El escritor francés Stendhal decía que «no hay
desgracia en el mundo, por grande que sea, que un libro no ayude a
soportar». Quizá porque los libros permiten adquirir conocimiento,
viajar en el tiempo, en el espacio, adentrarnos en grandes aventuras y,
en definitiva, hacen evadirse y perderse en ellos a quienes leen. Y
quizá porque, como aseguraba Ramón Gómez de la Serna, «una librería es
un andamiaje que se adquiere para edificar el futuro», hay quienes hoy
en día trabajan para que el acceso a los libros le sea posible a todo el
mundo.
Ejemplo de ello es que en poco más de un año han
proliferado en España varios establecimientos que podrían denominarse
librerías gratuitas. Es decir, a las que se puede acudir en busca de
todo tipo de libros sin necesidad de tener que pagar por ellos.
Madrid, Barcelona, Málaga, Sevilla -y en poco
tiempo lo harán también Jaén y Badajoz- se han hecho eco de una
iniciativa que comenzó hace catorce años detrás de la barra de un bar de
Baltimore, en Estados Unidos. Por aquel entonces Russell Wattenberg era
un camarero de 29 años que escuchaba habitualmente las quejas de
algunos profesores de la ciudad sobre la falta de libros para sus
clases. Así que Russell comenzó a apartar dinero de su propina para
comprar libros baratos y hacérselos llegar a esos profesores desde el
propio bar.
Poco a poco los vecinos fueron implicándose en el
proyecto: algunos le hacían llegar sus libros y otros iban en su
búsqueda. En 1999 el joven camarero dejó su trabajo y creó 'The Book
Thing of Baltimore', una organización no lucrativa cuyo objetivo es
«poner los libros no deseados en las manos de aquellos que los quieren».
Más de una década después esta organización pone a disposición de
quienes lo deseen más de 150.000 libros de manera totalmente gratuita
cada fin de semana.
Experiencia pionera
En España la primera librería gratuita se abrió en
Madrid en septiembre del año pasado de la mano de la ONG Grupo 13 y
bajo el nombre de Libros Libres, aunque hoy en día se llama Tuuu
Librería. Siguiendo su estela, a lo largo de este año han abierto sus
puertas la librería Más Libros Libres en Málaga y Sevilla, la
barcelonesa Llibres Lliures y en Jaén y Badajoz están a punto de abrirse
otras dos.
Todas ellas están respaldadas y gestionadas por
diferentes asociaciones culturales que vieron la necesidad de facilitar
el acceso a la lectura en estos tiempos difíciles. «Nuestro objetivo es
dar acceso a los libros y a la cultura a quien lo desee, de manera
gratuita y desinteresada», aseguran en la librería catalana. ¿La
diferencia con una biblioteca? Que en estos casos no es necesario
devolver el libro que uno se lleva a casa.
Su funcionamiento es común para todas y se basa en
un aspecto sin el que ninguna podría salir adelante: las donaciones.
Los libros son adquiridos a través de donaciones de bibliotecas,
editoriales y algunas instituciones pero, sobre todo, gracias al apoyo
de los particulares. «Nosotros ni compramos los libros ni los vendemos»,
afirman desde Tuuu Librería. Una vez colocados en las estanterías del
establecimiento «el público llega, mira tranquilamente la oferta
literaria y se lleva lo que quiere. No se le pide contrapartida alguna
por ello», detalla Miguel Ángel Jiménez, voluntario de la Asociación
Cultural Libros Libres.
Las donaciones de libros y las suscripciones de
sus socios -de 12 o 20 euros según la librería- son las que mantienen
cada establecimiento y las que permiten realizar los pagos mensuales del
alquiler del local, la luz y la papelería. Es por ello que, después de
un año de funcionamiento, Tuuu Librería se haya visto obligada a dar un
giro de 180 grados a su filosofía de gratuidad y a la necesidad de pedir
una donación 'obligatoria' a cada cliente. «Cada uno puede dar lo que
quiera», detalla Catalina Benavides, responsable de Tuuu Librería,
porque aunque se trata de una gran idea, hay quienes se aprovechaban de
sus buenas intenciones «revendiendo los libros que cogían aquí».
