domingo, 8 de febrero de 2026

Los pilares del tiempo - Una carta de Gaudí y un documento oficial protagonizan la Pieza del mes en el Palacio Episcopal de Astorga ,. / REVISTA QUO - Extremadura, ¿contradicción necesaria? ,.

 

TITULO : Los pilares del tiempo - Una carta de Gaudí y un documento oficial protagonizan la Pieza del mes en el Palacio Episcopal de Astorga,.

 Los pilares del tiempo - Una carta de Gaudí y un documento oficial protagonizan la Pieza del mes en el Palacio Episcopal de Astorga,.

 

Una carta de Gaudí y un documento oficial protagonizan la Pieza del mes en el Palacio Episcopal de Astorga,.

Reflejan la historia del paso del arquitecto catalán por la ciudad,.

 Pieza del mes en el Palacio Episcopal.

foto - Pieza del mes en el Palacio Episcopal.

Un documento oficial de la Junta de Reparación Extraordinaria en el que Antonio Gaudí firma la certificación de obra del Palacio de Astorga y la carta en la que el arquitecto catalán, tras el fallecimiento del obispo Grau y ante la imposibilidad de entendimiento con la Junta Diocesana, renuncia a continuar como arquitecto protagonizan la Pieza del mes en el recinto.

El proyecto del Palacio Episcopal de Astorga resultó complejo en lo administrativo y lleno de incertidumbres para un Antonio Gaudí que tuvo que someterse a la tutela (después de la decisiva mediación para la obtención de fondos económicos del entonces gobernador del Banco de España, el astorgano Pío Gullón Iglesias), del Ministerio de Gracia y Justicia y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que siempre incomodó al arquitecto y que fue sobrellevada gracias al incondicional apoyo de su amigo y mentor espiritual Juan Grau y Vallespinós, obispo de Astorga.

Las correcciones a sus propuestas arquitectónicas que con poco agrado Gaudí tuvo que aceptar, además de la demora en el pago de sus honorarios, provocaron un clima tenso durante los seis años en los que el arquitecto estuvo al frente de las obras, detallan desde el Palacio.

La certificación de obra que Gaudí firma muestra algunos datos interesantes como el presupuesto inicial aprobado, la previsión de la duración de las obras o el nombre del primer contratista del Palacio, Policarpo Arias. A pesar de todo lo que rodeó al proyecto, institucional y administrativamente hablando, la obra astorgana de Gaudí está ligada sin duda al vínculo personal entre el arquitecto y el obispo Grau. La amistad que se fue consolidando con los años, gracias entre otras cosas a los viajes de Gaudí a Astorga, en los que reconoce «el afabilísimo trato recibido…», tiene su final con el inesperado fallecimiento del prelado en el otoño de 1893.

Este hecho supondrá la decisión de Gaudí de no continuar dirigiendo la obra, ya que después de la muerte de su amigo y con la sede episcopal vacante, la Junta Diocesana asume la dirección del proyecto y comienza un breve pero decisivo periodo de disensiones que sumen al arquitecto en la soledad y la incomprensión y que concluyen con la sencilla y esclarecedora carta de renuncia a continuar como arquitecto, enviada por Gaudí desde León el 4 de noviembre de 1893, que se muestra destacada este mes de febrero.

Después de un largo periodo de inactividad hasta casi el abandono y olvido, las obras concluirán 20 años más tarde bajo la dirección de Ricardo García Guereta. Ambos documentos se exponen hasta finales de mes en un lugar destacado de la segunda planta y a partir de marzo serán trasladados a un punto de la planta noble donde interactuarán hasta finales de año con la exposición permanente del Museo de los Caminos del Palacio de Gaudí.

Ambos documentos, procedentes del Archivo Diocesano de Astorga y custodiados en el Museo de los Caminos, se exponen hasta finales de mes en un lugar destacado de la segunda planta, a partir de marzo serán trasladados a un punto de la planta noble donde interactuarán hasta finales de año con la exposición permanente del Museo de los Caminos del Palacio de Gaudí.

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 Extremadura, ¿contradicción necesaria? ,.

El PP arranca una negociación envenenada con Vox. Encima de la mesa: una posible coalición entre dos partidos que no se aguantan,.

UTEBO (ZARAGOZA), 13/01/2026.- El presidente de Vox, Santiago Abascal, interviene en un acto del partido de cara a las próximas elecciones regionales del 8 de febrero, este martes en Utebo (Zaragoza). EFE/ Toni Galán
 
Santiago Abascal, líder de Vox, aceptó la oferta del PP para entrar en la Junta de Extremadura,.

