domingo, 27 de abril de 2014

REVISTA XL SEMANAL , PORTADA, Emilio Aragón y Robert Duvall ,./ EL BLOC DEL CARTERO,.FORSYTH, "LA LISTA",.

  1. TÍTULO: REVISTA XL , SEMANAL PORTADA, Emilio Aragón y Robert Duvall ,.

    Robert Duvall saluda a Emilio Aragón con un efusivo abrazo. ... cuando rodaron en Texas la segunda película del director español. ... Pero para mí ha sido apasionante trabajar con alguien que tiene tantos kilómetros a sus espaldas. ... Aragón. No soy nada mitómano. Me quedo con lo que solía decir el ...
     
    En portada

    Emilio Aragón y Robert Duvall reviven "Una noche en el viejo México"

    Robert Duvall, con 83 años y con 142 películas a sus espaldas, es un peso pesado del cine. Emilio Aragón, con un único filme como director, casi un recién llegado. Ellos dos forman la extraña pareja que ha llevado adelante "una noche en el viejo méxico". En la granja que Duvall tiene en Virginia, los reunimos para hablar de películas y de la vida.
    Robert Duvall saluda a Emilio Aragón con un efusivo abrazo. Su finca, con caballos y paisaje de postal, parece el refugio perfecto para una leyenda del cine que nunca se dejó deslumbrar por el "glamour" de Hollywood. Robert Duvall y Emilio Aragón no se han visto desde 2012, cuando rodaron en Texas la segunda película del director español. Una noche en el viejo México (estreno: 9 de mayo) cuenta la historia de un anciano que emprende un viaje hasta México con su nieto (Jeremy Irvine). Juntos viven una noche loca de strippers, tequila y matones, como el que interpreta Luis Tosar. Aragón habla un correctísimo inglés y Duvall chapurrea el español gracias a su cuarta esposa, la argentina Luciana Pedraza.
    Hablan de fútbol, recuerdan anécdotas y el director le hace notar al intérprete que ha dejado de fumar y ha adelgazado desde la última vez que se vieron. Duvall, que viste botas camperas y tiene andares de cowboy, le da su aprobación. Forman, sin duda, una extraña pareja. El español fue actor, payaso, humorista y presentador en su anterior vida, y ahora preside La Sexta y dirige los designios de Globomedia mientras escribe guiones, compone música y dirige películas. Robert Duvall es, a sus 83 años, una leyenda viva de Hollywood con un Óscar, por su papel en Gracias y favores, y una larga retahíla de títulos clásicos como Matar a un ruiseñor, las dos primeras entregas de El Padrino o Apocalipsis now. Y, aunque aparentemente no tienen demasiado en común, se entienden a la perfección.