Pero más allá de estos problemas se trata de
iniciativas que han calado en la sociedad. Hasta estas particulares
librerías se acerca 'clientela' de todo tipo: «Jóvenes, personas de
mediana edad, jubilados, estudiantes y hasta familias que vienen juntas a
buscar cada uno su libro. A todos ellos les une su inquietud y amor por
la lectura y la cultura en general», detallan en la asociación
catalana. Y quienes van suelen volver a por más. «Quien pisa por primera
vez la librería suele repetir y muchos acaban colaborando con
nosotros», destacan en Málaga.
«La clientela es tan variada y heterodoxa como los
propios libros». Porque de estos hay muchos y muy variados: ensayos,
novela del siglo XX, policíacas, románticas, grandes clásicos, ciencia
ficción, biografías, libros científicos, juveniles, infantiles y en
diferentes idiomas, llegando, en alguno de los casos, a haber albergado
en sus estanterías unos 7.000 libros. «Lo bueno de un establecimiento de
estas características es que los libros vienen y van constantemente,
por lo que el visitante asiduo nunca sabe lo que se va a encontrar»,
explican los responsables de estas librerías.
Futuro
El más veterano de estos establecimientos tiene
poco más de un año, mientras que el resto lleva menos de un año con este
proyecto, pero todos ellos destacan su capacidad de perdurar en el
tiempo. «Antes todo tenía que ser nuevo. Ahora tenemos que dar un giro
al valor de las cosas y generar formas de revalorizar lo usado. No todo
se rige por el dinero», defiende Benavides, de la madrileña Tuuu
Librería.
Un cambio de mentalidad al que se une la necesidad
de hacer llegar los libros y la cultura a una sociedad que necesita ser
crítica para poder salir adelante.
«Poniendo los libros al alcance de todos los
ciudadanos estamos poniendo nuestro granito de arena a la solución de la
crisis, que sólo puede venir por la conformación de una ciudadanía
crítica, culta e informada», vaticina Miguel Ángel Jiménez, voluntario
de la librería malagueña.
Quizá uno de los mayores inconvenientes de estas
iniciativas pioneras sea su convivencia con las librerías tradicionales.
«Es posible que nuestra actividad despierte recelos en las librerías
tradicionales, pero somos aliados en la lucha por fomentar la lectura.
Si una persona que no gasta dinero en comprar libros prueba a leer algo
gracias a la gratuidad que nosotros ofrecemos, igual estamos fabricando
un lector para toda la vida que acabará comprando asiduamente en las
librerías tradicionales», defiende Jiménez.
Los libros, esa materia peligrosa que los bomberos de Fahrenheit 451 quemaban, han sido una de las armas más temidas a lo largo de la ...
CULTURA
Acusados de indecencia, subversión o enardecimiento de las masas, muchos tomos han sufrido los rigores de sus verdugos
El crítico literario Werner Fuld recoge la memoria
de los obras prohibidas en un breve tomo
Los libros, esa materia peligrosa que los bomberos
de 'Fahrenheit 451' quemaban, han sido una de las armas más temidas a
lo largo de la historia de la humanidad. Pero aquellos bomberos creados
por Ray Bradbury en 1953 han tenido diversos oficios: inquisidores,
políticos, estrategas del marketing y hasta los propios autores han sido
en ocasiones los verdugos de obras condenadas a muerte. Eso sí, por
motivos bien diferentes unos de otros, tal y como repasa el escritor y
crítico literario Werner Fuld en su recién editada 'Breve historia de
los libros prohibidos'.
