domingo, 12 de enero de 2014

FUTBOL LIGA TERCERA GRUPO 14 ,.Castuera-3- Fuente de Cantos -2-./ COCINA DE DOMINGO,.Crema de calabaza con tocineta,./ HISTORIA, GONZALO GUERRA,.

  1. TÍTULO; FUTBOL LIGA TERCERA GRUPO 14 ,.Castuera-3-  Fuente de Cantos -2-.
     
    Castuera y   Fuente de Cantos Duelo directo por la permanencia entre los dos equipos que marcan la salvación,.
     

    Castuera y Fuente de Cantos se enfrentan en un emocionante duelo directo por la permanencia.
    Ambos equipos marcan la salvación empatados a 20 puntos. Pero hay otros factores de similitud. Los dos han logrado prácticamente idénticos puntos dentro y fuera de casa y tienen casi los mismos goles a favor y en contra. Lo que es desigual es la trayectoria. Mientras los fuentecanteños parecen haber encontrado cierto ritmo al término de la primera vuelta, el equipo turronero sufrió un severo correctivo el pasado domingo en Jerez en el inicio de la segunda.
    Se da la circunstancia que el último compromiso del Fuente de Cantos también fue ante el conjunto templario, ya que la semana anterior le tocó descansar. José Ramón Cabezas recupera a cinco jugadores que no pudieron viajar a Jerez: Pitu, Alonso, Carlos Toy, Samir y Rafa Cano. En cambio, pierde a Aranda, expulsado, y Miky aún no está recuperado. Emilio, ex del Recre B, La Estrella y Monesterio, está a prueba.


    1. Ingredientes: 500 g de calabaza (preferiblemente de la variedad potimarron, oriunda de la isla de Hokkaïdo, al norte de Japón, que destaca ...
       
      La cocina fácil...de Martín Berasategui

      Crema de calabaza con tocineta

      El mejor reconstituyente contra el frío.
      Ingredientes: 500 g de calabaza (preferiblemente de la variedad potimarron, oriunda de la isla de Hokkaïdo, al norte de Japón, que destaca por la suavidad de su textura, su exquisito sabor y su buqué a castaña), 250 g de cebolla, 100 g de tocineta cortada en lardones finos, 20 g de almendra tostada, 5 g de azúcar, 1 g de azafrán, 45 g de aceite de oliva virgen extra, 20 g de coco rallado, 1 l de caldo, 35 g de mantequilla y una pizca de sal.
      Elaboración: se pela la calabaza y se corta en dados de unos tres centímetros de lado aproximadamente. Se corta la cebolla en juliana. En una cazuela se ponen 15 g de aceite de oliva y se deja sudar la cebolla unos segundos. A continuación se agregan los pedazos de calabaza, el azúcar, el coco rallado y se deja que el conjunto siga sudando 20 minutos más a fuego lento, sin que coja color. Se añaden el caldo y el azafrán molido y se lleva a ebullición. Se deja cocer hasta que la calabaza esté tierna, lo que sucederá en unos diez minutos aproximadamente. Se retira la cazuela del fuego, se bate bien el contenido con la túrmix y se pasa por un colador o por un chino para obtener una crema fina. Se vuelve a calentar la crema y, fuera del fuego, se liga con 30 g de aceite y 35 g de mantequilla.
      Acabado y presentación: antes de sacar la crema a la mesa, se agregan a la cazuela los lardones de tocineta crudos y las almendras tostadas. Es importante que la crema esté bien caliente para que los lardones de tocineta se atemperen antes de comerlos. Si esa guarnición no nos gusta y preferimos otra, la crema puede servirse acompañada por unas rodajas de morcilla de verdura cocidas, un chantillí de agua de ostras y cebollino con trozos de ostras o unos tacos de foie gras mi-cuit de pato. Son solo algunas de las muchas posibilidades que ofrece esta crema.
      Mis trucos
      Para cocinar esta crema, la calabaza de la variedad potimarron es perfecta: tiene poca agua; la piel es muy gruesa; su carne, muy aromática y delicada, con una textura suave; y su sabor es dulzón y muy agradable.

      TÍTULO: HISTORIA, GONZALO GUERRA,.

