jueves, 1 de enero de 2026

DESAYUNO CENA FIN DOMINGO - REVISTA BLANCO Y NEGRO - Las fundaciones son actores clave para el desarrollo humanitario ,./ Las rutas Capone - Un toque urbano ,.

 

 TITULO:  DESAYUNO CENA FIN DOMINGO -  REVISTA BLANCO Y NEGRO -  Las fundaciones son actores clave para el desarrollo humanitario ,.

 DESAYUNO CENA FIN DOMINGO - REVISTA BLANCO Y NEGRO - Las fundaciones son actores clave para el desarrollo humanitario ,. fotos,.

Las fundaciones son actores clave para el desarrollo humanitario,.

El trabajo de ACNUR sobre el terreno para ayudar a millones de personas refugiadas en distintos países africanos cuenta con una red de apoyo en la que las fundaciones corporativas, como la de CaixaBank, Telefónica, Fútbol Club Barcelona y Occident Seguros, juegan un papel fundamental,.

 

 Alaat Achol, de 8 años, cursa primer grado. Huyó de Sudán del Sur con su madre y tres hermanos.

 MEJORES CHURROS MÁLAGA | National Geographic se fija en dos churrerías de  Málaga

( Desayuno)

La fotografía de la población refugiada es tal y como la vemos en las crudas imágenes que muestran tan a menudo los medios de comunicación. Niños, niñas y mujeres, en su gran mayoría, caminando en busca de un lugar en el que asentarse. La mayoría de las personas refugiadas viven en países que comparten frontera con sus países de origen. Uganda, en el corazón de África, es el país del continente que más personas refugiadas acoge, con 1,8 millones de personas refugiadas y desplazadas. El 86% son mujeres, niñas y niños, y más de un tercio tiene menos de 12 años. Pero allí, quienes llegan no lo hacen solos. Cuentan con la protección y la asistencia de la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR.

 Macarrones con salchichas - Supermercados Plenus

( Cena )

África es uno de los principales epicentros mundiales de llegada de personas refugiadas y desplazadas, cuya protección recae bajo el mandato de ACNUR. Pero no solo se precisa protección. También hay necesidad de proporcionar una nueva vida a los millones de personas que han tenido que irse de sus lugares de nacimiento. Pero, ¿cómo hacer para lograr esa inclusión dentro de la población de acogida? Es ahí cuando llega el gran momento de las fundaciones que, gracias a sus aportaciones, fomentan iniciativas que facilitan una mayor integración de las personas refugiadas y desplazas en la comunidad local. Un caso modelo, siguiendo con el ejemplo de Uganda, es la función que desempeña el deporte para ayudar a esta inclusión, gracias al compromiso en este país de la Fundación FC Barcelona. En 2022, la Fundación Barça y ACNUR firmaron una alianza global para visibilizar la situación de las personas refugiadas y desplazadas en todo el mundo. Como parte del acuerdo, los primeros equipos del FC Barcelona lucen el logotipo de ACNUR/UNHCR en sus camisetas, llevando el mensaje humanitario a millones de aficionados al fútbol.

Fútbol y empatía

Juntos, la Fundación Barça y ACNUR están llevando a cabo proyectos para promover la convivencia pacífica en diferentes países del mundo, entre los que se encuentra Uganda. Lo que allí hacen, sobre todo con los niños y jóvenes, es utilizar el fútbol como herramienta para fomentar la convivencia entre todos. Mediante este programa conjunto llamado Sport for Peace, que va más allá del deporte, se promueven valores como el respeto, la humildad y el trabajo en equipo. Además, se crean espacios seguros donde niños, niñas y jóvenes pueden gestionar el estrés, mitigar los traumas que han podido sufrir y recuperar su infancia.

De hecho, las cifras de éxito y acogida por parte de los jóvenes son contundentes. Desde que comenzaron a participar en este proyecto conjunto, más de 8.400 jóvenes refugiados han participado en los asentamientos de Nakivale y Oruchinga, dos de los mayores del país.