    XLSemanal. Tiene un rancho precioso, señor Duvall. ¿Desde cuándo vive aquí?
    Robert Duvall. ¡Granja! ¡Es una granja! [Risas]. En Texas sería un rancho, pero aquí, en Virginia, es una granja. La compré hace 20 años. Estaba embargada y no me la podía permitir, pero un amigo me ayudó...
    XL. ¿Qué es lo mejor de esta época de la vida, señor Duvall?
    Duvall. Mi relación con mi mujer. Si no la tuviera, no sé qué sería de mí. No he tenido mis propios hijos, así que...
    XL. ¿Es usted una persona difícil con la que convivir?
    Duvall. No es que yo sea una persona difícil, pero tampoco sé si es fácil vivir conmigo. Cuando la conocí, le dije a mi amigo Wilford Brimley: «Me he echado una novia joven en Argentina. Es tan joven que la gente hará comentarios...». Y él, que fue guardaespaldas de Howard Hudges, me dijo: [imita una voz ronca] «Amigo mío, lo peor que le puede pasar a una hombre viejo... ¡es una mujer vieja!» [risas].
    Emilio Aragón. [Carcajadas].
    Duvall. Luciana suele decirme: «¿Cómo será hacernos viejos juntos?». Y yo le contestó: «¡Yo ya soy viejo!» [risas].
    XL. ¿Le ha enseñado ella a bailar el tango?
    Duvall. No, fue al revés. La mayoría de los argentinos no van a las milongas. Yo la llevé a esos clubes. Me encanta Buenos Aires... Hace tres años que no he ido, pero volveré. Aragón. Sí, es una ciudad maravillosa. Yo viví allí durante dos años. Fui al colegio allí y cuando llegué a España, con tres años, mi acento era argentino...
    XL. Vayamos a la película: la verdad es que choca ver a Emilio Aragón dirigiendo una road movie en la frontera mexicana. ¿Le preocupa eso?
    Aragón. No. Se trata de contar historias. Y da igual que sea en Texas o en Madrid. Uno siempre tiene que perseguir sus sueños. Es lo único que no pueden quitarnos. Además, tengo la suerte de tener una mujer que me anima. A veces se enfada porque dice que trabajo demasiado, pero ella alimenta mis sueños, no me los capa.
    XL. ¿Se acuerdan de la primera impresión que tuvieron el uno del otro?
    Duvall. Cuando conocí a Emilio... ¡el pobre estaba muerto de hambre! [risas].
    Aragón. [Ríe]. ¡Sí, es verdad!
    Duvall. ¡Tuvimos que ir a comprarle un bocadillo! Me di cuenta de que le gustaba mucho comer. ¡Es como yo! A mí también me encanta comer una buena hamburguesa...
    Aragón. [Risas]. La primera impresión es muy importante. En cuanto miras a una persona, sabes si la cosa va a funcionar o no. Y lo que me gustó de Bobby es que te mira directamente a los ojos. Hubo buena química desde el principio.
    Duvall. ¡Claro! Cuando Emilio me dijo que quería hacer esta película, yo le contesté: «Genial, pero conseguir el dinero para rodarla es otro cantar». Hoy en día es más fácil hacer un filme de cien millones de dólares, con grandes nombres como Brad Pitt o Johnny Depp, que sacar adelante un proyecto de dos millones.
    XL. Cuando trabaja con un director que no conoce, ¿de qué le advierte sobre su método de trabajo?
    Duvall. Hombre, trato de que no sea una advertencia, sino un diálogo. De todos modos, creo que en los rodajes a veces se habla demasiado. ¡No hables tanto! ¡Improvisa! A veces, ensayar está bien, pero... Para mí, la primera toma es el mejor ensayo.
    XL. ¿Y qué les dice usted a sus actores?