La encuesta de NC Report que publicó el pasado lunes LA RAZÓN es tan elocuente como agridulce para el Partido Popular. La primera conclusión que arroja es más que positiva para los intereses de Alberto Núñez Feijóo. Porque, de ser así el resultado final de las próximas elecciones generales en España, no tendría ningún inconveniente en hacerse con las llaves para abrir las puertas del palacio de la Moncloa. La suma de la derecha cosecharía nada menos que un 51% de los votos, que se traduciría en un arrase de hasta 207 escaños. Una representación nunca vista para un espacio ideológico desde aquella mayoría absoluta de Felipe González en el 82.

 Qué le estamos haciendo a Quo? - Quo

En número de diputados, los populares lograrían incrementar ligeramente su situación actual al pasar de 137 asientos a una horquilla de entre 145-147. No obstante, en porcentaje de votos, apenas habría cambio con respecto a las anteriores generales. Y, es más, el vaticinio pinta menos optimista en tanto en cuanto que se dejarían decenas de miles de papeletas por el camino. Si el objetivo es gobernar en solitario, difícil encaje.

Porque Vox, entretanto, lograría su mejor marca histórica, con un 17,6% de los apoyos, dos puntos más que en 2019 y cinco que en 2023. Una previsión que va en línea con el auge demoscópico que experimenta el partido verde y que comenzó hace año y medio. El punto de inflexión, concretamente, data del verano de 2024. Poco después de que Santiago Abascal diera orden a sus alfiles de abandonar todos los gobiernos autonómicos que hasta entonces compartían con el PP. El pretexto: una acogida de menores migrantes que ya había sido pactada.

A la espantá territorial le sucedió un agravamiento de la crisis interna que padece Vox desde hace tiempo y que, sin embargo, no parece acarrearle algún tipo de desgaste. Ni la salida de Rocío Monasterio, ni la salida de Juan García-Gallardo, ni la salida ahora de Javier Ortega Smith, cuya defenestración comenzó antes de Extremadura, pasan factura en los sondeos, que no hacen sino reflejar una subida que, todavía, no parece haber llegado a su fin.

De ahí que, ahora, en el comienzo de una negociación envenenada en Extremadura, en la que está encima de la mesa la conformación de un nuevo gobierno de coalición, quepa hacerse la siguiente pregunta: ¿es una contradicción necesaria?

En el último congreso nacional del partido, celebrado el pasado mes de julio en Madrid, la principal idea-fuerza que quiso dejar Feijóo en el atril durante su discurso de clausura fue precisamente su promesa de que logrará el poder sin compañías. Pactos con Vox, sí, todos los que hagan falta. Y con todo el arco parlamentario salvo Bildu, único cordón sanitario que puso.

La oferta de Guardiola, que Vox ha aceptado gustoso, entra en colisión con los planes de Feijóo, aunque en Génova matizan que la política autonómica no es igual a la nacional. Pero, por más que se afanen en justificar la dualidad, la contradicción salta a la vista. Y, a la pregunta anterior, la respuesta del grueso de la dirigencia es directa, simple y unánime: «Sí».

En su última entrevista con este diario, Juanma Moreno, habló de un Vox que se niega a «asumir responsabilidades de gobierno porque sabe que les obliga a enfrentarse a su programa». La gran paradoja: a nivel territorial el PP ha pasado de repudiar la mera idea de conformar una coalición con Vox –que se lo recuerden a la Guardiola de hace dos años– a ofrecerle que pise moqueta sin pudor. Porque solo así, creen los populares, se invertirá la tendencia que marcan las encuestas.

Fuentes próximas a la presidenta extremeña ni confirman ni desmienten un primer encuentro en estos días para comenzar a gestar un acuerdo cuyo parto se aventura de alto riesgo, por la tirria mutua que se tienen Guardiola y Abascal. En esta región concreta, los dos partidos llamados a entenderse no es que tengan diferencias entre sí, es que no se aguantan. «Cuando se vaya avanzando o se pueda dar alguna novedad», habrá noticias, zanjan en la Junta.

En Génova, Feijóo ha dado su visto bueno al reparto de «sillones». Quizás, porque comparte la teoría, extendida entre sus filas, de que los pactos autonómicos ya no dan miedo. Y si Vox entra en el redil, mejor que mejor.

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