Gracias a un acuerdo de colaboración, los primeros equipos del FC Barcelona lucen el logotipo de ACNUR, trasladando un mensaje humanitario al mundo del fútbol

“Las empresas y sus fundaciones aportan recursos, conocimientos y compromiso, alineándose con sus estrategias ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), especialmente en el ámbito social. Y, más allá de la financiación, pueden movilizar a sus redes, abogar públicamente por la causa y crear iniciativas que combinen el desarrollo de las estrategias de la entidad con el desarrollo profesional de las personas refugiadas”, explica Jorge Olague, director del Servicio al Sector Privado en ACNUR. Pero, ¿por qué en concreto las fundaciones corporativas son las que deben desempeñar este papel clave de colaboración con ACNUR? “Porque son entidades sin ánimo de lucro, vinculadas a empresas, pero con autonomía y que representan una vía eficaz para canalizar el compromiso social corporativo”, responde el responsable del sector privado de esta agencia de Naciones Unidas. Además, añade: “Su labor va más allá del mecenazgo: buscan generar impacto sostenible y duradero en las comunidades afectadas, en plena sintonía con el ADN de la empresa”.

Otro lugar marcado en la retina de muchas personas por las imágenes de niños con hambruna es Etiopía. El país acoge a más de un millón de personas refugiadas provenientes de Sudán del Sur, Somalia y Eritrea, además de enfrentar una grave crisis de desplazamiento interno con 3,3 millones de personas desplazas. El 59% de esta población son niños y niñas, una cifra que refleja la gran dimensión infantil de esta emergencia humanitaria. Por ello, desde 2017, ACNUR y la Fundación “la Caixa” colaboran en el Proyecto MOM, que se centra en combatir la malnutrición infantil.

Liderazgo femenino

Este proyecto combina prevención, diagnóstico y tratamiento de la desnutrición, incluyendo acceso a alimentos frescos, campañas de sensibilización, formación a familias, grupos de apoyo y programas nutricionales específicos. Todas estas acciones han permitido mejorar la situación nutricional de más de 1,7 millones de personas, incluyendo 1.091.574 menores de 5 años y más de 200.000 embarazadas y lactantes.

Con esta alianza se ha logrado reducir un 58% la desnutrición aguda severa en 21 campos, mejorando las condiciones de vida de sus habitantes en las regiones de Gambella y Melkadida, donde se desarrolla el proyecto. Además, se ha potenciado el liderazgo femenino para que las mujeres sean referentes a la hora de detectar y prevenir la desnutrición.

Ruanda ha sido un país de acogida constante durante casi tres décadas, ofreciendo protección a personas refugiadas, solicitantes de asilo y otras en situación de vulnerabilidad. Los datos hablan de que alberga una población refugiada de 134.407 personas, mayoritariamente procedentes de Burundi y de la República Democrática del Congo.

Alrededor de 30 millones de personas refugiadas, desplazas internas y apátridas, es decir, casi un tercio del total mundial, viven en África

Desde 2021, ACNUR, en colaboración con ProFuturo, el programa de innovación educativa con tecnología impulsado por Fundación Telefónica y Fundación “la Caixa”, trabaja para garantizar una educación inclusiva y de calidad en el país, mediante el acceso a equipamiento tecnológico, a plataformas de aprendizaje (online y offline), recursos educativos digitales, formación docente y apoyo a las actividades educativas de ACNUR. El programa se ha extendido también a Nigeria y Zimbabue.

Desde su implementación, ProFuturo ha beneficiado a casi 28.500 estudiantes en 15 escuelas en el país y ha formado a más de 1.100 docentes, integrando la innovación educativa y digital en contextos marcados por el desplazamiento forzado. Su meta para 2025 no es menor: beneficiar a 25.000 estudiantes en los tres países y formar a 200 nuevos docentes.