    Aragón. Les dejo claro que una voz más alta que otra nunca arregla nada. La vida es una negociación. En todo. En un matrimonio, en un trabajo y en un set de rodaje. Porque la película que pudiera tener Bobby en la cabeza y la que tenía yo, seguramente, no tenían nada que ver. Pero para mí ha sido apasionante trabajar con alguien que tiene tantos kilómetros a sus espaldas.
    XL. ¿No se encoge uno ante una leyenda como Duvall?
    Aragón. No soy nada mitómano. Me quedo con lo que solía decir el director de orquesta británico Sir Thomas Beecham: «Toco la pieza de principio a fin por primera vez y suena fatal. Y nos tomamos un té... Luego, la volvemos a tocar y suena algo mejor. Y nos tomamos otro té. A la tercera, suena maravillosamente. El poder del té es fantástico» [risas]. Lo que quiero decir es que, cuando trabajas con profesionales, tienes que dejarles hacer.
    XL. Por cierto, señor Duvall, ¿cómo trata Hollywood a sus leyendas? ¿Se siente reconocido por la industria?
    Duvall. Hay que tener cuidado de no ir de víctima. Cuando se termina tu momento, se termina. Yo he trabajado mucho, he hecho películas grandes y pequeñas, he conocido a personas buenas y otras que no lo eran tanto... He conocido a los hermanos Weinstein... Uuuhhh. Podría contarte muchas historias.
    XL. Cuente, cuente...
    Duvall. Algunas de las personas que controlan el negocio de Hollywood tienen poco gusto y falta de talento, pero sí poseen buen olfato. Los productores pueden ser muy turbios, pero debes trabajar con ellos.
    XL. Ya veo... ¿Es un nostálgico de los viejos tiempos?
    Duvall. No, para nada, aunque tengo buenos recuerdos de aquella época. Para mí, los actores jóvenes buenos de ahora son mejores que los de antes. Y los directores también, porque saben lo que el actor les puede ofrecer.
    XL. ¿De qué hablaban entre escena y escena?
    Duvall. ¡De comida! [Risas].
    Aragón. ¡De caballos! [Risas].
    XL. No sé si conocía la historia familiar de Emilio...
    Duvall. No tenía ni idea. Sé que nació en Cuba, que fue a la universidad en Boston y que ha hecho muchos espectáculos en España. El otro día, alguien me comentó lo popular que era tu padre en España. Su muerte fue repentina, ¿verdad? Aragón. Sí, se fue en apenas una semana...Duvall. Qué lástima.
    XL. Las relaciones familiares están en el epicentro de esta película. ¿Cuál es la moraleja?
    Duvall. Mi experiencia con respecto a la familia me dice que no puedes salvar a nadie. Si alguien tiene debilidades, puedes ayudarlo, pero debes dejar que busque su propio camino. Las personas somos una isla. Llegamos solos a este mundo y nos vamos solos. El objetivo es hacer ese viaje lo mejor posible, sin hacer daño a demasiada gente.
    Aragón. Cierto. Venimos solos y solos nos vamos, pero yo pertenezco a un clan muy grande y unido. Nosotros tratamos de construir nuestra familia cada día y, luego, cada uno tiene su vida.
    Duvall. Yo no tengo una gran familia. Tiene que ser bonito. Ojalá la tuviera, pero no...
    Aragón. Mi padre estaba comprometido con dos cosas: su familia y su trabajo.
    Duvall. ¿Y logró que una no interfiriera en la otra?
    Aragón. Sí, fue su gran éxito. Y yo ahora como padre y como abuelo, pues acabo de tener un nieto, veo que hacer malabarismos con ambas cosas no es fácil. Pero él hacía su espectáculo y volvía a casa. Hubo ciertos aspectos de este negocio, como las fiestas y esas cosas, que nunca tocó.
    Duvall. ¡A mí me encantan las fiestas! [Ríe]. Pero entiendo lo que dices... ¿Trabajasteis juntos sobre el escenario?