      1. La batalla había acabado. Los hombres del adelantado Pedro del Alvarado avanzaron sin atreverse a bajar sus armas. La selva estaba ...
         
        Historia

        Gonzalo Guerrero. El conquistador que se hizo indio

        Fue capturado y esclavizado por los mayas. Pero cuando siete años después Hernán Cortés quiso liberarlo, Gonzalo Guerrero ya se había convertido en un indígena más. Su extraordinaria peripecia no pasó a los grandes libros de historia porque se lo tachó de traidor, pero una película recupera ahora a uno de los personajes más apasionantes que dejó la conquista de América.


        La batalla había acabado. Los hombres del adelantado Pedro del Alvarado avanzaron sin atreverse a bajar sus armas. La selva estaba sumida en un silencio sobrecogedor. Olía a humedad, a pólvora y a sangre. Los cadáveres mutilados salpicaban el suelo. Soldados blindados con corazas herrumbrosas, espadas y arcabuces yacían junto a guerreros mayas de piel morena, pinturas bélicas y armas menos sofisticadas pero igualmente efectivas. La batalla había sido atroz y los españoles supervivientes se reagrupaban junto al cadáver de uno de los vencidos. Por su aspecto, aquel hombre debía ocupar uno de los más altos rangos en el ejército maya. Pero algo desconcertaba a los españoles. Aquel maya caído, a pesar de presentar nariz y orejas perforadas, pese a sus pinturas y tatuajes de guerra, mostraba una poblada barba.

