lunes, 19 de enero de 2026

España Directo -Economía - La Comisión Europea ignora a Sánchez y aplaza el fin del motor de combustión ,. / Mi casa es la vuestra - Ruth Lorenzo ,. Viernes - 23 , 30 - Enero ,. / Detrás del muro - PÁGINA DOS - Marta Jiménez Serrano,. Martes - 20 , 27 - Enero ,. / Cartas de amor - Sí, te vas a enamorar de esa persona (aunque tengas pareja) ,.

    TITULO: España Directo - Economía -  La Comisión Europea ignora a Sánchez y aplaza el fin del motor de combustión ,.

La Comisión Europea ignora a Sánchez y aplaza el fin del motor de combustión,.

La nueva propuesta exige ahora a los fabricantes que reduzcan sus emisiones en un 90% en lugar del 100% como se había decidido en un principio,.

foto - El presidente del Gobierno - Pedro Sánchez ,.

La Comisión Europea ha cedido a las presiones de los fabricantes y ha ignorado las peticiones del Gobierno español y del propio presidente Sánchez con la aprobación de una reforma de la legislación medioambiental que en los hechos elimina la prohibición de la matriculación  ,.

TITULO: Mi casa es la vuestra - Ruth Lorenzo ,. Viernes -  23 , 30 - Enero   ,.

Viernes - 23 , 30  - Enero    a las 22.00, en Telecinco, foto,.

 

 Ruth Lorenzo,.

 

 Ruth Lorenzo

Ruth Lorenzo: "He vivido una farsa con la que me sentía cero identificada. Me convirtieron en un producto comercial",.

Se la vendió como diva melódica y así brilló en Eurovisión, pero ha decidido liberarse y volver al rock: "Me harté de ser la que los demás quieren que sea",.

Ruth Lorenzo (Murcia, 1982) es, en la cabeza de la mayoría, una cantante para todos los públicos, que suena en radiofórmulas, ha participado en Eurovisión y es un popular rostro televisivo, sea en Mask Singer o presentando el Benidorm Fest. Ruth Lorenzo es, en realidad, una rockera que ha estado reprimida demasiados años. Estrena banda, Ruth, y lanza nuevo disco, ‘Blacksheep’, cambiando la balada y las lentejuelas por las guitarras y el cuero. Por si no queda claro, lo explica ella: "Estaba harta y he decidido mandarlo todo a tomar por culo. Se acabó".

