa de él... no puedo dejar de recordarlo, de vivirlo, de saborearlo, de olerlo... ha quedado impregnado en mí.
A primera hora como todos los viernes discutíamos los informes semanales, y lo que en otras ocasiones era una mujer segura y decidida, hoy era un completo desastre, al menos internamente, con todo el coraje que pude defendí mis casos, todos los expedientes que le presenté fueron bien expuestos y aceptados, aunque mis manos estaban frías y el corazón a punto de salirse por mi boca, pude salir airosa de la reunión, cada vez que miraba sus ojos me invadía los recuerdos de nuestros cuerpos unidos, gozando uno del otro...
Maldita sensación asfixiante de tenerlo completamente enterrado entre mis piernas, es imposible controlarme, el recuerdo me hace ruborizar de tanto placer, continuamente siento como un calor comienza a acumularse entre mis pliegues femeninos haciendo que pierda cualquier concentración. Esto no puede ser otra que la exquisita calidez de la lujuria...
A media tarde recibo una llamada a mi extensión, y al escuchar su voz todo mi ser se estremeció, todo mi cuerpo tembló con esa voz ronca y erótica, mi traicionero cerebro me llevó a ese reservado cuando gemía debajo de mí por puro éxtasis, cuando hizo esos sonidos incomprensibles cuando tuve aquella explosión previo al orgasmo... Me he informado al respecto, y si, he eyaculado, la verdad que pensaba que eso sólo se veía en las películas porno.
-Disculpe, ¿puede repetir?. Le dije, no atendí absolutamente a nada de lo que me dijo.
-García, está un poco distraída estos días. Me amonestó. Necesito que localice en los archivos el contrato que se hizo en el año 1.986 con A.S.L. &M. Pídale las llaves a seguridad.
-¿De 1986? Pregunté llena de confusión.
-¿Quiere que le vuelva a repetir, García? El tono que usó fue digamos... juguetón.
-Claro que no, señor. Ahora mismo bajo al sótano. Sin más él cortó la comunicación.
Oscuro y frío estaba el lugar, mis pasos llenaban el espacio haciendo eco. Recorrí las estanterías hasta llegar al año indicado. Al ver que había varias cajas decidí hacerme una coleta alta en el cabello y remangar mi camisa. Me puse manos a la obra. Media hora después entre cajas repletas de carpetas y papeles amarillentos la misma voz del teléfono sonó a pocos pasos detrás de mí, me sobresaltó, preguntó si había conseguido ya el documento. La reacción que tuve fue imposible de controlar o al menos de ocultar. Mi boca se secó en el acto, mi corazón se desbocó, mi sexo comenzó con un latido constante, exigiendo, gritando a muda voz que fuera atendido nuevamente. Involuntariamente mi mano fue a parar justamente sobre mi sexo. Pienso que fue un acto reflejo, les aseguro que nunca lo haría conscientemente .
-No exactamente. Le contesté con el poco aliento que pude retener. He localizado varias enmiendas al contrato de 1.979, aún me queda por revisar estos que están aquí. Señalé una caja llena de carpetas.
Sin decir una palabra más, se acercó y se apoderó de mis labios con un salvaje beso. Sus brazos me rodearon y sus manos comenzaron a danzar por la redondez de mis nalgas, directo, sin ningún matiz de romanticismo o delicadeza, la verdad que me encantó, pude sentir como mis pezones se irguieron en el acto, la sensación asfixiante de tenerlo dentro de mi vagina se incrementó. Exquisito placer recorrió todo mi cuerpo...
-Oh, Gabriela... te deseo tanto. Susurró sobre mis labios.
¿Qué podía decir? ¿Que no he parado de necesitarlo estos días? ¿Que mi cuerpo no ha dejado de estar en una excitación continua desde que despierto hasta que vuelvo a despertar? Igual no me dejó hablar, invadió con su lengua mi boca, decidí responder con el beso lo desesperada que he estado...
Con manos ágiles deshizo el cinturón, abrió y bajó mi pantalón. Sin dejar mis labios sus dedos fueron hasta donde tanto los necesitaba, absorbiendo mis jadeos con sus besos, torturó hasta hacerme gozar en un tan ansioso orgasmo... luego, aturdida por el placer se apoderó de mi coleta y me obligó a arrodillarme frente a él, y con su mirada ahora oscurecida de deseo fijamente en mí, ordenó sin usar una palabra lo que debía hacer. Mis manos ansiosas abrieron la cremallera de su pantalón y con gran satisfacción saqué lo que tanto he deseado estos días. Acaricié toda la longitud con mis dedos, le miré nuevamente y con la punta de la lengua comencé a saborearlo... ¡qué placer volver a sentirlo! Él, mi jefe, no soltaba mi cabello, llevaba el ritmo que imponía, sus fuertes manos controlaban tanto la profundidad como la velocidad de su erección dentro de mi boca. Su respiración era fuerte, sabía perfectamente que disfrutaba al igual que yo de lo que le estaba haciendo.
Sin mediar palabras me levantó y me hizo darle la espalda, inclinándome hasta apoyarme sobre la mesa que soportaba la pila de documentos que estaba examinando, y estando entre su abrazo sus manos volvieron hasta mi sexo atormentado y con esa voz tan varonil dijo detrás de mi oído con dientes apretados lo húmeda que estaba y lo mucho que le agradaba, sus dedos hicieron el recorrido por entre los muslos siguiendo el hilo transparente que fluía a causa del deseo y bajaba descaradamente por entre mis piernas, el sentir su contacto me hizo enloquecer... Te volverás a correr como antes, afirmó e inmediatamente su grueso pene entró entre mis pliegues. Ahogué un grito de pacer y asombro por la prontitud y fuerza de la penetración...