Fundación Occident y su contribución en Zimbabue

En 2024, Zimbabue enfrentó una intensa sequía causada por el fenómeno meteorológico El Niño, que desató una de las peores crisis en años, afectando gravemente la agricultura, la ganadería y el acceso a agua y alimentos. A pesar de estas dificultades, el país acoge a 23.700 personas refugiadas procedentes de la República Democrática del Congo, Mozambique, Burundi y Ruanda. Con un enfoque integrador, Zimbabue impulsa en Tongogara, uno de sus principales asentamientos, la provisión de servicios compartidos entre las comunidades locales y refugiadas, buscando así fortalecer la convivencia y el bienestar de todos.

Allí, Fundación Occident apoya a ACNUR para mejorar el acceso a la educación con el programa Primary Impact. Éste lucha contra el abandono escolar y por la igualdad de género, mediante la escolarización, la capacitación de los docentes, la mejora de las infraestructuras y el apoyo psicosocial a los niños y niñas refugiadas.

La combinación entre el propósito de cada fundación y la experiencia de ACNUR sobre el terreno genera un impacto transformador. Como dice Jorge Olague, “implicarse directamente en un proyecto permite estar cerca de las comunidades, detectar necesidades reales, adaptar las soluciones y actuar con rapidez y eficacia”.

TITULO:  Las rutas Capone - Un toque urbano ,.

Un toque urbano ,.

 

 fotos - Fachadas de estilo neomudéjar en la calle de Santo Tomé, en el barrio de Las Salesas, en Madrid.

En este barrio, que no tenía ni nombre propio, ahora proliferan a cada paso comercios chic de café de especialidad, cócteles de autor y arte contemporáneo, pero acecha también el peligro de morir de éxito. Por suerte, en sus calles aún resisten castizas tabernas de toda la vida y restaurantes de menú del día,.

 

 Un puesto en [The Festival], el mercadillo de Las Salesas.

Salgo del portal y me doy de bruces con un rodaje. Camiones de equipo, gente de producción cortando la calle, enormes focos y una cámara en una grúa filmando una escena en el interior de uno de los restaurantes de la calle. Esto, que en cualquier otro barrio de Madrid sería un evento extraordinario, en el barrio de Las Salesas se está convirtiendo en algo tan habitual como la apertura de un nuevo café de especialidad. Es el precio que hay que pagar por vivir en la zona más chic de Madrid (del otro precio, el real, mejor no hablamos).

Es sorprendente que un barrio que hasta hace poco no tenía ni nombre propio (era parte de Justicia) se mencione en revistas internacionales como Petit Paris y sea un must en el recorrido de foodies y discerning travelers (los que saben, en castellano). Apologies por los anglicismos, pero todo se pega, y en este barrio el inglés es casi tan habitual como el acento venezolano sifrino y el mexicano fresa, que unido al acento pijo de aquí ofrece una instantánea de “gente bien 2.0”.

La mejor forma de visualizar el barrio, que se extiende entre el paseo de Recoletos y Chueca, es desde arriba, coronando una de las mejores terrazas de Madrid. En la azotea del Club Financiero de Génova, en el edificio Colón, a la sombra de las inmensas letras luminosas que recuerdan a las azoteas de películas de Nueva York, con la ciudad a tus pies por sus cuatro costados. La enorme bandera española de la plaza de Colón parece un banderín visto desde 18 pisos de altura. En el lado opuesto de esta terraza de 360 grados, Las Salesas se muestra en todo su esplendor, con el edificio del Tribunal Supremo y la espectacular iglesia de Santa Bárbara como monumentos emblemáticos, la plaza de la Villa de París como pulmón y lugar de encuentro de los (muchos) perros del barrio, y el edificio con vecinos ilustres, como Rafa Nadal y Marta Ortega, por si había alguna duda de que este es una zona con pedigrí.