¿Qué se acabó?
Intentar adaptarme a lo que los demás quieren que sea. Ha sido liberador. He podido respirar profundo, ser yo y quedarme en la gloria.
Teniendo en cuenta que de los 9 a los 16 años viviste en Estados Unidos, ¿tú formación musical fue rockera?
Claro. Desde pequeña mi pasión fue cantar. Primero me fascinaron las grandes voces de la ópera, pero a partir de los 9 o 10 años, ya en Estados Unidos, descubrí a Janis Joplin y ya me giró la cabeza. Freddy Mercury, Prince, Led Zeppelin, Tina Turner, Aretha Franklin, Hendrix… Era lo que mis hermanos y mi entorno escuchaban y, sobre todo, lo que sonaba cuando encendía la radio. Inevitablemente, pues eso se queda en el ADN porque los que pasé allí son los años que forman tu identidad.
El nuevo grupo se llama Ruth, sin más. ¿Quitarte el apellido es parte también de ese proceso de liberación?
En realidad me lo propusieron los chicos cuando le dábamos vueltas al nombre de la banda. Es un nombre bíblico, suena contundente y te quitas el Lorenzo, que tiene una connotación más latina y más vinculada a mi personalidad televisiva. Total, ahora está de moda que las bandas indies usen nombres de mujer y luego canten hombres, así que esta vez que sea lo que tiene que ser y cante una tía.
Desde las letras a la imagen, el disco tiene una sexualidad muy explícita. ¿Dónde queda la concursante de Eurovisión en todo esto?
A esa pobre la tengo bajo vigilancia y sin pinta de dejarla salir en bastante tiempo. De todos modos, es que en España hay una imagen un tanto distorsionada de mí porque me hice popular siendo alguien que no soy realmente. Cuando despego realmente, que es en el ‘Factor X’ británico en 2008, la primera banda que monto en Inglaterra es de rock y te aseguro que yo no era tímida. Lo que pasa es que cuando vuelvo a España y se me propone para Eurovisión, el discurso que me soltaban todo el rato era que mi imagen era muy dura, que iba a caer mal y que ser tan directa echaba para atrás. Se empeñaron en que había que endulzarme, suavizarme el color del pelo, quitar esa sexualidad empoderada... O sea, todo ese speech que se permite tener la industria frente a la imagen, el cuerpo y la actitud de una mujer.
¿Con los hombres no pasa?
Alejandro Sanz se tiñe el pelo de amarillo y se la trae al pairo, pero si una mujer es la que lleva una imagen que no cuadra en su canon, no tienen ningún problema en decirte que así no y presionarte para cambiar. Así que, ahora, parte de mi manera de rebelarme y de mostrarme tal y como soy es darle una connotación muy sexual al nuevo proyecto. Al final, el rock and roll y el blues son viscerales, sexuales, vienen de las entrañas.
¿Por qué hubo ese empeño en convertirte en una diva melódica?
Porque es lo más fácil de vender. Y lo más cómodo para la industria. Te ven la voz, la fuerza o el talento, pero si no encajas en lo que suelen hacer, en vez de pensar, te cambian. Si el producto no lo ven claro o no saben trabajar ese tipo de producto, te van a intentar moldear para que seas lo que ellos saben vender y trabajar. Y, en España, la diva melódica es lo más sencillo si tienes una voz que lo permite. Como yo la tengo, pues nada…
¿No tenías escapatoria?
Acabas aceptando porque quieres tener una carrera, pero yo ahí no encajaba nada. Quien me conoce sabe lo poco diva que soy. Yo empecé como pipa, montaba, desmontaba, tiraba cables, asistía al técnico de sonido… Y cuando me subí a cantar el escenario, versionaba temas de Obús, Rosendo, Los Suaves, Extremoduro o los Zeppelin. ¿Cómo coño voy a ser una diva melódica? Me puedes poner un vestido y doy el pego, pero mi espíritu es mucho más salvaje y vibrante que eso.
¿Cómo se lleva estar 15 años fingiendo ser quien no eres?
Es un cacao mental importante porque, por más que tú sepas que artísticamente no eres esa, ¿cómo separas esos dos mundos? No puedes. Forma parte de tu día a día y terminas cediendo en cosas que no quieres ceder y permitiendo ciertos comentarios que nunca deberías permitir. Vives una farsa construida que te termina cansando, aburriendo y sintiéndote cero identificada. Te has convertido en un objeto, un producto comercial y ¿sabes lo peor?
No.
No funciona. Te convencen a base de decirte que si haces lo que ellos quieren vas a tener más éxito y luego no pasa. No pasa porque tú no eres esa y la gente no es tonta. Estoy harta de escuchar la típica frase de que tendría que estar llenando estadios y pienso: "Ya, pues llénalos tú a ver qué tal". Es que esa fórmula mágica que dicen todos tener no existe o, por lo menos, a mí no me funciona. Y ahora estoy sorprendida porque monté esta banda y he hecho este disco sin ningún tipo de expectativa, sólo para ver qué pasa y divertirme, y estoy logrando cosas que siempre soñé y no me habían permitido intentar como que Radio 3 me dedique un programa de dos horas. Te das cuenta de que cuando sigues tu propio instinto es cuando encuentras tu lugar.