Es cierto que las llamas dieron la inmortalidad a
muchos que de otro modo hubiesen quedado en el anonimato, e incluso
incrementaban las ventas de otros. Así, Voltaire gustaba de comparar sus
libros con castañas que se vendían mejor cuanto más se asaban, pero
desde luego no era ese el objetivo de las quemas públicas. De hecho,
durante siglos la Iglesia católica intentó consolidarse como garante de
la salvación mediante la quema y el veto de todas las obras críticas y
su 'Index librorum prohibitorum' no se abolió hasta 1966 (en él se
hallaba, por ejemplo, la Gran Enciclopedia de Pierre Larousse por
contener entradas a temas prohibidos).
Pero las hogueras prendidas por la Iglesia no han
sido las únicas: la que es considerada la primera quema de libros del
siglo XXI en Estados Unidos tuvo lugar en Pittsburgh a manos de la secta
Harvest Assembly of God y en ella cayó, junto a CD y vídeos de Bruce
Springsteen, AC/DC, Iron Maiden y Black Sabbath, la saga de Harry Potter
de J. K. Rowling por enaltecimiento de la magia. Afortunadamente el
flujo informativo actual y la libertad de la que gozamos en muchos
países dificulta que una obra desaparezca sin dejar rastro. Una
desventaja esta por la que sería complicadísimo que hoy se dieran casos
como los de la escritora Margaret Mitchell o Erich Maria Remarque.
No todos los libros prohibidos fueron pasto de las
llamas por parte de poderes que veían en ellos una amenaza. Los hay
que, simplemente, parecieron desaparecer. Y lo hicieron fruto del
marketing. Así pasó con libros de Margaret Mitchell o Erich María
Remarque, a los que la historia de la literatura ha concedido un halo de
leyenda que no es real.
En el caso de la autora de 'Lo que el viento se
llevó' hubo un antes de esa gran novela que se ha vendido como la única
de su autora. Los biógrafos de Margaret Mitchell dejaron para la
posteridad que esta 'ama de casa' escribió su única gran obra para
salvar el honor de su tierra sureña. Pero esta historia romántica
esconde a una periodista con una larga y exitosa carrera profesional que
regalaba a sus pretendientes sus historias como prenda de amor. Tras el
éxito y creada la leyenda fue la propia autora quien se encargó de
borrar personalmente todos los textos de su legado y hasta se dispuso
que tras su muerte se destruyeran todos los que se encontrasen.
No fue la primera, ya que este caso es el mismo
que sucedió con Erich Maria Remarque. El autor de 'Sin novedad en el
frente' ni fue un soldado raso que contaba sus experiencias ni fue el
creador de un solo libro. Eso sí, las ventas se dispararon en 1928 al
publicitarse que era un texto autobiográfico (que llegó a ser prohibido
en el periodo nazi). Pero Remarque ya antes había publicado dos novelas y
unos trescientos relatos breves, ensayos y poemas en prestigiosas
revistas.
Por el bien de la sociedad
Las religiones y los estados totalitarios han sido
expertos en hacer desaparecer aquello que no convenía a la sociedad,
según sus propios criterios, claro está. También las banderas del decoro
y la decencia han sido buenas mechas y autores como Flaubert y Zola
pasaron a engrosar listas negras como la creada por la Organización
Nacional para la promoción de la Literatura Decente, en la que estaban
incluidas 'Madame Bovary' o 'Nana'. Otros como Kant, Balzac, Stendahl o
Ibsen fueron expulsados de las bibliotecas tras la acusación de ser
autores «degenerados» en la España de Franco. Por no hablar de los
'antialemanes' que fueron proscritos en el Tercer Reich (Bertolt Brecht,
la familia Mann al completo o Kafka) y que tras el acuerdo cultural de
1938 entre Roma y Berlín fueron vetados también en Italia.
Pero la lista de libros negros y autores
condenados y perseguidos no acaba aquí y se sigue incrementando día tras
día. Sin olvidar las famosas prohibiciones que hicieron saltar a la
prensa mundial 'Los versos satánicos' de Salman Rushdie. En el 2001 el
ministro de Cultura egipcio mandó quemar la edición completa de un libro
de poesía de Abu Nuwas porque sus versos enaltecían la homosexualidad.
En China, las autoridades comunistas mantienen el veto sobre Nobel de
Literatura Gao Xingjian.