El Club Financiero de Génova, antiguo club privado, se transformó hace un par de años, cuando los “señores de los cielos” del Grupo Azotea, José Manuel García y Cristina Lasvignes —que gestionan las icónicas terrazas del Círculo de Bellas Artes y Cibeles, entre muchas otras—, tomaron las riendas de este lugar, pusieron a cargo de los fogones a Nino Redruello (chef del restaurante Fismuler), y lo abrieron para disfrute de los mortales cuyas empresas no cotizan en el Ibex 35. El club sigue siendo privado y, como concesión a sus socios, es necesario llevar chaqueta para poder acceder a este deslumbrante lugar, que cada atardecer regala una puesta de sol espectacular de la capital.

En la plaza de la Villa de París, al lado de un espacio de tierra donde se reúnen algunos franceses a jugar a la petanca, está una joyita escondida del barrio: Le Café de l’Institut français, con un coqueto jardín donde disfrutar de un exquisito menú del día lejos del ruido. Paseando por las calles flanqueadas por cuidadas fachadas decimonónicas, se llega a la plaza de Las Salesas, donde Ricardo Darín paseaba a su perro Truman en la película del mismo nombre, rodada en esta zona de la capital. En esa película, el amigo de Darín, interpretado por el actor Javier Cámara, bailaba en un pub irlandés frente a la plaza. De aquel pub solo queda el recuerdo en el filme, porque en su lugar abrió el sitio que mejor define la nueva estética del barrio: Los 33, un restaurante de carne, bar de cócteles y vinos, y local donde cada noche una cola de gente espera para conseguir una de las codiciadas mesas del bar, que no se reservan. Vinilos, gente guapa, cócteles de autor y unas impresionantes parrillas que son el corazón del local, despachando deliciosos cortes de carne y los mejores sándwiches mixtos de Madrid.

Nada es lo que parece

De este restaurante arranca la estrecha calle de Santo Tomé, milla de oro del hedonismo de Las Salesas. Un minimalista cocktail bar japonés, Masaru, a un lado, y un maximalista bar, Ficus Bar, en frente, junto a un speakeasy que, tras un escaparate de tienda de flores y el nombre Bonsái, esconde una “whiskería secreta” conocida como Jack’s Library. Unos metros más allá, una concept store de ropa, muebles y decoración oculta en su trastienda PlayBack, un karaoke clandestino con varias cabinas individuales en torno a un bar donde desgañitarse en privado. En este juego donde nada es lo que parece, James Tweed es un café-tienda de antigüedades (o al revés), donde perderse en un espacio repleto de artefactos muy del gusto de los coleccionistas victorianos. No es casual que su dueño sea el escocés Murray Lemmon, el joven emprendedor que vio el potencial del barrio antes que nadie y trasladó la sofisticación de los bon vivants británicos a sus locales (Ficus, Masaru y Jack’s Library también son suyos). La nota cañí entre tanto local moderno con toques foráneos la pone el inesperado Centro Flamenco de Madrid, una tienda y tablao donde disfrutar flamenco de verdad sin aglomeraciones de turistas.

Comer y beber con estilo son la seña de identidad del barrio. En Persimmons te puedes tomar un cóctel de autor mientras degustas una selección de platos georgianos, la cocina más de moda en Madrid. En la parrilla uruguaya Charrúa, la carne es la protagonista absoluta, y en el vanguardista Llama Inn, original de Brooklyn, de nuevo los cócteles se suman a una original propuesta gastronómica fusión con acento peruano y varios guiños al ceviche.