    Aragón. Sí, mi padre nos enseñó su pasión por este negocio. Decía: «El día que pierdas la ilusión por este oficio, déjalo y haz otra cosa». Y es cierto, tienes que amarlo.
    XL. ¿La pasión va y viene?
    Duvall. Sí, va y viene. Alguien me preguntó en una ocasión qué hacía cuando era joven para no volverme loco entre una película y la siguiente. Y yo le dije: «Hobbies y más hobbies. Te mantienen alejado de los vicios» [risas]. Mira, por ejemplo, lo que le ha pasado al maravilloso Philip Seymour Hoffman...
    XL. El mentor de Emilio fue su padre. ¿Quién fue el suyo?
    Duvall. Mi padre era militar, así que no cumplió ese papel para mí. Creo que, en cierto sentido, mi mentor fue Marlon Brando. Hace un par de noches volví a ver Un tranvía llamado Deseo. ¡Vaya pedazo de actor! Cuando Dustin Hoffman, Gene Hackman y yo vivíamos juntos en Nueva York, siempre estábamos hablando de él. Era nuestro héroe. Creo que es bueno tener héroes, no tienes que copiarles; pero sin héroes, no creces.
    XL. Usted pudo trabajar con su héroe. ¿Cómo era?
    Duvall. [Lo imita]. Una vez me llamó a su camerino y charlamos. Era un tipo extraño. Lo normal es que no te dijera ni 'hola'. ¡Bueno, quizá si eras mujer! [Ríe]. Era una prima donna. Creo que con los años se convirtió en un malcriado.
    XL. Emilio, ¿volvió a ver El Padrino antes de rodar la película?
    Aragón. La he visto muchísimas veces y me encanta, pero antes de rodar no quise verla. Quería llegar fresco.
    XL. Por cierto, señor Duvall, ¿se arrepiente de no haber formado parte de la tercera parte?
    Duvall. No. Fue mi decisión. Le dije a Coppola que si le iba a pagar a Al Pacino el doble que a mí, que no pasaba nada, ¡pero no tres o cuatro veces más...! Un día, Coppola vino a casa. Cociné un pastel de cangrejo que solía hacer mi madre, le encantó y le apunté la receta. Hablamos un rato de El Padrino 3 y, después de haberse ido, me llamó por teléfono. ¡Se había dejado la receta! Estaba más preocupado por eso que por saber si quería hacer la película [risas]. Además, esta parte no fue tan buena como las anteriores.
    XL. Por cierto, ¿qué pasa con Don Quijote? ¿Se hará por fin?
    Duvall. Me encantaría, pero no creo. Terry Gilliam vino aquí a verme para hablar del proyecto. Yo le dije: «¡Hagámoslo!». Pero me temo que no es capaz de reunir el dinero necesario.
    Aragón. Había leído que estaba intentando ponerla en marcha...Duvall. Sí, ojalá.
    XL. Así que de retirarse ni hablamos, ¿no?
    Duvall. No lo descarto. Ocurrirá, y no pasa nada. Mi amigo Gene Hackman ya está retirado. Pero incluso entonces podría salir algún proyecto como este. Además, yo tuve un éxito tardío. Mis últimos 20 años han sido los mejores de mi vida.
    Aragón. Lo bonito es no dejar de aprender nunca. La vida te sorprende. Yo siempre quise dirigir películas. De pronto se me presentó la oportunidad de rodar Pájaros de papel y eso me llevó a hacer esta película. Y ahora me ofrecen otras cosas, me envían guiones... Eso, hace cinco años, no me ocurría.
    Duvall. O sea, que es bonito estar confundido...
    Aragón. ¡Exacto! Es importante ser honesto con lo que haces. Yo trato de serlo. El día que decido hacer algo, me remango y me pongo a trabajar. Porque es mi vida... Estoy en un momento muy bonito de mi carrera. Yo apunté hacia la dirección de cine hace doce o catorce años y ha tardado en llegar. Pero si siembras, tarde o temprano recoges los frutos.