        Aquel guerrero caído no era maya. Solo podía tratarse de una leyenda viva, del español que se había hecho maya, del andaluz que había renegado de su país, había formado una familia con los enemigos de España y luchaba contra la que había sido su patria. Ese hombre caído por un ballestazo y rematado por un disparo de arcabuz no podía ser otro que Gonzalo Guerrero. Corría el año 1512 cuando un bote arribó a las playas de la península de Yucatán con diez personas a bordo. Aquella costa aún no se conocía en Europa y los recién llegados, víctimas de un naufragio, saltaron a la playa en un estado cercano al agotamiento y la inanición. Para su sorpresa, aquella tierra desconocida estaba poblada. Un grupo de guerreros mayas les salió al paso. El encuentro derivó en una breve lucha en la que el capitán Valdivia, al mando del navío hundido, perdió la vida junto con algunos de los náufragos. Los mayas capturaron al resto y los esclavizaron. De aquel cautiverio de años solo sobrevivirían Gerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero. La dureza de los trabajos y las enfermedades tropicales acabaron con el resto.
        Entre los dos supervivientes había una diferencia fundamental que iba a marcar el destino de cada uno de ellos. Aguilar siempre estuvo suspirando por volver a España. Los mayas le parecían salvajes y era impermeable a su cultura. Gonzalo Guerrero, por el contrario, fue capaz de abrirse a una nueva civilización, a una gente diferente, a un pueblo que, aunque distinto, tenía grandes valores. Cuando Hernán Cortés recaló, siete años después, en la isla de Cozumel, frente a las costas mayas, se enteró de que había dos españoles prisioneros de los indígenas. Cortés mandó a buscarlos ofreciendo un rescate por ellos. Solo Aguilar acudió a su llamada. Guerrero se había adaptado a su nuevo mundo, se había hecho valer y había conseguido la libertad. Y no solo era ya un hombre libre. Enamorado de la hija de un jefe maya, Guerrero se había casado y había tenido hijos; los primeros mestizos entre dos mundos. Cortés recibió su negativa como una intolerable traición.
        A partir de ese momento Gonzalo Guerrero fue considerado un traidor, un hereje y un apátrida. Cuando posteriormente los españoles intentaron conquistar la tierra de los mayas, Guerrero instruyó a estos en las técnicas de batalla necesarias para contrarrestar los ataques españoles. Por primera vez, los conquistadores se enfrentaban a gentes que no temían a los caballos, que hacían empalizadas y fuertes en los lugares de paso, que no temían el sonido de los disparos y que habían adaptado sus armas para las nuevas situaciones de guerra. Los cronistas de la época, que escribieron mucho después sobre el enigmático personaje, siguieron los intereses y las indicaciones de quienes los pagaban. Y para algunos la figura del Guerrero traidor les venía como anillo al dedo. «La presencia de un personaje como Guerrero pudo contribuir muy bien a explicar el gran fracaso de Francisco de Montejo en la conquista de Yucatán» explica Salvador Campos Jara, el mayor experto en Gonzalo Guerrero.
        Gonzalo aparecía ahí como alguien que había explicado a los mayas que los españoles no eran seres inmortales, que las técnicas de guerra, el fuego, la pólvora... no eran el trueno en poder del Dios. De repente ese personaje podía justificar la nueva situación bélica de la conquista, y la gran ruina que tuvo Montejo en aquellas guerras». Mientras en México se lo considera el padre del mestizaje, aquí Gonzalo Guerrero es casi un desconocido. ¿Por qué? «Primero -explica Campos-, porque está casado con una indígena con la que tiene hijos... y aquello era un pecado imperdonable, expresamente prohibido por las Ordenanzas Reales; segundo, porque tiene perforadas las orejas y la nariz, sajada la lengua y el cuerpo tatuado, lo cual indicaba un abandono del camino de la fe; y tercero, por traidor: se había involucrado en la resistencia de los indígenas. Naturalmente quien ponía un interés particular, el amor, a un interés colectivo, la guerra, era inmediatamente demonizado y convertido en traidor, hereje y apátrida». De ahí el castigo y el injusto olvido.
        Otra visión de la Conquista
        Gonzalo Guerrero no fue el único de los españoles que al llegar a América cambiaron su opinión sobre cómo debía tratarse a los nativos del Nuevo Mundo. Estos son otros tres personajes que dejaron su propia huella.
        Fray Bartolomé, el amigo de los indios
        El Apóstol de los Indios (Sevilla, 1474) llegó a América en 1502, y en 1512 fue el primer español en ordenarse allí sacerdote. En Cuba, lo conmovió la exterminación de los indígenas y los abusos de los españoles. Desde entonces luchó hasta su muerte por defender los derechos humanos de los nativos. Creía en la evangelización como única justificación de la presencia española en América. Tras varios fracasos en la Corte, en 1520 logró que Carlos I le encargase un plan de colonización pacífica. Fracasó, pero lo consiguió más tarde, en 1537, en Guatemala. Las Nuevas Leyes de 1542 adoptaron muchas de sus propuestas. Regresó a Castilla en 1547. Murió en Madrid en 1566.
        Bernardino de Sahagún, el antropólogo
        Nacido en León en 1499, estudió en la Universidad de Salamanca y, tras ordenarse fraile franciscano, zarpó hacia Nueva España (México) en 1529, poco después de ser conquistada por Cortés. Allí se dedicó a formar académica y religiosamente a los hijos de los nobles mexicas, de los que fue recogiendo testimonios orales de la cultura, costumbres y religión del pueblo vencido. Parte de esos alumnos terminaron por ser sus discípulos y lo ayudaron a recopilar el material para su monumental Historia general de las cosas de la Nueva España y el denominado Códice florentino, ambos claves para conocer la cultura mexica. Las tres copias de la primera obra fueron censuradas y confiscadas por la Corona. Perdidas durante siglos, estaban en el Palacio Real de Madrid, que conserva una.
        Álvar Núñez Cabeza de Vaca, el chamán
        Zarpó en 1527 en la expedición de Pánfilo de Narváez que conquistó Florida. Buscaban la Fuente de la Eterna Juventud y sufrieron el acoso de los indios, además de temporales y epidemias. Separado de su grupo, él y otros 14 españoles terminaron acogidos por los pacíficos indios carancaguas. Álvar Núñez empezó así un periplo de seis años acompañando a diversas tribus por el sur de los Estados Unidos y el norte de México. Los indios le enseñaron a curar con las manos y su fama de curandero creció. Tras salvar a un hombre con una flecha clavada al lado del corazón, se 'consagró' como chamán. Regresó a España en 1537 y volvió a embarcar, hacia Paraguay. Allí descubrió las cataratas de Iguazú.




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