Has dicho que soportaste comentarios que no deberías haber permitido. ¿Cuáles?
Pues desde que te controlen el escote que tienes que enseñar en pantalla a firmar contratos donde no puedes engordar más de cinco kilos durante esos años. Esa es la realidad del mundo de la música y el de la tele.
¿Te has sentido muy cosificada?
El hecho de ser mujer ya te posiciona en un lugar donde se te mira desde ese prisma, pero mi físico no ha sido un arma que he utilizado, así que tampoco tengo mucho esa sensación. Sí es verdad, por ejemplo, que la portada de mi primer disco no la elegí yo y se escogió la foto que se escogió porque se me veía más escote. Cuando vi la portada, me molestó mucho. No por el hecho de que se viera más o menos, sino porque yo lo que quería transmitir era otra cosa. Esa es la batalla que no vamos a ganar.
¿Crees que es imposible?
Ganarla del todo es imposible, pero hay que salirse del camino y hacer uno nuevo. En algún momento atravesaremos tantas esa pared que el nuevo camino será tan ancho que no habrá batalla. Cuantas más sigamos caminando por ahí, más trabajo dejaremos hecho y en algún momento tiene que llegar la calma de esta tormenta. Pero no está cerca.
¿Qué sabor de boca te dejó la experiencia de Eurovisión 2014? Hay que recordar que quedaste décima, que es el segundo mejor resultado de España en los últimos 20 años.
Tras Chanel, que fue tercera. Eurovisión es un mundo curioso, porque es un poco friki, pero a la vez es muy permisivo, te acepta como eres y no te juzga tanto como la industria que hay alrededor. Ha sido un público que me ha tratado increíblemente bien y me ha querido como soy. No es un lugar donde me sienta extraña, al contrario. Es mucho más libre que todo lo que hay alrededor.
Naciste en Murcia, tu madre se hizo mormona y os mudasteis a Utah, triunfaste en un reality inglés, has sufrido anorexia y bulimia… Tienes una vida para hacer una serie.
Totalmente, he tenido una vida curiosa. Tengo un amigo que me lo dice todo el tiempo: "Tía, cuando le venda esto a Netflix, van a flipar" [risas]. He tenido una madre diferente y una historia poco habitual, con sus cosas mejores y peores, pero me alegro de que haya sido así. Conozco gente que nació en el mismo edificio donde ahora vive y que no se ha movido del barrio donde están. Yo he tenido otro tipo de vida llena de historias, de aventuras, de risas y de lágrimas. De todo.
¿Te gustaría borrar algo?
Claro que hay cosas que preferiría no haber vivido, pero no reniego de nada porque todas esas Ruth tienen coherencia dentro de mí, todas esas experiencias me han llevado a aprender algo importante que ha forjado la persona que soy. No intento tapar ninguna de mis versiones. En el cambio está la evolución y necesitas darte cuenta de lo que no quieres para buscar lo que sí. Yo sigo siendo cristiana, pero no soy religiosa. No creo en las instituciones religiosas porque he estado dentro y siento que es un lugar peligroso al que regresar porque para ella somos peones, mano de obra, simples números. Y, luego, la mujer siempre está bajo sospecha. En todas las religiones que parten de la Biblia, Eva es la primera pecadora y eso no se borra.
Me disculpo con antelación por si caigo en el tópico, pero la mujer está especialmente sometida al hombre en la religión mormona.
Realmente los mormones ya no se dejan llamar mormones precisamente para huir de esa asociación a la poligamia. Son la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y ya sólo un sector pequeño, que se escindió, permite la poligamia. Mi familia no pertenece a esa parte, pero es cierto que todas las religiones parten de que Dios es un hombre y la mujer es la pecadora a la que hay que mantener en el camino correcto a base de que no opine y siga el liderazgo masculino. Por eso, todo este boom religioso que está surgiendo me preocupa.
Se está produciendo un repunte del catolicismo entre los jóvenes españoles.
Sí, y es muy peligroso porque las instituciones religiosas existen para mantener al pueblo oprimido y dormido. Yo sí he vivido la religión y sé lo que es estar dentro. Y esto no tiene que ver con Rosalía llevando una idea a un concepto artístico y que cada uno que lo interprete como quiera, que siempre se ha hecho y es totalmente lícito. El problema es que veo mucho en la gente joven la confusión que da la ignorancia. Si tú no has vivido bajo el yugo de una religión, no puedes romantizar eso. Es como el que romantiza la idea de Franco, que también los hay. Pregunta al señor de 80 años, a ver qué te cuenta. Sólo el que lo ha vivido puede saber lo que significa y yo, con la religión, lo sé. Debemos dejar de pensar en el pasado y caminar hacia el futuro. Es momento de evolucionar, no de involucionar.
 

TITULO: Detrás del muro - PÁGINA DOS  - Marta Jiménez Serrano  , Martes - 20 , 27 - Enero,. 


PÁGINA DOS -  Marta Jiménez Serrano,.

 

Martes - 20 , 27  - Enero a las 22:00, en La2, foto,.

 

 Marta Jiménez Serrano,.

 

 Página Dos - Marta Jiménez Serrano

 

 Página Dos entrevista a Marta Jiménez Serrano por Oxígeno, en el que relata el accidente doméstico que tuvo tras respirar monóxido de carbono. Además, Aitor Francesena explica su experiencia de superación en Surfear la vida,.

 

 

TITULO:  Cartas de amor - Sí, te vas a enamorar de esa persona (aunque tengas pareja) ,. 

 Sí, te vas a enamorar de esa persona (aunque tengas pareja) ,. 

 Sí, te vas a enamorar de esa persona (aunque tengas pareja)

 foto - Libro baila Laia,.

Puede que sea ese nuevo compañero de trabajo, el de la americana azul celeste y flequillo rebelde al que escuchaste decir que no se pierde un estreno del Teatro Real. Puede que la chica de las gafas de ojos de gato con voz de campana y lunar en el labio con la que coincides en el bar a la hora del desayuno y que resulta ser fanática de tu mismo equipo de balonmano. O puede que sea, como a la protagonista de mi novela Baila Laia, el profesor de baile californiano de pelo pajizo y ojos aguamarina de la escuela de lindy hop a la que acudes para intentar revitalizar tu propia relación de diez años.

Sí, asúmelo: en algún momento, o cada cierto tiempo, aunque tengas pareja, novio o hayas pasado por algún altar, por muchos años de relación o de matrimonio que disfrutes o arrastres, conocerás a alguien nuevo e inesperado que primero te provocará curiosidad, después te obsesionará y por quien te plantearás, quizá, dejar todo lo que tienes en la vida. 

Asusta, ¿verdad? 

Sin embargo, es un fenómeno completamente natural e inevitable en la vida de cualquier persona, que puede ser inofensivo o partir nuestra vida en dos. No podemos controlar todas nuestras emociones, fascinaciones o gustos, así que nadie está a salvo, en fin, de recibir un flechazo de, en palabras de la psicóloga Silvia Llop, una “liebre”. 

Y es que el problema no es enamorarse, sino ¿qué harás cuando ocurra? Veamos algunas opciones. 

Esclavos del “amor Disney” 

“Es mi media naranja”. “Estábamos destinados a estar juntos”. “Sin ti no soy nada”. “El amor verdadero lo supera todo”. “Si me quisieras de verdad…”. Muchas relaciones, y más en los tiempos de las dating apps, se construyen sobre la idea, que lleva pululando al menos desde la era de los trovadores, de que ahí fuera hay una media naranja, alguien atado a nosotros con un hilo rojo, con quien compartiremos infinitas vidas y eternos vínculos kármicos. 

Esta actitud no solo pone una presión insoportable en tantas nuevas relaciones que intentan construirse sobre esta pesadísima noción, sino que intentan desesperadamente resolver un problema mucho más complejo: ¿con quién compartir nuestra vida?

El llamado “amor romántico” da una solución aparentemente sencilla a esta pregunta al dejar en manos del destino (al coincidir en un viaje organizado a Budapest, al cruzar miradas en la pista de baile de una discoteca ibicenca, al intercambiar opiniones literarias a la puerta del cole esperando a que salgan los niños) ese encuentro fatídico con el, la, los o las personas que pueden, horror o felicidad, cambiarnos la vida. 

El problema es que para este tipo de personas, el enamoramiento en sí, es decir, la atracción mutua e irracional, el “golpe de corazón” de los franceses, la saeta cupídica es una prueba inequívoca de que esa persona es, sin duda, la correcta. ¡Pobres de los que se dejen llevar por esa, en palabras de Jünger, “forma de amor que debe evitarse” (como si pudieran hacerlo)! 

Las personas que creen en el amor romántico acabarán, en fin, dispuestas a dejar todo lo que les ha costado tanto ganarse: hijos, trabajo, familia, casa e hipoteca, puede que casi de un día para otro, cuando ese inesperado enamoramiento les haga creer que desear a una persona distinta a la pareja con la que hicieron votos es cosa del destino. 

Y esto sí que asusta, dado el daño que podemos hacer a todos los implicados.

Tirar por aquí no parece una solución aconsejable. ¿Qué más opciones tenemos? 

El poliamor, las relaciones abiertas y otros líos 

La protagonista de mi novela, súbitamente enamorada, trata de entender esa atracción en el contexto de su vida; por eso empieza a informarse, entre los prejuicios y terror, por los límites de las relaciones normativas, para así tratar de entender las llamadas “relaciones alternativas”, para entendernos: el poliamor (resumiendo mucho y simplificando demasiado, un nexo romántico estable entre no dos, sino varias personas) y las relaciones abiertas (generalmente, una relación entre una pareja estable y un segundo/a, tercera/o o cuarto/e).

Es imposible describir en un libro, y menos en este breve artículo, la complejidad de las combinaciones y permutaciones emocionales, románticas, de cuidados, amorosas, sexuales o asexuales que se pueden generar en relaciones poliamorosas o abiertas, pero podemos coincidir, sin duda, en que son casi unánimemente mal entendidas por los monógamos. 

Quizá sea por el miedo que despierta a las parejas estables y monógamas la posibilidad de introducir a nuevas personas en el ámbito afectivo, pero también hay que admitir que en muchas ocasiones (no todas) la curiosidad por intimar con una persona nueva puede ser un síntoma de problemas en la pareja. Además, pensar que la cosa se limita a meter a alguien nuevo en la cama o el corazón suele ser una consideración frívola y veleidosa de lo que es realmente el poliamor.

Quien se interese sinceramente por el tema, además de comenzar por leer textos básicos del movimiento (Ética promiscua, de Easton y Hardy, Abrirse, de Taormino, y Más allá de la pareja, de Veaux y Rickert) descubrirá que el poliamor está fuertemente basado en principios éticos y morales como el respeto, la comunicación, la honestidad, el consentimiento, las jerarquías, la empatía, el trabajo sobre celos o principios tan desconocidos para el gran público monógamo como la compersión (o capacidad de alegrarse por la felicidad de su pareja con otras personas). 

Es decir, para muchas personas, estas “relaciones alternativas” no representan solo una oportunidad y forma de relacionarse con los demás, sino con une misme: de trabajarse psicológicamente, de superar prejuicios y carencias y de utilizar el proceso de asimilación de sus principios para crear una oportunidad de mejorar como persona. Eso en teoría, claro. Porque incluso dentro del movimiento, hay quien falla, y mucho, en trabajarse. 

En todo caso, no es de extrañar que muchos monógamos, especialmente recién separados o divorciados, borrachos de la euforia de estar de nuevo “en el mercado”, y atraídos por la promesa de uno o varios polvos fáciles, se acerquen al mundo del poliamor y se encuentren que se espera de ellos un trabajo personal y psicológico que rara vez se le pide a una pareja monógama. 

Por eso, aunque quizá el poliamor tampoco es una alternativa clara para el enamoramiento que nos ocupa, quizá nos ayude a entender que el quid de la cuestión esté en el desarrollo personal. 

El piloto automático monógamo 

Sea a través del amor romántico Disney, sea a través del amor clásico bottoniano, lo normal es que tantas parejas terminen siendo, sin más, eso, solo parejas, tal y como las entiende la llamada cultura occidental. 

Es decir, dos personas monógamas que se unen y se acomodan a las exigencias sociales para conformar una sociedad política, económica, emocional y sentimental, y que implica, habitualmente, fidelidad sexual, convivencia, unión de patrimonios, compartición de deudas y deberes, educación de los vástagos, y tantas decisiones tan cruciales como si pasar las vacaciones con los padres o ir por fin a Japón antes de que el yen recupere valor. 