Silvia Abril: ''Berto es inimitable''TÍTULO:  LA CENA DEL VIERNES, BERTO ES INIMITABLE,.


  1. Luego se la contagió a Berto Romero, que el lunes no pudo estar 'En el aire', ... Ahora me he dado cuenta de lo inimitable que es Berto.
     
    Seguro que más de una vez se han preguntado qué ocurre cuando un presentador de televisión enferma. ¿Y si sucede por partida doble? Le pasó a Andreu Buenafuente, que estuvo varios días en casa con gripe. Luego se la contagió a Berto Romero, que el lunes no pudo estar 'En el aire', el show nocturno que ambos conducen en 'LaSexta'. Andreu llamó a su mujer, Silvia Abril (Mataró, Barcelona, 1971). No es nueva en la tarea: fue 'la niña de Shrek' en uno de los programas de Buenafuente y ahora es 'Berto Tomillo'.
    - ¿Qué está pasando en 'En el aire' con tanta gripe?
      Hay una pandemia. Pero no solo en el programa, en Cataluña estamos infectados por la gripe. No quiero pensar mal, que se deba a una estrategia.
    - ¿Cómo ha sido la experiencia de ponerse en el papel de Berto?
    - Una experiencia muy chula, de mucha responsabilidad y presión. Cuando sustituí a Berto venía de una larga jornada laboral porque estaba ensayando para teatro y me tuve que meter en la piel de Berto Tomillo a la carrera.
    - Improvisar.
    - Casi. Ahora me he dado cuenta de lo inimitable que es Berto.
    - ¿Le gustó a él la imitación?
    - Me escribió lo siguiente: «Jaja, cómo me río con Berto Tomillo, ¡menudas tetas!».
    - ¿Le gustó volver al late night?
    - Siempre me siento muy a gusto, tengo mono de programa. Me encantaría volver a estar allí cada noche haciendo el imbécil.
    - Su relación con Andreu es parte del guión del programa.
    - Bueno, todavía no. Apenas han hecho tres bromas a cuenta de la vez que lo sonrojé en directo hablando de mi embarazo. Es un arma nueva, un nuevo recurso para los guionistas, ¡pero siempre muy controladito, ojo! El otro día me decían: «Os quedan cuatro programas para que salgan las niñas». Pero eso no va a pasar nunca. Es para echar unas risas.
    - ¿En casa se lo pasan tan bien?
    - Llevamos una relación más normal de lo que la gente se piensa, evidentemente nos reímos, pero somos muy normalitos.
    - Empezó estudiando Derecho,
    - No tenía claro a qué me quería dedicar y mis amigas se apuntaron a Derecho. Me fui de cabeza.
    - ¿Qué abogada hubiera sido?
    - Una cachonda y gamberra.

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