Todos estos nuevos lugares son el termómetro de un barrio definitivamente en la cresta de la ola. Pero el peligro de las olas es que pueden arrastrar todo a su paso, vecinos y comercios, para crear un barrio al alcance de algunos privilegiados. La mejor noticia es que, ante semejante derroche de sitios cool, en sus calles aún siguen resistiendo tabernas de toda la vida y restaurantes de menú del día, donde los que vivimos aquí llenamos la barriga. La castiza Taberna Barrutia y el 9, con sus chipirones en su tinta; la deliciosa La Tasca Suprema, con sus migas y su pisto en parmentier, y el premiado cocido de tres vuelcos del Nuevo Horno de Santa Teresa son solo tres ejemplos de que lo castizo, si es bueno, le aguanta la mirada a la propuesta gastronómica más pintada. Otro superviviente es la churrería tradicional Santa Teresa, que se codea sin complejos con los cafés de especialidad —cuatro abiertos en poco más de un año— en una calle de apenas 100 metros, despachando churros y chocolate como lo ha venido haciendo desde hace décadas. Hablando de dulces, Las Salesas siempre ha sido un punto de encuentro de los gurmés de la repostería, con La Duquesita como lugar de peregrinaje para los amantes de las palmeras de chocolate. Aux Merveilleux de Fred, la nueva pastelería belga con su obrador de cara al público, horneando sin parar cruasanes y cramiques, es una tentación más que acecha a los que pasan por su puerta.

Compras y arte por doquier

En un barrio como este, donde las apariencias importan y mucho, parece que la ingesta de dulce hay que quemarla con estilo. En el complejo Lamarca, una antigua fábrica de carruajes transformada en universo fitness, se pueden comprar outfits deportivos a precio de ropa de calle, practicar yoga, boxeo, wellness y engullir comida saludable. Se reparte la clientela con Síclo, donde legiones de jóvenes de cuerpos definidos sudan las calorías de sus matcha latte y tostadas de aguacate pedaleando al unísono al ritmo de música motivadora en una habitación a oscuras. En este mundo donde el sudor es bueno pero su olor no tanto, las tiendas de cosméticos y perfumerías son la otra gran apuesta. Marcas como Aesop y perfumerías boutique como Le Labo, nacida en Nueva York, ponen la fragancia al barrio junto con las flores y plantas que rebosan en las aceras de la exquisita floristería Margarita Se Llama Mi Amor, a la sombra de la arquitectura modernista del edificio de la SGAE. En esta misma acera está una de las tiendas más fascinantes: el atelier de abanicos del francés Olivier Bernoux, donde se hacen a mano auténticas fantasías que han mitigado los sofocos de Rosalía, Madonna o Beyoncé, entre muchas celebrities.

Y si hablamos de celebrities, cada vez son más las que, de paso por Madrid, visitan el barrio o, en el caso de Julianne Moore y Tilda Swinton durante su rodaje en la ciudad con Pedro Almodóvar, lo eligen para alojarse (en brazos del espectacular hotel de cinco estrellas Urso). Ambas patearon sus calles y, en el autodenominado Pelayo District, donde un puñado de establecimientos han dado un nuevo sentido al concepto de comercio de barrio, se enamoraron de la cerámica de La Oficial y los modernos diseños de Talavera, encargados en exclusiva por Toni Torrecillas para su tienda; escucharon recomendaciones literarias de Laura Riñón en su librería Amapolas en Octubre y aprendieron sobre artistas locales en la galería Échale Guindas. Y es que el arte tiene, por supuesto, su espacio destacado en el barrio, hasta el punto de tener una calle entera, Justiniano, con una sucesión de cinco galerías a ambos lados, donde viajar desde el arte medieval de la Galería Gonzalo Eguiguren hasta el vanguardista en la Galería Estampa.

El barrio no para. El primer sábado de cada mes se lanza a la calle como un pavo real que abre su cola y se exhibe al mundo. Aquel mercadillo modesto que empezó en la calle de Campoamor, con las tiendas locales sacando sus cosas para venderlas, es hoy todo un street market que, bajo el nombre de [The Festival], se ha extendido hasta ocupar la calle de Orellana y parte de la plaza de Santa Bárbara. Ropa, accesorios, arte… en puestos algunos a la sombra de un enorme edificio histórico en proceso de restauración. Cuando reabra sus puertas convertido en el icónico Soho House, se habrá puesto la guinda en el más sibarita de los pasteles. Puede que muchos de los actuales vecinos ya no estemos aquí para hincarle el diente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario