sábado, 29 de marzo de 2025

Metrópolis - Madrid, la sombra de un sueño , acostarse ,. / DIAS DE TOROS - Damián Castaño rompe el hielo venteño con su sangre ,. / Retratos con alma - Cuando Oscar Wilde dejó de ser el príncipe feliz y aborrecido ,.

 

  TITULO: Metrópolis - Madrid, la sombra de un sueño , acostarse,. 

  El lunes - 14 - Abril  , los lunes a partir de las 00:30, en La2, foto,.

 Madrid, la sombra de un sueño , acostarse,.

 Madrid, la sombra de un sueño

 El programa presenta el documental sobre la movida madrileña 'Madrid, la sombra de un sueño', del director mexicano Alejandro Andrade Pease. A través de las declaraciones de los personajes más representativos de la movida y de las nuevas generaciones, se invita a reflexionar sobre lo que significo y lo que ha quedado de aquel movimiento.

TITULO:  DIAS DE TOROS  - Damián Castaño rompe el hielo venteño con su sangre,.

 

 

Damián Castaño rompe el hielo venteño con su sangre,.

El salmantino, que sublimó el natural, cayó herido en la negra tarde de Rafael de Julia,.
Damián Castaño rompe el hielo venteño con su sangre
 
foto / Damián Castaño, herido en Madrid,.

Al final, el tiempo no lo impidió. Todo marzo hemos estado mirando al cielo, después de que hasta cuatro borrascas convirtieran este mes en el más lluvioso de cuantos se tienen registros. Alegría para el campo, por supuesto, pero ya vale... Menos mal que el sol se pudo abrir paso tímidamente este domingo para permitir que en Las Ventas se rompiera el primer paseíllo del año, después de quitar la lona, eso sí. Y lo del frío en los tendidos a estas alturas del año ya es normal y, aunque sin lluvia, era Siberia. Pero, las ganas de ver toros en Madrid, y más aún los de Adolfo, podían con eso y más. Más de media entrada lo confirmaban. También la ovación con la que se premió la entipada presencia de los seis. Otra cosa fue que, con el primero, aquel entusiasmo se apagara pronto. El toro, sin poder ni recorrido, se encontró con un Rafael de Julia descompuesto, ido, que jamás se sintió cómodo con él. Sin apuesta, tomó rápido un acero que jamás empuñó de verdad. Al cuarto no quiso ni verlo, mucho menos cuando perdió pie y quedó tendido en la arena a merced del toro. Volvió solo para intentar quitárselo del medio, pero el petardo con la espada fue clamoroso. La bronca fue mucho más que justificada. No solo no es el mismo torero que el pasado verano rozó la gloria en Madrid, ahora sencillamente no está. 
Fueron las chicuelinas del quite de Adrián de Torres al segundo lo que llevó algo de calor a los gélidos tendidos y descubrió a Damian la humillada condición del animal. Dos series rítmicas y encajadas de derechazos abrieron el camino de la calidad al ralentí, la misma que se elevó al natural, con "Arenero" empujando la muleta del salmantino con una clase excepcional. Dos naturales hicieron rugir Madrid. Soberbios. Pero la espada evaporó el premio de una faena con mucha sustancia. Una pena. Pero Castaño quería de verdad y apostó con el quinto, un toro que se revolvía pronto, con cierto sentido, exigiendo una lidia perfecta y vendiendo carísima cada una de sus cortas embestidas. El esfuerzo de Damián fue tiránico, cada muletazo era una moneda al aire hasta que salió cruz, en un intento al natural, el toro vio la ventana abierta y enganchó al torero por la barriga en una voltereta seca y escalofriante. El corazón en un puño. Con Damián en la enfermería (sufrió una cornada en el muslo izquierdo) a Rafael de Julia (y a la plaza) le tocó vivir otra agonía con la espada.
 No tuvo mala condición el tercero, que quiso tomar la muleta por abajo, pero tuvo menos poder y casi nula repetición. Adrián compuso la figura y quiso enganchar muy adelante, pero nunca terminó de acoplarse con una embestida que se fue apagando. Las del sexto fueron más escasas, tan agarrado al suelo. El jienense, correcto, tampoco terminó de apretar el acelerador, menos aún tras los desarmes. Además, a estas horas, el frío ya era inaguantable.
 Toros de Adolfo Martín, serios y cinqueños todos. 1⁰, sin recorrido; 2⁰, bueno y con clase; 3⁰, a menos; 4⁰, inédito; 5⁰, exigente; y 6⁰, paradito.
 
Rafael de Julia, de tabaco y oro, cuatro pinchazos, media y bajonazo (silencio); estocada incontables pinchazos y descabellos (bronca).
Damián Castaño, de negro y oro, pinchazo, estocada caída y aviso (ovación); y herido. De julia cuatro pinchazos, seis descabellos, aviso y media baja (ovación que recogió la cuadrilla).
Adrián de Torres, de marfil y oro, estocada trasera y aviso (silencio); y cuatro pinchazos, aviso y descabello (silencio).
 
Destacaron en banderillas Juan Sierra e Iván García.

PARTE MÉDICO:

Damián Castaño sufrió herida por asta de toro en tercio superior, cara posterior del muslo izquierdo, con dos trayectorias: una hacia adentro de 15 cm. que bordea cara lateral de fémur y contusiona arteria femoral y otra hacia arriba de 10 cm. contusionando el isquion. Es intervenido quirúrgicamente bajo anestesia general en la enfermería de la plaza de toros y trasladado posteriormente a la Clínica la Fraternidad Muprespa - Habana. Pronóstico: grave.
 

TITULO:  Retratos con alma -  Cuando Oscar Wilde dejó de ser el príncipe feliz y aborrecido,. 

 

La periodista Isabel Gemio regresa a la televisión para presentar 'Retratos con alma', el nuevo programa producido por RTVE en colaboración,.  


 Lunes - 14 - Abril   a las 22:40 horas en La 1 / foto,.

Cuando Oscar Wilde dejó de ser el príncipe feliz y aborrecido ,.

 

 El Príncipe Feliz»—Oscar Wilde – ¡A Leer Más Cuentos!

 Rupert Everett en el papel del escritor Oscar Wilde.

 La importancia de llamarse Oscar Wilde' arranca con su protagonista contándole a sus hijos uno de sus maravillosos cuentos. Parábola sobre la piedad, 'El príncipe feliz' (título original del filme) unía a la estatua de un príncipe y a una golondrina que retrasaba su marcha a Egipto para repartir a los necesitados los trozos de la lámina de oro que cubría el monumento, los zafiros que lucía como ojos y el rubí de la empuñadura de su espada. Cuando Dios pedía a uno de sus ángeles que le trajera lo más preciado de la ciudad, esta le llevaba el corazón de plomo de la estatua y el cuerpo sin vida del pajarillo. Oscar Wilde también repartió su talento y su encanto erigiéndose en el príncipe mundano de la Inglaterra de finales del XIX. Hasta que su homosexualidad le convirtió en un apestado.

Rupert Everett, actor que ha conseguido con el cliché del amigo gay los mayores éxitos de su carrera en títulos como 'La boda de mi mejor amigo' y 'Algo casi perfecto', dirige y protagoniza un biopic del escritor irlandés centrado en sus últimos años, los más desdichados de su existencia. La caída en desgracia de Wilde se produjo cuando el homófobo marqués de Queensberry, padre de su amante, Lord Alfred Douglas, le acusó en público de sodomita. El autor de 'El fantasma de Canterville' le demandó por difamación, y al final acabó él en la carcel durante dos años cumpliendo trabajos forzados.

A su salida, Wilde se refugió en Francia con ayuda de sus amigos y acabó sus días en cabarets de mala muerte en París, donde moriría el 30 de noviembre de 1900 a los 46 años como consecuencia de una meningitis. «El empapelado de estas paredes y yo mantenemos un combate a muerte. Uno de los dos se va a tener que ir», escribió moribundo en el Hotel de Alsacia. Un Everett casi irreconocible, gordo y avejentado, mantiene el ingenio en cada una de sus frases, a pesar del patetismo de la situación. Apenas hay flashbacks de sus momentos de gloria, cuando salía a saludar en los teatros tras las representaciones de sus obras ante lo más granado de la sociedad londinense.

Los ricos que se pegaban por sentarlo a su mesa ahora le repudian. Solo sus amigos Reggie Turner (Colin Firth) y Robbie Ross (Edwin Thomas) le proporcionan sostén económico y velan por él. Mientras, su mujer (Emily Watson) sufre la vergüenza de que su marido haya pasado de gloria nacional a proscrito al que escupir. La búsqueda de belleza y de hedonismo de un hombre que disfrutó de los placeres materiales se representa en el filme a través de idílicos paisajes de Francia e Italia, donde Wilde apuró sus últimas copas y se limitó a mirar en las orgías de efebos.

La fotografía de John Conroy, con las escenas de interiores iluminadas con velas y exteriores con el sol deslumbrando la cámara, envuelven las imágenes de un aura de ensueño, como si Wilde rememorara su vida en su lecho de muerte. El director, que recupera a Wilde como vigente denuncia de la homofobia, apuesta por los saltos en el tiempo e impregna todos los episodios de tanta intensidad y sordidez que el resultado final acaba por saturar, como si el protagonista se regodeara en sus humillaciones. Se nota que el Rupert Everett actor busca a toda costa la nominación al Oscar y echa mano de un sentimentalismo que hubiera aborrecido el autor de 'El retrato de Dorian Gray'.

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