Esta aspiración a la normalidad, tranquilidad, calma, orden, monotonía o aburrimiento es lo que podríamos llamar el “piloto automático monógamo”: heteros, gays y, como decía Bowie, “all the rest” que viven en pareja sin más se acomodan (nos acomodamos) a este modelo porque es sencillo, porque lo vemos en las películas, porque lo hemos aprendido de nuestros padres, porque nos hace normales y, en suma, por no complicarse la vida.

Sin embargo, esta aspiración de “normalidad” tiene dos efectos negativos: por un lado, dado que todo es “normal”, no suele haber una exigencia, expectativa o siquiera sugerencia de realizar un trabajo cotidiano personal y de pareja de corte psicológico, emocional, de comunicación o de empatía. 

En una lógica similar al del amor romántico: para tantas personas estar en pareja debería ser suficiente para sentirse llenos, felices, satisfechos, y quien no se sienta así es un triste y un raro, algo que se pone de relieve cuando nos damos cuenta de que dichas parejas solo suelen ir a terapia y empiezan a trabajarse ciertos aspectos una vez que entran en crisis y hay algo (o mucho) que arreglar. 

Esta pareja monógama “normal” tiene otro hándicap: la de crear la ficción mutuamente compartida de que hay que evitar que se filtre en la “representación teatral cotidiana de ser pareja” cualquier elemento externo, debilitador o extraño que pueda sugerir que ésta no es tan fuerte (léase “normal”) como parece, tanto para los demás como dentro de la relación.

¿La prueba? Si usted tiene un problema en el trabajo, pierde las llaves, duda qué comprar para la cena, o está considerando invertir en un cierto producto bancario, lo consultará con su pareja. Si usted se enamora, perdón, cuando usted se enamore de otra persona, difícilmente llegará a casa y dirá: “Cariño, ¿a que no sabes lo que me ha pasado con aquella persona de la que te dije que no te preocuparas?”. Estas cosas se confiesan a los amigos, se confían en terapia, se escriben en foros anónimos de internet para recibir consejos de extraños.

Problemas como un enamoramiento rara vez se ponen sobre la mesa del comedor, hasta que es demasiado tarde, tanto que la maleta está hecha, la familia informada y los abogados avisados. 

Esa ficción de estabilidad basada en la negación de las emociones externas a la imagen de “pareja ideal” implica silenciar, acallar o mentir sobre cualquier impulso emocional, romántico o afectivo que pueda acabar con la ficción de perfección monógama, lo que al final supone también una olla exprés olvidada al fuego, y por tanto difícil de contener. 

Por si acaso, recordemos que la infidelidad (algo que no recomendamos en ningún caso como medio de actuar sobre el enamoramiento) es también silenciar, acallar o mentir sobre un impulso emocional, en este caso fuera de la pareja. 

En todo caso, como aprende la protagonista de mi novela (faltaba otra cuña publicitaria), los monógamos tenemos mucho que aprender de la gente que se atreve a abrir relaciones, comenzando por el trabajo psicológico personal de inteligencia emocional, empatía, celos, comprensión y sinceridad con respecto a las emociones, ya que, aunque por su propia naturaleza son irracionales, el trabajo psicológico ha de ayudar a decidir cómo actuar sobre ellas.

Quizá así, trabajándose emocionalmente, desarrollándose psicológicamente, cuando usted se enamore de esa otra persona habrá normalizado que existen emociones fuera de la pareja y podrá asumir la diferencia entre el “enamoramiento”, un proceso que de los destellos iniciales se transforma en amistad, lealtad y apreciación mutua pese al paso del tiempo, el envejecimiento, la destrucción física y las decepciones de la vida… 

Y descubrirá que eso que siente es otra cosa, una simple “infatuación”, un sentimiento breve e intenso basado en la idealización irracional, en la proyección de una fantasía, algo incluso inofensivo que puede compartir con su pareja desde la normalidad, ya que, solos o con ayuda, pueden asumir desde el humor, la complicidad y la libertad de expresar con libertad lo que se piensa y se siente. Y descubrir que nada de eso tiene por qué ir más allá. 

Conclusión: apaguen el piloto automático, trabájense un poco y aprendan con su(s) pareja(s) a volar juntos sobre las brisas, turbulencias y vientos que llevan tan lejos a las mejores parejas.

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