    La aventura mexicana de Robert y Emilio
    Después de que se proyectase su primera película, Pájaros de papel, en la Muestra de Cine Español de Los Ángeles, unos productores estadounidenses se pusieron en contacto con Emilio Aragón para preguntarle si tenía inconveniente en leer algún guion. Les dijo que no y le mandaron el de Una noche en el viejo México. Lo leyó y le gustó. Luego le contaron que Duvall estaba en el proyecto, y eso acabó de convencerlo. El rodaje, en Texas, durante 23 días de 2012 y en inglés, puso a Aragón al frente de su segunda película una road movie sobre un abuelo (Robert Duvall) y su nieto (Jeremy Irvine) que acaban de conocerse, en la que también participan actores conocidos en España como Luis Tosar o la colombiana Angie Cepeda.

    TÍTULO: EL BLOC DEL CARTERO,.FORSYTH, "LA LISTA",.


    1. Vuelvo a Forsyth. Recurrentemente, para desesperación de cultos e intensos. Para la de los 'cejas altas' que adoptan un cansado mohín de ...-foto,.
       
      Vuelvo a Forsyth. Recurrentemente, para desesperación de cultos e intensos. Para la de los 'cejas altas' que adoptan un cansado mohín de desprecio cuando alguien habla de un best-seller en un medio de comunicación de notable tirada. Vuelvo a Forsyth porque vuelve él, como las fiebres, a su cita permanente con los millones de seguidores que adornan su cuadro de resultados, y lo hace con otro relato trepidante y agotador en el que ganan los buenos y pierden los malos, que, por supuesto, son muy malos. Y lo hace en otra fabulación en la que no deja tiempo para la literatura ni para los perfiles emotivos de sus personajes, afortunadamente he de decir. Tengo escrito por aquí mismo que dejé de leer a Le Carré el mismo día en que decidió que quería ser literato, que quería perfilar un estilo difícil, de comprensión enrevesada, de medias frases, de personajes con sentimientos descritos con indicios. A partir de La casa Rusia, o quizá antes, el creador de Smiley, desistió de repetir el éxito intratable de La chica del tambor y pasó a las medias verdades y a las tramas de final abierto, que es materia que detesto. Y he decidido no volver a darle otra oportunidad.
      Forsyth, el aviador, el periodista, el investigador, en cambio, ha vuelto a adaptar su maléfica capacidad para crear historias con mil resortes a la actualidad más rabiosa. La Guerra Fría acabó poco después de El cuarto protocolo y hubo de ser sustituida por los nuevos desafíos del mundo libre. Los Balcanes, la guerra del Golfo (sublime El puño de Dios), el narcotráfico (Cobra, algo más floja) o la irrupción del terrorismo yihadista abordada con maestría en El afgano se sucedieron en la cascada productiva del británico hasta acabar hace algunas semanas en un nuevo libro electrizante: La lista.
      Un predicador fanático difunde sermones por Internet en los que motiva a los chalados yihadistas del mundo a asesinar a objetivos occidentales allá donde vivan a cambio de una promesa de felicidad eterna después del sacrificio. Todos los que así actúan, matando desde un alcalde de pueblo en Gran Bretaña hasta un congresista en Washington, saben que morirán como consecuencia de su acción suicida, pero siguen las órdenes de ese misterioso sujeto oculto en algún lugar del mundo. 'El rastreador', especialista de uno de los muchos subsectores y recovecos de la Inteligencia norteamericana, es el designado para su localización y captura. La astucia de Forsyth le hace situar buena parte de la acción en Somalia, país fallido repleto de chalados y delincuentes. Somalia fue, como es sabido, colonia italiana hasta mediados del siglo pasado, momento en el que, tras su retirada, se instauró un régimen en crisis permanente. Hoy, lo que fue la Somalia de los cincuenta es un país fraccionado en tres partes de difícil relación y aún más difusos límites. En el sur, donde se encuentra la que dicen era elegante Mogadiscio, manda una suerte de guerrilla islamista de la que es difícil escapar si no eres de la cuerda. Ahí sitúa el autor la acción: desde los secuestradores de barcos hasta los fanáticos de la Yihad, todos intervienen en una trepidante historia en la que Forsyth demuestra un magnífico conocimiento de las tecnologías modernas de combate, drones incluidos, satélites espías también y una experimentada tensión narrativa.
      Lo mejor de sus libros es que son notablemente verosímiles y que no te hacen perder el tiempo con miradas introspectivas de los individuos que los protagonizan ni con historias de amor y erotismo. Eso queda para otros. El autor y su legión de documentalistas consigue dar tal realismo a su relato que nos hace viajar a sus lectores en el mismo avión del que saltan los paracaidistas de las Fuerzas Especiales o permanecer sentados en el cuartel general desde el que se manejan los pequeños aviones cargados de armas desde los cuales se puede disparar un artefacto sobre un coche que circula cargado de malhechores por cualquier desierto del mundo. Algo así pasa en este libro. No se lo voy a destripar, evidentemente, pero sí invitarle a que lo disfrute. Y si tiene un amigo cultísimo, no se arredre, presuma de ello.




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